De Pio XII a Pablo VI

Pio XII (1939-1958)
Fue un pontífice muy polémico sobre el que se han vertido ríos de tinta tanto a su favor, como en su contra. No ha sido tratado bien por los historiadores debido a su «ambigüedad» adoptada en la segunda Guerra Mundial.
Internamente y en relación a la Santa Sede Apostólica, Pio XII se encontró tras la guerra con dos grandes facciones en el seno de las congregaciones pontificias y organismos centrales de la iglesia católica, incluida la Curia Pontificia.
Por un lado existía una facción «dogmática» basada en la «Tradición», inmovilista, eurocéntrica, de fomento de un sacerdocio autoritario y muy vinculada en cuanto al pensamiento a los regímenes totalitarios precedentes.
Por otro lado existía una facción «renovadora» basada en los Evangelios, abierta, dinámica, modernista, universalista con mucho empuje desde América Central y del Sur, muy vinculada a los «seglares» y a los nuevos ambientes democráticos o democratizadores dentro de la iglesia.
La Iglesia Católica Romana se alineó tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) con el mundo occidental (EEUU y sus aliados europeos) en el contexto de la Guerra Fría (1945 -1993). En 1949 condenó el bolchevismo y el marxismo – leninismo. Fue una condena directa contra el régimen soviético creado en 1917 y acrecentado con la llegada del «Premier» soviético, Y. Stalin en 1946.
Poco tiempo antes la URSS había proclamado el «Estado Ateo» en contraposición con el «Estado Confesional» del régimen imperial anterior. Había expulsado al nuncio del Papa y prohibido todas las religiones en la URSS (Aunque mantenía oficiosamente canal abierto con la Iglesia Ortodoxa Rusa, a cuenta de haber estado en vanguardia en la revolución de Febrero de 1917 y también por formar parte esencial del nacionalismo ruso. Gozaba de algunos privilegios).
La condena del «sovietismo» ruso y del «marxismo-leninismo» a escala global tenía una segunda lectura en clave política italiana. Pido XII fue uno de los impulsores de la Democracia Cristiana en Italia. La Santa Sede Apostólica ejercía de facto – a modo de tutela – la nueva política italiana emergente tras la segunda guerra mundial.

Pio XII tuvo una política de contentar a todos, pero tanto su ambigüedad en la guerra mundial, como en su deseo de mimetizar las facciones mas renovadoras con la democracia cristiana, cometió muchos errores. Explicados en clave eclesiástica, pero con resultados nada halagüeños en sus relaciones con los estados occidentales.
La mayoría de los estados occidentales habían abandonado la política de los «Estados confesionales» anterior y se enmarcaban en el nuevo tiempo en el marco de los derechos humanos, entre los que estaban los derechos a la libertad religiosa, de cultos y conciencia. muchos países se habían declarados «Laicos».
Para los sectores mas conservadores de la Iglesia, la «laicidad» equivalía a ser una vía favorable al «estado ateo«. Tampoco le gustaban a estos sectores, la separación «Iglesia-Estado «y la progresiva «secularización» de la sociedades occidentales. En la visión que tenía Pio XII, estas actitudes «modernas» se alejaban de la democracia cristiana que el quería impulsar desde la iglesia católica. Asi podemos ver algunas iniciativas que fueron en contra de su imagen pública:
Concordato de 1953 con el régimen de Francisco Franco Bahamonde en España. Un concordato hecho a la carta que incluía muchos elementos arcaizantes del «nacionalcatolicismo» y del «tradicionalismo» español. Un ejemplo de ello, fue la potestad del dictador de nombrar obispos y la potestad del dictador de ir bajo palio.
Este concordato dio unilateralmente legitimidad al régimen de la dictadura y se la retiraba al gobierno de la segunda república «en el exilio». El Nuncio retornó a España y fue acreditado ante el propio dictador. A efectos diplomáticos esta actitud papal fue contestada por la mayoría de los aliados con el rechazo a esta medida.
Pio XII también condenó a los «curas obreros» en Francia y condenó la «nueva teología» que comenzaban a penetrar seminarios y obispados en toda Europa y en América Central y del Sur.
Lo peor que hizo y fue visto como un retroceso fue la Encíclica «Humani Generis» (1950) donde condenó la «modernidad», estableció la censura a los teólogos, especialmente a los nuevos teólogos jóvenes, y prácticamente puso vigilancia férrea contra los Jesuitas y los Dominicos, considerados por el papa como máximos impulsores de esa «nueva teología«.
Juan XXIII (1958-1963)

A este pontífice se le conoció como el «papa bueno» por su programa renovador de la iglesia católica, muy alejado del pontífice anterior. El definió su pensamiento como favorable al «Aggiornamento» (Actualización) de la Iglesia Católica Romana.
Evidentemente la Segunda Guerra Mundial dio paso a un nuevo orden mundial dominado por dos superpotencias: EEUU y URSS en el orden político yen el caso del mundo Occidental (También llamado «primer mundo«) una reorganización interna de los estados en clave de apostar por la «Modernidad» expresada en la tecnología y la ciencia, en la secularización de la sociedad, en la separación Iglesia – Estado, en el internacionalismo, en el fin de los Estado-Nación, en la implantación de los derechos humanos , en la expansión de la democracia.
Un año antes se había firmado el Tratado de Roma, por el que se creaba la Comunidad Económica Europea (CEE en adelante) formada inicialmente por seis países: Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo (juntos formaban el Benelux, la primera unión aduanera en Europa) , Francia, Alemania e Italia. Francia y Alemania («las dos locomotoras«) marcaron la dirección económica y política de la CEE. Europa comenzaba un viaje por separado a EEUU, pero manteniendo su alianza.
A raíz de la CEE, en la órbita soviética se constituyó la COMECON, similar a la CEE pero para los países aliados soviéticos. De igual forma que años antes en 1949 los aliados occidentales formaron la OTAN y los países «del Este» el «Pacto de Varsovia». El mundo comenzaba a ser repartido entre los dos colosos. La iglesia al estar vinculada con los aliados necesitaba reubicarse y renovarse para afrontar su nuevo papel en el nuevo tiempo.
Juan XXIII entendió que condenar la «modernidad» no servía mucho. El mundo avanzaba mucho mas rápido que la iglesia. La Igleisa se había quedado anclada en el pasado y ya no tenía apenas visibilidad e influencia en el contexto de la Guerra Fría,
En Europa los seminarios comenzaban a vaciarse y los conventos comenzaban a tener dificultades para mantenerse abiertos por falta de vocaciones y por falta de fondos. La secularización creciente ponía en peligro la supervivencia de la iglesia en Europa, con un clero en edad avanzada y contrario a ceder protagonismo a los nuevos sacerdotes jóvenes. La iglesia en Europa entraba en decadencia.
En América Central y del Sur se daba el efecto contrario a Europa, la iglesia seguía siendo parte de la sociedad. Esto fue posible sobre todo a las comunidades de jesuitas que promocionaban desde la educación nuevas sociedades mas justas, menos desiguales y mas desarrolladas.
Evidentemente la socialización promovida desde el mundo jesuita, no gustó a varios gobiernos autoritarios latinoamericanos, por lo que trataron de frenarlos mediante la represión y protestas ante el Vaticano. En respuesta, los Jesuitas respondieron mediante la acción política y en algunos casos armada, integrándose en algunos casos en las guerrillas (insurgencia) y en grupos subversivos de carácter político. Los jesuitas se posicionaron – como en el pasado – junto al pueblo en contra de las autoridades establecidas.
Esa alianza de Jesuitas – también franciscanos y dominicos – con el pueblo aterrorizaba a los sectores mas conservadores de Europa. Consideraban los europeos que los jesuitas se habían pasado al otro bando (al bloque soviético) y que ello, según su opinión, comprometía a la Iglesia Católica universal, claramente alineada con el mundo occidental.
La pugna en Europa entre «dogmáticos» (o tradicionalistas) y «apostolares» (Renovadores) en ambientes eclesiales y en la Santa Sede, hicieron pensar a muchos que iba a producirse un nuevo cisma. Si a esto añadimos el resto de asuntos que salieron a la luz en el contexto de la Guerra Fría en Europa fue probablemente lo que llevó a JUAN XXIII la necesidad de convocar un nuevo concilio ecuménico.
La idea central era convocar un nuevo concilio en el Vaticano con el fin de renovar la Iglesia y adaptarla al mundo moderno. Se planteó también como foro internacional y como servicio a todo aquel que considere que hay que modernizar la iglesia católica.
Dos fueron las líneas programáticas mas ambiciosas de Juan XXIII de cara al Concilio:
Ecumenismo cristiano: En línea con el mandato de buscar caminos para lograr la reunificación del cristianismo, Juan XIII consideró que la unidad no era uniformidad, ni unicidad. La unidad en la diversidad era el mejor camino para lograr la unidad de los cristianos ante su papel en el mundo moderno, mediante la coordinación, la cooperación y la colaboración.
Atrás quedaron los tiempos de herejías y anatemas, de una actitud represiva dogmatizante, de una Iglesia católica que quería obligar a los herejes a abjurar de su fe, humillarse y pedir perdón. La experiencia en la Europa «del Este» del papa Juan XXIII le decía que había que desterrar esas condenas y anatemas, mas propios de teólogos de salón, que de utilidad social.
Consideraba el pontífice que la unidad en la diversidad era mucho mas útil a la sociedad moderna, que quedarse en debates teológicos y en discusiones vanas que solo beneficiaban e interesaban a los interlocutores, pero no calaban en la sociedad.
Diálogo Interreligioso: Aunque la Iglesia Católica apostaba por la «recristianización de Europa» ; entendía el pontífice que el judaísmo y e islam también estaban presentes en Europa y también contribuyeron al desarrollo de los países de Europa. Especialmente sensible era con el judaísmo, una religión que había sufrido la «Shoah» (Holocausto) durante el régimen Nazi y aliados. Una sensibilidad que seguía a flor de piel en la mayoría de los países europeos, especialmente en Alemania.
En el nuevo contexto, la Iglesia, que había ayudado a muchos judíos a huir de Alemania y de regímenes totalitarios, no podía ahora darles la espalda. La experiencia del «reencuentro» entre «hermanos» como se explico en la época en ambientes eclesiales renovadores, fue suficiente justificación para limar las cuestiones mas espinosas entre el cristianismo y el judaísmo, especialmente con los que seguían la escuela sefardí (mayoritaria en Europa Occidental).
Por primera vez el pontífice reconocía que el cristianismo es el «hermano menor» del judaísmo, aludiendo al origen judío del cristianismo y del propio Jesús de Nazaret. Esto fue sin duda un terremoto teológico entre los «dogmáticos» que se preocuparon en épocas anteriores de ocultar el origen judío de Jesús y aun mas que Jesús fuera un rabino judío.
Los judíos pedían el mismo trato con los musulmanes suníes que también los protegieron durante la guerra. Los suníes, al contrario que los chiíes reconocen influencias del judaísmo y del cristianismo en el Islam. De hecho en Al Corán hay varios capítulos dedicados a Jesús (Isa) y a la virgen María (Miriam). Todos llegaron a la conclusión que son hijos de un mismo Dios creador y todopoderoso.
Fue un momento en el que se dieron cuenta las diferencias entre creencia, religión y organización religiosa. Veían por ahí un camino, por la vía del diálogo, hacia la unidad de los monoteístas en la diversidad. Unidad en la acción pastoral, en el servicio a dar a la sociedad pero respetando la identidad de cada religión. Atrás quedaron las cruzadas y las persecuciones cruentas.
Pablo VI (1963-1978)

El pontífice buscó un punto intermedio en su pontificado entre Pio XII y Juan XXIII. Si bien tuvo que dar continuidad al Concilio y ahondar en la renovación de la Iglesia, consideraba que había que poner coto a posturas excesivamente seculares próximas al socialismo y a teólogos revolucionarios sobre todo vinculados con los Jesuitas.
Pablo VI seguía desde su época anterior al pontificado a la democracia cristiana, aunque en su nueva versión de búsqueda del «centro-siniestra» a la italiana. Trató de conciliar la «tradición» con la «modernidad«.
Aceptó de la «modernidad» el derecho a la libertad religiosa, de cultos y de conciencia, amparada por los derechos humanos promovidos desde la ONU. La Iglesia de Pablo VI acabó con los «estados confesionales«, introdujo un nuevo gobierno episcopal en las llamadas Conferencias Episcopales , desterrando a un segundo lugar al Cardenal Primado e imprimiendo en el episcopado la idea de la necesaria «colegiación de los obispos«.
De esta forma introdujo en la Iglesia la idea de descentralizar la iglesia. Cada Iglesia diocesana debía ser autónoma en su gobierno y gestión ; todas ellas en «comunión» con el Papa. Es decir se estableció un sistema similar semifederal al que se adoptó en Italia por esa misma época. La Iglesia Universal era gigantesca y había que establecer una nueva estructura territorial.
Otro de los aspectos «modernizadores» de Pablo VI fue el «Apostolado de los seglares» en la misma línea promovida por el papa Juan XXIII, es decir dar mas visibilidad; así como disponibilidad de medios y recursos a los «laicos» (también llamados «seglares«). Pablo VI quitó sacralidad al sacerdote, secularizándolo para de esta forma ser indistinguible del seglar en el «pueblo de Dios».
El papel de los «seglares o laicos» estaba basado en dos realidades, los feligreses de la iglesia católica son mayoritarios frente al clero. En una sociedad altamente democratizada en Occidente, la Iglesia no quería quedarse atrás. También debía caminar hacia la democracia eclesial. Para Pablo VI era el modelo mas adecuado era la democracia cristiana «centro-siniestra» que se daba en Italia.
La segunda realidad era la falta de vocaciones para renovar el clero y también la necesidad de mejorar la imagen de la iglesia y la comunicación social de la iglesia. Las parroquias se llenaron de grupos y movimientos de «seglares de apostolado» que rápidamente acabaron controlando el día a día de las parroquias. Desde «ayudar al Párroco en la misa» – hubo grandes cambios en la liturgia con un aumento de seglares en la misma, así como toda la cultura imperante en musica moderna y actividades locales – hasta llevar las cuentas de la parroquia, atender a los necesitados, dar catequesis sacramentales, etc…
Gracias a estas actividades de «apostolado» – llamadas posteriormente «pastorales» – la imagen de la iglesia cambió para mucha gente, los «renovadores» (llamados ya «progresistas«) comenzaron a superar a los «tradicionalistas», otorgando a la Iglesia de una nueva imagen pública y de comunicación social «moderna, progresista y actual«.
Uno de los aspectos mas importantes del Concilio Vaticano segundo (1962-1965) fue la gran reforma de la liturgia, que no se daba desde tiempos del Concilio de Trento (1545). Una reforma que actualizaba la liturgia otorgándole valores de unidad, comunión y comunidad.
Una reforma que dio a los seglares mas participación en la misma, tanto en el ministerio de la lectura, como en el reparto de la comunión (debidamente autorizado) , así como amenizar las misas con coros y canciones populares modernas, pensadas para atraer al público jóven; así como en otras partes del mundo, expresiones culturales locales. Las vestiduras talares renacentistas se eliminaron para adoptar las nuevas casullas mas parecida a las que llevaban los apóstoles en las pinturas paleocristianas. La «vuelta a los orígenes» fue un lema constante en el Concilio.
El cura en vez de estar frente al altar, en la nueva liturgia, el altar estaba en el centro, separado de la pared, con el fin de celebrar frente a la comunidad en lengua vernácula. EL Latín, que nadie entendía, fue desterrado de la liturgia. Adoptándose las lenguas vehiculares en cada lugar. Los misales fueron traducidos y adaptados a todas las lenguas conocidas.
El sentido de Comunidad se expresaba claramente en la liturgia. El «pueblo de Dios» compartía el mismo pan y el mismo vino, sin diferencias entre el clero y los seglares. Muchas iglesias se adaptaron a la nueva liturgia y las nuevas iglesias se construyeron con un nuevo diseño mas cercano al círculo que a la cruz latina., con el altar justo en el centro.
La mayoría de iglesias nuevas redujeron las imágenes porque consideraban que el ecumenismo también implicaba que iglesias católicas pudieran ser usadas por otras iglesias cristianas y ello implicaba que no hubiera muchas imágenes para no tener que quitarlas o taparlas; cada vez que se cambiaba de liturgia (Distintas en cada iglesia cristiana) . También era costumbre tener en la misma línea altares móviles. Toda una transformación de edificios, vestiduras y liturgia a tono con el espíritu de renovación y ecumenismo del Concilio.
Evidentemente estas «modernidades» del concilio, no gustaron al clero y teólogos mas conservadores y tradicionalistas. Consideraban que el concilio no era «dogmático«, es decir, no iba contra ninguna nueva «herejía» como si lo habían sido los concilios anteriores.
En sus «postulata» (Preparación) reflejaban el mundo preconciliar muy anclado en los postulados del concilio de Trento, dogmáticos, clericales y muy de la curia vaticana. Entre ellos hubo un intento de boicot del concilio, promover, los mas radicales, una línea cismática «tradicionalista»; los mas moderados, «conservadores» intentaron controlar y reconducir el concilio presionando al papa Pablo VI. Para ellos el concilio fue un grave «error» y que conducía a la Iglesia hacia los brazos del «maligno» y de «masones, protestantes y ateos». El Concilio se les iba de las manos a los que tradicionalmente habían gobernado la Iglesia y aun seguían siendo influyentes.
El concilio creó un ecosistema de documentos, encíclicas, constituciones, declaraciones, discursos de todo tiempo y contenido. Pablo VI reforzó con sus visitas pastorales al exterior (era el primero después de muchos siglos que había salido fuera del Vaticano) , en especial su peregrinaje a tierra Santa donde puso en marcha el ecumenismo reconciliándose con el patriarca ortodoxo y con rabinos judíos muy influyentes.
Visita histórica a los santos lugares que en clave eclesial también tuvo su efecto positivo en la «custodia de los Santos Lugares» y en la orden franciscana que la dirige; así como en sus relaciones con el estado de Israel. Este viaje sirvió no sólo en clave religiosa; sino también para restablecer las relaciones diplomáticas entre el Vaticano e Israel. Relaciones que se expresaron en la protección de Israel a los peregrinos cristianos a Tierra Santa y en su reconocimiento mutuo.
Los documentos y sobre todo las Constituciones conciliares son las Leyes Fundamentales de la Iglesia Católica. Son las leyes por las que desde el concilio se rige la Iglesia Católica Romana.
La reacción «tradicionalista» tuvo su propio cisma , liderado por el teólogo y obispo Marcel Lefebvre, quien consideró que el Papa no estaba facultado para dirigir la Iglesia y que el concilio había sido un grave error. Su acción cismática, al ordenar sacerdotes sin consentimiento del Vaticano, tuvo eco entre aquellos que no consideraron válido el concilio y que no reconocían al papa.
Siguiendo su estela se crearon innumerables «iglesias» e innumerables sectas «tradicionalistas» por todo el mundo. Se fueron principalmente a América y a África donde la iglesia aun era un pilar de la sociedad , donde era mas fácil ganar a sus adeptos.
Los promotores del concilio se difundieron con gran rapidez por Europa, Asia y América. Los «progresistas» comenzaron a debatir sobre todo tipo de asuntos útiles a la sociedad principalmente de economía, política, sociedad, cultura…
Entre los debates mas interesantes:
–Control de la natalidad: considerado antes como un tabú eclesial porque necesariamente llevaba hacia el espinoso asunto de las «relaciones prematrimoniales y de la sexualidad humana«. por no hablar de las «relaciones sexuales» entre personas del mismo sexo. Los «progresistas» eran partidarios de usar «condón» para hombres y «diu o la píldora» para las mujeres. Este camino llevaba a plantearse seriamente en la Iglesia el tema del Aborto en algunos supuestos. Caminos que creaban incertidumbre y confusión en muchos católicos. Los pasos en ese sentido fueron mas lentos. En todo caso siempre se frenó el aborto. Demasiado avance para la iglesia de los años 60 y 70.
Diálogo con el Marxismo y el ateísmo. Aquí las chispas se visibilizaban mas entre conservadores y progresistas. En el clima de Guerra Fría plantear este diálogo era complicado.
Este diálogo se dio en los márgenes de la iglesia extraeuropea en dos corrientes de pensamiento: La iglesia de base consideraba que había muchas similitudes entre el cristianismo conciliar y la nueva socialdemocracia. Fruto de este sincretismo surgieron los «Cristianos por el Socialismo«. Muy influyentes en las iglesias de base, pero muy cuestionados en las altas esferas de la Iglesia., los cuales fueron silenciados, censurados y marginados.
En Latinoamérica en cambio gozaron de gran libertad aquellos que veían no solo sinergias entre el cristianismo ecuménico y el socialismo; también entre el cristianismo y el comunismo. Cuba era el principal representante del comunismo pro soviético en América. Desde 1959 se estableció una dictadura similar a la soviética, con el régimen de los Castro.
Fruto de aquella revolución «de los barbudos» o de «sierra maestra» con la imagen icónica del «che» Guevara como medio de propaganda. Surgieron por toda américa central y del sur revolucionarios que imitaban el ejemplo de cuba, aunque también los había maoístas e indigenistas. Todos ellos tenían algo en común la influencia desde el siglo XIX de EEUU en toda Latinoamérica.
La Iglesia enraizada en América entre la población mas humilde y en las comunidades de indígenas, bebía mucho de esta idea de unir socialismo con cristianismo siguiendo el modelo europeo occidental , aunque también había misioneros y curas que apostaban por la revolución de tipo castrista., maoísta o indigenista.
Fruto de aquellos debates en torno al concilio, en América algunos Jesuitas comenzaron a plantear una «Nueva teología» basada en la «praxis cristiana de la liberación» por ello fueron conocidos en ambientes eclesiales como «teólogos de la Liberación«.
Estos teólogos consideraban que la «vuelta a los orígenes» debía enfocarse desde la perspectiva de los Evangelios y concretamente desde la perspectiva de Jesús de Nazaret y sus Apóstoles en clave sociológica . Consideraban que los Evangelios eran anteriores a la «tradición» de los llamados «padres de la Iglesia«. Por tanto mas cercanos a los orígenes.
Consideraban el mandato divino de «amar a Dios y al Prójimo sobre todas las cosas» como el principal mandamiento. Eso lleva al ser humano hacia la justicia social, al diálogo fraterno con la ciencia, la tecnología y el mundo moderno. Significa una apuesta decidida por el bienestar social y la dignidad de la humanidad, llevando esta apuesta hacia la necesaria solidaridad.
Ese amor al prójimo debía liberar al pobre de su pobreza y de las causas que provocan su pobreza. Apostar por los derechos humanos y civiles. Aceptar los marcos legales de cada país donde actúen los cristianos, dando prioridad a la cuestión moral, pero sin que eso suponga un contratiempo para las personas. Priorizar el sentido fraternal de una comunidad sobre iniciativas individuales. La unión hace la fuerza.
Un programa muy revelador del camino que la nueva iglesia conciliar estaba produciendo en América y en Europa. En países donde la socialdemocracia estaba mas fuerte, los aires renovadores de la iglesia eran aceptados con mayor ilusión, que en los países con gobiernos conservadores que abogaban mas por la democracia cristiana o el liberalismo conservador. Obviamente en dictaduras conservadoras, como la de España en aquellos años, apostaron por el tradicionalismo, rechazando abiertamente el concilio y reprimiendo levemente a sus seguidores. Franco evitaba romper con el Vaticano, por lo que mantuvo a raya a los «conciliares».
Pablo VI intentó poner orden en los efectos que el concilio estaba causando en Europa y América. Aun no estaba madura la iglesia para tanto cambio en tan poco tiempo. Su pontificado trató de contentar a todos, pero se ve una apuesta por la renovación, para evitar el deterioro o la decadencia de la iglesia en el mundo «moderno». Pablo VI pese a sus sombras fue un gran estadista y sobre todo un gran diplomático.
Sus sucesores: Juan Pablo I, (1978), Juan Pablo II (1978-2005) , Benedicto XVI (2005-2013) y Francisco I ( desde 2013) Supieron implantar las constituciones del Concilio y al mismo tiempo frenar a los efectos nocivos de los tradicionalistas cismáticos como Lefebvre en la Iglesia; pero también frenar el ímpetu revolucionario de algunos teólogos de la liberación que llevaron no solo a la desnaturalización del pensamiento «libertador» ; sino a causar estragos en muchos países por su implicación en levantamientos sociales e insurgencia guerrillera política.
Entre dos aguas siempre ha estado navegando, buscando el equilibrio, la iglesia posconciliar. La etapa posterior al concilio superó las expectativas del mismo. Para unos fue un «error» y para otros una «bendición».
IN MEMORIA de MONS. ROMERO (1917-1980)
