la Tierra que dejó de ser Santa

Conflicto de Oriente Próximo (1917 – hasta el presente)

Dos obras literarias basadas en hechos históricos, ambas han sido llevadas a la gran pantalla, reflejan mejor que nada la realidad de Oriente Próximo y el origen de los conflicto que enfrenta al Estado de Israel con todos sus vecinos Árabes.

Una de ellas es la autobiografía de Thomas Edward Lawrence (o «Lawrence de Arabia»), «los siete pilares de la sabiduría» (1985, 1ªed. en Español) y la obra conjunta de Dominique Lapierre y Larry Collins » ¡OH Jerusalén!» (1972). Estas dos obras clarifican la realidad social, étnica, religiosa y cultural de Oriente Próximo desde el mismo origen del Conflicto hasta las postrimerías de la tercera gran guerra entre Israel y los Árabes de 1973.

En los últimos meses del final de la Gran Guerra (1914-1917) el ministro de asuntos exteriores de Gran Bretaña, Arthur James Balfour, se reunió en Londres con representantes de la Federación Sionista de Gran Bretaña e Irlanda, dirigidos por el barón Lionel Walter Rothschild, que agrupaba a las principales comunidades judías del Pais. En esa reunión se habló del futuro de las poblaciones de oriente próximo una vez acabada la guerra. Los británicos en unión con franceses y tribus árabes logró grandes avances en la conquista del Imperio otomano, haciendo retrocederlos hasta Anatolia. Gran Bretaña y Francia habían asentado su dominio de la región.

El pueblo judío había estado perseguido en Francia primero a raíz del caso Dreyfus (1896-1906), después por Alemania durante la guerra y en la Rusia soviética de posguerra. Fruto del caso Dreyfus , el antisemitismo, el racismo y la xenofobia comenzó a extenderse por toda Europa afectando a las dos principales comunidades judías europeas, los sefardíes occidentales y los askenazis orientales. Esta ola de antisemitismo se unió a un ascenso rápido del nacionalismo como reacción al internacionalismo de los sovietismos y a los liberalismos reformados occidentales, dando paso a las primeras consignas fascistas, también antisemitas en los estados centrales.

Cuando acabó la Gran Guerra Balfour y Rothschild se volvieron a reunir para buscar un lugar donde el pueblo judío pudiera sentirse libre, en una suerte de novedoso nacionalismo judío sionista excluyente. Estuvieron buscando ubicaciones para crear un «Hogar judío» sin satisfacer mucho a las partes.

Paralelamente los encargados de exteriores para oriente (despojos del imperio otomano) de Gran Bretaña (Marc Sykes) y Francia (François George-Picot) plantearon el reparto de todo Oriente Próximo: Siria y Líbano para Francia, Mesopotamia y Palestina (Región histórica) para Gran Bretaña. Quedaba por repartir el territorio de la antigua provincia otomana de Palestina.

Dado que Gran Bretaña dominaba la región con apoyo árabe, consideraba que un «hogar judío» en estos territorios no supondría un gran problema, pero aun así era necesario hacer consultas. La Agencia Judía lo apoyaba y en principio también la Liga Árabe.

En ese momento había mayoría árabe autóctona, una pequeña comunidad judía autóctona, los mizrajíes, y la población de origen europeo cristiana. Las tres comunidades convivían en armonía y sin conflictos entre ellas. De ahí que a los británicos se le ocurriera llamarla la «Tierra Santa», considerando a Jerusalem como la ciudad Santa por antonomasia, la ciudad de las tres religiones abrahámicas

El periodo de entreguerras sirvió para limar asperezas entre las grandes potencias, llegara a acuerdos económicos, aduaneros y comerciales que sanearon las cuentas de toda Europa, castigadas por la Gran Guerra. Estados Unidos y Rusia (URSS) comenzaban a despuntar como potencias emergentes en el tablero de la geopolítica europea, trastocando la tradicional política de equilibrio entre imperios europeos.

Estados Unidos atraía a inversores millonarios como Rothschild, Vanderbildt, Carnegie o Rockefeller, y otras grandes fortunas de origen europeo y judío, principalmente alemanes, franceses y neerlandeses, principalmente en el negocio de los ferrocarriles. Y todo ello significaba dar apoyo a las comunidades judías mas influyentes como las de Nueva York, Baltimore o Chicago por parte de las administraciones federales de EEUU, así como dando apoyo indirecto a las bandas mafiosas italoamericanas controladas por los lobbies judíos.

La irrupción de los bolcheviques primero y de los soviéticos después en Rusia, agravado con el magnicidio de la familia imperial rusa, provocó un impacto similar a un tsunami social y político que afectó al equilibrio clásico de amo-sirviente en el aspectos sociales y al cuestionamiento de la naturaleza del poder en el seno de los países europeos, dando paso a un nuevo ciclo revolucionario.

El hundimiento de la Bolsa de Nueva York en 1929 debido a cuestiones inmobiliarias, provocó el mayor caos financiero mundial de la historia. Afectó duramente a Europa y a otros continentes de manera indirecta. La ruina también afectó a las finanzas de los lobbies judíos. La era dorada de entrevías se rompió en mil pedazos y de manera brusca sin tiempo para reaccionar. La ruina en Europa hizo ascender a los fascistas en los estados centrales.

Los judíos Alemanes e Italianos comenzaron a ser perseguidos y condenados a vivir en guetos por orden gubernamental, fueron desposeídos de sus bienes y maltratados nuevamente. Muchos buscaron acomodo en Polonia y en otros países del este Europeo, también en Francia y Gran Bretaña, así como en Rusia. Consideraban que el sueño de «regresar a Sión» se había esfumado en tales circunstancias.

Los Nacionalsocialistas alemanes y los fascistas de Italia, comenzaron a culpar a toda la comunidad judía de ser los culpables de la ruina, de provocar el crac del 29 para enriquecerse con los intereses de la deuda a los préstamos que estaban dando a empresas y políticos estadounidenses. Presentándose ellos como los únicos salvadores de la Europa blanca y cristiana. A los judíos se les consideró apátridas y fueron deportados a otros países. Condenaban también a bolcheviques y soviéticos por basar su régimen en las ideas de Marx, nieto de dos rabinos judíos.

En Rusia los soviéticos tampoco le tenían aprecio por las mismas ideas que los fascistas en relación a la culpabilidad de los Judíos de la ruina del 29. En realidad nacionalsocialistas y soviéticos despreciaban el capitalismo empresarial y liberal de Estados Unidos. Acusando a los judíos se justificaban en sus atrocidades y crímenes contra el pueblo judío.

En 1941 se acuerda la «solución Final» en Alemania por la que la mejor forma de alcanzar la pureza de la raza aria era necesario «limpiar de judíos» Europa. la solución final consistió como todo el mundo sabe, en el «Holocausto» (o Shoah) del pueblo judío, la aniquilación industrial de seres humanos que debían morir por el simple hecho de ser hebreo y judío. En Rusia los judíos fueron enviados como esclavos a los gulag siberianos, donde también morían de cansancio, hambre y enfermedades.

En Europa occidental el antisemitismo seguía existiendo y algunos políticos de Gran Bretaña y Francia dieron validez a los argumentos de culpabilidad de los judíos por el crack financiero de 1929. Por lo que el fascismo también influyó en las políticas internas de los países de Europa occidental, surgiendo partidos políticos a imitación del nacionalsocialismo y del fascismo. también ocurría en España, Portugal e Irlanda. Sin embargo y dada la especial relación de estos países con Estados Unidos, prefirieron no romper el sistema, pero si reformarlo con dudosas consecuencias.

El movimiento sionista internacional, creado en 1900 por el austrohúngaro Theodore Hertz, fue aumentando y presionando mas a los occidentales, a medida que la reanudación de la guerra mundial (Segunda Guerra Mundial) fue creando alianzas imposibles previamente. Rusia se alineó con Francia y Gran Bretaña con Estados Unidos en un intento de estas dos potencias por conservar su hegemonía y sus grandes imperios. Entre ellos se fueron repartiendo, como naipes, el mundo colonial.

El mundo árabe se alineó con Estados Unidos económicamente, mantuvo la tutela colonial británica en base a las promesas británicas hacia los árabes, pero dejó abierta la puerta a Rusia para promover un socialismo laico en versión arábigo-islámica. Trataban de conservar lo conquistado y ser independientes.

El panarabismo de la Liga Árabe, liderada por Egipto, aliado de Gran Bretaña, estaba también ganando adeptos en Oriente Próximo. Rechazó ampliar el número de población judía en Palestina como ya británicos y franceses habían acordado establecer. Buscaban crear un estado árabe laico y democrático, al gusto de occidente. Algunos mas extremistas apostaban por el nacionalismo excluyente, por echar a todos los extranjeros, imponer su versión radical de la Sharía y constituir un nuevo Califato.

Surgió por influencia de la segunda guerra mundial la hostilidad nacionalista excluyente tanto por la parte de los judíos sionistas (principalmente rusos, alemanes y polacos de mayoría askenazi) que querían escapar del holocausto y «Regresar a Sion» poniendo fin a la diáspora judía; como por parte de las tribus árabes que estaban construyendo el panarabismo en colaboración con Gran Bretaña principalmente, proyecto en el que no todos estaban de acuerdo con el concepto de «Hogar judío» esgrimido por Gran Bretaña para los europeos judíos que pensaban instalarse en un territorio mayoritariamente árabe y musulmán.

La guerra y el holocausto judío influyó en el cambio de posición de Occidente hacia los judíos, del antisemitismo inicial se fue evolucionando hacia un sentimiento de culpabilidad por haber permitido el Holocausto o haber mirado hacia otro lado. Lo que en principio iba a ser un simple gesto británico hacia los judíos, acabó siendo una cesión por hechos consumados por parte de Gran Bretaña y la comunidad internacional.

Con esta cesión Gran Bretaña incumplió los compromisos que mantenía con los árabes y dio al movimiento sionista internacional una justificación para desarrollar de forma extrema todo el ideario nacionalista excluyente del sionismo, que pasaba por expulsar de Israel a los árabes y considerar la creación del futuro Estado de Israel como una reconstrucción idealizada del antiguo Reino de Israel bíblico y por tanto marcando el fin oficial de la diáspora judía, para lo cual reclamaba sus fronteras originarias y que Jerusalén fuera considerada su capital histórica, por lo que había que expulsar a los árabes de allí.

Según las escrituras sagradas judeocristianas las fronteras originarias del Reino de Israel bíblico estaba entre el río Orontes en el norte, el río Nilo en el sur , el río Tigris en el este y la costa mediterránea en el oeste.

En el Plan de Partición de 1947, llevado a cabo por Gran Bretaña y Francia en el marco de la nueva ONU, se preveía que allí donde hubiera mayoría de Musulmanes formaría parte del futuro Reino Hachemita de Transjordania y donde hubiera mayoría judía o cristiana sería el futuro Estado de Israel.

Sin embargo esta partición que creó espacialmente un mosaico difícil de entender y que generó descontentos y conflictos, al igual que pasó con la partición de India y Pakistan ese mismo año, entre la población autóctona y la extranjera, por lo que los extremismos nacionalistas comenzaron a operar en forma de organizaciones militarizadas y cometiendo todo tipo de atentados, tanto por parte judía como por parte musulmana.

Pese a los esfuerzos de los moderados por llegar a acuerdos entre ambas comunidades y sobre todo por razones de tipo económico-comercial, se preveía incluso una unión aduanera y un mercado único entre ambos estados. En esta dialéctica surgió el conflicto entre «halcones» (extremistas) y «palomas» (moderados), generando en la región de Oriente Próximo una geopolítica diferenciada de la de otras regiones que no logró resolver la comunidad internacional.

En 1948 los sionistas dirigidos por Ben Gurión, proclaman el Estado de Israel y proclaman el carácter confesional judío del nuevo estado, antes que fuera autorizado por la ONU, puesto que aún no se había constituido el Reino Hachemita de Transjordania, ni tampoco se habían ido los británicos del territorio.

Esta imprudencia del Estado de Israel, gobernado por sionistas, provocó el inicio de la primera guerra Árabe-Israelí de 1948. Los palestinos, árabes nacionalistas tanto musulmanes como cristianos, que ocupaban la mayor parte del territorio que debía ser para Transjordania, ocupan Cisjordania (Samaria y Judea para los Israelitas) y reclaman la franja de Gaza (Filistea para los Israelíes) y Jerusalén (Al Quds en árabe) como tierras palestinas, inicialmente bajo el paraguas del Rey hachemita de Jordania.

A partir de ahí cada bando establece su propio relato justificativo, los extremistas se hacen con el control del gobierno y territorio de forma violenta, expulsando a sus habitantes autóctonos, confiscando sus tierras y matando a todo aquel que se oponga a los líderes carismáticos de ambas partes.

Ha habido varias guerras en 1948, 1956, 1967, 1973, las intifadas de los años 80 y 90, y finalmente la actual guerra de Israel contra Hamas. Sin contar la revolución islámica de Irán en 1979, la guerra Iran-Irak de 1982 y las dos guerras del golfo de 1990 y 1991, con derivadas hacia el conflicto Israel -Palestina.

Desde 1967 Israel ocupa de forma Ilegal Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza.

Pese a todas las resoluciones del CSNU de la ONU condenatorias, desde la histórica RS 242 que aun sigue vigente, así como todas aquellas que hacen referencia a crear colonias israelíes en Cisjordania, la ocupación de facto de Líbano y sur de Siria han generado una nueva ola de antisemitismo en todo el mundo debido fundamentalmente a que las violaciones sistemáticas de Israel y sus consecuentes reacciones palestinas a esas violaciones por parte de las milicias nacionalistas extremistas, han volcado la opinión pública haya pasado del apoyo al pueblo judío, al antisemitismo y defensa a ultranza de la «causa palestina».

Sin embargo no todos los israelíes son judíos, ni todos son hebreos, ni todos son sionistas, ni todos extremistas, ni todos nacionalistas, existen también los israelíes moderados , laicos, de otras etnias, de otras religiones o contrarios al confesionalismo de estado de Israel, e incluso israelíes judíos contrarios a la propia existencia del Estado de Israel, así como organizaciones políticas y sociales israelíes laicas que defienden la convivencia pacífica entre árabes e israelíes.

Los sionistas siguen a día de hoy recibiendo apoyo de los lobbies judíos de Estados Unidos, que si bien ya no tienen tanta influencia y dinero como antes, siguen siendo actores válidos en las administraciones republicanas y que marcan a menudo la posición oficial de esa administración. El dinero sigue fluyendo, las inversiones millonarias siguen existiendo, las oportunidades de negocio se suceden cada día. Todo ello está alimentando al sionismo extremista, actualmente mayoritario en el parlamento y en el gobierno de Israel, que ambiciona territorios y también reforzar en base a unos criterios artificiales, la identidad nacional israelí.

No todos los palestinos son terroristas, ni están de acuerdo con la violencia desatada. En los territorios ocupados por Israel hay varias facciones que buscan la paz mediante la diplomacia y con ayuda europea y de otros países árabes. los hay que buscan la paz por medio de la diplomacia árabe en exclusiva y los hay quienes quieren destruir el Estado de Israel po los medios que sea. Por tanto también sería injusto considerar que todos los palestinos son musulmanes, los hay cristianos, no todos son terroristas, no todos son nacionalistas excluyentes, también hay panarabistas, meter a todos en el mismo saco, al igual que a los judíos, es algo que no debe hacerse nunca porque eso alimenta los extremismos.

La guerra a lo largo de la historia del pueblo judío ha formado parte de su identidad nacional, repasando los textos sagrados judíos, desde el mismo origen de la nación judía en su éxodo por el desierto y el nacimiento de la primera entidad llamada «Israel» que se logró a base de guerras y conquistas. El pueblo judío siempre ha estado en guerra.

En este sentido uno se pregunta si la causa belicista en los Israelitas es algo natural o es algo artificial. En su extremismo ideológico-religioso sionista los mandatos divinos son incuestionables y deben ser obedecidos por todos sin exclusiones. Yahveh según la torah regaló la tierra de Israel a los hebreos judíos en premio por su fidelidad y los años pasados en el desierto. Por tanto tienen derecho a reclamar esa tierra, independientemente si es posible o no obtenerla en la actualidad. Es su destino manifiesto nacionalista.

Pero también es cierto que Yahveh castigó en muchas ocasiones al mismo pueblo por su infidelidad (Esclavitud de Egipto), e incluso lo llegó a abandonar (Cautiverio de Babilonia). Pero estas cuestiones negativas casi nunca surgen en los relatos sionistas mas extremos. Por lo que a menudo hay una utilización inapropiada de la Religión para justificar sus delitos y crímenes.

Por parte musulmana existen tanto un espíritu laico de imitación a los modelos europeos democráticos (Panarabismo); como un espíritu de extremismo religioso que plantea la cancelación de la influencia extranjera, especialmente europea y estadounidense, para recuperar el islam, en sus versiones mas rigurosas como el salafismo, el yihadismo o el wahabismo que alimentan el terrorismo internacional, justificado por ellos como un elemento fundamental en su identidad nacional, religiosa y cultural. Nuevamente la religión se usa para amparar delitos y crímenes.

En este tiempo que nos toca vivir donde todo es incierto y donde de nuevo las hordas nacionalistas pretenden acabar con la razón y la democracia, con la paz y sus virtudes, que pretenden hacer nuevos mapas porque los viejos no les convencen y donde todo se reduce a las oportunidades de negocio, lo que actualmente ocurre en la franja de Gaza, llámele como desee, es un episodio mas en esta larga y nada fructífero conflicto de Oriente Próximo.

Les dejo una reflexión de uno de mis héroes favoritos:

«Todos los hombres sueñan, pero no del mismo modo, los que sueñan de noche en los polvorientos recovecos de su espíritu, se despiertan al día siguiente para encontrar que todo era vanidad. Mas los soñadores diurnos son peligrosos, porque pueden vivir su sueño con los ojos abiertos a fin de hacerlos posible. Esto es lo que hice.

Pretendí forjar una nueva nación, restaurar la influencia perdida, proporcionar a veinte millones de semitas los cimientos sobre los que pudieran edificar el inspirado palacio de los ensueños de su pensamiento nacional. Un propósito tan elevado halló resonancia en la innata nobleza de sus almas y les hizo desempeñar un papel generoso de los acontecimientos.

Pero cuando ganamos, se me alegó que se ponían en peligro los dividendos petroleros británicos en Mesopotamia y que estaba arruinando la política colonial francesa en levante.

Me temo que sea eso precisamente lo que deseo. Pagamos por estas cosas un precio excesivamente elevado en honor y en vidas inocentes.

(…) Era evidente desde el comienzo que, ganar la guerra, estas promesas se convertirían en letra muerta

(T.E.Lawrence «Siete Pilares de la Sabiduría» (2ed. Española, 1987)

Paz, Shalom, Salam para la tierra que dejó de ser santa hace ya demasiado tiempo. Apuesto por la solución de los dos estados, el fin de la guerra y del conflicto, acuso a Israel de genocida, exijo la liberación de los rehenes y que por una vez Israel intente en lo que pueda llevarse bien con sus vecinos árabes y no estar siempre enfadado y gruñendo. En el pasado fue posible la armonía entre judíos, musulmanes y cristianos, es cuestión de voluntad y de intentar la alternativa de la paz a la lógica de la guerra. En toda paz debe haber cesiones y no debe haber armas.


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