R. M. Jomeini: La revolución islámica (1979)

Irán nueva potencia en ascenso en Oriente Medio.

Unos años antes de la revolución las manifestaciones populares, contra el régimen autocrático del Shah Mohammad Rheza Palevi (1919-1980) último soberano del milenario imperio persa, fueron en aumento.

Al igual que ocurrió en la Rusia de 1917, el pueblo que sufría las desigualdades sociales e injusticias a causa de las medidas autocráticas del monarca, unido y en ocasiones dirigido por una emergente clase media educada en Europa y Estados Unidos favorable a profundas reformas institucionales, como tener un parlamento democrático o una constitución de corte burgués-liberal, pero adaptada a las características culturales y religiosas de Persia (llamada también Irán).

Junto a estos movimientos sociales, políticos y religiosos, surgieron grupos que mas que reformas del imperio, lo que deseaban era la ruptura del régimen y cambiar de régimen político, que incluía el derrocamiento mediante referéndum de la monarquía.

Estos movimientos propusieron distintas alternativas, desde un modelo soviético, a un modelo tradicional islámico o a una república federal similar a la estadounidense o alemana. A todos ellos le unía una misma hoja de ruta, expulsar al Shah e instaurar en un primer momento una república. Serían los ciudadanos quienes desarrollarían el nuevo orden.

El contexto de la guerra fría tenía en todo el «creciente fértil» (Oriente Próximo y Medio Oriente) unas características peculiares surgidas de las recientes descolonizaciones y conformación de nuevos estados independientes.

La revolución árabe de principios del siglo XX, había conformado – tras la descolonización de los mandatos francés y británico – varios reinos autocráticos y teocráticos dirigidos por miembros de la dinastía de los Hussein, Husein o Husseini. Una dinastía que controlaba desde hacia siglos el control de los lugares santos del Islam, como La Meca o Medina; así como el Reino Hachemita del Hiyaz (antecesor del actual reino de Arabia Saudí), principal potencia árabe en la región.

Su influencia fue determinante para las alianzas y las relaciones internas de los países de la nueva Liga Árabe y en el plano económico-financiero, de la OPEC (OPEP en español), el grupo de países exportadores de petróleo, mayoritariamente controlado por las principales dinastías árabes de la región.

Tras la crisis de 1973, el mundo occidental pudo comprobar como el mundo árabe-Islámico, se había convertido en poco tiempo en una gran potencia regional a tener presente. La mayoría de estos países trataron de no inmiscuirse en la Guerra Fría, ni del lado de occidente, ni del lado soviético, posicionándose muchos de ellos entre los «países no alineados«.

Sin embargo el conocido como «Conflicto de Oriente Medio» surgido en 1948 tras la constitución inesperada del Estado de Israel y la consiguiente guerra generada contra el Reino Hachemita de la Transjordania (Actual Jordania), provocó que la mayoría de los países árabes que rodeaban Israel – Siria, Líbano, Jordania, Arabia Saudí y Egipto – se prestaran a ayudar en la defensa del Reino Hachemita de Transjordania, exigiendo a Israel que no vulnerara los acuerdos de Sykes -Picott (1920) y los acuerdos alcanzados tras el final del Mandato británico (1947) que preveían la partición del territorio del «Mandato Británico sobre Palestina» (1922-1947) en dos estados.

El conflicto de oriente Medio traspasó el marco geográfico y fue usado como «arma política» entre los dos principales contendientes de la Guerra Fría, Estados Unidos y URSS. Puesto que Estados Unidos se mostró desde un primer momento favorable a Israel; los árabes decidieron dar la lealtad mayoritaria a la URSS, aunque algunos como Turquía, Egipto o Arabia Saudí se mostraron mas prooccidentales, pero sin romper en ningún momento la unidad de acción y las relaciones diplomáticas en el seno de la Liga Árabe.

Este conflicto, que aun sigue en activo pese a haber finalizado la guerra fría en 1993, ha marcado la agenda política de todo oriente próximo y oriente medio de la que Irán/Persia no fue ajena.

En 1977 el presidente Jimmy Carter inició el proceso conocido como «distensión» entre EEUU y la URSS. Su objetivo era poner fin a la guerra fría tras la constatación que ninguna de las dos potencias saldría vencedora y por el hecho de estar esquilmando los recursos económicos y financieros de ambos países, así como de sus aliados. Frente a la confrontación, Carter propuso la colaboración.

La URSS a finales de los 70 había completado la «Desestalinización» con profundas reformas económicas e institucionales, que pretendía poner orden en el régimen político, retornar a los ideales primigenios que iniciaron la revolución, y al igual que Estados Unidos poner fin a la guerra fría mediante un proceso de diálogo y acuerdos pactados.

Aun así la guerra fría seguía estando armada en pequeños conflictos regionales por todo el mundo. Eran válvulas para rebajar las tensiones generadas por la propaganda de ambos bandos, evitando así la confrontación directa entre los dos colosos.

Las manifestaciones en Irán caminaban en la línea de alianza en la guerra fría con el bando soviético (El Shah de Persia era pro occidental) y en el plano regional con la «causa palestina«. En los setenta Transjordania rompió con los nacionalistas palestinos agrupados en la OLP (organización para la liberación de Palestina) creada en 1968 por el líder Yasir Arafat (1929-2004) descendiente de la familia Husein.

La OLP sustituyó a Jordania (nuevo nombre del reino) en la reivindicación de un estado palestino conforme a los acuerdos de partición del «mandato británico sobre Palestina«. Convirtiéndose en el interlocutor principal palestino en las negociaciones habidas a lo largo de los años en el seno de la ONU.

En Irán, además de los lideres opositores pro-soviéticos, existía un movimiento nacionalista iraní que apostaba por implantar la Sharía (ley Islámica) como base y fundamento del derecho y favorable a una interpretación radicalizada de la practica de la Yihad islámica. El líder de este movimiento (1951-1979) fue el influyente clérigo chií duodecimano, Ruhollah Musavi Jomeiní (1902-1989), partidario de un régimen teocrático y autocrático extremista.

Jomeini no estaba alineado, ni con Estados Unidos («Gran Satán«), ni con el régimen soviético («Satán Menor«), prefería el aislacionismo para conservar la tradición islámica tomada como seña de identidad nacional de Irán, fuera de toda influencia extranjera. En ese sentido fue reacio a aceptar los usos y costumbres laicos y prooccidentales que ya estaban arraigando en la sociedad de Irán antes de la revolución.

Para no crear conflictos con otros países árabes-islámicos, buscó la forma de reconciliar a musulmanes sunitas y chiitas; así como establecer un nuevo orden en el Islam bajo su supremo liderazgo. En cierta manera fue visto como un alto clérigo carismático ( se denominó «Gran Ayatolá» o «Gran Imán de Irán») que soñaba con restaurar el «califato» en todo el mundo islámico.

En 1971 se celebraron con gran despliegue de medios el 2500 aniversario del Imperio Persa en Teherán. Una efeméride que debía servir para afianzar la monarquía (Dinastía Palevi) y de alguna manera ocultar la realidad social y económica de Irán / Persia en 1971.

Este acontecimiento supuso una fuerte confrontación entre la oposición y el gobierno del Shah. Fue el inicio de las protestas que tuvieron su cenit entre 1975-1979. Frente a la protesta social y política, el gobierno del Shah respondía con mas dosis de represión con el grupo policial de la SAVAK, lo que agravaba la situación social, política e institucional. La figura del emperador, cada vez mas autoritario, perdía apoyos de manera acelerada entre sus súbditos. El caldo de cultivo perfecto para la revolución.

En 1978 el gobierno del Shah decretó la Ley Marcial sacando el ejército a la calle para dispersar las manifestaciones contra el Shah y su gobierno. El 8 de septiembre de 1978 («viernes negro«) hubo una masiva manifestación por las calles y en la Universidad de Teherán, que desembocó en una huelga general. la situación fue in crescendo hasta que el 11 de febrero de 1979 el Shah huía de Irán a Estados Unidos (admitido en octubre de 1979) donde pidió asilo, produciéndose una breve interinidad, ocupada por el último primer ministro de la monarquía imperial Shapur Batjiar (1914-1991).

Batjiar trató de parar la crisis decretando la abolición de la ley marcial, la disolución de la SAVAK, y la libertad de los principales líderes políticos y una amnistía para tratar de reconducir la situación. Si bien los comunistas iraníes buscaron la manera de imponerse en el caos siguiente a la salida del Shah, no contaban con personalidades de relieve social, ni capacidad para tomar el poder de inmediato. Por otra parte Jomeini había logrado atraer multitudes con un ambicioso programa nacionalista de reformas sociales y religiosas.

El mismo 11 de febrero de 1979 Jomeini, al frente de una multitudinaria manifestación en Teherán, forzó la salida del Primer Ministro Batjiar, asumiendo Jomeini, en su propia persona, el poder absoluto en Irán, proclamando el nacimiento de la República Islámica de Irán.

Estados Unidos y Gran Bretaña no reconocieron formalmente, ni a Jomeini, ni a la República Islámica. Ante esta negativa occidental, el líder Jomeini convocó un referéndum de autodeterminación, el referéndum arrojó el apoyo a Jomeini del 98% de los votantes. De esta forma, Jomeini trató de ser reconocido como presidente «legitimo» de la República Islámica de Irán.

Internamente tras la purga de cargos públicos, policiales y políticos, se ocupó de establecer un borrador de nueva constitución y formar un grupo de liderazgo de clérigos que estudiasen la forma de convertir a Irán en un estado teocrático.

A nivel político, creó el que posteriormente sería el partido único del régimen: «Partido de la República Islámica«. Los partidos de la oposición como el «Partido Republicano del Pueblo Musulmán y el Frente Nacional Democrático» sufrieron también la purga de Jomeini, atacados, perseguidos y finalmente ilegalizados.

En noviembre de 1979 aprobó la nueva constitución iraní (Actualmente vigente) en la que Jomeini se convirtió en el «Líder Supremo de la Revolución» y como gobierno creó un «Consejo de Guardianes de la Revolución«.

La intención de Jomeini de apostar por la reunificación de todos los musulmanes en un mismo estado, le llevó a una propaganda de expansionismo de la revolución irania en todo el mundo árabe-islámico, para ello financió la insurgencia en todos los países árabes para fomentar el odio a Estados Unidos y sus aliados, a quien culpaba de todos los males del mundo árabe-musulmán por su alianza con Israel.

Esa idea caló primero en sus países vecinos, como Afganistán o Pakistán, así como en Irak.

En Irak, al igual que en Siria, la mayoría social agrupada en el influyente «partido árabe-socialista Baaz» , había maniobrado para derrocar a sus monarcas e instaurar un régimen bajo la órbita de la URSS.

Gobernaba Irak un jóven militar y líder carismático, llamado Saddam Husein (1937-2006). En el poder desde la revolución de 1968. Al igual que Jomeini rendía culto a la personalidad y también buscaba unir a todos los pueblos del mundo árabe-musulmán ( «panarabismo«) en una única hermandad, pero sin distinción de escuelas del islam, dado que en Irak había musulmanes de ambas escuelas, sunní y chií. Saddam Husein era sunní.

Pero al contrario que Jomeini, consideraba que las nuevas repúblicas islámicas deberían ser independientes y adoptar un modelo asociativo, mas en línea con el planteamiento de la liga árabe. Hussein, estableció un estado laico, no teocrático. En Irak existía la separación entre la religión y el Estado. Coincidía con Jomeini en cuanto a la unidad en la religión; pero no estaba conforme con su idea de restablecer un califato. No era partidario del «islamismo político«.

En el contexto de la guerra Fría aunque por cuestiones de asociación ideológica estaba alineado con la URSS; en cuanto a sus relaciones internacionales y comerciales lo estaba con occidente, principalmente con los países de la Comunidad Económica Europea (1954-1992).

Jomeini dispuesto a ser el nuevo líder del mundo musulmán, no tuvo en cuenta la diversidad étnica del mundo musulmán y de la diversidad de regímenes políticos existentes en las nuevas repúblicas surgidas de la descolonización con mayoría musulmana; eso le llevó a la confrontación con otros líderes y otros movimientos que se oponían al liderazgo de Jomeini.

El «panarabismo» surgido en los años 60 en Egipto y Siria había calado en muchos países de etnia árabe y religión musulmana – Norte de África, Oriente Próximo – para quienes los Persas y los Turcos eran considerados «invasores» tradicionales de su tierra.

Una gran parte del mundo árabe-musulmán (fundamentalmente sunníes) estaba alineado con Occidente o formaban parte de los llamados «países no alineados». Muchos asumían muchos elementos de los regímenes occidentales, como por ejemplo la separación entre religión y Estado, democracia, régimen de libertades… Sus economías eran estables gracias al petróleo y al comercio en Europa y Estados Unidos; al igual que sus instituciones seculares gozaban de buena salud gracias a sus constituciones.

Jomeini consideró a principios de los 80 que había que exportar la revolución en forma de «insurgentes» que hicieran una labor de desgaste y a la vez de adoctrinamiento, incluso en regímenes con mayoría musulmana. Se trataba de suscitar contrarrevoluciones en las nuevas repúblicas, de radicalizar la idea del «islamismo político» , convirtiéndolo en un «islamismo revolucionario» sumamente extremista y violento.

Irak era uno de sus primeros objetivos, necesitaba derrotar al otro gran coloso de Oriente Medio, pero se encontró con su alter ego Saddam Hussein que trató de impedir la expansión de la revolución islámica hacia Irak, por lo que comenzó a controlar desde 1979 a la comunidad chiita de Irak, más próxima a los fundamentalistas de Irán. Este control, generó descontentos en esta comunidad y lo vieron como una imposición de la mayoritaria comunidad sunita de Irak.

En 1982 estallaba la guerra entre Irán e Irak, que duró hasta 1988. El pulso de dos colosos, acabó en tablas sin un claro vencedor. Estados Unidos en principio consideró oportuno apoyar a Irak para evitar una extensión hacia otros países de la revolución iraní.

Este apoyo estadounidense, motivó que la URSS reactivara a la oposición comunista iraní, para que fuera alienándose con Jomeini (en calidad de «enemigos del gran satán«) y de esta forma atraerse a Irán a la órbita de la URSS. Jomeini aceptó con reticencias la ayuda soviética, siempre y cuando no tratase de invadir Irán como estaba haciendo en aquellos momentos con Afganistán (1978-1992). Sin embargo la presencia de muyahidines iraníes en la guerra de Afganistán, despejó cualquier duda de colaboración.

En 1989 fallecía después de una larga enfermedad y sin haber logrado lo que se proponía, falleció en Teherán. Su sucesión vino decretada tras su muerte por los Guardianes de la Revolución, en la persona de Alí Hosseini Jamenei (Mashhad, Irán, 1939) actualmente Líder Supremo de Irán.

Si bien R.M. Jomenei no logró unificar a los musulmanes en un nuevo califato, si puso las bases para las posteriores «revoluciones islamistas» posteriores, así como generación de un modelo para las «insurgencias» de origen islámico, en cualquier parte del mundo. La asociación con la URSS durante la guerra fría, hizo que el modelo revolucionario iraní fuera tomado como patrón para cualquier modelo de revolución contemporánea tras la guerra fría, incluso como ideario para formaciones políticas europeas y americanas.


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