Reformismo y Revisionismo Ruso (1º Parte).
«Un sorprendente país de geografía dispersa, como la de un archipiélago y, al mismo tiempo, con una presencia en las mentes tan compacta como la de un continente, un país casi invisible, casi impalpable, por la estirpe de los Zeks.
Un archipiélago de cotos cerrados, incrustado como una tabla polícroma dentro de otro país, impregnando sus ciudades, flotando sobre sus calles. A pesar de ello, quienes no formaban parte de él no podían advertir su presencia. Y si bien eran bastantes los que tenían de él aunque fuera una vaga referencia, sólo lo conocían bien quienes los habían visitado.» (A. Solzhenitsyn. Archipiélago Gulag (1918-1956) Vol. 1. Tusquets Ediciones, 2002, p.14, ISBN 84-932645-5-5 )

Escrito en 1973 en la Rusia soviética, en plena época de reformismo, desestalinización y revisionismo ideológico, Aleksandr Solzhenitsyn (1918-2008) publica en Italia (no le hubieran permitido hacerlo en la URSS) el horror de los campos de trabajo soviéticos en Siberia, llamados «Gulag«, las pésimas condiciones de vida de los trabajadores allí hacinados y sus condiciones de vida infrahumanas.
Muchos intelectuales de la Rusia europea y de otros países europeos de la órbita soviética se quedaron horrorizados y entraron en franca contradicción al comprobar como el «paraíso proletario» devoraba a sus hijos, no sólo a los contrarrevolucionarios; sino también a los «bolcheviques y primeros comunistas» que apoyaron inicialmente la revolución de Octubre de 1917 y a los que se opusieron al Rusia totalitaria estatalista e imperialista durante el mandato del «premier» J. Stalin. incluyendo a líderes revolucionarios, intelectuales, maestros, soldados rasos y héroes de guerra.

Solzhenitsyn y otros intelectuales fueron tildados por sus obras, como «contrarrevolucionarios y como traidores a la revolución«. Algunos de ellos creían en la revolución, se consideraban comunistas, consideraban que el sistema soviético se encontraba en decadencia, debido a una mala interpretación de los ideales que inspiraron la revolución y a la corrupción inherente al poder absoluto en el entorno de los «Premiers» del politburó.
Cuando los escritos de Solzhenitsyn salieron a la luz en Europa Occidental, entre 1973 y 1980, algunos intelectuales europeos acostumbrados a la retórica, la oratoria de sus líderes antimarxistas y de la propaganda pro-occidental y pro-estadounidense desplegada en Europa con notable eficacia, cuando comenzaron a leer a Solzhenitsyn – convertido en un auténtico «Betseller» sobre todo en Estados Unidos y en algunos países europeos – empezaron a caer «muros» de décadas de oscurantismo y opacidad sobre la realidad de lo que estaba ocurriendo al otro lado del «Telón de Acero» y en definitiva sobre la artificialidad de la llamada «guerra fría«.
El auge del Panarabismo de Nasser; La compleja «descolonización» en el seno de la ONU; La crisis del petróleo de 1973 – coincidente con los primeros escritos de Solzhenitsyn – ; la elección de un papa Polaco – bajo régimen pro-soviético – en 1978; el desarrollo de la revolución iraní en 1979 y el movimiento de la sociedad civil a tener un mayor protagonismo en la política, en occidente, a partir de la década de 1980 dieron lugar al «revisionismo» tanto en «mundo libre«, como en el «paraíso del proletario«.
En la década de 1980, pese a los esfuerzos por la «distención» entre la URSS y EEUU en el intento por buscar el camino de la paz mundial en base a una política de contraprestaciones acordadas entre los interlocutores, la llegada de dos grandes belicistas como Ronald Reagan y Yuri Andropov puso fin a esa época de acuerdos por un nuevo ciclo de pulso internacional entre los dos grandes colosos.

En Europa unida (Comunidad Económica Europea), triunfaba el «Dream Team» formado por F. Mitterrand, W. Brandt, O. Palme y F. González con políticas de marcado acento socialdemócrata; quedando la «dama de Hierro» M. Thatcher en el Reino Unido alineada con R. Reagan y en Italia el triunfo nuevamente de la democracia Italiana (F. Cossini, A. Forlani) vinculada con las altas esferas del Vaticano dirigida por un papa polaco, Juan Pablo II, disidente del sovietismo polaco, desde 1978.

En la URSS la vuelta del núcleo duro del Politburó – no sólo Y. Andropov, sino también con su sucesor Constantin Chernienko – al frente del país implicaba un freno a las reformas que el pueblo pedía, la realidad del «paraíso del proletario» se había esfumado y las protestas fueron continuas a lo largo de la década, el Archipiélago Gulag fue poblando Siberia de disidentes políticos.
En ese contexto de decadencia y descomposición del «bloque soviético» y del rearme en el contexto de la guerra fría, aparece Aleksandr Duguin (Moscú , 1962), «bolchevique«, por devoción y «soviético» por adscripción obligatoria, se mostró inicialmente contrario a la «distensión» de su época de juventud, consideraba la vigencia de los ideales que llevaron a la revolución de octubre de 1917.

Consideraba decadentes los intentos revisionistas y reformistas que debilitaban a la «Madre Rusia«. Consideraba que políticos corruptos y débiles habían acabado con la «grandeza» de la URSS en su ideal de liberar de la esclavitud al proletariado ruso.
Tras la llegada de M. Gorbachov en 1985 al poder soviético, la era de los «premier» autócratas y totalitarios en la URSS llegó a su fin. Gorbachov traía un amplio programa de reformas estructurales, que afectaban principalmente a la economía y a la defensa, para el entramado del régimen soviético. Buscaba de nuevo el entendimiento con Occidente y poner fin a la Guerra Fría.

Su programa reformista, implicaba la relajación de la censura, las privatizaciones de gran parte del sector público, redimensionar la estructura del estado, eliminar los «gulag» y otras instituciones de represión. Con Gorbachov se puso fin por retirada de la URSS a la Guerra Fría, con nuevos entendimientos con Occidente: Comunidad Económica Europea y Estados Unidos, pero también con China. Con respecto a los países de la órbita soviética europeos y caucásicos , les planteó un sistema parecido a la Comunidad Económica Europea, pero en el ámbito ruso (Comunidad de Estados Independientes, CEI) .
Todos estos entendimientos no solo sirvieron para restablecer la paz; sino también para mejorar las relaciones económicas y de comercio internacional. Fue importante también reformas militares que rebajaron el gasto en defensa que era desorbitado y el gran causante de la pobreza en Rusia. Se planteó reformar el Pacto de Varsovia, modernizándolo.
Con lo que no contaba M. Gorbachov en su política reformista era con los nacionalismos sometidos o integrados tanto por el imperio de los Romanov, como por el «imperio» soviético, los populismos en la clase política, la corrupción económica y política, el auge de intelectuales disidentes dentro y fuera de sus fronteras pidiendo cambios acelerados y la tradicional enemistad entre rusos europeos y rusos asiáticos que amenazaban con dividir la unidad rusa.
M. Gorbachov pilotó la transición pasando de ser «Premier» autócrata a presidente de la Nueva Rusia (Federación Rusa), pero sus reformas eran lentas por lo que hubo grandes protestas, territorios que comenzaban su emancipación o independencia, el caos comenzó a reinar en los últimos años del nuevo presidente, que había liquidado la URSS, comenzando por recuperando su antiguo nombre – Rusia – y bandera – recuperando la antigua de los zares, pero sin el escudo imperial. Oficialmente la Unión Soviética siguió existiendo hasta 1992.
El caos de la transición rusa llevó a intelectuales como A. Duguin a buscar en la década de 1980 una solución rápida a la decadencia y caída de la URSS, tras la traición de Gorbachov.
Aprovechando el descontento y la frustración de la sociedad hacia sus gobernantes por una parte y por otra el empobrecimiento creciente de la población al cambiar de un sistema comunista por otro capitalista, Duguin propuso recuperar la identidad, la grandeza, la fuerza y el orgullo patrio, en defensa de la «Madre Rusia«, para que volviera a ocupar un lugar destacable en el mundo.
Buscó en la historia el origen del pueblo ruso y lo encontró en los forjadores del primer gran imperio, el «Rus de Kiev» forjado por los eslavos orientales quien unieron sus pueblos en una gran federación de pueblos, que dieron con el tiempo lugar al pueblo ruso, ucraniano y bielorruso.
Duguin animaba a sus coetáneos a través de sus escritos políticos y filosóficos, A revisar la historia en búsqueda del nacionalismo ruso. El libro que mas le influyó fue la novela de George Orwell «1984» , escrita cuarenta años (1947) antes en tono futurista.

El «Gran Hermano» controla las mentes, las acciones y las vidas de los seres consideradas «inferiores«. La información es manipulada por poderes oscuros y malévolos, quienes manejan a la sociedad a su antojo. la sociedad como marionetas, cuyos hilos maneja el gran poder de la información, el llamado «cuarto poder».
Unos años antes, George Orwell escribió su novela «Rebelión en la Granja» (1943) que podría considerarse profética para la Rusia de los años 80 y la realidad de un mundo en continuo cambio y transformación, donde la manipulación, la corrupción, la desinformación y posverdades…. encuentra motivos propicios para su expansión.
Aquellos que se rebelaron contra la tiranía, acabaron adoptando las costumbres de los tiranos. Ante la llegada de nuevos revolucionarios actuaron como los tiranos, reprimiendo y censurando, cometiendo actos deleznables, inmorales y criminales. A mas represión, mas contestación y vuelta a repetir el mismo círculo vicioso de acción vs reacción.
Para Duguin los revolucionarios «bolcheviques» no fracasaron en su intento por establecer el «paraíso de los proletarios«; sino que fueron los sucesores de estos revolucionarios, que una vez acomodados en el poder, acabaron convirtiéndose en tiranos y acabando con la revolución. Tras la caída de la URSS (1990 – 1993) nuevos revolucionarios se dispusieron a crear nuevas utopías «liberadoras» y «libertadoras» de tiranías.
Duguin creó una nueva utopía basada en unir todo aquello que fuera positivo, bueno y útil, desechando lo negativo, malo e inútil.
El nacionalismo de Duguin se basaba en la Rusia eslava o europea (al menos hasta 1997), en la que uniría los valores y principios primigenios de la revolución de octubre de 1917 en lo tocante a una revisión del pensamiento marxista-leninista de Lenin (variante de 1919, del marxismo propuesto por K. H. Marx en 1848) y el programa ideológico del partido «bolchevique» (Socialdemocracia obrera) como base para la construcción del nuevo estado soviético.
Además de este revisionismo o «vuelta a los orígenes», Incluyendo en su argumentario, el necesario levantamiento liderado por la iglesia ortodoxa de 1905, para impulsar una duma imperial democrática o los intentos de la revolución burguesa de febrero de 1917 para dotar a Rusia de una constitución liberal.
En 1997 A. Duguin publica «fundamentos de Geopolítica» y «Fascismo. Sin fronteras y rojo«. Donde expone su propia utopía de lo que debe ser Rusia tras el fin de la URSS.

La utopía contempla el expansionismo – entendido como «Espacio Vital» -como forma natural de ser del pueblo ruso – «Destino manifiesto de Rusia» – en una especie de «imperio euro-asiático» (no entendido como entidad política, sino como realidad geopolítica rusa).
El «alma» del pueblo ruso se basa en el «nacional-bolchevismo» (ideología propia de Duguin) . Según formulaba:
- Contra el fascismo en su versión Nacional-Socialismo alemán, por su carácter chovinista, racial y sus «excesos».
- Contra el liberalismo y el occidentalismo, por su carácter globalista controlado por el «Gran Satán» (Estados Unidos)
- Contra el «universalismo atomizador de occidente» dirigido por Estados Unidos. Este pensamiento incluía rechazo de la democracia, derechos humanos, instituciones «occidentales» como la ONU y otras creadas después de la segunda Guerra Mundial. Para Duguin son principios y valores occidentales no universales.
Lo que proponía para la nueva Rusia era:
- Estado fuerte y sólido, con líderes carismáticos que conecten con el pueblo.
- Orden en la política, en la sociedad, en la economía y una «familia sana»
- Valores positivos, rechazando y reprimiendo los negativos
- Importancia de recuperar el sentir religioso y espiritual. (mezcla de «neopaganismo eslavo + Ortodoxia cristiana rusa)
- Redefinir el papel de la Iglesia Ortodoxa Rusa en la sociedad rusa (entendida como una entidad «patriótica«, que luchó por los derechos de los trabajadores en el levantamiento de 1905 y en la revolución de febrero de 1917 y «nacional» por ser consubstancial con el ser ruso)
- «Hacer una revuelta de la tierra contra el cielo».
Todo ello para devolver la «grandeza» a Rusia, para volver a convertir a Rusia en «un actor global creíble«).
