Construyendo la democracia en España: 1979-1986

Una de las ideas mas extendidas es creer que la democracia surge de manera espontánea una vez y que permanece inalterable a lo largo del tiempo. En realidad la democracia es un proceso que se va desarrollando en el tiempo y como todos los procesos, sujeto a ajustes y revisiones periódicas.

En 1978 se aprobó la Constitución Española en un contexto de inestabilidad económica, financiera, social, institucional, filosófica, psicológica, política y religiosa.

Cuarenta años de dictadura y de exilio aun pesaba en el ánimo y en la visión general de la población. Muchos dudaban del paso dado, otros se oponían frontalmente y muchos se lamentaban porque le parecía que la Constitución era poco ambiciosa para lo que se esperaba.

En 1979 se convocaron dos procesos electorales para renovar ayuntamientos y las Cortes Generales, con una nueva ley electoral, con todos los partidos ya legalizados y observadores internacionales supervisando los procesos.

Primero fueron las municipales en las que muchos tenían puestas sus esperanzas para por un lado «jubilar» a la «vieja guardia» del franquismo y por otro lado posibilitar el desarrollo y modernización de la actividad municipal y del propio municipio.

En esta ocasión, además de los partidos políticos entraron en campaña asociaciones, organizaciones y colectivos sociales que actuaban como grupos de presión, sobre todo en las ciudades, para indicar a los candidatos el camino a seguir. La propia sociedad se empoderaba para dirigir desde la base social, a nivel local, la «transición«.

Mas adelante fueron las elecciones generales, Adolfo Suárez, presidente en funciones, era el candidato estrella en estas elecciones. En su haber estaba la aprobación de la Ley de Reforma Política y la supresión de la Secretaría General del Movimiento, así como el temido Tribunal de Orden Público, en 1977. Adolfo Suárez había facilitado con reticencias la legalización del PCE y había permitido el retorno de los exiliados a España. Era el candidato mas prometedor en estas elecciones.

Lo que no esperaban muchos es que una fuerza política sin apenas relevancia en la resistencia antifranquista en el interior de la extinta dictadura y si con mucho protagonismo en el exilio exterior a partir de 1974, el PSOE, obtuviera la segunda plaza en % de votos y número de escaños.

Ningún partido del «Bunker» (Partidarios de la continuidad de la dictadura franquista) obtuvo escaños en el Hemiciclo, lo cual sorprendió mucho a la «vieja guardia» (Excombatientes, FET de las Jons, Comunión Tradicionalista, Fuerza Nueva…). No se lo esperaban. No se dieron cuenta la evolución de la sociedad española y el empuje de las nuevas generaciones hacia propuestas mas democráticas y alejadas del «espíritu del 18 de julio«.

«Alianza Popular» – plataforma de tecnócratas y católicos «aperturistas» – No obtuvo un buen resultado, incluso se sorprendieron que el PCE tuviera mayor número de escaños que ellos.

El PCE pese a su reticencias iniciales entró a formar parte del «juego democrático» presentando la candidatura de Santiago Carrillo, artífice de las negociaciones que llevaron a la legalización del PCE. Sin embargo muchos comunistas pro soviéticos consideraban que había traicionado a las siglas y al «marxismo-leninismo«, adoptando una postura revisionista de tipo «Trotskista«.

La UCD obtuvo una victoria amarga, no estaban para celebraciones, dado que las disputas entre demócratas cristianos y socialdemócratas en su seno impedían en muchas ocasiones tener un mismo discurso, fijar un programa común o simplemente tratar de no tener enfrentamientos personales entre sus líderes. Adolfo Suárez hizo lo que pudo para mantener viva la llama de «reconciliación y de consenso» que quería imprimir a su proyecto político reformista.

Adolfo Suárez fue investido como el primer Presidente del Gobierno de España, pero su mandato duró tan solo tres años debido a la inestabilidad interna de su partido; así como a la situación general de España en aquellos complicados años. España estaba en práctica bancarrota y todo por hacer.

Tenía que comenzar de cero y ello implicaba aprobar leyes polémicas como la Ley del Divorcio de 1981, o la ley de financiación de las «escuelas religiosas». Así como explicar a los militares su sometimiento a la autoridad civil en tiempos de paz. Algo bastante complicado en aquellos momentos. La cúpula militar, mayoritariamente «franquista», aun tenía mucho poder en España.

Así como ajustar los presupuestos, calmar y pacificar la calle, el mundo laboral, la universidad, acostumbrarse a una nueva política de partidos y a una nueva agenda internacional que pasaba sobre todo por el reconocimiento de la nueva etapa en España en el conjunto de democracias europeas (negociación del ingreso de España en la CEE) y su lealtad hacia el bloque occidental (contexto de la Guerra Fría y negociaciones para la entrada en la OTAN).

Uno de los aspectos mas controvertidos y que mas polémica causó en los primeros años del proceso democrático en España fue el diseño e implementación de las nuevas «comunidades autónomas» tal y como se preveía en el título VIII de la Constitución de 1978.

Estaba el procedimiento de adquirir la autonomía por la vía del art. 151, o «Vía rápida» por la cual las «autonomías históricas» (Cataluña y País Vasco) restaurarían de forma automática su autogobierno, sus instituciones y sus símbolos identitarios. En 1979 sólo éstas dos autonomías se repusieron de inmediato.

El gobierno de Adolfo Suárez consideraba que era una «deuda histórica» y no esperaba que hubiera mas autonomías por este artículo. Pronto Galicia, Valencia y Andalucía consideraron que durante la II república tenían avanzados sus estatutos de autonomía, pero que la Guerra Civil había detenido el procedimiento en las Cortes Generales. Consideraban sus promotores que debían acceder a la autonomía por este artículo.

El Gobierno consideraba que la vía que pretendían no era la adecuada y que debían hacerlo por la vía del artículo 148 o «vía lenta». Hubo mucha polémica al respecto y mucha contestación en la calle. Finalmente el gobierno tuvo que ceder unos años después. Galicia y Andalucía accedieron por el 151 y Valencia como el resto, por la del 148.

Las divisiones en la UCD acabaron con el gobierno de Adolfo Suárez, al no poder mantener la unión por más tiempo, dimitió en enero de 1981. El Vicepresidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, asumió la Presidencia del Gobierno.

Durante la sesión de investidura (23 Febrero de 1981) del nuevo presidente, cuando se estaba votando , interrumpió en el hemiciclo una unidad de guardias civiles , pistola en mano y disparando, la sesión. Una cámara de televisión quedó encendida y los españoles que estaban viendo la retransmisión de la sesión de investidura, pudieron ver en vivo y en directo el primer intento de golpe de estado televisado de la historia de España.

Fuera del Palacio del Congreso de los Diputados, unidades militares tomaban posiciones, los políticos mas destacados fueron llevados a punta de pistola a salas del Congreso. El resto permaneció agachado en el hemiciclo a la espera de ver el desenlace del intento de golpe de estado. El Teniente Coronel Antonio Tejero, Afirmaba estar esperando «ordenes superiores».

El intento de golpe de Estado estuvo preparado como si de un nuevo «alzamiento» de la cúpula militar se tratase. Su objetivo era evitar la continuidad del proceso democrático y retornar a la dictadura. Los golpistas al parecer esperaban que el rey se pusiera al frente de la sublevación, como hizo Francisco Franco en 1936. Consideraban que al ser el nuevo «caudillo» , le correspondía tan alto honor.

Para ello habían comisionado al General Armada, antiguo preceptor del rey y amigo personal, para que el rey se pusiera al frente. Sin embargo el general Armada no fue a Palacio, ni se puso en contacto, ni con el rey, ni con los generales golpistas. La Casa Real confirmó que «ni estaba, ni se le esperaba» en Palacio.

El rey ordenó, en su calidad de máxima autoridad militar, llevar una cámara de televisión al Palacio de la Zarzuela para retransmitir en diferido una alocución pública. El rey Juan Carlos I, ordenó, revestido con el uniforme de Capitán General de los ejércitos, a las unidades militares que retornasen a sus cuarteles y a los guardias civiles, que depusieran las armas, liberaran a los rehenes (Diputados) y abandonaran el Congreso y se entregaran a los cuerpos de seguridad.

El rey afirmó que el proceso democrático debía seguir su curso y que no aceptaba retornar a la dictadura. Acto seguido todas las unidades volvieron a sus cuarteles y los cabecillas de la trama conspirativa fueron detenidos y a los altos mandos del ejército implicados se les hizo un consejo de guerra por alta traición a las instituciones del Estado.

Con su actuación el rey abortó el intento de golpe de estado y neutralizó a la cúpula militar. Además de detenciones y condenas, hubo también cambios en la estructura de mando militar. desaparecieron todas las capitanías generales, quedando el rey como único capitán General. Se creó el JEMAD, para diseñar un nuevo modelo de ejército que pudiese operar en democracia y para la coordinación con el gobierno (a través del ministerio de Defensa) y la Casa de S.M. el Rey.

Con esta actuación del rey nació el «juancarlismo» popularmente. Tanto monárquicos, como republicanos aplaudieron al monarca por su decisión de no secundar el golpe y de afianzar el sistema democrático naciente. Muchos analistas dijeron que con esta actuación se legitimó a Juan Carlos I como «Rey de todos los españoles» por «aclamación popular«. Hubo grandes manifestaciones de apoyo en las principales ciudades.

Obviamente en las filas del franquismo aquella actuación fue muy frustrante y desoladora. El rey les había traicionado con fatales consecuencias para su causa.

Los integrantes de los partidos «franquistas» fueron diluyéndose en otras formaciones como «Fuerza Nueva o Alianza Popular» (la mayoría)… En 1979 «Falange» (3º etapa: desde 1977) estaba ya en franca descomposición, fuera del hemiciclo, dividida en varias formaciones, envejeciendo su cúpula, reduciendo su militancia, pérdida de la cantera de repuesto, falta de recursos económicos y escasa o nula presencia pública.

Leopoldo Calvo-Sotelo tuvo un breve gobierno, apenas un año de mandato, con una UCD en descomposición. Apenas le dio tiempo a implementar nuevas reformas.

En 1982, tras la dimisión de Leopoldo Calvo-Sotelo y el acta de defunción política de la UCD presentada, se convocaron nuevas elecciones generales.

En esta segunda ocasión, los partidos ya habían tomado nota de cual era la estrategia a seguir sin una todopoderosa UCD marcándole el paso al resto de partidos. Los demócratas cristianos de la UCD se integraron en Alianza Popular de Manuel Fraga y en el nuevo partido de Suárez, CDS (Centro Democrático y Social). Y los socialdemócratas en el PSOE de Felipe González y en el PSP (Partido Socialista Popular) de Tierno Galván.

La victoria fue para el PSOE de Felipe González quien pudo gobernar con mayoría absoluta. Alianza Popular obtuvo la segunda Plaza. Inaugurando con ello el «bipartidismo asimétrico«, que se mantendría durante los años 80 y principios de los 90 del pasado siglo.

La victoria del PSOE en 1982 fue vista por muchos como el fin del periodo reaccionario y contrarrevolucionario de la dictadura. El PSOE no gobernaba en España desde 1936 (si lo hizo en el exilio). Para muchos exiliados era la recuperación de la democracia. Su victoria para muchos fue un símbolo.

Lo primero que hizo Felipe González fue eliminar la «amenaza militar» y futuros intentos de golpe de estado de carácter militar. La reforma consistió en reducir el número de oficiales de mayor graduación, reestructuró la cadena de mando bajo la jefatura civil del Presidente del Gobierno y del Ministro de Defensa. Para la modernización del sistema de defensa español, se iniciaron en 1982, las negociaciones para la adhesión de España a la OTAN.

Tras la reforma militar, muy necesaria tras el 23F, se propuso implementar los procesos autonómicos pendientes. y Abordar el complicado sistema descentralizado que implicaban las autonomías. El gobierno quiso aportar, a efectos prácticos, un modelo autonómico similar a una especie de «federalismo asimétrico», sin llegar a ser propiamente un modelo «federal«, dado que estaba expresamente prohibido en la Constitución.

Felipe González cumplió los cuatro años de legislatura (1982-1986) con grandes reformas en varios ámbitos, como por ejemplo: en educación, sanidad, asistencia social, industria, comercio, empresa, ámbitos económicos y financieros para sanear la economía (en base a lo acordado en los Pactos de la Moncloa).

Otro aspecto importante fue abrir la agenda internacional, con viajes de estado y fomentar los intercambios comerciales entre empresas de España y extranjero; pero también fomentar la apertura hacia un nuevo tipo de turismo de masas cuyo fin era mostrar la nueva España democrática y atraer de esta manera a los inversores extranjeros. España estaba falta de divisas y el turismo era una buena forma de obtenerlas. El turismo también podría facilitar las cosas como por ejemplo la entrada de España en la CEE.

En estos primeros años Había países que aun tenían dudas sobre la viabilidad del proyecto democrático, el 23 F había alertado a muchos inversores que no veían en España un país estable.

Aunque el Rey, Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo y Felipe González fueran embajadores de España de excepción para mostrar que era real el proceso democrático, que la clase política y la sociedad estaba comprometida con la democracia y leal al bloque occidental (Contexto de Guerra Fría), muchos seguían viendo a España como un país inestable, atrasado y poco fiable.

Quedaba aun mucho camino que andar. En 1986 se convocaron nuevas elecciones generales y de nuevo el PSOE volvió a ganar. Sin embargo la ilusión de los primeros años se estaba apagando y la dura realidad social y económica, aun en transformación y desarrollo, estaba provocando la reaparición de la contestación social y laboral.


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