Los años decisivos para España: 1961-1978

II. Camino hacia la reforma política: 1975-1976

El 22 de noviembre de 1975 el presidente interino de las «Cortes del Reino» hizo el llamamiento al «Príncipe de España«, don Juan Carlos de Borbón y Borbón (Roma 1938) para tomarle juramento como nuevo Jefe de Estado, tras la muerte dos días antes de «El Caudillo» conforme se estipulaba en la Ley fundamental de 1947 y en la de 1969.

De esta forma se daba continuidad a la dictadura con la simple sustitución del Jefe del Estado. El objetivo era consolidar la idea crear la «Monarquía del Movimiento Nacional», según los deseos de Francisco Franco Bahamonde (1892-1975).

Sin embargo este recambio en la jefatura del estado no estaba exenta de polémica y discusión. Don Juan Carlos fue proclamado «Rey de España» y esto suponía una ruptura con la sucesión dinástica en la Casa de Borbón-Anjou. El Jefe de la Casa y el depositario de todos los derechos sobre la sucesión en el trono, correspondía a don Juan de Borbón y Battenberg (1913-1993) , rey Juan III en el exilio desde 1941, según los «legitimistas alfonsinos«.

Hubo muchas idas y vueltas de Estoril (Portugal) para apaciguar los ánimos entre don Juan que deseaba ser proclamado Rey y su hijo don Juan Carlos que en aquellos momentos se mostró mas pragmático.

Para don Juan Carlos este fue un trago difícil de digerir, si aceptaba el título real traicionaba a su padre; pero a cambio retenía en su persona el trono de España. Es decir se aseguraba la restauración de la monarquía para la Casa Real de Borbón-Anjou.

A todos los efectos don Juan Carlos cuando fue proclamado Rey de España asumía todo el poder en sus manos que tuvo el general Francisco Franco en vida, todas sus atribuciones y todos sus privilegios. A todos los efectos era el nuevo «caudillo y Generalísimo de sus ejércitos» en la propaganda del régimen.

La continuidad del régimen fue también contestada por la oposición antifranquista y antifascista tanto dentro como fuera de España. Las dos grandes fuerzas políticas de la resistencia eran el PSOE y el PCE , ambas apostaban por una restauración de la república o bien la constitución de una nueva república.

Pero diferían en cuanto al método y en cuanto a las características que esa nueva república debía presentar.

El PSOE apostaba por un régimen federal en cuanto al territorio y un modelo democrático parlamentario similar al Francés en cuanto a la gobernanza y representación parlamentaria.

El PCE alineado con la URSS y como miembro de la III Internacional, apostaba por un modelo similar a las «repúblicas populares» que se habían ido constituyendo por todo el este europeo a modo de estados satélites de la URSS.

Por otra parte el gobierno en el exilio de la Segunda República Española en México, con mayoría socialista, tenía dos visiones, una, liquidar lo que quedaba de la república (Suprimir la república) ; dos, resistir y presionar internacionalmente para una restauración del gobierno en Madrid (Continuidad de la II república)

Los nacionalistas «Periféricos» estaban divididos por sus lealtades o sus discrepancias con las fuerzas mayoritarias de la oposición antifranquistas y antifascistas. Los había que aceptaban el modelo federal; los que buscaban aprovechar para proclamar la independencia y los que buscaban un término medio.

A nivel internacional se estaba llevando produciendo la «Guerra Fría» (1945-1993) entre dos grandes colosos: Estados Unidos y la URSS. Ambos buscaban la hegemonía mundial. Pero en realidad ambos diferían en cual había de ser el «nuevo orden mundial» tras la segunda guerra mundial. Ambos propusieron dos modelos: el capitalista-occidental y el soviético ruso.

En 1975 España había sido asimilado extraoficialmente a los Estados Unidos (Acuerdo de Amistad y Cooperación de 1950) y formaba ya parte integrante de la ONU (1955). España oficialmente formaba parte del Bloque occidental.

Estados Unidos y Gran Bretaña apoyaron la restauración monárquica en un intento por transitar de la dictadura a un sistema democrático representativo, parlamentario de corte occidental. Pero diferían en el monarca que debía sentarse en el trono. Estados Unidos apostó por Juan Carlos; Gran Bretaña, por los lazos familiares entre sus casas reales, apostó inicialmente por don Juan.

Francia apostó por la restauración de la Segunda República Española en Madrid; pero tampoco le importaba si pasaba a constituir una tercera república, siempre y cuando esta república permaneciera en el bloque occidental.

La URSS no tenía mucho interés en los asuntos de España, solo el PCE era un aliado leal y estable; pero, a efectos prácticos, incapaz de iniciar una revolución que diera paso a un régimen prosoviético. El gobierno republicano en el exilio estaba dominado por socialistas, por lo que poco podía obtener del mismo. Dio mas bien un apoyo moral, que un apoyo real a la constitución de una nueva república. Aceptó según las reglas del juego de la Guerra Fría, que España permaneciese bajo la influencia del bloque occidental.

Internamente la continuidad del régimen chocaba con los propios intereses del nuevo jefe de estado que se resistía a usar públicamente el título real. Los choques continuos entre el entorno del monarca, la facción «aperturista» parlamentaria y la intransigencia del «bunker» (núcleo duro de la dictadura) llevó al monarca a presionar al presidente Carlos Arias Navarro (1973-1976) a presentar su dimisión.

Como era costumbre en el régimen el presidente de las Cortes del Reino le presentó al rey una «terna» (lista) de posibles candidatos a designar como «presidente del Gobierno«. Entre los candidatos estaba un jóven falangista, activista del «aperturismo» que en ese momento ocupaba la Secretaria General del Movimiento (Considerada la tercera autoridad en el régimen político), con un gran currículo en el Movimiento. No era el preferido del «Bunker» por sus ideas «reformistas«. Fue este joven el elegido por el monarca. Su nombre era Adolfo Suárez González (1932 -2014)

Suarez era un político continuista con el régimen; pero entendía como la mayoría de reformistas, revisionistas y aperturistas, que el régimen debía reformarse íntegramente y modernizarse. El apostaba por una «democracia moderna» donde existiese el pluralismo político y elecciones libres.

Para Suárez el proceso de reforma debía comenzarse con una hoja de ruta, que llevase de la «Ley a la Ley» hacia ese nuevo forma de entender el régimen político en aquellos momentos cruciales. Reforma frente a Ruptura. Ese continuismo debía ser evolutivo.

1/ Conocer el parecer de la cúpula militar, del Movimiento Nacional y de las Cortes del Reino.

2/ Disolver el Movimiento como estructura institucional del Régimen.

3/ Establecer contactos con el exilio y las fuerzas representativas del exilio.

4/ Promulgar la Ley de reforma política, que diera paso a un proceso constituyente.

5/ Elecciones libres y democráticas.

Un ambicioso programa de desmantelamiento del régimen desde dentro que no aventuraba nada bueno en aquellas circunstancia. Los dos puntos primeros eran los mas cruciales, sin llevarlos a cabo eso supondría el fin de la hoja de ruta y generaría una inestabilidad institucional y política de fatales consecuencias.

La cúpula militar era, en general, leal a Franco y al régimen surgido el 18 de julio de 1936. Pero en las circunstancias de 1975, tuvieron que aceptar ser leales a don Juan Carlos como nuevo «Caudillo» por ser voluntad de Franco, No hacerlo supondría vulnerar la memoria de Franco. No obstante hubo algunos que dudaron de la capacidad de don Juan Carlos y de su compromiso con el régimen.

Las cortes corporativas del Régimen estaba dividida en facciones enfrentadas entre si: Por un lado estaban los políticos que vieron en la reforma, el retorno al régimen liberal precedente; por otro, los políticos que temieron la ruptura del sistema y en consecuencia se opusieron enérgicamente a cualquier reforma del régimen. Otros, los cuales consideraban esperar acontecimientos para tomar una decisión. Muchos de estos políticos apostaban por el concepto de «franquismo sociológico«, es decir continuidad del régimen por decisión del pueblo Español.

Mientras el gobierno de Suárez y el entorno de don Juan Carlos trabajaban para sacar adelante la hoja de ruta ; en la calle la muerte de Franco tuvo muchas reacciones de diversa índole.

Estaban los que consideraban que debían fortalecer y defender el régimen de los «enemigos de Dios y la patria«. El look paramilitar fascista renacía de sus cenizas. Las broncas callejeras, las discusiones de taberna, las peleas entre hermanos en una misma familia, los debates políticos y una renovada opinión pública crítica con el régimen, hicieron posible la reactivación de los «activistas» y de los grupos de presión social.

En la calle se pedía ya abiertamente «Pan, Trabajo y Libertad«, la oposición antifranquista clandestina en el interior, aun ilegal, afloró y ante la sorpresa de las autoridades del régimen, comenzó a obtener éxitos de convocatoria entre la juventud, especialmente entre la juventud universitaria. También las centrales ilegales sindicales y la nueva «Comisiones Obreras» (Sindicato) ocultas tras las comisiones obreras (Comisiones) legales en el sindicato vertical. comenzaron a movilizar al mundo obrero. En Noviembre de 1976 organizaron una Huelga General.

Pero lo que no se esperaban muchos era que la propia Iglesia Católica comenzase a presionar, incluso desde el Vaticano, para un cambio de régimen, muy alineada con la oposición antifranquista y contra el «nacionalcatolicismo«. En muchos locales parroquiales hubo incluso reuniones del PCE clandestino.

Las fuerzas de Orden Público (Los «grises«) continuaron con su labor represora y en el TOP (Tribunal de Orden Público, 1963-1977) los juicios sumarísimos seguían produciéndose. Las torturas y las ejecuciones aun eran legales en estos años. Aunque la mayor parte de las condenas a muerte se conmutaban por prisión permanente. Fueron muchas las voces internacionales para que se suprimieran estas instituciones represores y se eliminase del código penal la condena a muerte.

Los nacionalistas que aceptaron caminar por la vía de la reforma en espera de un modelo federal para su «encaje» en una España «democrática» , se dispusieron de momento a plantear un nuevo Estatuto de autogobierno. Tanto Cataluña, como País Vasco y Galicia se pusieron a ello, incluso antes de iniciarse el proceso constituyente. Los que deseaban la independencia comenzaron a radicarse y a adoptar un look mas paramilitar , generando una ficción de «estado de guerra» contra los reformistas, traidores y personas non gratas.

En cuanto al segundo punto de la hoja de ruta, los contactos directos (Muy discretos) o a través d e intermediarios con los líderes de la oposición: Felipe González Márquez (PSOE, Sevilla, 1942), Secretario General del PSOE desde 1974; Santiago Carrillo Solares (PCE. 1915-2012), Secretario General del PCE desde 1960. habían posibilitado abrir una vía de diálogo entre el gobierno y la oposición.

El PSOE estaba a favor de acabar con la dictadura, pero veía la reforma política, como un paso previo a la constitución de una república democrática representativa. Pero también era partidario de evitar una nueva confrontación, una nueva guerra civil, o generar mas inestabilidad en España. Era partidario del Pacto y del Consenso. El pragmatismo acabó imponiéndose al idealismo. Desde 1974 el PSOE se había desvinculado del Marxismo para adoptar la socialdemocracia favorable a una Europa unida. De entrada era el partido que menos pegas iba a poner a la ley de reforma política del tándem Suárez-Juan Carlos.

El PCE desde la entrada en 1955 de España en la ONU, comenzó a fraccionarse en varias facciones, por un lado estaban los «Ortodoxos» leales a la URSS y a las doctrinas soviéticas (Dolores Ibárruri «la pasionaria») y por otro los «demócratas y reformistas» que planteaban un modelo nuevo de «socialismo» basado en los ideales que pusieron en marcha a partir de 1957 los «padres de Europa» con la Comunidad Económica Europea. Los nuevos «socialistas» apostaban por soluciones democráticas y adaptadas a cada país de forma diferente al modo como Tito lo había hecho en Yugoslavia.

Santiago Carrillo era de la opinión de caminar hacia lo que se denominó el «Eurocomunismo» , un nuevo sistema en el que no es necesario un régimen dictatorial como la URSS.

En ese sentido Carrillo podría aceptar lo que Suárez le proponía, si ello llevaba a una «reconciliación nacional«, que debía incluir amnistía general, legalización del PCE y el retorno de los exiliados. Pero también consideraba que aceptar una monarquía surgida de la dictadura no era la mejor forma de democratizar un país. Para Santiago Carrillo, la mejor forma de abrir un proceso constituyente era convocar a un referéndum para que los españoles decidieran libremente si querían monarquía o república.

el 15 de diciembre de 1976 Suárez convocaba un referéndum para poner en marcha el trámite parlamentario de la Ley de Reforma Política. La sorpresa fue impactante: 94% de los españoles votaron a favor de la Ley de Reforma Política con una participación del 77% del electorado. Los analistas políticos de entonces opinaban que se debía a que los españoles buscaban «paz y prosperidad» y se alejaba de una previsible «ruptura«. Consideraban que la «ruptura» significaba una guerra civil, una revolución comunista, o un nuevo alzamiento de militares.

Los contactos con la oposición tras el referéndum se hicieron mas abiertas y abrieron nuevos debates sobre la amnistía, el retorno de los exiliados, la «cuestión catalana», la legalización de partidos y sindicatos… Unido a la protesta social en la calle.

La ley de reforma política, la última de las Leyes fundamentales de la dictadura dinamitaba desde dentro el régimen de la dictadura. Comenzaba un proceso constituyente que no había sido anunciado como tal, pero que de facto lo era. La legalización de partidos políticos incluido el PCE, permitió que las facciones del franquismo y de la oposición, se fueran posicionando y que fueran creando nuevas siglas para una mas que previsible convocatoria electoral. Las primeras libres y democráticas desde 1936.

En Junio de 1977 tres acontecimientos dieron paso al nuevo orden en España: Don Juan de Borbón y Battenberg renunció a sus derechos a la corona abdicando en su hijo Juan Carlos, con lo que se restauraba la legitimidad dinástica de Juan Carlos. El presidente de la República en el exilio emitió un decreto poco antes de las elecciones por el que disolvía la segunda república española, formalmente para que los republicanos españoles decidieran libremente con su voto lo que quisieran.

En Junio las elecciones dieron como resultado un 79% de participación, el índice más alto hasta entonces registrado. El 80% de los votos fueron para la UCD (Unión de Centro Democrático. Adolfo Suárez, 1977 -1982); el 29% el PSOE (Partido Socialista Obrero Español. Felipe González, 1879) ; el 9,3% el PCE (Partido Comunista de España. Santiago Carrillo, 1921); el 8% AP (Alianza Popular. Manuel Fraga Iribarne,1977 -1989); 2,8% Nacionalistas Vascos y Catalanes (CDC, 1% y PNV, 1.7%, otros 0,1%).

Adolfo Suárez se convirtió en el Primer Presidente democrático (1977-1981) con mayoría absoluta. El Parlamento mostraba una mayoría de fuerzas de centro-izquierda. Dos sorpresas: El PSOE como líder de la oposición y el Bunker derrotado (Ninguna fuerza política sucesora obtuvo escaño). AP que era la continuación de los gobiernos tecnócratas-católicos obtuvo un pésimo resultado.

Los debates previos a la constitución, que ya se vislumbraba en el horizonte despejados los obstáculos de la dictadura y de la oposición, continuaron no exentos de conflictos:

Gobierno de Suárez exigía Monarquía Parlamentaria, constitucional y democrática. No deseaba hacer ningún referéndum sobre la forma de estado. Si era partidario de los pactos y del consenso. Cumplió con las peticiones de la oposición para despejar cualquier duda de caminar por la senda democrática.

PSOE aceptó finalmente la monarquía como mal menor, postergando un futuro referéndum sobre la forma de estado a cuando la democracia estuviera mas asentada. También fue partidario de pactos y consensos.

PCE aceptó con muchas reticencias y contradicciones, la monarquía parlamentaria en aras de la reconciliación nacional y de la democracia. Esta deriva le costó el puesto años mas tarde a Santiago Carrillo, al cual ya algunas facciones del PCE lo consideraban un traidor.

CDC (Convergencia Democrática de Cataluña) aceptó la monarquía parlamentaria y prácticamente todo lo referente al cambio de régimen.

La existencia de un partido mayoritariamente demócrata cristiano (UCD) y un partido en la oposición marcadamente socialdemócrata (PSOE) ayudó a crear un centro equilibrado y estable. En definitiva un Bipartidismo necesario para pilotar la «transición» hacia la democracia.

Los integrantes de la UCD eran demócratas cristianos, liberales, socialdemócratas, gentes de clase media y trabajadores urbanos, con apoyo en la empresa familiar y con una importante representación del mundo rural.

EL PSOE en este periodo es socialdemócrata aunando a la clase obrera y a la clase media «trabajadora» en su seno. Fuerte implantación en las ciudades y en el entorno universitario. También tuvo influencia sobre amplios sectores del catalanismo (PSC).

Alianza Popular fue fundada por Manuel Fraga Iribarne, que fue varias veces ministro de Franco y embajador en Londres. Sus ideas iban en consonancia con la continuidad del régimen en su faceta tecnócrata-católica. Aunque aceptaba la reforma para «modernizar» el régimen. En esta época no era muy partidario de la democracia, pero la aceptó porque surgió de un gobierno creado a instancias de un rey que había sido investido acorde con las leyes fundamentales.

El PCE comenzó tras su rehabilitación su particular travesía del desierto ante la hegemonía del PSOE en la izquierda. Surgieron en esta época multitud de revisionismos que tuvieron poco o ninguna aceptación en la militancia. Aun se veía la revolución obrera como solución a todos los problemas de España. Muchas referencias al pasado.

Fte. Pamela B. Radcliff «La Transición» en José Álvarez Junco y Adrián Schubert (Eds.) Nueva Historia de la España Contemporánea (1808-2018). Barcelona. Galaxia Gutenberg, 2018. Pp. 210 – 244


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