El mito de occidente

En la cultura política europea y estadounidense la visión del mundo es diametralmente la opuesta a la cultura oriental asiática, a la africana y a la del Pacífico.

La visión eurocéntrica del mundo se puede apreciar en cualquier mapa geopolítico del planeta Tierra. A la zona limítrofe entre Europa y Asia recibe varios nombres: Europa del Este, Los Balcanes, Oriente Próximo. Más allá de Europa del Este están los vastos territorios de la Federación Rusa. Más allá de los Balcanes está Anatolia. Más allá de Oriente Próximo, está Oriente Medio. Más allá de oriente Medio está Extremo Oriente y mas hacia el sureste está el Sudeste Asiático. Sin embargo América y el Pacífico están al Oeste de Europa (No se le denomina «Ultra Oriente», sino Occidente) Al sur de Europa está África.

En Cambio para los Asiáticos, Europa está más allá de la costa de Levante desde su perspectiva. para los Africanos, Europa es aquello que está al norte del mediterráneo. Para los americanos, lo que está al otro lado del Atlántico.

Por tanto lo que se aprecia es la gran diversidad de pueblos, culturas, sociedades, lenguas y religiones que habita el planeta. Durante siglos Europa ha llevado la voz cantante en el mundo. Sus gigantescos imperios globales, territoriales y económicos, han dominado el planeta. Ese empoderamiento europeo ha determinado las relaciones internacionales en el planeta. Todo giraba en torno a Europa.

En el siglo XVIII los eruditos cortesanos consideraron que el sistema imperante (llamado «Antiguo Régimen» por los franceses) : feudalismo en la economía y en la sociedad; monarquías absolutas de derecho divino en la política y en la religión, ya no se amoldaba a los grandes imperios globales europeos: español, portugués, francés, inglés, alemán… Que era necesario cambiar de sistema.

Esos eruditos cortesanos poseían en sus palacios y mansiones, grandes bibliotecas privadas, en las que abundaba muchas obras de filósofos, cronistas, eruditos grecolatinos, siendo los griegos los que más fascinaban a estos bibliófilos y eruditos. Muchos aprendieron a traducir el griego clásico y a explorar la cultura griega en busca de ideas para diseñar un nuevo sistema.

Muchos se percataron de un sistema llamado en griego clásico «Demokratia» (dēmokratía) que tradujeron como «gobierno del pueblo» y como sabían tambien latín clásico (el Latín eclesiástico o medieval era lengua oficial en varios países europeos) rescataron de los autores latinos la expresión «Res Publicae» que tradujeron como «asuntos públicos«.

la demokratia griega surgió en la Atenas del siglo V a.C durante los mandatos de los «Estrategos» (Dirigentes, líderes), siendo Perikles el mas conocido de ellos por sus grandes reformas sociales y su labor constructiva. Durante el periodo «democrático» ateniense, los líderes se elegían por un periodo concreto en tiempos de paz, o prolongado en tiempos de guerra, pues también eran los comandantes en jefe de los ejércitos griegos.

Este sistema entusiasmó a los eruditos del siglo XVIII y decidieron que había que implantarlo considerándolo el mejor de los sistemas políticos posibles. Si Grecia era para ellos la cuna de la civilización, implementar la democracia en Europa era una cuestión de necesidad.

La cuestión fue que estos eruditos eran cortesanos o pertenecían a la nobleza, la mayoría de la población era analfabeta e inculta. Muy pocos sabían leer y escribir. La educación era aun un privilegio, pero no un derecho. Costaba mucho dinero contratar a un «pedagogo» o instructor particular. Aun no había escuelas.

Debido a la existencia de una sociedad estamental en Europa en el siglo XVIII, la palabra «Pueblo» («Demos») podría significar tanto: Habitantes de un lugar; como los miembros del «tercer Estado». En Latín existían dos palabras: «Populus» (habitantes de un lugar) y «Plebe» (Perteneciente a esta clase social).

Evidentemente cuando estos eruditos se referían al «Pueblo» se referían a la Plebe, al estado llano (o tercer estado), no a todos los habitantes. La demokratia ateniense era directa y asamblearia; la democracia que se quería implantar en la Europa del siglo XVIII era la representativa siguiendo el orden «natural» de la sociedad estamental.

Surgió así en el «Occidente civilizado» europeo, la ilustración (o iluminación) un movimiento cultural, político y social que puso en marcha el motor de la revolución industrial y las revoluciones sociales con el fin de acabar (en el sentido de «librarse, o liberarse«) con el «antiguo régimen».

Surge así el mito de Occidente elevado a los altares de adoración por los eruditos, cortesanos y nobles. Europa la gran depositaria del conocimiento, de la razón pura y práctica; cuna y rescatadora de la democracia ateniense, la gran defensoras de las libertades se alzaba con un destino manifiesto: Dominar y gobernar el mundo.

Pero pensemos que esta «ideología moderna» que fue la ilustración sólo se daba en el entorno de las cortes reales y en los salones nobiliarios. Era algo exclusivo de las clases altas durante el siglo XVIII y de los funcionarios y encargados de negocios en el siglo XIX. Por lo que el pueblo entendido como «Plebe o tercer estado«, no seguía esta «ideología moderna«; sino que se guiaba por las mentalidades tradicionales arraigadas a lo largo de la historia.

Mentalidades cambiantes, que eran contraladas hábilmente por los «Patricios» o clases dirigentes. Su mundo se dividía entre «ricos y pobres» sin mayores florituras eruditas. Ellos eran los pobres y por tanto debían obedecer o cargar con las consecuencias de rebelarse contra su amo o señor («rico«).

Aunque la ilustración era cosa de «ricos«, por tanto también la «civilización» estaba con ellos, los «pobres» fueron influidos por las reformas ilustradas positivamente pero no universalmente. Los beneficios para el pueblo eran en forma dadivas o limosna de los ricos, para calmar su atormentada conciencia religiosa.

La civilización europea «democrática, ilustrada y civilizada» fue tomando forma durante el siglo XIX al aparecer el liberalismo tanto como ideología; como sistema económico-financiero asociado al capitalismo. El liberalismo se mostró favorable a la expansión de los grandes imperios territoriales al mismo ritmo que el desarrollo industrial europeo y del comercio internacional a gran escala.

Las culturas extraeuropeas, que no habían recibido la ilustración, que no habían desarrollado sus economías y en las que aun no había nacido el liberalismo, fueron colonizadas rápidamente por las potencias europeas, principalmente por Francia y Gran Bretaña en Asia y África.

Estados Unidos que se había convertido en la potencia dominante en América fue poco a poco expandiéndose económicamente a través de los sistemas políticos americanos colonizándolos económica y políticamente.

Rusia expandió su urbanismo hacia la zona asiática del vasto imperio, influyendo en las culturas del Cáucaso y del Hindu-Kusch (estribaciones del Himalaya) y extendiendo su red ferroviaria a lo largo de de la inhabitada Siberia hasta Vladivostok en su extremo mas oriental para ofrecer servicio a los militares de la base de Port Arthur.

China amplió territorios al norte (Mongolia, Manchuria), oeste (Tíbet) y a expandirse comercialmente hacia el sur y el Indico. Japón comenzó a colonizar la costa occidental del Pacífico. Entrando en colisión, además de con China y Rusia, con los colonos europeos y estadounidenses que ya tenían asentamientos en la zona.

La exploración británica, neerlandesa, francesa y alemana, acabaron por descubrir lo que quedaba por descubrir del mundo para los europeos. Ampliando así sus grandes imperios y economías. Europa estaba en el centro del mundo y su poder llegaba a todos los confines del planeta.

Empezó la rivalidad entre ellos por la hegemonía mundial, marcando así el inicio de las guerras globales y también de las relaciones internacionales, así como la diplomacia organizada en entidades supranacionales, controladas principalmente por los europeos.

Tras la primera y la segunda Guerra Mundial, el orden democrático, ilustrado y civilizado entró en crisis, debido a que Estados Unidos y la URSS se habían convertido en grandes potencias globales. Reino Unido y Francia sufrieron un proceso similar al que tuvieron a final del siglo XIX España y Portugal. Las grandes potencias imperiales coloniales son sustituidas por nuevas generaciones de potencias globales.

En el siglo XX aparece la clase media y el sistema de clases se perfecciona, no solo en la sociedad, sino en el mundo empresarial y financiero con la aparición de las grandes corporaciones internacionales en un mundo globalizado. Corporaciones que actuaban – y siguen haciéndolo – como los antiguos imperios coloniales. Corporaciones que empezaron a influir en la política y en la legislación de los países. Corporaciones que corrompieron las «democracias civilizadas» europeas al profundizar en el elitismo y la meritocracia. La democracia de mediados del siglo XX acabó siendo tutelada por las corporaciones internacionales.

Tras la primera Guerra Mundial se puso fin a la Europa «civilizada» creada en el siglo XVIII y principios del siglo XIX. El mito de Occidente acabó hecho añicos en su formulación original. Europa cayó como espacio geopolítico en el Tratado de Versalles de 1918.

El poder hegemónico europeo británico pasó a Estados Unidos (parte occidental), Francia comenzó a entrar en decadencia como potencia global. Una Europa dividida, inestable y con el surgimiento de una nueva ideología expansiva como era el comunismo soviético de la URSS que amenazaba con expandirse hacia la «Europa civilizada» liberal y capitalista. Para muchos comenzaba la «decadencia de Occidente«.

Tras la segunda Guerra Mundial el mundo extraeuropeo se descolonizó, surgiendo muchos nuevos países independientes o semindependientes y durante la Guerra Fría el mundo pasó de ser propiedad de dos «superpotencias«, Estados Unidos y la URSS. Europa apenas pudo sobrevivir con el nacimiento lento y complejo de la Comunidad Económica Europea de 1957 (antecedente de la UE, creada en 1992).

La democracia, la ilustración, el liberalismo, el capitalismo, la religión, son puestas hoy en cuestión en muchas partes del mundo. Para muchos pensadores actuales son elementos que identificaban al «occidente europeo» y a la cultura «occidental» Estadounidense o «anglosajona».

Los asiáticos, americanos y africanos no están ya dispuestos a aceptar préstamos culturales ajenos. No desean ni la democracia, ni la ilustración, ni la civilización europea, ni el orden occidental, se aprecia como «imperialista y colonialista». Se aprecia como «poder y dominio extranjero». Hasta la propia historia está siendo revisada eliminando los elementos euro centristas de la misma, poniendo en valor elementos precoloniales y posteriores a las independencias.

Para muchos historiadores extraeuropeos, la colonización europea fue solo un periodo corto de tiempo en su milenaria historia. La reivindicación de la identidad cultural ha aumentado el fenómeno del nacionalismo y del proteccionismo cultural (al igual que el económico) a gran escala. Este fenómeno ha alimentado a ideologías y fuerzas políticas extremistas, con un gran aporte financiero y mediático, que practican el nacionalismo excluyente y clasista, el populismo, la desinformación y sobre todo la antipolítica.

La «democracia» queda excluida de la ecuación, la democracia se identifica con el occidente europeo y estadounidense y ello significa irracionalmente que es: «salvaje, opresor, imperialista y colonialista». Hoy se dan otras alternativas que se muestran sobre todo radicalizadas y extremistas bajo la consigna de «el fin no justifica los medios», todo vale y todo es posible sin limitación y con total impunidad. El derecho internacional es despreciado, al igual que las organizaciones internacionales por ser consideradas «occidentales».

Aunque hay democracias en muchos países extraeuropeos, lo cierto es que muchos antiguos pueblos colonizados no aceptan la democracia representativa europea. En algunos casos la actualización o el revisionismo de las culturas originarias precoloniales ha generado regímenes híbridos o mestizos con la tradición democrática y cultural europea.

Pero también es bastante frecuente que el «indigenismo» (sobre todo en América) es una escusa para implantar dictaduras totalitarias y criminales, presentándolas como el sistema natural político de esos pueblos.

Durante las descolonizaciones del siglo XX los líderes nacionalistas habían estudiado en Europa y Estados Unidos, a su regreso implantaron los modelos democráticos europeos acomodándolos a las peculiaridades y cultura local.

Pero el resultado no fue en la mayoría de los casos el esperado, dando lugar en muchos casos a estados fallidos o en guerra civil o guerras étnicas de forma permanente. Las fronteras a cordel europeas, no coincidían con las fronteras naturales ancestrales de los pueblos originarios. La descolonización aunque bienintencionada, fue un auténtico desastre. la mayoría de los nuevos países tuvieron que empezar desde cero y recuperar su historia ancestral, en gran parte perdida por siglos de dominio extranjero, para poder construir un nuevo estado.

No es de extrañar que el «nuevo orden» euro-estadounidense no haya tenido éxito desde que se formuló en 1993 tras la segunda guerra del golfo, coincidente con la desaparición de la URSS. En 2001 surgen los BRIC ( Brasil, Rusia, India, China) como economías emergentes que no estaban dispuestas a aceptar el «Nuevo Orden» estadounidense. Por lo que optaron por diseñar un «nuevo orden mundial» alternativo.

En 2010 entró Sudáfrica (BRICS), y en 2023 se adhirieron otras potencias emergentes como Argentina, Egipto, Irán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes (BRICS+). Actualmente lo integran 17 países de todo el mundo incluido algunos europeos. Convirtiéndose pronto en una alternativa económica, financiera y comercialmente creíble al modelo estadounidense.

El modelo occidental euro-estadounidense definitivamente ha caído en desgracia. La mayor parte de los analistas espera que los BRICS+ controlen mas del 40% de la economía global para 2050. Su modelo aun siendo económico y financiero, tiene implicaciones en la política y relaciones internacionales.

Actualmente es una lucha sin cuartel por la hegemonía en el control de los recursos naturales del planeta. El nuevo orden BRICS+ Es mas transversal, mas cooperativo y mas democrático. EL modelo democrático ha sido revisado y se considera que la democracia directa es mas eficaz que la democracia representativa. La representativa ha sido, según sus postulados, corrompida por el capitalismo salvaje de «Occidente«. Mientras que la directa, implica a los ciudadanos en la conformación de los gobiernos.

En cierta forma es una reformulación de la democracia hacia su modelo original. Aunque es curioso que sus principales liderazgos estén representados por autócratas o dictadores. Regímenes híbridos, neo-soviéticos, socialismo adaptado a las costumbres locales, o democracias ajadas por el tiempo, necesitadas de una reforma urgente.

A veces la democracia se desajusta y es preciso ajustarla. Quizás sea eso lo que hoy vivimos en este convulso mundo. Algunos vislumbran una guerra mundial, otros una guerra fría o incluso quien ya apunta a una guerra híbrida.

En realidad y por lo que puede uno extraer, entre tanta desinformación, es una guerra por el control de los recursos naturales, de la que de momento Europa se está llevando la peor parte (receptora neta de los recursos naturales) y Estados Unidos (como potencia global), empezando su particular travesía del desierto como potencia en decadencia.

Los BRICS+ liderados por la nueva Rusia de V. Putin, quieren mejorar las cosas fuera de Europa, cambiar los mapas políticos y hasta la historia, hacer revisionismos, de revisionismos anteriores, y buscar un orden internacional en el que los antiguos «pueblos oprimidos» puedan vengarse de sus antiguos amos europeos, recuperando sus grandezas y su identidad cultural / nacional.

La batalla del relato (guerra híbrida) alimenta la desinformación, crea bulos y fakes que con grandes dosis de propaganda populista hace que los BRICS+ alcancen sus objetivos expansionistas para imponerse al orden euro-americano.

Una masa sin información y sin cultura es mas manejable que una culta y con conocimientos. Nuevamente nuevos imperios (populistas y mediáticos en esta ocasión), sustituyen a antiguos imperios (económicos capitalistas).

El problema de todo esto es que siempre son los poderosos los que organizan todo, implican al pueblo (Plebe) en sus extravagancias y luego los dejan tirados y a su suerte, pueblo de usar y tirar. Ejemplos de esos los hay muchos y en todo el mundo.

Frente a los nuevos «revolucionarios» BRICS+, están surgiendo los «Ultras» como bloque «contrarrevolucionario» en Europa y Estados Unidos, aupados por el gran capital y por los extremismos mas pintorescos que puedan generar los creadores de contenido con las IA. En la batalla del relato y en esta guerra híbrida, es un todo contra todos, sin límites y con total impunidad hasta la consecución de los objetivos finales (Sean cuales sean estos). Igual que en un juego en línea, en cualquier parte del mundo y en tiempo real.

Ni uno, ni otro «nuevo orden mundial» responde al concepto de «civilización occidental» ni tampoco a «oriente incivilizado y salvaje». Por lo que apunto que quizás sea mejor que cada país decida su propio destino en la historia y que nos olvidemos de inventarnos «nuevos ordenes mundiales» porque por lo que se ve no parece que sea una práctica que hoy tenga mucho futuro. Del globalismo deberíamos pasar a un nuevo internacionalismo.


Deja un comentario