y… ¿Ahora qué?

Se abre un nuevo camino hacia una nueva etapa histórica.

«Si observamos que toda ciudad es una comunidad, y que toda comunidad se ajusta por causa de algún bien – porque todos hacen las cosas por parecerles buenas – claramente se echa de ver que todas sus comunidades pretenden algún bien, y muy señaladamente aquella, que es la mas principal de todas. Esta es, pues, la ciudad y la comunidad civil» (Aristóteles. «La Política», ed. Nuestra Raza, Madrid, s.d.)

A lo largo de la historia y de manera mas racional a partir del siglo XVIII, los filósofos de la política siempre han debatido sobre como han de ser las relaciones entre los gobernantes y los gobernados; así como las relaciones entre los pueblos, naciones y estados.

Desde la revolución americana y desde la revolución francesa a finales del siglo XVIII el mundo se ha regido por unos ideales básicos y troncales: Libertad, Legalidad, Igualdad y Fraternidad. Ideales cuya interpretación por parte del derecho, la filosofía, la teología o la sociología han dado lugar a regímenes o sistemas políticos diferentes, pero también a ideas, ideologías y mentalidades mas o menos estructuradas.

Estos sistemas se han organizado en torno a un corpus jurídico -institucional, un sistema económico-financiero y un sistema social determinado.

En el siglo XIX hubo un modelo homogéneo en todas los países europeos, ese modelo se conoce históricamente como «Sistema burgués-Liberal«. Un sistema que estuvo vigente durante toda la «era victoriana» (1837-1901), siendo modificado durante la «era eduardiana» (1901-1910), para dar paso al «movimiento moderno» (1910-1930).

El «sistema burgués-Liberal » se diferenciaba del sistema de la «era napoleónica o bonapartista» (1795-1815) en la aparición del sistema capitalista moderno en la economía, en Europa y mundo anglosajón al mismo tiempo que se producía de forma asimétrica la primera revolución industrial (1705-1830) con sus consecuencias sobre la producción, propiedad y la sociedad.

La «burguesía» es la denominación que se le aplicó originalmente a los emprendedores y promotores de la actividad industrial, del transporte, del comercio internacional y del desarrollo de las primeras empresas y de la banca y finanzas modernas.

Personas que procedían en su mayor parte del llamado «tercer estado«, un estamento no privilegiado, con derechos y libertades restringidas y sujeto a vínculos personales con miembros de la realeza, nobleza, clero, ejército o autoridades locales.

Las revoluciones del siglo XVIII los había liberado en gran parte de Europa del régimen feudal y del debido vasallaje al señor feudal que los mantenía, defendía y los protegía a cambio de un trabajo, vivienda y alimentación. las revoluciones XVIII dieron paso a las «Revoluciones Burguesas» del siglo XIX (1820, 1830, 1848 y en cierta manera, la guerra franco-prusiana de 1871) en las que se derribaron los pilares del anterior régimen.

Burgueses («habitantes del burgo«) que liberados de sus amos y de la relación feudo-vasallatica, comenzaron a explorar nuevas formas de generar riqueza y de buscar su propio destino («destino manifiesto«) en la vida.

Artesanos, maestros y oficiales gremiales, maestros de escuela, funcionarios, Profesionales «liberales«, capataces de fábricas, mayorales de fincas, personas de confianza, que en líneas generales trabajaban en oficinas, o al frente de la administración de explotaciones agropecuarias y todas aquellas que no realizaban actividad manual directamente.

Estas personas se relacionaban por su posición laboral y social con los estamentos privilegiados primero; y después con las clases altas de la sociedad. Su relación estaba sometida a la aceptación de superioridad o inferioridad en virtud del rango y estatus que se les asignaba socialmente. Pero nunca esa relación era de igualdad. Se respetaba el orden, la disciplina y la jerarquía. Para las clases altas, los burgueses eran considerados personas «inferiores» y para los burgueses, las clases altas eran consideradas personas «distinguidas y superiores«.

Las Ideas «Liberales» no eran nada homogéneas, la palabra «libertad» usada sobre todo en el continente americano desde 1774 tenía distintos significados en Europa y en otros continentes. En Europa se consideraba que libertad es el efecto y consecuencia de sentirse libre, como ser humano, para actuar y proceder en la vida, sin ataduras de ningún tipo. Los absolutistas consideraban que estos burgueses eran «demasiado liberales» en su proceder, por lo que desconfiaban de ellos.

En América libertad significaba ser una persona «libre» (En sentido jurídico) y no una mercancía que pudiera comprarse o venderse (esclavitud y servidumbre). Fuera de Europa estaban simplemente «las colonias«. Incluso Estados Unidos de América una vez independizados se seguían considerando colonias en el viejo continente.

En el contexto imperialista europeo, las relaciones internacionales del siglo XIX consistía en el «equilibrio» de poder entre los distintos soberanos absolutos, algunos de ellos actuando por derecho divino.

Aunque los monarcas de esta época eran parientes en su mayor parte – basta ver las genealogías de las dinastías reales Europeas para darse cuenta de ello – muchas veces no se llevaban bien y chocaban por intereses contrapuestos sobre cuestiones familiares, territoriales, económicas… La idea de mantener el «equilibrio» se basaba en cuestiones morales religiosas, los vínculos afectivos familiares de los soberanos, y en la necesidad de llevarse bien entre ellos, sin dañar a nadie considerado un amigo o aliado del soberano.

Fuera de Europa era el mundo colonial, cuyo reparto, administración y consideración, decidían los propios monarcas europeos cada vez que se reunían y cuyas fronteras imaginarias se dibujaban «a cordel» sobre un mapa mundial. Cuando había problemas enviaban a alguien a comprobar que pasaba y este daba cuenta al monarca de lo que ocurría o de lo él interpretaba que ocurría. Este es el origen del servicio diplomático en Europa.

Durante el sistema burgués liberal la mayoría de los monarcas tenía la intención de compartir el poder con instituciones creadas y representativas del pueblo («Populus»= ciudadanos), siempre y cuando esa relación no menoscabara el poder absoluto que por su propia naturaleza consideraban que tenían los soberanos (Monarcas) ungidos por el «Gran Hacedor«. Cedían parte del poder, para evitar una revolución como la de 1789 que acabara con los monarcas.

Esta cesión del poder se dio en tres formas distintas: Monarquía Ilustrada (paternalismo monárquico, despotismo ilustrado); Monarquía Constitucional (Monarca sujeto a lo dispuesto en una constitución o Leyes fundamentales); o Monarquía Parlamentaria (Monarca sujeto a las decisiones adoptadas por un parlamento o asamblea parlamentaria).

Entre el Monarca y el Pueblo se crearon, sobre todo durante la era napoleónica y victoriana, varias instituciones intermedias: «Gobierno o consejo de Ministros» , Parlamentos o Asambleas legislativas y tribunales independientes jurisdiccionalmente de la Corona o de la Inquisición. Durante el siglo XIX se experimentó por vez primera la separación de poderes y la restricción de poderes al Monarca que aun seguía siendo el único «soberano» y aun tenía en algunos países carácter «sagrado«.

El Secretario de Estado de S.M, el presidente del Consejo de Ministros o el Primer Ministro fueron cargos públicos, designados por el monarca, que se crearon como enlaces entre el monarca y el parlamento. A efectos de la institución monárquica el primer ministro era un simple ayuda de cámara, un mero sirviente de palacio. A efectos del pueblo, el primer Ministro era la «primera autoridad del estado«, persona de la mas alta distinción del «Estado«.

En las primeras repúblicas el papel del monarca era interpretado por el Presidente de la República o por el Presidente federal de la República. Y al igual que el monarca, tenía las mismas prerrogativas y los mismos límites a su actividad y poder. También se ocuparon de restringir el poder al Presidente. En ese sentido no había aun mucha diferencia entre una monarquía o una república. La única diferencia era que el presidente era elegido por el parlamento y el monarca sucedía genealógicamente a su padre, de forma automática, en la jefatura del estado.

Pero hay que decir también que a veces los presidentes y los monarcas se excedían de sus funciones constitucionales o de los límites impuestos por el parlamento, generando así pequeñas dictaduras o tiranías que no eran del agrado ni del pueblo, ni tampoco de la burguesía detentora del poder fuera de la Corte Palatina. Los monarcas a menudo se resistían a perder privilegios y poder; al igual que hubo presidentes cuya ambición rebasaba lo lícitamente permitido por la constitución o el parlamento. Esa tentación por el poder absoluto siempre ha existido.

Las revoluciones burguesas del siglo XIX en realidad fueron meros ajustes para dotar a los países europeos de regímenes que respondieran a los principios bienhechores que los primeros legisladores y constitucionalistas imprimieron en sus leyes fundamentales y que dieron forma al régimen político de la era victoriana y en menor medida de la era eduardiana.

La lucha por el poder, la aparición del parlamentarismo y constitucionalismo, el avance de un sistema económico mercantilista que evolucionó hacia el capitalismo empresarial moderno, con un sistema social basado en «clases» y un modelo de relaciones sociales basados en acuerdos, pactos y consensos a fin de mantener la armonía y sobre todo el equilibrio para evitar las confrontaciones.

El liberalismo político (Benjamín Disraeli) fue la ideología dominante en Europa durante el siglo XIX, coincidente con el desarrollo del liberalismo económico (Adam Smith, David Ricardo) enfocado hacia el desarrollo industrial de Europa y el desarrollo de los grandes imperios coloniales.

Sin embargo a final de la era victoriana y sobre todo durante la eduardiana, el sistema burgués-liberal acabó desequilibrándose debido a las consecuencias negativas de la revolución industrial sobre los trabajadores y sus familias.

La riqueza generada por la burguesía solo beneficiaba a muy pocas familias, las propietarias de las fábricas y negocios, las dueñas de las grandes explotaciones agropecuarias. Sin embargo la inmensa mayoría de los trabajadores de esas fábricas, negocios y explotaciones vivía en unas condiciones infrahumanas.

En unas condiciones por debajo del umbral de la pobreza. Las desigualdades sociales hicieron mella en ese ideal de crear una sociedad perfectamente organizada y en armonía que planteaban los burgueses de principios del siglo XIX.

Surge de esta nueva realidad la protesta y la rebelión social por las duras condiciones de la «clase trabajadora u obrera». Surge a finales del siglo XIX el movimiento obrero internacionalista organizado.

En el sistema burgués-liberal los trabajadores manuales, peones, jornaleros… eran meros sirvientes del propietario de las fábricas, negocios y explotaciones, formaban jurídicamente parte de la «Casa», del servicio doméstico. Por tanto era considerado un asunto «privado» y no público. El estado se inhibía de estas cuestiones laborales, por considerar que los propietarios tenían derecho a decidir sobre las condiciones laborales que consideraran oportunas.

Apenas había legislación laboral, de hecho no existían aun los ministerios de trabajo o de asuntos laborales. Y la que había beneficiaba enormemente al propietario y perjudicaba mucho al trabajador.

En Francia e Inglaterra surgieron a menudo desde organizaciones caritativas religiosas y desde mecenas concienciados con «los pobres»; burgueses que consideraban que el sistema necesitaba «reformarse» para garantizar nuevos derechos a los trabajadores y para protegerlos de las duras condiciones de vida.

A esta actividad – que se diferenciaba de la «caritas» religiosa (paternalismo caritativo) – se la denominó «beneficencia«. En realidad estos burgueses liberales y reformistas querían justificar su cristianismo con obras de misericordia pero usando métodos modernos mas eficaces que la simple «sopa boba» o la simple limosna.

El reformismo dio pie al asociacionismo, al sindicalismo y a la aparición de nuevas ideologías obreras , que dieron paso a nuevas formaciones políticas y al movimiento obrero.

En 1864 en Londres (Saint Martin’s Hall), se reunieron varios colectivos obreros, sobre todo del cinturón industrial de Manchester; así como de representantes de obreros procedentes de: Francia, Países Bajos, Bélgica, Suiza, Rusia y Alemania principalmente. Aquella cumbre o congreso de representantes se denominó «Primera Internacional Obrera» la cual constituyó un secretariado internacional conocido como la «AIT» (Asociación Internacional del Trabajo, 1864-1876).

En los debates tres figuras destacaron: Karl Heinrich Marx (Alemania -Inglaterra), Pierre-Joseph Proudhon y Henri Tolain (Francia) y Mijaíl Bakunin (Rusia).

Marx sin duda fue el gran protagonista de las jornadas del congreso. Su ideario complementario con el discurso anti hegeliano de Engels , dio paso a la formulación del primer ideario revolucionario basado en un método filosófico e historicista. Marx fue el que inspirado en los sucesos ocurridos durante el movimiento revolucionario francés en la Comunne du París (Ayuntamiento de París) en 1830.

La rebelión de Julio de 1830 provocó el fin del absolutismo en Francia y la derrota definitiva de la dinastía de Borbón (derrocada en 1793; restaurada en 1815).

El duque de Orleans, la «Guardia Nacional» (Revolucionaria) y el pueblo parisino guiado por la burguesía parisina, instituyeron la monarquía constitucional desprovista ya de cualquier privilegio que le permitiese recuperar el absolutismo monárquico de derecho divino. La monarquía de Luis Felipe de Orleans se ciñó a una constitución «Liberal» y quedó sujeta a la decisión del Parlamento. El mismo monarca, alineado con la revolución, estaba entusiasmado con su renovado papel como rey constitucional.

El «pueblo en armas en defensa de su soberanía» fue la base sobre la que establecer un nuevo sistema revolucionario que dio pie a que los filósofos de la revolución formularan nuevos métodos para alcanzar el poder desde la base social a la cúpula del poder político. El pueblo se empodera, se declara «soberano» y por tanto es dueño de su propio destino.

Marx propuso concienciar a la sociedad, despertarla del letargo que había vivido y en consecuencia ponerla en marcha hacia la consecución de los objetivos que se habían propuesto, que no eran otros que las tres demandas principales de los trabajadores y las clases bajas: Pan, Tierra (o Trabajo según los casos) y Libertad.

Marx mas que un revolucionario preocupado por la clase trabajadora y en general por «los pobres» que se hacinaban en las grandes ciudades industriales. Era un notable propagandista y un gran activista en el terreno intelectual. Era un prolífico escritor, un reconocido pensador y un editor sin pretensiones. Su pensamiento y su obra ha traspasado fronteras y ha influido en muchos países, en muchas ideologías y en muchos regímenes.

Marx tuvo – y sigue teniendo – muchos seguidores; pero también grandes detractores y enemigos, tanto en el terreno de las ideas, como en su metodología y aplicación práctica de sus ideas. Algunos han querido ver en Marx, como al nuevo Lutero, por la influencia que tuvo en la historia contemporánea mundial. Muchos han visto en el marxismo como una nueva religión o e incluso a Marx como un nuevo profeta.

Los ingleses ya estaban experimentando desde el liberalismo reformista con las Trade Unión (Sindicatos) legales y con una evolución social del liberalismo reformista llamado «Laborismo». En el terreno filosófico esta ideología fue una escisión del liberalismo progresista (o «Wigh«) clásico. El nuevo laborismo inspiró un nuevo partido: «Labor Party».

En Francia, ya existía algo parecido a los ingleses y sus seguidores eran conocidos como «Socialist» (Socialistas). El socialismo de Proudhon era mas liberal moderado, de base burguesa, que propiamente revolucionario o de clase obrera, aunque se sumó, como otros actores, al grupo de fuerzas que protagonizaron la revolución de Julio de 1830.

Marx se basó en el socialismo francés en lo filosófico y político; pero prefirió adoptar el modelo laborista británico en lo tocante a sus modelos económicos. Esta base en el liberalismo reformado revolucionario, se completó con los estudios de Engels, colaborador y amigo de Marx. Engels era mas revolucionario y mas cercano al radicalismo obrero también de Francia, pero sobre todo de lo que se estaba gestando en Alemania (revolución de 1848 y guerra franco-prusiana de 1871).

Bakunin fue el único representante ruso en el congreso. En Francia los trabajadores rusos se habían reunido en pequeñas, minúsculas organizaciones proto sindicales, en torno a la «Asociación de trabajadores rusos de Francia» cuyo mérito fue encargar a Marx (como editor y filósofo) un panfleto propagandístico que de forma sencilla, clara y sin mucha erudición, explicase la metodología revolucionaria formulada por Marx y Engels. La mayoría de los trabajadores de esa época no sabían ni leer, ni escribir. Por tanto era necesario bajar el nivel intelectual para facilitar su difusión.

A Marx no le gustó el encargo a sabiendas que no le iban a pagar por falta de fondos. Pero a Engels le gustó la idea de tener una referencia bibliográfica a modo de «tratado» basado en las ideas que generalmente circulaban en los debates y tertulias en el entorno obrero y burgueses sensibilizados. Marx cedió este trabajo a Engels. Ese panfleto se llamó «Manifiesto Comunista» (1848), hubo una tirada de 100 ejemplares que apenas se vendieron y difundieron.

El título ha dado pie a un gran equívoco histórico a causa de las innumerables traducciones posteriores que se hicieron del panfleto. Cuando Marx habla de «Comunista«, se refiere a la comuna de París, no a lo que hoy entendemos por comunismo. Quizás la traducción mas correcta sería «manifiesto comunitario» o incluso hoy podría libremente denominar: «manifiesto sobre lo que nos une como comunidad», eso era lo que en realidad Marx y Engels querían expresar.

En el siglo XX, el liberalismo clásico devino en Conservadurismo y en liberalismo conservador. El liberalismo progresista o «laborista» derivó en varias ideologías. El marxismo en unión con el socialismo francés, dio paso al socialismo del siglo XX (con base en la unión de la burguesía progresista y la clase trabajadora). El marxismo según la interpretación personal de Lenin dio lugar al «Marxismo-leninismo» o propiamente «comunismo» (con base obrera únicamente). El marxismo según la interpretación anarco-colectivista de Bakunin, dio paso al «Anarquismo sindical» y al «Anarquismo intelectual«.

Conservadurismo, Liberalismo, Socialismo, Comunismo y Anarquismo fueron las bases intelectuales de todas las ideologías que se formularon en el siglo XX.

Tras la primera Internacional hubo muchas conferencias sectoriales y territoriales. a nivel global hubo otras dos mas: la segunda internacional (1884) en la que Bakunin rompe con Marx y la última la tercera internacional (1919) en Moscú en la que Marx rompe con Lenin.

Esta será la última conjunta, dado que cada rama: Socialismo (marxismo), Comunismo (Lenin) y Anarquismo (Bakunin) convocará sus propias cumbres y tendrá sus propias organizaciones a partir de entonces.

En la década de 1930 el desarrollo de la idea «democrática» (Con varias interpretaciones sobre este concepto) y la aplicación práctica de tales ideologías decimonónicas evolucionadas dieron lugar a regímenes diversos.

En el Reino Unido el Conservadurismo y el Laborismo evolucionaron por separado, pero manteniendo intactas sus ideas primigenias. Incorporaron ambas la idea de «democracia» pero adaptándola al modelo político y económico anglosajón y al particular sistema constitucional del Reino Unido.

En Francia el socialismo aliado con el marxismo y con la incorporación de la democracia dio paso a un primer formato de Socialismo Democrático ( o radicalismo o republicanismo francés) revolucionario con base tanto en las clases medias, como en el proletariado.

En Alemania, tras la guerra franco-prusiana el sistema imperante en el nuevo imperio alemán era la democracia social. Alemania fue de los primeros en establecer la democracia moderna como régimen político. Las ideas francesas por un lado y por otro las ideas de Bismarck de como debía ser el nuevo imperio constitucional y parlamentario alemán.

Dio paso a dos ideologías con el mismo nombre: «Socialdemocracia«. La primera (surgida del liberalismo) y la segunda (surgida del marxismo y del marxismo-leninismo). La primera derivaría inicialmente hacia la «democracia cristiana» y posteriormente al socialismo regresivo de corte burgués-liberal y nacionalista radicalizado (DAP, del que surgiría el NSDAP o partido Nazi).

En Italia desde 1920 el fascismo domina la política italiana con puño de hierro. Antes de la llegada del Fascismo hubo intentos durante su proceso de unificación de creación del liberalismo y del socialismo italiano inspirado en sus homólogos europeos.

Sin embargo el fracaso de la primera unificación que creó el Reino de Italia, unido a la falta de una clase media que dirigiera a los obreros, provocó que tanto el conservadurismo de tipo unificador y extremadamente nacionalista y religioso; como el nuevo comunismo violento de Lenin y su desarrollo posterior en la URSS («sovietismo» : 1922-1993) polarizaban los debates parlamentarios italianos, pero con consecuencias en la calle.

El Fascismo italiano (El original) surgió en ese intento por unir liberalismo y socialismo en una sola ideología: el liberal – socialismo. Esta ideología nueva será conocida como fascista por que los comandos guerrilleros y las fuerzas de apoyo al movimiento fascista, se denominaban «Fasciis di Combattimento«. Debido a la inestabilidad de Italia, ese primer intento de una democracia liberal falló hasta el punto de adoptar forma de una dictadura cívico-militar. que se alejaba de las ideas democráticas, para adoptar el totalitarismo.

Estados Unidos al margen de Europa siguió su propio camino a partir de 1823 con la «Doctrina Monroe» Estados Unidos de América decide motu proprio que es la potencia dominante en el continente y que por tanto tiene derecho exclusivo a interferir e intervenir en los asuntos internos de cualquier país conforme a sus propios intereses.

Esta doctrina ha creado dictaduras, revoluciones, golpes de estado, neo imperialismo y neo colonialismo en la mayoría de los estados americanos, hasta el punto que surgió en el siglo XX una ideología específica del continente: El «antiamericanismo» que consiste en oponerse a cualquier injerencia en los asuntos internos de los estados por parte de Estados Unidos de América.

Generalmente el «antiamericanismo» es una característica muy específica del ideario de izquierdas (Véase comunismo americano, maoísmo americano y libertarismo) en la mayoría de los países americanos. Siendo los «Proamericanos» los que mantienen relaciones estrechas con los Estados Unidos de América (Conservadurismo de América)

En la actualidad estamos en un dilema que justifica la pregunta del título de este artículo. ¿Ahora que?. La mayoría de los filósofos, sociólogos e historiadores que abordan el desarrollo político e ideológico, o el modelo económico y social, opinan que ninguno de los tres grandes sistemas ideológicos-políticos del siglo XX han funcionado correctamente, que se han corrompido, se han radicalizado y ha generado toto tipo de crímenes y horrores inimaginables.

Ni el capitalismo (Liberalismo), ni los fascismos, ni los socialismos, ni los comunismos han solucionado los problemas básicos de la población, tampoco han logrado la paz, el desarrollo, la prosperidad y la felicidad. Cada uno tiene sus fantasmas del pasado y sus muertos dentro del armario.

Si ninguna ideología es perfecta, si ningún régimen es perfecto, si nada es perfecto. A la hora de elegir y decidir se plantea esta terrible pregunta. La respuesta fácil la estamos viendo: todo vale y todo es posible sin consecuencias, sin castigos, sin límites, sin frenos, sin tener un plan b…

Para muchos el fin no justifica los medios, la ley de la selva es válida, la ley del talión necesaria, la barbarie deseada, la violencia un derecho, los crímenes victimas colaterales, es lo que hoy vemos delante de nosotros y oímos por todas partes.

Es una realidad por mucho que queramos ocultarla detrás de los bulos, de las fakes y de la desinformación, cada vez mas sofisticada por la acción de las apps dotadas de IA.

Se necesitan nuevas ideas, nuevas ideologías y nuevos regímenes políticos. Nadie tiene una varita mágica que solucione todos los problemas del mundo mundial. Si hay algo en lo que todos los que somos sensatos, responsables, que aceptamos los límites establecidos, el estado de derecho, los derechos civiles y los humanos, el derecho internacional.

Todos los que queremos un mundo diverso y plural, cuya convivencia sea posible mediante reglas, instituciones y autoridades apostamos por la democracia (ya sea representativa, ya sea directa) como régimen que a priori puede ser mas beneficioso para la paz social, el planeta y los seres humanos, Estamos empeñados con su defensa.

A la respuesta de y … ¿Ahora que? le respondo como los jóvenes de Paris en Mayo de 1968: «La imaginación al poder». Pedimos la vuelta de la Razón, de la Ciencia, de las Humanidades, de los valores democráticos, pero adaptados a la nueva etapa histórica que ahora se abre ante nosotros. Se lo debemos a las nuevas generaciones.


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