De vueltas a la «Memoria» democrática…

El 18 de julio de 2036 se conmemorará el primer centenario del comienzo «oficial» de la Guerra Civil Española (1936-1939). Resulta curioso como un conflicto ocurrido hace un siglo siga hoy levantando pasiones e incluso haya españoles deseosos de revivirlo o reproducirlo.

Testigos de aquel conflicto histórico quedan muy pocas vivos, eran menores de edad cuando se produjeron los hechos. Pocos tienen recuerdos de aquellos años y muchos saben lo ocurrido por vías indirectas. En muchos casos tras el final de la guerra y durante la dictadura posterior (1939-1977) se estableció la «Ley del silencio y olvido» de los hechos de la guerra, era demasiado doloroso para los testigos y protagonistas de la misma.

De común acuerdo decidieron ignorar sus propios sentimientos y emociones. Así como ocultar a las nuevas generaciones los hechos reales, creando relatos aptos para que las nuevas generaciones a fin de justificar los actos pasados y poder responder a las preguntas incómodas. Muchos de los menores no conocieron la realidad de los hechos hasta muchos años después. Muchos se quedaron traumatizados, otros sorprendidos, otros confirmaron sus sospechas y muchos de ellos no entendieron como se permitió que todo se descontrolase de tal modo.

Hoy quedan pocos españoles vivos de la época de la guerra civil y la posguerra, la mayoría son ancianos con demencia senil, alzheimer o simplemente que se niegan a recordar lo que para ellos fue una parte de su vida muy dolorosa de la que no quieren hablar.

Sus hijos trataron de transmitir ese conocimiento emocional de la guerra civil a sus hijos, nietos de los que hicieron la guerra, y consideraron que era su deber preservar la historia menos agradable, mas dolorosa, ocultándosela a sus hijos. Hasta tal punto que en el sistema educativo español, la parte de la historia referida a la Segunda República (1931-1936/77), la Guerra Civil (1936-1939) y la Dictadura (1936/39-1977) dejó de enseñarse a los alumnos.

El estudio de este periodo coincidía curiosa y generalmente con el final de curso, por lo que nunca supieron los nietos, entre los que me incluyo, porque la historia de España acababa en 1930 con el final de otra dictadura, la del general Miguel Primo de Rivera y Orbaneja (1923-1931).

Hasta muchos años después, al inicio de la transición, no supimos la razón, los profesores no se atrevían a tratar estos periodos por miedo a la represión de la dictadura y al señalamiento público en su entorno social, que podía afectar a su reputación profesional, si no ofrecía el «relato oficial» de los hechos históricos a sus alumnos.

A partir de 1977 cuando comienza realmente el periodo de la «Transición Española» (1977-1982) aunque sus precedentes comenzaron en los últimos años de la década de 1960, comenzó lo que puede denominarse la renovación de la historiografía española con nuevos enfoques y métodos científicos y académicos.

Por una parte a nivel internacional se encontraba en el mundo académico y en la comunidad historiográfica, tres grandes escuelas: la de Oxford (Reino Unido), la de Pau (Francia) y la «Escuela de Annales».

La de Oxford y su derivada estadounidense, estaba compuesta por los grandes «Hispanistas» que trataron de forma temática la guerra civil española y la dictadura de Franco. Pero también mostraron interés por la temática de el exilio republicano. Entre sus máximos exponentes estaba Raymond Carr, Hugh Thomas, Gabriel Jackson y Edward Malefakis. Estos autores influyeron en historiadores españoles como Joaquín Romero Maura, Juan Pablo Fusi o José Valera Ortega.

La de Pau (Francia) se ocupó principalmente de la temática del exilio, en especial la submateria del nacionalismo catalán y la temática del movimiento obrero. Su gran artífice fue Pierre Vilar, junto a Pierre Chaunú, J. Sarrailh y F. Braudel. Fue una escuela influenciada por el marxismo.

Sin lugar a dudas surge de este grupo de historiadores académicos la figura de Manuel Tuñón de Lara, durante mucho tiempo considerado el historiador español mas reconocido y con mayor prestigio en España. Fue el creador de una nueva escuela que la de los «historiadores sociales», dando en España por vez primera un enfoque innovador y multidisciplinar a la investigación histórica.

Durante toda la década de 1980 tras pasar por la última prueba de la dictadura, el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981, el proceso democrático español siguió su curso normal y durante toda la década bajo un gobierno socialdemócrata (1982-1996), liderado por Felipe González Marquez (PSOE) con base en la clase media, europeísta, con un programa equiparable a la socialdemocracia alemana (W.Brandt) y sueca (O. Palme), así como al socialismo francés (F. Miterrand) y con una posición centrada en el tablero político nacional.

Por tanto todos los que éramos menores en la transición, pasamos parte de nuestra adolescencia y juventud en una España que estaba transformándose íntegramente, que trataba de construir una democracia, y que empezaba a reconocer derechos y libertades ciudadanas.

Para nosotros fue una época también de crecimiento intelectual, mental, ideológico y político en democracia. Fuimos el engranaje necesario para pasar de una vida en dictadura a una vida en democracia. Fuimos adoctrinados en la dictadura siendo menores, pero educados en libertad durante nuestra adolescencia y juventud. Conocimos ambos regímenes de primera mano y en general nos sentimos mas a gusto con la democracia.

A partir de la década de los noventa, especialmente tras los fastos grandiosos del 92 y el comienzo de la corrupción en el 93 y con la llegada del gobiernos de corta duración: Aznar (PP), Zapatero (PSOE) y Rajoy (PP), la sociedad española ya se había acomodado al nuevo régimen democrático, con un sistema bipartidista de gobierno, en el que las rivalidades políticas estaban pactadas y en las que se impedía cualquier tentación de dar protagonismos a los extremos y a los «nacionalistas periféricos». Se había establecido un orden democrático en el que todos estaban a gusto, cómodos, todo era previsible y nada escapaba a la rutina.

Esa pax democrática instaurada por el binomio de Adolfo Suárez y Felipe González, fue puesta a revisión en los noventa. Al haber calma, muchos apostaron por empezar a hablar y debatir, primero en el ámbito académico y luego en círculos políticos, sobre la historia reciente de España. Los archivos se renovaron con nuevos métodos archivísticos y una renovación general de todos los archivos públicos conforme a las nuevas directivas archivísticas internacionales.

Estos historiadores, gracias a los archiveros, tenían mas información histórica que sus predecesores, por lo que sus obras tematizadas resultaban ser mas completas en lo que a la investigación historiográfica se refiere.

La historia social impulsada por Tuñón de Lara y seguida después por la Escuela de Annales dio lugar a la aparición de una nueva generación de historiadores «Temáticos y Biógrafos» , los cuales comenzaron a tener acceso a los archivos estatales de forma mas fácil, sin tantos obstáculos, sin tantos permisos y autorizaciones como ocurría en décadas anteriores.

Estos historiadores, entre los que me encuentro, que aun acusaban influencia de la historia social de Tuñón de Lara y de la Escuela de Annales, trataron de el franquismo como ideología y la dictadura como régimen político considerando ambos como hechos históricos por primera vez y no como tema de discusión política. Surgió en esta época los «estudios sobre la mujer», es decir , la perspectiva de género aplicada a la historia, el ecologismo y conservacionismo medioambiental, el pacifismo y también los nacionalismos.

Todo ello propició el nacimiento del «Revisionismo histórico» que puede ser positivo o negativo. El Positivo, que es el que desarrollamos los historiadores, es aquel que con la nueva información disponible, actualicemos el conocimiento que tenemos de la historia. La historia no es definitiva, se construye cada dia. No existe el fin de la historia. Mientras exista la humanidad existirá la historia humana.

A comienzos del Siglo XXI, aparecieron historiadores que cansados ya de la triada recurrente: Segunda República, Guerra y Dictadura, empezaron a tratar temas de otras épocas, y aparecieron estudios sobre el siglo XIX y el desarrollo del liberalismo en España, la industrialización y nuevos enfoques, como el de la perspectiva de Género, sobre el siglo XIX en general: Jordi Nadal, María Cruz Romero. Isabel Burdiel Mónica Bruguera, José Álvarez Junco, Javier Moreno Luzón o el gallego Xosé Manuel Núñez.

Entre los nacionalistas periféricos: Joan-Lluis Marfang y Carles Aribau («Renaixença Catalana») y entre los revisionistas negativos, nacionalistas españoles: Josep María Fradera. Christopher Schmidtt-Novara o José Maria Portillo que trataron sobre todo la época imperial española en América.

De este grupo surgió otro de signo contrario que dio lugar a la Escuela Mexicana liderada por Roberto Breña y Scott Eastman. Ellos trataron la etapa colonial desde distintas perspectivas, unas en las que la cultura española influyó en la cultura mexicana y otras en la que la cultura español apenas tuvo influencia en la cultura mexicana y por extensión en toda américa. En este grupo mexicano se ha tratado también el exilio español en México tanto el del siglo XIX (Liberales) como el del siglo XX (republicanos).

A partir de la segunda década es cuando comienzan los historiadores a percibir intrusismo profesional y es cuando comienza a activarse la alarma, aparecen en el mercado editorial infinidad de libros de historia, que lejos de estar escritos por historiadores profesionales, están escritos por periodistas, tertulianos, políticos, aficionados a la historia que carecen de método, y en el ambiente comienza a cuestionarse el papel de los historiadores en la sociedad, incluso a despreciar su trabajo.

Profundizando en el tema, algo que a los historiadores no nos cuesta mucho pues es nuestro trabajo habitual, investigar en base a fuentes acreditadas, vemos como hay partidos políticos, políticos, periodistas sensacionalistas, y agitadores profesionales. El objetivo de estos intrusos profesionales es usar la historia como arma política. Son constructores de relatos y de contenido, con gran difusión en los medios digitales y convencionales, con mecenas que les financian su trabajo y que carecen de conocimientos y metodología profesional.

El primer signo de alarma fue el periodista ultraconservador Luis Pio Moa Rodríguez (Vigo, 1948), el cual apoyado por el hispanista Stanley G. Paine, conocido en el mundo académico por sus falsedades, sus gazapos y anacronismos históricos, escribió una serie de libros de historia sobre la dictadura, en la que no solo comete errores históricos, sino que hace una encendida apología de la propia dictadura a tono con su ideología.

Pio Moa al igual que otros que nacieron en la posguerra, de jóvenes militaron en el comunismo y en su caso formó parte del grupo terrorista GRAPO durante la transición. Para posteriormente pasarse al otro bando y defender a la dictadura como algo necesario. Su planteamiento histórico se centra en la búsqueda de culpables de la guerra civil, señalando al PSOE como principal artífice de la guerra con lo que el denomina «la revolución de Asturias de 1934» , de esta manera exculpa a los generales sublevados el 18 de julio de 1936.

Las ideas de Pio Moa han tenido mucho eco en la facción mas extrema del Partido Popular y sobre todo en Vox. Esto es así porque la formación Vox se declara así misma como heredera del franquismo y del falangismo tradicionalista. Pio Moa ha propiciado que la historia sea utilizada como arma política, desvirtuándola, manipulándola y falseándola.

En cierta manera sus Bet Sellers han propiciado el intrusismo profesional y también provocado en cierta manera la polarización política existente en la actualidad.

Genera en una sociedad con falta de conocimientos históricos por un sistema educativo que en general ha sido deficitario en lo que a historia del siglo XX se refiere, dudas y pone en contra a los profesionales de la historia, a los cuales se les tilda de falsos y mentirosos.

Ellos se presentan con criterio mas comercial y político, mas que intelectual, como los únicos que dicen la verdad en referente a la historia y que no deben creer a los historiadores profesionales a los que se nos tacha además de mentirosos como «Comunistas, progres, sociatas, y otros epítetos despreciativos» muy en línea con los postulados ultraconservadores de Vox.

Frente a ellos actualmente hay muchos historiadores, entre los que también me encuentro, que apuestan por debatir, desmontar y denunciar este intrusismo profesional, Al tiempo que se hace un revisionismo positivo de la historia, es decir se traslada a la ciudadanía el conocimiento histórico real en base a las fuentes consultadas y siguiendo metodología profesional, ajena y sin influencia del mundo de la política.

Eduardo González Calleja que ha estudiado el fenómeno del «apasionamiento» de los historiadores de la segunda República, abarcando mas aspectos poco o nada estudiados de ese periodo.

Santos Juliá que fue el primer historiador que abordó con metodología historiográfica y no política, el estudio global sobre las «victimas de la guerra civil» , un trabajo de equipo multidisciplinar y académico que tuvo una notable acogida por su innovación.

Paul Preston, se ha convertido en los últimos años en uno de los grandes historiadores del siglo XXI a nivel internacional, ha sabido adaptarse a los tiempos desde sus orígenes como «Hispanista». Ha creado escuela en España y ha colaborado con los distintos gobiernos de España en lo que a localización, identificación y exhumaciones de victimas de la guerra civil se refiere.

Alfredo González Rubial ha innovado al crear el enfoque arqueológico de las exhumaciones de la guerra civil. Lo cual frenó el intrusismo profesional en esa materia, dado que las primeras exhumaciones no fueron hechas por arqueólogos, sino por personas con escaso conocimiento profesional en la materia.

Actualmente Antonio Cazorla Sánchez se enfoca en aspectos de la vida cotidiana familiares para tratar temas sociales y culturales, es de los primeros en iniciar el proceso de desmitificación de la historia. y de abordar científicamente la historia en base a los hechos estudiados y analizados.

Paloma Aguilar revisó positivamente y también desde la perspectiva de género la guerra civil e influyó notablemente en la primera ley que se aprobó de Memoria Histórica en 2007, durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Tanto es así que ella generó una nueva escuela «memorística» con Layla Renshaw, Alison Ribero y Francisco Ferrándiz entre otros.

La ley de Memoria Histórica de 2007 ( BOE-A-2007-22296 Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura. )

Esta ley fue innovadora pues fue la primera de su categoría que se ha hecho en España, pero que fue mal interpretada por la oposición al considerar que estas cuestiones podían dañar los sentimientos de las personas mayores y también de remover la historia promoviendo venganzas y enfrentamientos entre españoles. Argumentaban que la Ley de Amnistía de 1977 ya puso punto final a las responsabilidades referentes a la segunda república, guerra civil y dictadura.

Esta ley generó otros problemas añadidos como era la devolución de bienes materiales incautados por la dictadura a sindicatos, partidos políticos y otras organizaciones sociales de izquierdas y nacionalistas periféricos. Ello significaba romper colecciones en museos, en archivos y bibliotecas y en muchos casos la devolución era imposible de realizar por distintos motivos, lo que exigía al gobierno algún tipo de compensación, aunque fuera simbólica.

Todo esto se unió la situación política de confrontación directa entre el PP y el PSOE en esos momentos. Surgieron de repentes herederos del franquismo (Vox a partir de 2013) y de la república (la mayoría de IU y después Unidas Podemos) que reclamaban y justificaban sus heroicidades pasadas, ocultando eso si sus fracasos estrepitosos. El «todo vale» se impuso polarizando los debates en torno a la memoria histórica.

A partir de ahí el gobierno de Mariano Rajoy, optó por que las comunidades autónomas desarrollaran su propia «Ley de Concordia» que era prácticamente el mismo texto de la ley de Memoria histórica solo que con otro nombre y especificando que debía ponerse al mismo nivel a los nacionales y republicanos, evitando en teoría echarse las culpas los unos a los otros, pero sin embargo las nuevas leyes de concordia aprovecharon la coyuntura para hacer un revisionismo negativo y construir un relato político, no histórico, que exculpara a los militares sublevados y que pusiera todo el acento en la culpabilidad del PSOE en concreto. La polarización y el uso de la historia como arma era mas que evidente.

Con Pedro Sanchez se aprueba la Ley de Memoria Democrática (BOE-A-2022-17099 Ley 20/2022, de 19 de octubre, de Memoria Democrática.), a la que ya no se llama histórica, por las protestas de la comunidad profesional y académica, con un tono mas pragmático y cohesionado, centrando toda la actividad en aspectos como las exhumaciones de restos y la retirada de símbolos de la dictadura. Haciendo hincapié en la necesidad de reforzar la democracia y aprender de los errores de la historia para no volver a cometerlos.

Esta segunda es menos reivindicativa que la primera, aun así aun hay gobiernos autonómicos y corporaciones locales que se niegan por cuestiones ideológicas y de oportunismo político, aplicar esta ley que sigue vigente y dando buenos frutos en la consolidación de la democracia.

Este año se conmemora el 50 aniversario de la restauración monárquica, del fin de la dictadura y del principio de la democracia. Se han desclasificado la práctica totalidad de los documentos del final del franquismo y del principio de la transición, Por lo que es de suponer que en breve habrá muchas nuevas investigaciones que arrojarán nuevos datos para conocer mejor ese periodo histórico de España.

España es hoy una democracia plena, europea, somos cuarta potencia europea y 19ª en el mundo, que tiene problemas pero fácilmente solucionables sin tener que destruir el marco democrático como pretenden algunos políticos. La historia por desgracia sigue infectada de intrusos profesionales y aunque los desmitificadores de la historia estemos ahí poniendo luz donde antes había oscuridad.

Las IA no nos lo está poniendo nada fácil, Casi nos están quitando el trabajo, no digo que sea negativa, pues también son herramientas para facilitar nuestras investigaciones, pero el problema es cuando se olvida el factor humano interactuando con la máquina. La IA es una herramienta, no un ser humano.


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