Desde el colegio conservo una primera edición del «Atlas Cronológico de Historia SPES» (ed. Bibliograf, 1980), que aun sigo utilizando, pese a que una oración a «Santa Wikipedia Bendita» puede hacerme el milagro de encontrar ampliada y actualizada la información histórica que andaba buscando.

Como todas las antiguas enciclopedias en papel, sí, esas que actualmente nadie quiere por ocupar espacio y ser cúmulo de polvo. Esas que ni siquiera las bibliotecas quieren, se desactualizan y quedan obsoletas a partir de su ultima actualización, mi atlas está medio roto, obsoleto y desactualizado, pero le sigo teniendo mucho cariño y aun me es útil.
Esas enciclopedias viejas que actualmente acaban su vida en plantas de reciclaje de papel, sometidas al tormento de la trituradora industrial, contaminada con químicos que disuelven el papel y hacen desaparecer cualquier rastro de escritura, para convertirse en pasta de papel y posiblemente para convertirse en una caja de cartón de Amazon , que tras ser desechada por el nuevo usuario seguirá el mismo procedimiento en bucle que la enciclopedia desechada.
Las enciclopedias surgieron en el siglo XVIII a partir de la publicación periódica llamada «L’Enciclopedie …» editada por el ilustrado e impresor francés Denis Diderot, hijo de un maestro cuchillero, que como muchos investigadores, filósofos, eruditos, cronistas y demás hombres ociosos destacados de la aristocracia francesa, y de la corte de Catalina II «la grande» de todas las Rusias querían abarcar en sus escritos todo el conocimiento de su época.

Las enciclopedias tuvieron mucho furor en el siglo XIX debido a que se usaban como libros de texto para los alumnos en los colegios. La arqueología no científica y la historia cronística, en boga en este siglo precisaba para sus investigaciones datos ciertos y concretos. Las enciclopedias podían facilitárselo, por lo que surgieron los «Atlas» o enciclopedias enfocadas a la geografía y a la historia.
Los enciclopedistas trabajaban incansablemente para las grandes academias patrocinadas por nobles y por la realeza europea. Dedicaban todo su tiempo a buscar datos, a sistematizarlos y analizarlos a partir de la lectura de libros y documentos que estaban en los semiabandonados archivos físicos locales y estatales, custodiados por esos «guardianes del saber» en lóbregos sótanos polvorientos, húmedos y que olía a moho.
Era por entonces una aventura adentrarse entre esos montones acumulados de documentos polvorientos, era casi una labor entre arqueólogo a lo Indiana Jones y detectivesco a lo Sherlock Holmes. Se trataba de buscar la pieza definitiva que todo lo aclararía, la pieza documental que lo justificaba todo, el bálsamo de fierabrás del bueno de Alonso Quijano «el Quijote» o el alquimista que buscaba la «piedra filosofal».

Quien lo encontraba se le subía a los altares de la fama y su vida cambiaba de un día para otro. Se convertía en un dios. La competencia era atroz y ello dificultó que se hicieran buenos estudios sobre el pasado de la humanidad. En esa competencia se usaban estrategias como la desinformación, la falsificación de documentos, los bulos sobre descubrimientos espectaculares, etc… Por desgracia también existieron estas malas practicas en otras épocas de la historia.
Hasta el siglo XX no comienza a desmitificarse la historia y a usarse métodos científicos. Es cuando aparece la Historiografía como «ciencia» enmarcada tanto en las nuevas «Humanidades», que a diferencia de las antiguas «disciplinas de letras» las nuevas usaban y usan métodos científicos; como en las recién creadas Ciencias Sociales. La atención se puso en el ser humano como protagonista individual (Humanidades) y en el ser humano como parte de una sociedad (Ciencias sociales).

El «atlas cronológico de Historia» que cito al principio no era en origen un libro de texto, sino una simple obra de referencia, es decir los libros de texto de historia escolares eran mas amplios y daban una vision generalista de la historia estructurada por Etapas, Periodos y hechos históricos con una visión eurocéntrica. Las enciclopedias , en papel en esa época, servían como orientación y para buscar datos concretos.
La enseñanza de la historia en los años 80 (Plan de estudios de 1971 o «Plan Maragall» que estuvo vigente hasta el plan de 1982 o «La LOGSE») coincidió con el periodo histórico de «La Transición» (1975-1982), una época en la que España dejaba atrás la dictadura y comenzaba sus primeros pasos en la democracia.

Por entonces en los colegios, la historia de España concluía con el reinado de Alfonso XIII (1885-1931). No nos enseñaban ni la república, ni la guerra, ni la dictadura. Eran periodos históricos que nunca se enseñaba. La escusa era «que no daba tiempo» antes de las vacaciones de verano y fin de curso.
Los profesores de historia obedecían ordenes superiores antes de la transición porque se había anulado la libertad de Cátedra y en los primeros años de la transición seguían haciéndolo aunque ya no hubiera tanta censura y se había restablecido el derecho a la libertad de cátedra, aunque la rebeldía de alguno podía lograr que llegara el mes de Junio y haber podido explicar la segunda República o la guerra civil. Pero yo educado en un colegio de jesuitas, esas rebeldías apenas se producían, mis profesores aun se debatían entre pasar desapercibidos (por miedo al señalamiento) o pasar al activismo militante (rompiendo moldes aunque arriesgándose a perder su trabajo)
Muchos de los que, por entonces, estábamos en el colegio (antigua EGB, Primaria y parte de Secundaria actuales) aprendimos y conocimos esa parte de la historia cuando ya estábamos en los últimos cursos de instituto (BUP y COU parte de de Secundaria y Bachillerato) y en mi caso en la universidad.
Por fin pudimos hacerlo siendo jóvenes y sin censuras que ocultaba aquellos aspectos que la dictadura no quería que las infantiles y adolescentes mentes conocieran. Una vez fuera de censura, también pudimos conocer la otra parte de la historia que nos había negado la dictadura. De ahí mi interés por descubrir la historia real y al completo. También mi activismo en desmitificar la historia y resituarla en sus justos términos.

En este periodo de la transición los historiadores aun referenciaban a historiadores aceptados por la censura de la dictadura y que no fueran sospechosos de «envenenar la mente de los niños con doctrinas falsas».
Pero a la vez llegaba de fuera de España, procedente de las comunidades de españoles en el exilio, obras y revistas de historiadores contemporáneos que mostraban una visión diferente de la historia de España, mas europea, mas internacional, menos localista y mas encuadrada en los estudios multidisciplinares enfocados sobre todo en las ciencias sociales.
La Escuela de Annales (Jaume Vicens Vives, José Antonio Maravall o Miguel Artola), la Escuela de Oxford (Juan Pablo Fusi, Joaquín Romero o José Valera) y la Escuela de Pau (Manuel Tuñón de Lara) eran los representantes españoles en la comunidad académica historiográficas con visiones comunes en toda Europa, principalmente en Francia con Pierre Vilar; pero también en Estados Unidos con Hugh Thomas, Edward Malefakis o Gabriel Jackson.
La historia enfocada hacia el realismo histórico con origen en el positivismo histórico e ilustración era del gusto de las dos primeras escuelas y la historia enfocada hacia el conceptualismo histórico con origen en el materialismo histórico marxista en la Escuela de Pau, o mas bien debería llamarse la escuela de Tuñón de Lara, dado que fue considerado el «Maestro entre maestros» de la historiografía española de la segunda mitad del siglo XX.

La política de la transición estaba muy volcada a justificar hechos históricos del pasado reciente de España, por lo que en sus escritos y discursos solían hacer alguna que otra referencia a la historia reciente. Fue entonces cuando todo se enfocó hacia tres periodos históricos: Segunda República, Guerra Civil y Dictadura del General Franco.
A partir de los años setenta del pasado siglo comenzaron a aparecer infinidad de publicaciones cuyo tema totem y recurrente eran cuestiones relacionadas con estos tres periodos históricos. Todo lo demás sobraba, se hicieron pocos avances en otros periodos y etapas históricas, hasta el punto que parecía que la historia de España se explicaba en un «antes de la guerra civil, después de la guerra civil». La mayoría de las universidades enfocaban y priorizaban estos estudios sobre cualquier otro periodo o etapa de la historia. Había demanda de historia reciente en la sociedad, pero el problema es que muchos de los documentos históricos aun estaban clasificados y no podían consultarse.
Era muy difícil para los historiadores obtener información histórica sobre la guerra civil, aun mas si los archivos que querías consultar eran militares. Entonces era prácticamente imposible acceder a ellos a menos que tuvieses algún familiar militar y aun así, te ponían muchas cortapisas. Los archivos públicos aun no eran de acceso libre, solo para investigadores acreditados.

Por lo que durante varias décadas la información histórica sobre hechos recientes estaba vedada al «Gran Público» y ello provocó que surgieran autores que trataron mediante la literatura (novela, ensayo, teatro…) explicar la historia de aquel periodo en base a creencias, opiniones y mentalidades que no estaban en modo alguno fundamentadas en testimonios escritos, ni acreditados por los historiadores profesionales.
El intrusismo profesional provino del ámbito tanto de la política, como de los medios de comunicación escritos, en especial con la nueva línea de periodismo de investigación. Los historiadores siguieron durante mucho tiempo encerrados en su microcosmos académico sin darse apenas cuenta que la sociedad demandaba una explicación profesional histórica sobre los hechos acaecidos recientemente. Los historiadores eran ajenos a la sociedad que les demandaba la historia real.

Los historiadores estaban frustrados por no poder acceder a la documentación, bloqueados por las nuevas normas educativas y administrativas, en cuanto a la dirección y gestión de tesis de licenciatura y doctorados; y comenzaban a ser autorreferenciales, no investigar nada nuevo , practicar una docencia prácticamente de instituto y quedarse en algunos casos obsoletos sus trabajos de investigación.
Sin embargo a finales del siglo XX comienza a haber una nueva hornada de historiadores que se alejan de las «Escuelas» de la transición hacia un nuevo modelo de historia pensada para el «Gran Público» y no tanto para el ámbito académico. Historiadores que vieron como el intrusismo profesional les iba ganando terreno y el prestigio o la reputación de los historiadores profesionales iba en caída libre. Incapaces de crear una organización colegial que estableciese un código deontológico y de fomentar en el ámbito político una legislación que pusiera penas contundentes a los intrusos, no han podido acabar con los intrusos.
Hoy esta nueva generación aborda la historia desde una perspectiva social, pero también emocional. Aborda lo que Miguel de Unamuno denominaba con acierto la «Intrahistoria», la historia de la vida cotidiana, la historia de las mentalidades, la historia de las creencias e increencias, la historia de cualquier cosa, periodo, colectivo social o persona.

La historia hoy es principalmente temática y biográfica, vistas desde una perspectiva multidisciplinar y transversal, abordando los temas desde distintas visiones, no solo historiográficas, sino abarcando otras ciencias y disciplinas. El ser humano vive en una sociedad y esta sociedad muestra un contexto y ese contexto viene dado por distintas causas y condiciones. Rompe la barrera entre humanidades y ciencias sociales, para abordar la historia en todo su conjunto, sin compartimentos estancos.
Por ejemplo, no se puede entender la dictadura del General Franco, sin entender la república, no se puede entender la república, sin el reinado de Alfonso XIII y sin el periodo de entreguerras europeo o el ascenso del fascismo italiano en los años veinte.
La misma persona que nació en la república o en la época de Alfonso XIII, vivía también en la guerra civil y en la dictadura, muriendo probablemente en la década de 1980-2000. Por tanto su vida pasó por distintos espacios sociales, por distintos contextos políticos, ideológicos, creencias, mentalidades… Tuvo estados emocionales diferentes y experiencias vitales que les era única. Por esto no es bueno compartimentar la historia, se pierde mucho conocimiento histórico de la realidad histórica.
Las biografías, en las que parece me estoy especializando, muchas de ellas basadas en memorias escritas por los propios biografiados o por personas allegadas al biografiado, dan esa parte de la historia de esa persona biografiada que no aparece en los libros clásicos de historia.

Cosas curiosas que solo se dan en la intimidad de un grupo de amigos o entre familiares. Como ciudadanos se puede rastrear su vida documentada, pero como ser humano es mas complicado entender su proceso formativo reglado y no reglado, emociones, inquietudes, conocimientos, objetivos en la vida, amores y desamores , matrimonios, divorcios, emparejamientos ..
Las memorias nos hablan sobre estos aspectos que son también importantes para adentrarnos en la «intrahistoria» de una persona que se ha destacado, que ha sido famosa o conocida, que hay triunfado o que se le ha puesto la corona de laurel de héroe público. En muchos casos algunos que nos dedicamos de momento por el género histórico biográfico hemos visto como se ha mitificado a personas de una manera que casi han creado una religión en torno a esa «adoración» laica hacia determinadas personas públicas.
Por eso muchos nos dedicamos hoy a desmitificar la historia, a a contar la realidad de la historia por muy escabrosa, sucia, fea, maloliente, criminal que esta sea. No hay que ocultar la información histórica, porque al hacerlo impedimos que la sociedad conozca su propia historia.

Se puede decir que hoy la diversidad y la pluralidad abunda en la historiografía española, hay historiadores para todos los gustos: Revisionistas «de derechas y de izquierdas», los nacionalistas, los apasionados de la historia, los desmitificadores de la historia, los historiadores de la «Memoria», las y los historiadores con perspectiva femenina, los eco historiadores (Historiadores de la naturaleza), los tecno historiadores (Historiadores de las tecnologías), etc…
Cualquier tema crea y puede crear una nueva o infinitas nuevas corrientes historiográficas. A veces es mejor no encasillarse en una corriente, mejor ir por libre (anarco historiador) y buscar aquel tema o biografía que mas te motiva, emociona o apasiona.
Muchas veces me ocurre que tratar temas históricos clásicos y recurrentes como la «trinidad» República-Guerra-Dictadura, acaba cansando porque hay infinidad de investigaciones, obras escritas, actualizaciones, nuevas perspectivas y nuevas visiones multidisciplinares y uno se pregunta que mas puede aportar que no se haya ya aportado.

El trabajo científico de un historiador actual no es buscar la «Verdad» mayestática, «absoluta» y grandilocuente, sino añadir a lo que ya se sabe, algo nuevo o presentar un nuevo enfoque sobre un tema del que no se haya estudiado antes o nadie se haya percatado de este nuevo enfoque.
No somos teólogos para discernir con espíritu ignaciano en la historia la obra de Dios; ni tampoco somos propagandistas al servicio de políticos o ideologías varias, no es ese nuestro trabajo, no nos dedicamos a eso, no forma parte de nuestro cometido profesional.
Hay historiadores profesionales que han vuelto a estudiar otras etapas históricas y otros periodos históricos que apenas habían sido desarrollados con anterioridad, con nuevos enfoques multidisciplinares y metodología científica en una suerte de revisionismo positivo y actualizador. Abordan nuevas líneas de investigación y alumbran nuevos proyectos historiográficos.
Isabel Burdiel por ejemplo nos devuelve la mirada hacia el siglo XIX, un siglo que fue escasamente estudiado en el pasado, porque los historiadores de la primera mitad del siglo XX lo consideraban demasiado recientes para estudiarlos, muchos de los que habían nacido en el ultimo cuarto de siglo XIX seguían vivos a principios del siglo XX. Isabel aborda el siglo XIX desde la perspectiva de género, a modo de biografías y presentando nuevos enfoques.
Otros se han empeñado en revisar el Imperio Español en América desde la perspectiva ideológica nacionalista hispánica tradicionalista. Ante tal revisionismo negativo surge la Escuela de México con Roberto Breña o Scott Eastman entre sus mas distinguidos miembros.

El primero hace revisionismos positivos, poniendo en valor la historia milenaria de México, pero a menudo se deja caer a veces en el revisionismo nacionalista mexicano, centrándose únicamente en la historia heroica del periodo de la independencia mexicano ignorando el resto de la historia.
El segundo no hizo revisionismo negativo, sino que llegó a plantear que la historia de Mexico era milenaria y que el periodo de la colonización española solo abarcó una pequeña fracción de la historia de Mexico. Fue también el que planteó que incluso durante la colonia española se mantuvieron señas de identidad cultural de las civilizaciones anteriores a la colonización y que posteriormente a la independencia la historia de México ha generado nuevos elementos culturales a la civilización mexicana destacando la influencia del mestizaje.

Este segundo autor influyó en muchos otros historiadores americanos. Es importante señalar que gracias a esta recuperación de la comunidad profesional americana , que estudia los hechos históricos desde la perspectiva americana y no europea, está mostrando aspectos de la historia continental y de cada pais americano que no habían sido tratados por historiadores españoles o europeos.
Fue de los primeros historiadores que rompió con la visión eurocéntrica de America. Y unos de los primeros que se planteó crear sistemas cronológicos diferentes a los europeos, desechando el sistema de las «Edades» por ejemplo, aplicables sólo a Europa, pero no a otros continentes.
A raíz de las leyes de «memoria» aprobadas en España han surgido muchos estudios sobre la «trinidad» república, guerra y dictadura, que incluyen algunos ya la transición, desde la perspectiva de un revisionismo histórico que de momento se considera polémico porque si bien la comunidad historiográfica académica y seria aunque no sea académica, trata estos temas con metodología historiográfica (como por ejemplo Angel Viñas o Julian Casanova entre otros) rigurosa. La obra ingente de los intrusos (Pio Moa,José Manuel Macano o Julio Ruiz) daña a la profesión y ello hace que se prefiera la historia alternativa o inventada gracias a la IA , que a investigaciones historiográficas serias realizadas a partir de documentos de archivos.

Mi Atlas se quedó anclado en 1980, no había cronología de Portugal, no sé que problema tenían con este pais, pero no figura en la primera edición y en muchas cronología de países, no están todos, la historia mas allá de los años 70. En las nuevas ediciones, se sigue publicando, según tengo entendido incluye ya a Portugal y otros países que el escrutinio de sus autores había desechado. Así como también un sistema mejor organizado de periodificación de la historia que la que presentaba la primera edición.
Sin minusvalorar a Santa Wikipedia Bendita, he de decir que a veces estos viejos libros y enciclopedias en papel ofrecen mucha información histórica que a menudo no suele venir en las páginas de Wikipedia.
Aun conservo y sigo consultando el «Universitas» que fue toda una revolución en el mundo de las enciclopedias allá por 1959. O la «Historia Universal» (Espasa-Calpe, 1964) que tiene un volumen que explica muy bien el desarrollo de la enrevesada y complicada de entender historia alemana medieval o mas modernas como la «historia de Andalucía» (ed. Planeta 1980) que fue una de las mas importantes que se hicieron relativas a la historia de la región en vísperas de aprobar su estatuto de autonomía (1981) o la «Gran Crónica Océano del Siglo XX» (ed.Oceano,2000) con una puesta a punto para dar el gran salto al mundo digital.

No todo lo publicado está en digital, no todos los documentos de archivo están en digital y no todos están accesibles. Hay muchos libros y muchos documentos que están «off line», fuera del mundo digital. Por eso los investigadores acudimos a bibliotecas, a archivos y a librerías de libros antiguos y raros (No confundir con los de segunda mano u ocasión). Están descatalogados, ya no se publican, y apenas quedan ejemplares a la venta, pero siguen conteniendo información valiosa para un investigador profesional.
Hace poco estuve en Madrid y fui a la cuesta Moyano, el Vaticano de los bibliófilos. El lugar para muchos investigadores mas sagrado del mundo. Allí encuentras cualquier cosa y es difícil salir de allí sin un libro en la mano. Compré un libro de un sobrino de Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, que fue presidente del Directorio que surgió durante el reinado del rey Alfonso XIII.
Cuenta sus memorias (José de Orbaneja, «La Fragua» Ed. Garriga, 1982) en el Madrid de los años 30 y de muchos de los integrantes de la conocida Edad de Plata madrileña, que es un subtema que estoy estudiando precisamente en estos momentos. Ese libro ya no se vende en ninguna otra parte.

Abro el libro y me encuentro que tiene una dedicatoria manuscrita hecha por el autor al político, ministro español y comisario de la UE, Joaquín Almunia (Bilbao, 1948) .
Este libro me lleva a plantearme como es posible que el político se haya desecho del mismo y que este haya acabado en la cuesta Moyano. ¿le gustó, no le gustó? Siento curiosidad, pero muestra que un libro que nació en Bilbao (Vizcaya. España), vivió en Madrid y por azar de la vida acaba de momento en manos de un malagueño. La vida del libro en papel sin duda es mas enriquecedora y dinámica que la vida de un libro digital que permanece sin cambios.
Ese amor por los libros y documentos me los infundió mi padre y que yo he seguido cultivando a lo largo de toda mi vida personal y también profesional.
