La revolución bolchevique en Rusia (oct.1917-1924) marcó un hito en la vida política de toda Europa. Por un lado los conservadurismos y los liberalismos clásicos unieron sus fuerzas en un intento por reaccionar ante la «amenaza bolchevique» ; por otro lado los socialismos comenzaron a atomizarse en una constelación de facciones, en muchas ocasiones enfrentadas entre sí por el liderazgo y sus propias contradicciones.
Los marxistas de la primera internacional (seguidores de Marx) apostaron por alejarse de cualquier asociación con los «bolcheviques» (seguidores de Lenin). la ruptura de la tercera internacional en 1919 marcó la división en el movimiento obrero «internacionalista«.
En muchos países el socialismo «marxista» llevaba implantado desde finales del siglo XIX y comenzaba a desarrollar en la década de 1920 nuevos contenidos doctrinales, nuevas acciones, nuevas formas de reivindicar derechos.
Los «comunistas, bolcheviques y rojos» seguidores de Lenin aun no tuvieron presencia en la mayoría de los países europeos hasta mediados de la década de 1920 y sobre todo en 1930. Los socialistas «marxistas» eran durante el periodo de «Entreguerras» (1919-1939) considerados los representantes de la «clase obrera«.
En muchos países la pugna entre Conservadores/Liberales (Representantes de la «clase propietaria» ) y socialistas (Representantes de la «clase obrera») fue a más a medida que se fueron creando sindicatos, asociaciones y partidos obreros.
En la clase política (mayoritariamente perteneciente a la «clase propietaria«) comenzaba a surgir una idea: para evitar una «revolución desde abajo» (como la bolchevique), es necesario hacer una «revolución desde arriba». Se trataba de controlar la pervivencia del «régimen burgués – liberal» que había sido hegemónico durante todo el siglo XIX por medio de la represión, la censura y la contención.
Pero también mejorando la oferta de los partidos socialistas. Es decir desarrollando una política social y laboral de carácter «liberal» que disuadiera a los obreros a la revolución. Esta política social y laboral «liberal» tuvo su base doctrinaria en la «Doctrina Social de la Iglesia Católica» formulada por el papa Leon XIII en 1891 en su encíclica «De Rerum Novarum«.
La influencia religiosa en los países mediterráneos era hegemónica en cualquier ámbito de la sociedad. Menos influyente en países protestantes donde el secularismo, laicismo, agnosticismo y ateísmo avanzaba a ritmos acelerados en este periodo.
A principios del periodo de entreguerras la prensa escrita y transmitida por la radio comenzaba a usarse como altavoces para la propaganda política. El cine, en sus inicios, retransmitían (cuando llegó el cine sonoro) mítines políticos y discursos de políticos mas destacados. La política – gracias a estos nuevos medios de comunicación – , salía de los palacios y llegaba a la calle. Se democratizaba y globalizaba. La «opinión pública» comenzaba su andadura y con ella se fue perfeccionando la propaganda política.

Uno de los periodistas más destacados en la prensa «liberal» de la época se llamaba Benito Mussolini. En su juventud se sintió tentado por los ideales – mitificados – del socialismo y de la revolución, lo que le llegó a afiliarse al Partido Socialista Italiano. PSI (Adherido a la I Internacional, seguidor de las tesis de Marx) .
A final de la guerra Mussolini es expulsado por apostar por su deriva nacionalista y por su rechazo al internacionalismo. En otros países ocurría algo por el estilo. El internacionalismo en este periodo no se entendía muy bien y mucha gente desconfiaba de alianzas extranjeras, dado lo ocurrido en la primera Guerra Mundial. Muchos políticos e intelectuales reclamaban políticas de ámbito nacional y no internacional.
Había una sensación de pérdida de identidad nacional en muchos intelectuales y políticos. Consideraban que el internacionalismo diluía y a la larga haría desaparecer esa identidad. En muchos países liberales el internacionalismo se asociaba al socialismo y al bolchevismo, por lo que hubo un movimiento de rechazo hacia el internacionalismo.
Mussolini aprovechó ese descontento y apostó por una solución intermedia entre el liberalismo y el socialismo. Apostó por construir la «nación italiana» desde la base social. Consideraba que Garibaldi creó el estado, pero Mussolini crearía la «nación». Rechazó el internacionalismo y también los otros nacionalismos aún existentes en Italia.
En política interna intentó crear un «centro» político que pilotase un gobierno «patriótico» de «salvación nacional» . Los conservadores fueron escépticos, los liberales se entusiasmaron y los socialistas simplemente lo rechazaron.
Los liberales italianos, en este periodo, habían acogido a la nueva clase media (Mayoritaria en el norte de Italia en las ciudades mas industriales) y a los socialistas «no internacionalistas» y «no revolucionarios» desencantados con la evolución del PSI.
Una amalgama doctrinaria, un tanto inconexa, con un modelo económico liberal clásico y con un una política social/laboral socialista. grandes dosis propagandística de nacionalismo y populismo. Creó una milicia cívica y «patriótica» llamada «Fasci di Combatimentto» encargada de aunar voluntades y conseguir adeptos a la causa.

En 1920 el rey Víctor Manuel III viendo la debilidad de su corona y con una fuerte presión en las calles, temiendo una «revolución desde abajo», ordenó a Benito Mussolini – tras su histórica marcha sobre Roma emulando a Garibaldi – formar gobierno en Italia. Se formó el Gran Consejo Fascista en sustitución de un parlamento ya disuelto y un consejo de ministros dominado por el nuevo «Partido Fascista Italiano. PFI». Partido único del nuevo régimen fascista italiano.
B. Mussolini creó el relato de su «misión» en la «salvación de la patria» en tono heroico, con numerosas referencias al imperio romano – un periodo unificador de Italia – y a las grandes gestas unificadoras de G. Garibaldi. El se veía a si mismo como un «condottiero» italiano, un líder carismático que prestaba altruistamente su servicio personal a la «Nación«. De ahí el culto a su personalidad se impuso cuando adoptó el sobrenombre de «il Duce».
A efectos organizativos, el fascismo italiano se oponía al modelo de la «democracia liberal» que se estaba extendiendo por varios países europeos. Para él era la plasmación de la «decadencia de occidente».
B. Mussolini definía así a su régimen: « La organización corporativa del Estado, ya es un hecho consumado. Ese estado democrático y liberal, débil y agnóstico, ya no existe. En su lugar ha surgido el Estado Fascista. Por primera vez en la historia, una revolución constructiva como la nuestra creó un terreno pacífico para las actividades productoras, incorporando todas las fuerzas económicas e intelectuales a una sola organización y encauzándolas hacia un propósito común.
Por primera vez en la historia se ha creado un poderoso sistema de grandes asociaciones dentro del cual todas las posiciones se hallan sobre un mismo plano de igualdad reconocidas todas ellas por el Estado Soberano en sus intereses legítimos y conciliables.
Hoy por fin, el pueblo está trabajando en sus diversas actividades y categorías dedicando sus esfuerzos al Estado Fascista, conscientemente, vigorosamente, para alcanzar su destino verdadero.» (Discurso. Roma 19/05/1926)
El entusiasmo por esta «tercera vía» que propuso Mussolini se expandió por varios países de Europa: Portugal, España, Francia, Bélgica, Países Bajos, Alemania, Gran Bretaña … e incluso llegó hasta Estados Unidos donde surgieron algunos grupos intelectuales fascistas.
Generalmente el «fascismo» caló en la nueva «clase media» y en ambientes liberales y/o conservadores. En Gran Bretaña por ejemplo hubo personalidades de la política (del partido Wigh y del partido Laborista) e incluso en el entorno de la familia real, que veían con buenos ojos la experiencia «fascista» de Italia. Muchos vieron la forma de poder importarlo, pero adaptándolo a las características políticas de cada país.
Alemania el fascismo derivó en «nacional-socialismo«, en Portugal en el «salazarismo«, en España levemente en el «falangismo joseantoniano» y posteriormente – a partir de 1937 – con mayor arraigo en el «franquismo«.
En las décadas de 1920-1930, B. Mussolini comenzó a usar grandes dosis de propaganda política mostrando, gracias sobre todo al cine y a la radio, todas las bondades y éxitos del nuevo régimen italiano. Se cultivó el culto a la imagen del «Duce» y se mitificó un poco su figura heroica y como líder indiscutible e incuestionable. Creo un trampantojo de una Italia modélica, próspera y futurista.
Sin embargo la realidad era otra. Los mayores beneficiados fueron los italianos del norte, donde la riqueza aumentaba casi sin control. El número de ricos aumentó considerablemente en estas décadas.
En el sur en cambio la pobreza estructural que ya existía antes de Mussolini, continuó su caída en picado. Las nuevas «mafias» (Antiguas familias terratenientes) controlaban de facto toda la economía local. El estado no sólo no consiguió acabar con ellas, sino que las fomentaba. Mussolini se había apoyado en ellas para poder ascender hacia el poder. Las «mafias» controlaban Nápoles y Sicilia. La corrupción política existía subyacente a la imagen del Estado Fascista ideal creado por B. Mussolini para mantenerse en el poder.
El Partido Socialista Italiano, en parte clandestino y en parte exiliado, seguía existiendo y muy activo contra el «fascismo«. su actuación se enfocaba sobre todo en el norte, en las fábricas y en las ciudades más importantes. En cambio en el sur tenían poca aceptación por culpa de las «mafias» que perpetuaban el antiguo sistema señorial.
En 1921 surgió de una de las muchas facciones del socialismo italiano, el Partido Comunista Italiano. PCI, adherido a la III internacional (Seguidores de Lenin) quien ante el régimen fascista consideraba que la hora de la revolución «rossa» (roja) había llegado a Italia. No tuvieron éxito en el norte, donde dominaban los socialistas. Pero si tuvieron éxito en el mundo rural (centro y sur de Italia) y además hicieron en algunos casos causa común con los «capos» de la «Mafia» siciliana (conservadora) y de la «Camorra» napolitana (mas cercana al socialismo), contrarios a Mussolini, contra el régimen «fascista».

