Actualmente se celebra el 1 de mayo en todo el mundo el Dia Internacional del Trabajo. Un día destinado a reivindicar la dignidad del trabajo, de los trabajadores, de las relaciones laborales y sociales de los trabajadores.
La fecha fue establecida en la primera Conferencia Internacional de la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores) celebrada en Londres en el año 1864. Esta conferencia se considera el comienzo del Movimiento Obrero internacional organizado.
Hasta entonces los trabajadores, en especial los que trabajaban en fábricas y en las explotaciones agroalimentarias, solucionaban sus problemas laborales directamente con los propietarios de las fábricas y explotaciones.
Al no existir entonces ninguna legislación laboral, ni a existir organizaciones representativas de los trabajadores, las relaciones laborales decimonónicas entraban dentro del «ámbito doméstico» . Es decir que cualquier medida tomada por la propiedad generalmente era para reprimir al trabajador e impedir cualquier acción que pudiera poner en riesgo sus inversiones, su producción, sus intereses o su modo de vida.
Los propietarios consideraban en el siglo XIX que cada persona debía saber cual era su lugar en el orden social establecido. En el siglo XIX la sociedad se dividía en dos «clases» de personas: los propietarios y los trabajadores. Los primeros generaban la riqueza y dirigían la sociedad; mientras que los segundos debían obedecer ciegamente a los primeros, evitar enfrentamientos y sobre todo trabajar para que los primeros obtuviesen el mayor beneficio posible, al menor coste posible. Este era el modelo mayoritario en el mundo desarrollado: Básicamente Europa
En este esquema de las cosas, los propietarios se creían con el derecho a explotar y sobreexplotar al trabajador, si con eso se obtenían mas beneficios. En muchos casos los trabajadores eran sometidos al propietario, a modo de siervos y en ocasiones de facto eran considerados como esclavos. Tenían un salario muy bajo («Menor coste posible») y a menudo gran parte del salario se pagaba en especie y muy pocas veces en «dineros». Vivían en minúsculas casas – Alquiladas por los propietarios a sus trabajadores – hacinados, sin agua corriente y en la mayor parte de los casos sin letrinas.
Carecían en esa época de derecho a la educación y a un médico, a excepción de algunos privilegiados que tenían «amos o patronos» caritativos, que les mandaban a su médico o buscaban la forma de conseguirle una beca a aquellos chavales (varones únicamente) que mostraban mas inclinación al estudio. Pero estos eran una minoría y a menudo sufrían «Bulling» en el colegio y residencia estudiantil, simplemente por ser «pobre o hijo de obrero».
Esta situación vital, laboral y social amplió la brecha entre «ricos y pobres» , las desigualdades se fomentaban y además se impedía cualquier medida que fuera en favor de un cambio de modelo productivo y social.
En la Primera Conferencia Internacional de la AIT en Londres 1864, Varios intelectuales , filósofos y editores, comenzaron a plantear lo que podríamos llamar una «hoja de ruta y agenda revolucionaria» que debería llevar a cambiar totalmente el sistema burgués-liberal imperante en el siglo XIX.
Este movimiento obrero se apuntaba al «internacionalismo», que era toda una novedad en la época. Consideraban que cualquier obrero en cualquier país sufría la misma situación de desamparo y vulnerabilidad. Por tanto era necesario aunar esfuerzos y tener claras cuales habían de ser las reivindicaciones de los obreros.
plantearon tres vías de actuación: La vía social a través del asociacionismo; la vía sindical a través de las propias organizaciones sindicales que se pudieran establecer; y la vía política, creando organizaciones políticas representativa de la «Clase Obrera» que dirigiese desde las instituciones establecidas la «lucha de clases».

Todas estas acciones deberían desembocar en una situación de bienestar y dignidad para el trabajador y sus familias. Para ello consideraban que debían actuar «en común» y desarrollar un espíritu de «comunidad». Algunos ideólogos como el prestigioso Karl Heinrich Marx, consideraba que había que lograr lo que se consiguió en la «comuna de París» de 1830, reproducida en la de 1848. Marx denominó a este movimiento comunero «Comunista» .
Otros en Francia denominaron a este movimiento comunero como «Socialisme» (Socialismo) , rescatando un termino acuñado en el siglo XVIII para referirse a los seguidores del filósofo Jean-Jacques Rousseau y concretamente de su obra «el Contrato Social» (1762)
Los alemanes que estaban en pleno fervor nacionalista unificador, comenzaron a unir la doctrina de la «Democracia» del futuro canciller imperial Otto von Bismarck, con las ideas del movimiento comunero de Marx, surgiendo así la «Socialdemocracia obrera» , para distinguirla de la otra «Social democracia» , liberal y nacionalista.
En Inglaterra, algunos seguidores de Marx prefirieron apostar por un modelo a medio camino entre el liberalismo hegemónico y el Socialismo francés. A este movimiento se le denominó «laborismo«. Un híbrido para aquellos que temían una revolución obrera.
Creada ya la jerga revolucionaria, comenzaron a debatir de todo, surgieron nuevos líderes de la lejana Rusia, como Bakunin o Lenin, y cada cual daba su opinión sobre la metodología a poner en práctica. ya tenían la teoría, ahora tocaba la práctica. Y es en estas cuestiones de metodología cuando surgieron las primeras escisiones, por así decirlo, las primeras «herejías» que cuestionaban el dogma «marxista».
Frutos de aquellos debates llegamos a la conferencia de Berlín de 1884, cuando aprovechando una conferencia internacional para el reparto de territorios coloniales entre las principales potencias imperiales de Europa, la AIT decidió celebrar de forma paralela su segunda conferencia internacional.
La mayoría de los delegados apoyaba a Marx y su método revolucionario; pero los rusos consideraba que aquel método era inviable en Rusia debido a la autocracia del Zar Nicolás II, que gobernaba el país con puño de hierro.
Planteaban que en Rusia apenas había industria (Marx basaba la mayor parte de sus escritos en el mundo industrial) y los principales problemas estaban en el mundo agrario, donde aun se practicaba el feudalismo y existía la servidumbre y donde aun los naturales del país se consideraban vasallos del zar o de los nobles.
Marx era un internacionalista nato, mientras que Lenin apostaba por reforzar el nacionalismo ruso. Las ideas de Marx no eran para Lenin aplicables en Rusia. Motivo por el cual, comenzó a diferenciar entre «Socialismo utópico» (Marx) y «Socialismo científico» (Lenin). Este conflicto de intereses fue creciendo en el tiempo, creando así dos bandos enfrentados en la AIT.

Por una parte Lenin que en principio era entusiasta de Marx, acabó decepcionado porque consideraba que Marx era un teórico y que su «Manifiesto Comunista» no aportaba ideas de como implementar la agenda revolucionaria. La cuestión que planteaba Lenin era que en Rusia el nacionalismo estaba muy arraigado en la sociedad y en la todo poderosa iglesia Ortodoxa Rusa, iglesia muy arraigada en la conciencia del pueblo.
Por si fuera poca la división, otro Ruso, Mijaíl Bakunin, creaba una vía totalmente distinta de la de Lenin y de la de Marx. Bakunin procedía de la rusia asiática, mientras que Lenin de la rusia europea. El sentido de comunidad estaba muy arraigada en la rusia rural de la parte asiática, dada la ausencia de grandes ciudades y las grandes distancias existentes entre comunidades.
Consideraba que Marx escribía para los obreros urbanitas industriales europeos, pero que descuidaba el mundo rural. Pero le gustaba la idea de apostar por generar un espíritu comunitario. Consideraba que Lenin representaba a los obreros industriales de Rusia; pero también tenía muchas dificultades para llegar al obrero del mundo rural, además de desconocer la realidad de la Rusia asiática.

Bakunin era un socialista que podríamos llamar «conservador», que reivindicaba mejores comunicaciones entre la rusia asiática y la europea. Reivindicaba la validez de la comunidad, donde las normas y las autoridades se elegían en común, donde existía la costumbre de la autogestión. Básicamente lo que proponía era que cada comunidad, estuviese donde estuviese debía dirigir su propio destino. Rechazaba el concepto de Estado y también el de partido o sindicato.
Bakunin rompió formalmente con Marx en esta segunda conferencia creando el movimiento «Anarquista» internacional.
La AIT se rompió en tres pedazos: Socialistas (Marx) , Comunistas (Lenin) y Anarquistas (Bakunin) en la tercera conferencia internacional de Moscú de 1919. Dos años antes, se habían producido dos revoluciones en Rusia, una de carácter burgués (Febrero de 1917) que derribó la monarquía y en su lugar creó la primera República de Rusia ( Febrero-Octubre 1917); y otra (Octubre de 1917-1922) de carácter obrero liderada por Lenin que además de ejecutar a la familia imperial, dio paso a la creación en 1922 de la «República Socialista Federativa Soviética de Rusia» (RSFSR en adelante) , integrada en la URSS que actuaba como Federación.
La RSFSR fue el primer estado soberano creado por trabajadores. Evidentemente el impacto mediático fue de grandes dimensiones. El modelo soviético («Soviet» = asamblea popular) rompía con el modelo burgués-liberal imperante en ese momento en toda Europa. Pero también era un aviso a navegantes. Los propietarios estaban «en peligro» si la revolución rusa se propagaba por Europa. Ya por entonces había muchos partidos y sindicatos obreros asociados a la AIT ( El PSOE se creó en 1879, adherido a las conclusiones de la primera internacional, es decir de inspiración marxista) . El efecto contagio era temido en la Europa burguesa y liberal.
En 1919 en Moscú Lenin convocó a la AIT para una tercera conferencia Internacional (Conocida como la III Internacional) en la que Lenin consumó su divorcio con socialistas (Marx) y Anarquistas (Bakunin), surgiendo la versión del «comunismo» tal y como se entendió durante el siglo XX, creada por Lenin ( También conocido como marxismo-leninismo).
A partir de 1919 ya no se volvieron a celebrar nuevas conferencias de la AIT, que prácticamente desapareció del mapa obrero. Los socialistas, los comunistas y los anarquistas crearon sus propias conferencias internacionales: Internacional socialista, la Internacional Anarquista y la Internacional Comunista .
El 1 de Mayo fue lo único que quedó de la unión de las tres grandes ramas surgidas a partir de 1864. Fue importante porque marcó el inicio del Movimiento obrero internacional y sus reivindicaciones de derechos laborales, sindicales y sociales.
A partir de el último tercio del siglo XIX, en especial a partir de 1891 cuando se publicó la encíclica papal «De Rerum Novarum» en la que el papa advertía que los propietarios católicos debían tratar bien a sus trabajadores y que debían acordar en comisiones mixtas todas aquellas cuestiones laborales que fueran necesarias.
Esta encíclica afectó a la «clase propietaria» quienes se vieron obligados moralmente a poner en práctica las decisiones papales. Por lo que el espíritu reformista y caritativo se fomentó, a la manera liberal, a favor de las condiciones laborales y sociales de la «clase trabajadora». No obstante hubo mucha resistencia al cambio de consideración del trabajador como ciudadano, al reconocimiento de derechos laborales o a permitir el intervencionismo estatal en las relaciones laborales.
La AIT visibilizó las condiciones de vida y laborales de los trabajadores a través de muchas de sus acciones, tomando el pulso político y social en la calle y en los centros de trabajo, con huelgas, manifestaciones, atentados, etc… Para muchos la AIT dio fuerza al trabajador para salir de su circulo vicioso y aunar esfuerzos en favor de sus derechos y su dignidad.

