La mundo al revés

En las elecciones recientes de Alemania, el partido AFD ha logrado alcanzar la mayoría de votos en exclusiva en el territorio de la antigua RDA (estado satélite de la extinta URSS).

Cuando en 1989 se derribaba el Muro de Berlín (1961-1989) y un año mas tarde se reunificaba por segunda vez Alemania en la RFA (Estado pro-occidental), el mundo comenzó a ver que la gélida Guerra Fría (1945-1993) llegaba a su fin.

Sin embargo a nivel global la guerra fía se cerró como la primera guerra mundial, sin un orden mundial consensuado establecido que sustituyera al viejo orden establecido en las cumbres de Potsdam y Bretton Woods en 1945, al término de la segunda Guerra Mundial. La URSS simplemente se retiró por descomposición interna y desaparición. Estados Unidos reclamó para si la victoria absoluta.

Sin embargo otras potencias emergentes como la Unión Europa creada en 1992 y la nueva China reorganizada, reformada e impulsada por Jiang Zemin en 1993. Trajeron la idea de un mundo transaccional en la economía y transversal en la política e ideas. Un mundo multilateral donde no existiera potencia alguna por encima de nadie. Esa multilateralidad no era del gusto de Estados Unidos, quien consideró que tenía derecho , por méritos propios, a disfrutar de las mieles de la victoria incuestionable.

Pasar de un mundo bipolar a multilateral ha resultado en estas décadas ser mas complejo de lo que se pensaba en 1993, cuando se dio por finalizada la Guerra Fría al crearse la Federación Rusa y la CEI.

La UE fue aumentando sus miembros y poder global; Rusia comenzó a recomponer el estado y los servicios públicos tras el colapso de la URSS, con Boris Yeltsin al frente, a duras penas por la presión de los nuevos oligarcas capitalistas.

En China, los sucesores de Jiang Zemin comenzaron a desmantelar el maoísmo originario, asumiendo que predominaban las tradiciones seculares, frente a la ideología única.

Fruto de aquel revisionismo surgió con Hi Jintao y finalmente con Xi Jinping la idea de «un país dos sistemas» (Comunista en lo político, capitalista en lo económico) a raíz de la devolución de Hong Kong a China. Este sistema evolucionó al «Socialismo con características chinas» de Xi Jinping (mantenimiento de la dictadura de partido único, capitalismo empresarial en la economía y socialismo regulador en las políticas de bienestar social y laboral) .

En Estados Unidos el sabor amargo de una victoria descafeinada provocó que los elementos mas reaccionarios y mas patrióticos (equivalente a los nacionalismos europeos) del Partido Republicano, comenzasen a plantear la protesta por agravios comparativos. Unos agravios que fueron aumentando durante las presidencias demócratas, mas alineados con el multilateralismo.

En Rusia, Vladimir Putin, se rebeló contra el occidentalismo de Yeltsin, contra la regulación socialista y contra el sistema parlamentario occidental. Consideraba Putin que para dar de nuevo estabilidad a Rusia, a la «Madre Rusia», era necesario un gobierno autoritario fuerte, apuntalado con hombres de negocio que financiaran el nuevo régimen y unas fuerzas armadas que devolviera a Rusia la «Grandeza perdida».

Putin ex agente del KGB en la RDA, concibe Rusia como un gran imperio continental que va desde el Mar de China al Mar Báltico y Mar Negro. Todo imperio tiene que tener un líder carismático, que en el caso de Rusia tiene carácter sagrado desde «los buenos tiempos del Zar«. Los Rusos según su ideario no saben vivir de otra forma.

En su mentalidad, el experimento de Yeltsin rompía con la tradición, la religión ortodoxa rusa, con la idea imperial y la eficacia del estado soviético tal y como lo entendía Stalin, para adoptar las costumbres europeas como hicieron Lenin y otros premiers sucesores, precisamente las que hundieron al milenario imperio de los Romanov. Putin mezcla ideas antiguas y nuevas en un revoltijo que define su particular idea de la nación rusa.

La parte económica de rusa fue cedida después de Yeltsin a los grandes oligarcas rusos, con intereses financieros en todas las bolsas del mundo. Estos oligarcas comenzaron a surgir durante la era Yeltsin, pero al querer éste limitar su poder, se rebelaron deponiéndolo y allanando el camino a Putin . Ultracapitalistas, que aprovecharon la falta de un periodo transitorio como quería Gorbachov y Yeltsin, para adelantarse al cambio de sistema económico acaparando toda la riqueza del pais.

El nacionalismo excluyente y restringido de inspiración rusa y estadounidense se ha estado extendiendo en la última década por toda la UE, gracias entre otros a lideres nacionalistas emergentes como Weidel en Alemania, Orban en Hungría, Le Pen en Francia, Salvini y Meloni en Italia, Abascal en España, Belang en Bélgica, Nehammer en Austria donde gobiernan, Tusk en Polonia, República Checa, todos ellos han logrado aumentar sus miembros en los parlamentos europeos de forma rápida y contundente hasta el punto que en el Parlamento de la UE tienen una representación en crecimiento.

Este nacionalismo, del que tiene mucha similitud con los regímenes totalitarios del siglo XX, es por un lado reivindicativo y vengativo (Influencia EEUU) y por otro es una alternativa viable, o menos mala, a políticas fracasadas de partidos democráticos (influencia Rusa). En el caso de Alemania ha primado la segunda influencia, dado que se ha concentrado el voto en la antigua RDA.

AL igual que en Rusia, la población de la antigua RDA no ha visto satisfecha sus necesidades y demandas. Se les prometió un proceso democratizador o transición para pasar del modelo soviético al modelo europeo democrático. En la época de Angela Merkel (CDU) se hicieron notables avances en ese sentido, pero tras su marcha, el territorio de la RDA quedó estancado en una transición imperfecta e inacabada.

Los gobiernos posteriores han sido incapaces de afrontar esta tarea, por lo que el voto a la AFD es por un lado la solución, similar a la generada en Rusia, a sus problemas; pero por otro podría también interpretarse como una llamada de auxilio al gobierno federal para que emprenda reformas de gran calado en esta zona del país, es decir, poner en marcha de nuevo la transición esperada.

Esta crisis de identidad y económica de este territorio ha sido aprovechado por Rusia para calentar el ambiente electoral político, al igual que por Estados Unidos tras la llegada de Trump por segunda vez al poder. La falta de ese proceso de transición explica el auge de la extrema derecha en Alemania.

En general, el auge de la ultraderecha y extrema derecha en Europa se puede explicar por la percepción social de un cierto estancamiento de la economía europea, recesiva en Alemania, y sobre todo de la democracia representativa de corte europeo-occidental. Ese estancamiento está generando problemas en las capas bajas de la sociedad y por tanto es un caldo de cultivo para la rebelión, que en este siglo es de signo conservador y tradicionalista.

Por otro lado Europa está teniendo problemas para atraer inversores por sus medidas restrictivas en las importaciones, destinadas a garantizar la calidad de productos que ofrece a sus ciudadanos y también a garantizar derechos y libertades.

Las rebeliones están llegando, tanto por parte de la extrema izquierda que apuesta por la democracia directa y por parte de la extrema derecha que directamente desea la aniquilación progresiva de la democracia.

Se están de nuevo formando bloques antagónicos, influenciados y apoyados nuevamente por Estados Unidos y Rusia, que en esta ocasión no son enemigos, sino aliados, con gobiernos autoritarios, con terribles consecuencias para la supervivencia de la UE y de la democracia como régimen preferente. El internacionalismo y el multilateralismo están desapareciendo para establecer un nuevo orden mundial impuesto y dominado por autocracias y oligarquías muy poderosas.

Los antiguos enemigos, son hoy amigos y aliados; los antiguos amigos, hoy son los nuevos enemigos. El cambio de rumbo es brutal y está dejando al mundo en shock del que apenas puede reaccionar o reponerse, por lo acelerado de este nuevo poder destructivo ultranacionalista y de esta nueva «internacional totalitaria» que amenaza al mundo con un grado de libertarismo y violencia mediática que no conocíamos y para el que no tenemos formas de acabar con él o al menos limitarlo. No da tiempo a pensar, a reflexionar y aun menos a reaccionar racionalmente.

La política internacional tal y como la conocíamos ha muerto. Ahora predomina la economía internacional dominada por oligarcas y autócratas. Los países son consideradas empresas y el juego internacional consiste en negociar todo el rato en un casino, en un ambicioso bucle de compra y venta que enriquece a unos pocos y empobrece a la gran mayoría. Todo vale en este juego sin reglas y sin limites.

Estados Unidos ya ha ganado suficiente con Europa y quiere a toda prisa cerrar flecos sueltos (guerra de Putin en Ucrania y guerra de Netanyahu en Gaza) para centrarse en el Pacífico, donde se le presentan grandes oportunidades de negocios, de un mercado inmenso donde juegan las principales potencias económicas globales y la competencia es brutal, sobre todo entre Estados Unidos y China. Después del Pacífico, llegará el turno al Ártico.

Pero bien jugadas las cartas se puede ganar inmensas fortunas, solo que esa fortunas no se reinvertirán en bienestar social, sino en negocios financieros muy lucrativos para aumentar esas fortunas aun más. Solo hay que ver el comportamiento de las bolsas para darse cuenta de las intenciones lucrativas de Trump en esta nueva etapa presidencial en la que ha aparecido un Trump mas libertario que en su primera etapa aupado y apoyado por Elon Musk y otras grandes fortunas de Silicón Valley.

Desde un punto de vista capitalista, o incluso ultraliberal como Milei, Trump es un dios terrenal, un ejemplo de éxito empresarial, un referente a seguir. Sin embargo tanto Estados Unidos, como Rusia, como Argentina, como Hungría, como otros países gobernados por esta internacional «ultra» son gigantes con pies de barro a punto de desmoronarse.

La razón estriba en una economía doméstica mal gestionada, sin regulación y con altos indices de desempleo, baja natalidad, niveles altos de déficit e inflación. Todo ello genera inseguridad e inestabilidad social. Todo ello provoca desafección social por la política y desamparo social por parte de sus autoridades, mas interesadas en lucrarse que en servir al ciudadano.

La solución mas fiable es reforzar la democracia, atender a los ciudadanos y poner freno a la lujuria política y económica de los regímenes de la «internacional ultra» por medios democráticos y pacíficos. Debemos profundizar en la democracia, en el caso de la UE reforzar su arquitectura para caminar hacia la unión política (Estados Unidos Europeos o Federación Europea) e independencia con respecto a otros poderes globales. Reintegrar a Reino Unido en la UE, agilizar trámites de nuevas adhesiones (Balcanes, Ucrania, Turquía). Buscar nuevas alianzas fuera del ámbito ruso o estadounidense. Construir una especie de OTAN exclusivamente Europea.

A nivel internacional urge la reforma, reforzamiento y apoyo a la ONU como entidad supranacional para el mantenimiento de la paz mundial con poderes ejecutivos y judiciales vinculantes. Especialmente urge reformar el CSNU eliminando el derecho de veto y ampliando sus miembros permanentes; así como el sistema de cascos azules para hacerlos mas operativos y de reacción rápida. En cuanto a la OTAN, desmantelarla al ser un residuo de la Guerra Fría que hace tiempo debía haberse eliminado. Cualquier acción militar en el exterior debería hacerse siempre bajo bandera de la ONU.


Deja un comentario