El fin de la URSS. Principio del fin de la Guerra Fría (1977-1993)

De Brehznev a Gorbachov.

Tras la «desestalinización» llevada a cabo por los «Premier» de la URSS, tras el fallecimiento de Yosef Stalin entre 1953 y 1977, quedó claro que los objetivos marcados en 1917 no llegaron a cumplirse en toda su integridad, la revolución obrera y social de octubre de 1917 se había diluido en una dictadura personalista y totalitaria cuya propaganda disfrazaba con el eufemismo, cada vez menos creíble, de «dictadura del proletariado».

Los «Premier» de la URSS y su «Politburó», se habían refugiado en la esfera del poder, disfrutaron de los placeres del lujo y el poder regado con Vodka, en sus fabulosas «dachas» donde pasaban la mayor parte del tiempo. De tal manera que sus apariciones públicas eran escasas y su trato con la sociedad, con los obreros eran prácticamente inexistente.

La Guerra Fría (1945-1993) había creado un espejismo de «unidad frente al enemigo común» y justificado que la mayor parte del presupuesto federal y estatales fuera destinado a la cartera de Defensa y de Seguridad. La propaganda apelaba a la «Madre Rusia«, apelaba a los sentimientos patrios enlazados con la evocación romántica y mitificada de lo que fue la revolución de los bolcheviques en Octubre de 1917. Programaba grandes actos patrióticos, de propaganda y de enaltecimiento del líder. Una propaganda que apuntalaba la dictadura, la autocracia y casi una nueva teocracia secular.

Tras la muerte de Stalin, reaparecieron los intelectuales y los revisionistas. A muchos les parecía que la «Madre Rusia» soviética, se parecía mucho al denostado Imperio de los Zares. Que en realidad nada había cambiado. cambiaron unos amos por otros amos. El poder seguía estando en muy pocas manos.

Un poder absoluto y totalitario, un poder que reprimía la oposición y que mandaba a la tundra siberiana – los famosos y terroríficos Gulag -a los opositores mas contestatarios o con vínculos con occidente. Con una economía aun de guerra mal planificada y que estaba avocando a la URSS a la bancarrota. La pobreza y las desigualdades comenzaban a ser un gran problema para las autoridades del coloso.

Con la «distensión» (A partir de 1977) entre EEUU y la URSS, aparecieron los populismos y los nacionalismos en el seno de la URSS y en toda su constelación de «estados satélites». El imperio había sometido a los pueblos fronterizos desde el mar del norte al mar negro, desde el Cáucaso, hasta el mar del Japón. Los estados de Europa del Este con regímenes pro-soviéticos comenzaban a querer emanciparse de la URSS siguiendo el modelo de Yugoslavia. Es decir mantener alianzas con la URSS; pero pasar a regir de manera independiente sus respectivos estados.

Los estados del Cáucaso, los del Hindu Kusch (Estribaciones del Himalaya), y la frontera sur de la parte asiática de la URSS apostaban mas por directamente romper lazos con la URSS, las diferencias lingüísticas, étnicas, culturales, religiosas, con Rusia eran enormes. Siempre habían gozado de una relativa autonomía, dada la lejanía de Moscú, con gobernantes locales corruptos y permisivos. El poder de Moscú en estos lugares era meramente testimonial.

Mongolia y los pueblos fronterizos con la República Popular de China y Corea del Norte. no se sentían vinculados con la URSS, sino mas bien culturalmente cercanos a China. Los mongoles habían dominado en el pasado una gran parte de Asia, se sentían humillados al tener que depender de Moscú. Tenían también roces fronterizos con China, que reclamaba también partes de Mongolia, un país con una escasa densidad de población y un vasto territorio deshabitado.

Dentro del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética, partido único del régimen) también habían surgido facciones en todas las direcciones, desde políticos próximos a Occidente, como políticos ultraortodoxos del comunismo soviético. También los había revisionistas, trotskistas y otros grupos. Si bien no constituían alternativas al poder; pero si reflejaban el estado de ánimo del pueblo soviético en ellos representados. Fuera de la política y del PCUS se habían constituido clandestinamente otras formaciones políticas contrarias a la dictadura.

Tras los acuerdos de Camp Davis en 1977 surgió una nueva esperanza de relaciones bilaterales entre Estados Unidos y la URSS. A este nuevo periodo se le denominó «distensión». Ambos países habían concluido estudios y análisis en los que se dejaba ver dos cosas:

1/ Ninguna potencia ganaría la guerra porque sus arsenales de destrucción masiva, en caso de usarse, acabaría con la humanidad y el planeta.

2/ El excesivo gasto en defensa estaba debilitando el «Estado de bienestar» en Occidente y generando problemas socio-económicos similares en la órbita soviética.

Ante estos análisis solo cabía poner fin de forma acordada a la Guerra Fría. El «Partido Demócrata de Estados Unidos» era favorable a una gran cumbre de paz al estilo de las históricas cumbres. Sin embargo el «Partido Republicano de Estados Unidos» era mas belicista y creía que hacer esa cumbre debilitaría y humillaría a Estados Unidos; así como dañaría sus intereses y de sus aliados.

Jimmy Carter (1977-1981) fue un gran entusiasta de esta idea de poner fin a la guerra Fría de manera escalonada y siguiendo la vía diplomática. Ello implicaría reducir arsenales, descender niveles de alertas y pacificar los conflictos regionales, generados por los dos colosos.

Por el lado soviético, el premier Leonid Brehznev (1964-1982) Comenzó un ambicioso programa de grandes reformas institucionales y de planificación económica en la URSS, en especial en lo relativo a la producción agropecuaria. Pero lo mas llamativo fue el desarrollo de los «Koljoz» o granjas comunales, con el fin de extender la agricultura a tierras improductivas y deshabitadas de la parte asiática; pero también en su Ucrania natal.

Pero quizás lo llamativo de Brehznev fue la aceptación de la existencia de la propiedad privada, aunque de forma muy restringida (sólo media hectárea de terreno). Para muchos esto fue una auténtica revolución, dado que uno de los «dogmas» de la revolución era la abolición de la propiedad privada. Esto permitió a los oligarcas emergentes hacerse con tierra del estado que luego vendían o alquilaban (colonos) a pequeños propietarios, consiguiendo hacerse con una gran fortuna y con cuotas de poder local.

A Jimmy Carter le siguió Ronald Reagan (1981-1989) del Partido Republicano, considerado un devoto del «Boston Tea Party» ( el ala mas conservadora del partido).

Reagan se caracterizó por la ortodoxia del liberalismo económico, su modelo económico apostaba por la total desregulación de la economía y el fin del intervencionismo estatal en las relaciones comerciales y económicas. En el plano internacional era favorable a la continuidad de la Guerra Fría para mostrar músculo en la esfera internacional y amedrentar a sus aliados, mediante una llamada a la unidad contra «el comunismo internacional«, presentado en su propaganda como una nueva cruzada.

En esa cruzada financió todo tipo de movimientos y grupos paramilitares cuyo objetivo no fue otro que «acabar con el comunismo» sin importar los medios que se usen y en todo el mundo.

Si bien la propaganda era belicista, en la trastienda del poder mundial, se apostaba, sobre todo en Europa, por seguir ahondando en el final de la guerra fría y llegar a acuerdos internacionales sobre todo en lo relativo a la eliminación y proliferación de las armas mas potentes de todas las existentes. Fruto de aquella negociación transaccional y necesaria para mantener unidos a los aliados europeos, firmó el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio con la URSS. Se trataba de no llegar hasta el extremo.

Al igual que ocurrió en las cumbres históricas de final de la Segunda Guerra Mundial, la URSS necesitaba poner fin a la guerra y llegar a acuerdos de desarme con Estados Unidos. Estados Unidos presionado por sus lobbies comerciales, en especial el armamentístico, no podía poner fin a la guerra sin generar un descalabro de su economía y finanzas.

A Brehznev le siguió Yuri Andropov (1982 -1984) considerado como un «premier» de transición; sin embargo había tenido un gran papel como embajador en Hungría y tuvo un papel determinante, como Jefe del KGB, en la invasión soviética de Checoslovaquia reprimiendo duramente a los nacionalistas checos y eslovacos. EL fue quizás el primer «Premier» que se dio cuenta de la desafección de las repúblicas «hermanas» del Este Europeo hacia la «Madre Rusia». Fue el que alertó del peligro de ruptura de la URSS si no se reprimían los nacionalismos en la periferia.

También tuvo mucho que ver con la guerra de Afganistán, o la represión cuando surgió el nacimiento del nacionalismo polaco con Lech Walesa liderando el sindicato «solidaridad» y Karoll Wojtyla (Futuro papa Juan Pablo II) desde las instancias eclesiales polacas nacionalistas.

Tras fallecer en el cargo, el nuevo premier Konstantin Chernienko (1984 -1985) restauró la idea de Lenin de dar todo el poder al Partido, en ese sentido fue un revisionista, que rechazaba toda la política posterior a Lenin, por considerar que traicionaba los principios de la revolución.

Su objetivo era regresar a los orígenes del marxismo-leninismo, a la «gloria y grandeza» de la revolución. Recuperar la ilusión en el pueblo y en el mundo obrero con un ambicioso plan de reformas. Trataba de poner freno a la desafección del pueblo hacia sus líderes, acabar con la corrupción política y frenar la ola de nacionalismos. Sin embargo su enfermedad mortal provocó que el politburó fuera manejado por un triunvirato (Ustinov, Gromiko y Gorbachov), siendo Gorbachov el que le relevaba en el Consejo de Ministros cuando su enfermedad le impedía asistir.

En 1985 falleció Chernienko y Mijaíl Gorbachov (1985-1991)asumió el cargo de «Premier» de la URSS , siendo el último premier de la Unión Soviética.

Gorbachov era un político curtido en las entrañas del Kremlin de Moscú, Su familia procedía del Cáucaso (Georgia actual) y entendía la dificultad de gobernar tan vasto «imperio«. Las necesidades económicas acabaron por pedir abiertamente el final de la guerra fría y abrir puertas al diálogo con Washington.

El propuso dos ambiciosos programas internos por la que fue ampliamente conocido: la «Perestroika» y la «Glástnot».

la «Perestroika» fue la mas importante porque consideró que era necesaria la «Restructuración» del país. El no deseaba acabar con el régimen soviético, pero si organizarlo de tal manera que no derivara en dictaduras personales, que no se enfocara todo a la ortodoxia marxista-Leninista. Gorvachov prefería mas la argumentación socialdemócrata que países como Yugoslavia o China habían desarrollado al margen del dictado de la URSS.

En ambos países habían hecho suya lo que China años mas tarde llamaría «Socialismo con características chinas«. Es decir la revolución «socialista» ( en muchos casos Gorbachov, abandona la ortodoxia del «marxismo-leninismo» rindiéndose al revisionismo emergente) debía desarrollarse en cada país de manera diferente.

Gorbachov diferenció entre lo que era la ideología, lo que era el partido y lo que era el estado. Gorbachov trató de casar el nacionalismo soviético de estilo federal unitario; con los nacionalismos emergentes en toda su periferia que abogaban mas por un modelo confederal o bien de simples alianzas bilaterales. Para Gorbachov, era salvar a una enferma «Madre Rusia» manteniéndola con vida, aunque con nuevos cuidados paliativos.

Muchos acusaron a Gorbachov de unirse a «Renegados y disidentes» burgueses que deseaban aniquilar a la URSS, para rendirse a occidente con una república burguesa de corte liberal, de ser un «traidor», permitiendo la propiedad privada de la que se aprovechaban los oligarcas que financiaban el régimen. De ser incapaz de mantener viva a la «Madre Rusia», de frenar la corrupción y dar vía libre a los nacionalismos con ese invento de la CEI (Comunidad de Estados Independientes).

Efectivamente Gorbachov lo tuvo bastante complicado para hacer valer su ambicioso programa de la Perestroika. Pero también lo tuvo complicado con la «glasnost» que implicaba el «aperturismo» del régimen al exterior, al diálogo con Estados Unidos y al comercio con Europa. En 1990 un año antes del fin de su mandato, abandonó el modelo autoritario y la dictadura, por un modelo mas «democrático«. Dejó de ser el «premier» para convertirse en el primer y único presidente que tuvo la URSS.

Las relaciones diplomáticas y de negociación en materia de defensa continuaron durante su mandato, alcanzando muy buenos acuerdos de desarme que pusieron fin a la carrera armamentística y que facilitaron la cooperación y colaboración en sus respectivos programas científicos espaciales, desmilitarizándolos.

Como gesto de buena voluntad, Gorbachov invitó a Ronald Reagan a Moscú para de esta manera poner fin a la Guerra Fría, al menos a nivel institucional, aunque a nivel militar, seguían produciéndose conflictos locales en todo el mal llamado «tercer mundo«.

En junio de 1990 el comité central de la República de Rusia (RSFS de Rusia) declaraba que la república era soberana e independendiente. En Agosto de 1991, el núcleo duro del régimen soviético y Ejército Rojo, dio un golpe de Estado para establecer un nuevo Tratado de la Unión Soviética en el que se le daría autonomía a las repúblicas integrantes de la URSS.

Tras el golpe de Estado se produjo la descomposición de la URSS que acabó formalmente con la voladura del Parlamento de la URSS y con la destitución de M. Gorbachov como presidente de la URSS en 1992. En 1993, el presidente de la RSFS de Rusia, Boris Yeltsin certificó la muerte y desaparición de la URSS, asumiendo en su persona la representación del pueblo ruso a efectos internacionales (Estado sucesor de la URSS a todos los efectos).

Tras desaparecer la URSS, surgieron infinidad de nuevas repúblicas que rápidamente se fueron posicionando, una parte quedó en la CEI creada por Gorbachov y continuada por Yeltsin; otra parte hubo revoluciones y se instauraron regímenes democráticos prooccidentales, en otros casos hubo golpes de estado y revoluciones que generaron regímenes inestables o nuevas dictaduras.

Evidentemente tras el fin de la URSS, Estados Unidos se proclamó vencedor de la Guerra Fría y como era tradicional, se arrogó el derecho a establecer el «nuevo orden mundial». A Reagan le sucedió George Bush Sr, (1989-1993) quien tuvo que intervenir en los conflictos regionales heredados de la guerra Fría.

En el nuevo orden de cosas Estados Unidos quiso aparentar ser la única «superpotencia» del «mundo libre»; pero un año antes sus aliados europeos habían aprobado el Tratado de Maastricht (1992) por el que se creaba la Unión Europea. Una nueva potencia regional que si bien aun necesitaba los servicios de Estados Unidos, tendía a tomar decisiones al margen de Estados Unidos.

Como potencia emergente deseaba mantener su independencia, pero sin cortar lazos con Estados Unidos a efectos de relaciones internacionales y de de defensa. Esta emancipación de Europa no gustó mucho en círculos de poder y económicos de Estados Unidos quienes lo vieron como un desafío europeo a su victoria en la guerra fría y a su pretendido derecho a dictar el nuevo orden mundial.

La UE consideraba que el fin de la guerra fría debería basarse en un nuevo orden mundial donde no existieran «superpotencias», de un nevo orden mundial que no jugase con las vidas humanas de los países que formaban parte del tablero de juego bélico. La UE apostaba por la multilateralidad y por un modelo basado en la confianza, en la amistad y en la cooperación, pero que en ningún caso fuera un sometimiento forzado a las superpotencias que pudieran surgir.

La nueva Federación Rusa, liderada por Boris Yeltsin, por su parte se alineaba con la multilateralidad de la UE con el fin de recabar apoyos económicos y comerciales, no sólo con sus antiguas repúblicas; sino también con las principales potencias de la UE. Por otra parte consideraba que su retiro de la Guerra Fría fue por problemas derivados del cataclismo que puso fin a la URSS, pero que la nueva Rusia estaba preparada para continuar siendo una gran potencia regional. Tenía dificultades internas; pero ello no le impedía mantener buenas relaciones con cualquier país.

Entre 1993 y 2005 los tres proyectos de «nuevo orden Mundial» se pusieron a discusión, Estados Unidos se negaba a perder su papel protagonista, la UE quería tener voz propia y la Federación Rusa no perder su papel como potencia regional pese a su situación de debilidad e inestabilidad. Nuevas potencias como China e India comenzaron a alzar la voz en base a los proyectos de los llamados países «Brics» y de los antiguos «países no alineados» en representación del mal llamado «tercer mundo».

Ni el socialismo, ni el comunismo murieron con la implosión de la URSS, simplemente mutaron en nuevos formatos, en regímenes muy diferentes a los de la extinta URSS. Una ideología no puede eliminarse; pero un régimen político si puede eliminarse.


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