Desde que apareció el ser humano sobre la Tierra, en la orilla norte del Mar Mediterráneo, han surgido culturas y civilizaciones que han tenido una especial relación con el toro bravo, al que muchos sacralizaron, deificaron, mitificaron y adoraron.
El toro está en la base de muchos festejos y tradiciones culturales del mediterráneo, no sólo en los encierros de San Fermin en Navarra, o en las múltiples corridas de toros en España, Portugal, Francia y en muchos países de Latinoamérica.

Sino que también lo encontramos en la poesía de la Generación literaria del 27, o en la literatura griega clásica, en las artes plásticas, en la música, en el teatro, en el cine, en cualquier expresión artística y hasta en productos de mercadotecnia.
El toro sigue siendo un animal totem, un animal sagrado en muchas culturas del mediterráneo, por mucho que haya sectores contrarios a este culto por razones «animalistas» (No confundir con el conservacionismo). En todo caso no se puede negar su existencia.
Viendo los encierros de San Fermín estos días desde la comodidad del hogar, mientras desayuno, me viene a la cabeza Ernest Hemingway , un gran aficionado a la tauromaquia y asiduo a los «sanfermines» a partir de 1923, festejo que inspiró su obra «Fiesta» (The Sun Also Rise). De todos es conocido su fama como escritor y corresponsal de guerra. Un enamorado de España y de sus tradiciones.

Para E. Hemingway los «toros» era la expresión simbólica entre el salvajismo y la civilización. Combate entre la bestia y el ser humano. Pero sobre todo era para él una manifestación popular. Un pueblo de campesinos y pastores, analfabetos y amantes de sus tradiciones ancestrales que se enfrenta siempre a la adversidad. A medio camino entre la superstición y la religión.
Hemingway fue un gran observador de la sociedad, se codeó tanto con ricos como con pobres, con intelectuales y con analfabetos y se preguntaba como muchos de su generación, sobre el existencialismo humano del periodo de entreguerras.
En ese sentido el consideraba que los ricos eran insolidarios los unos con los otros, los intelectuales cultivaban su mala conciencia y los pobres se sentían unidos entre sí por razones sentimentales.
El veía en los San Fermines o en las Corridas de Toros esa unión y solidaridad popular, porque eran festejos populares, que estaban organizados por las «Casas de Misericordia» , organismos religiosos que se ocupaban de atender a los necesitados, enfermos terminales, ancianos, a los huérfanos y estos festejos servían para financiar estos servicios y poder así atender a sus acogidos. Actualmente estos organismos, algunos sobreviven, dependen de las Diputaciones Provinciales en toda España y en el caso de Pamplona de la Diputación Foral.

Los «Sanfermines» se originaron en su forma actual en la Edad Media, cuando los pastores llevaban las reses al mercado que se celebraba en Julio, con motivo de la festividad de San Fermín, patrono de Pamplona y para ello tenían que atravesar la ciudad con las reses (por el trazado de la Cañada Real).
La llegada de las reses a la ciudad era todo un acontecimiento que se celebraba con alegría en la ciudad, porque a partir de ese día el pueblo podía comer carne. La carne era un privilegio en aquella época reservado a los nobles y eclesiásticos. Pero en San Fermín se distribuía por la ciudad. Y ese fue el origen popular y social de los festejos que con el tiempo fue evolucionando e institucionalizándose.
Hace poco tuve en mis manos un ejemplar de la revista «Litoral» de Málaga, órgano de expresión de la Generación Literaria del 27 de Málaga. Un número dedicado en exclusivo a la tauromaquia con muchos dibujos del malagueño Pablo Picasso y poemas de prácticamente toda la generación.

Y leyendo las memorias de Alberti «La Arboleda Perdida«, libro de referencia donde los haya, pude comprobar como toda esta generación de entreguerras, coincidente con la «generación perdida» estadounidense de la que Hemingway formaba parte, era muy aficionada a los toros y al flamenco. Les gustaba ir de romerías, ir a una buena y genuina «juerga flamenca» e ir con devoción a las «misas mayores» en las fiestas patronales.
Hoy puede sorprender a muchos, que escritores que militaron en la izquierda española e internacional, fueran aficionados a los toros y flamenco. En Aquella época no se tenían las consideraciones morales y medioambientalistas que hoy existen. Ni tampoco tanta polarización. Las personas de izquierdas les gustaba asistir a estos espectáculos, se consideraban incluso de izquierdas por todo el entorno social que los rodeaba.
Los de entreguerras españoles, no eran exactamente tradicionalistas, pero si amaban, cada uno a su manera de ver las cosas, porque en eso cada uno tenía su opinión, las tradiciones seculares y religiosas ancestrales, sobre todo aquellas que tenían que ver con el pueblo llano, la beneficencia o la justicia social y que aun conservaban muchos de sus elementos originales.

Eran mas bien conservacionistas y restauradores de tradiciones religiosas y seculares. Sin perder esta esencia llegaron a ser los mas cualificados vanguardistas de su generación. Sin pretender la riqueza, la fama o el prestigio, lograron un éxito sin precedentes. Su humanidad, humildad y su conciencia social eran sus señas de identidad.
Hoy quizás veamos los toros no desde la barrera, sino desde la parte alta o desde fuera de la plaza. En la cultura de los opinadores se dan argumentos a favor y en contra de la tauromaquia. Hoy los beneficios no son sociales, sino generalmente empresariales y la tauromaquia es mas un negocio que la expresión cultural del pueblo llano.
Es cierto que con el paso del tiempo las aficiones se pasan y abandonan, las corridas de toros fueron espectáculos populares, con lleno hasta la bandera, en España hasta los años setenta del pasado siglo. A partir de entonces la afición fue bajando hasta ser coto de una minoría selecta de «entendidos» en tauromaquia.

Los «sanfermines» aun mantiene el elemento esencial: que es una tradición marcadamente popular y cada año hay mas y mas corredores, nuevas ganaderías y mayor despliegue mediático. Sigue aun la Casa de Misericordia patrocinándola por lo que los beneficios siguen llegando a los acogidos de este organismo. Está mas institucionalizado, con lo que seguro algo se habrá perdido algún elemento en el camino de la evolución de los «sanfermines». Pero seguro que Heminway hoy podría aun reconocerlo como aquellos sanfermines en los que también corrió.
En la España democrática se ha vinculado la tauromaquia con los tiempos de la dictadura del general Franco. Como si fuera una expresión del régimen político, pese a ser un espectáculo histórico anterior a la dictadura. Por lo que muchos sectores en la izquierda política comenzaron a rechazar la tauromaquia, en un intento por no relacionar su activismo político con esta tradición. Se ha considerado, a mi parecer erróneamente, la tauromaquia como una fiesta para gente «de derechas» y sobre todo para los «franquistas».

Por otra parte el colectivo medioambientalista que en los ochenta partía del conservacionismo de los entornos naturales y de las especies animales, en los noventa pasaron a relacionar el ecologismo conservacionista con el activismo político. Surgiendo a final del siglo XX el «animalismo» con activistas excesivamente radicalizados.
Los conservacionistas tienen una visión de duda en torno a la tauromaquia, por un lado son defensores de los derechos de los animales y de sus entornos naturales; pero por otro no desean exterminar la especie de Toro Bravo, que hoy sólo se cría para la lidia principalmente. Para el ganadero no es rentable el toro para obtener su carne.

Los conservacionistas plantean métodos paliativos para evitar que el animal sufra en exceso, hay nueva reglamentación para la lidia que también hace mas eficaz e instantánea la muerte del toro sin someterlo a una larga agonía. También hay nueva reglamentación en lo que atañe a su crianza y transporte.
Muchos conservacionistas plantean una lidia sin muerte, como se hace en Portugal, Francia o incluso Mexico. Pero no todos están convencidos debido al estrés del toro en la plaza o en las calles corriendo. Hay dudas al respecto aunque intentando mediar entre los que buscan la pureza de la tauromaquia y los que desean aniquilar el festejo por maltrato animal.
Los animalistas radicalmente consideran que no debe maltratarse al toro, y que no debe verse la tauromaquia como una fiesta. Muchos de estos animalistas son veganos por lo que a su rechazo a la tauromaquia unen sus deseo de erradicar el consumo de carne en el mundo y asocian a estos ideales otros de carácter político e ideológico.

Personalmente creo que el ser humano es omnívoro y que siempre, desde los orígenes ha cazado animales, los ha descuartizado y se los ha comido. Esta naturaleza omnívora del ser humano puede ser positiva si los métodos de caza son acordes con la preservación de los entornos naturales y la preservación de las especies cazadas.
No soy cazador, ni me gusta dañar a los animales, tampoco soy partidario de acabar con los entornos naturales. Pero también si se acaba la lidia, las dehesas naturales desaparecerán y se convertirán en «bonitas» urbanizaciones de lujo, pues no son muy rentables para sus propietarios.
Por otro lado si se acabase la lidia, el toro bravo como especie acabaría desapareciendo, quedando algunos ejemplares en reservas naturales o en zoológicos como muestra de una especie exótica en peligro de extinción.

Ante esto la gran pregunta, siendo una persona con conciencia ecológica: ¿Que es mejor, evitar el maltrato animal del toro bravo o por el contrario impulsar su extinción como especie? La mayoría de veterinarios consideran que mejor evitar el maltrato animal y evitar a la vez, su extinción.
No soy aficionado a los toros, hace muchos años que no voy a una plaza a ver el espectáculo. Siempre me ha parecido muy violento, además de ser un espectáculo muy caluroso por las horas del día en las que celebran corridas.
Pero entiendo que haya aficionados y que también, como ciudadanos, tienen derecho a ser aficionados a los toros, y que tengan la posibilidad de asistir a estos espectáculos sin ser incomodados al respecto o verse privado de este espectáculo. Creo que en este sentido el consenso y la coexistencia tendrían mas sentido que la polarización.

Si entramos en cuestiones jurídicas o incluso morales, la democracia debería permitir estos espectáculos, pero con la reglamentación adecuada en lo relativo al maltrato animal y en términos medioambientales para evitar la extinción del toro bravo como especie o la desaparición de las dehesas. Es decir debemos adoptar, según mi opinión, una posición mas conservacionista, que animalista.
En todo caso debería haber unas reglas claras y determinar si el ecologismo debe ser conservacionista o bien adoptar otras modalidades en función de la polarización política e ideológica de cada momento.
En todo caso creo, parafraseando a Ortega y Gasset, que la tauromaquia es propia del pueblo llano. Solo que con el devenir de los siglos, los poderosos se la apropiaron para sí y perdió esa función social, para convertirse en un mero negocio y al pueblo en su cliente necesario.
«Los toros son ángeles que llevan cuernos» (Pablo Ruiz Picasso. Revista Litoral nº4 (1968) p.13)
