Ha pasado tres meses desde que el presidente Donald Trump asumió la presidencia federal de los Estados Unidos de América. En estos tres meses el mundo tal y como lo conocíamos ha desaparecido.
Históricamente tras un conflicto bélico mundial se ha establecido un «nuevo orden mundial» por parte de los vencedores de dichos conflictos. Podemos rastrear dichas formas al menos desde 1520, es decir , prácticamente desde el comienzo de la edad moderna europea. Pero eso no quiere decir que no hubiera anteriormente guerras y tratados de paz. Pero por lo general eran de tipo bilateral, muy localizados y muy personalizados. En ocasiones meras disputas familiares entre las dinastías reinantes.
A partir del siglo XVI un nuevo continente aparece en escena: América y el desarrollo tecnológico de los buques mercantes y militares proporcionó a los marinos europeos acceder a otros continentes como el africano y el asiático. Abriéndose entre ellos y Europa una amplia red de navegación comercial que llevó a las potencias europeas a convertirse en inmensos imperios coloniales.
Esta nueva dimensión exigía nuevas formas de gobierno, nuevas formas de comerciar, nuevos modelos económicos y reformas de tipo social y cultural para adaptarse al «nuevo mundo» , a una nueva época histórica para Europa, a un «nuevo orden europeo», pero también para los territorios conquistados y colonizados
Con la elección de Carlos V como emperador electo del Sacro Imperio Romano Germánico en 1519 y su consagración en Bolonia por el Papa como «Rey de Romanos» en 1520, se estableció un «nuevo orden mundial». A Carlos V se le asimilaba a Carlomagno e incluso a Alejandro Magno.
Carlos V fue el soberano mas poderoso de Europa, sus tierras abarcaban los territorios imperiales, las posesiones de la familia Habsburgo en Europa, las tierras pertenecientes y vinculadas a las coronas de Castilla y de Aragón, incluyendo tanto las tierras aragonesas en el mediterráneo, como las castellanas en América. Se casó con una infanta de Portugal para unir ese reino al resto de sus posesiones de la península ibérica, su hijo Felipe fue rey consorte de Inglaterra y rey de Portugal y su hijo Fernando incorporó las tierras de Hungría y Transilvania a las posesiones de los Habsburgo.
Como «Rey Católico» (título pontificio) y «defensor de la Iglesia Católica» trató de establecer como religión oficial de su vasto imperio el cristianismo católico, sin embargo ese proyecto le generó muchos problemas dado que desde el inicio de su reinado se produjo la reforma protestante y ello provocó el ciclo de cruentas «guerras de religión» que acabaron en el siglo XVII con la Paz de Westfalia (1648), donde de nuevo se estableció un «nuevo orden mundial».
En 1519 la Santa Inquisición Romana puso bajo vigilancia al monje agustino alemán, Martin Luther (Martin Lutero), bajo sospecha de herejía por sus escritos y sus enseñanzas. Durante la dieta de Worms, la misma que había elegido a Carlos V, hubo una audiencia ante el emperador con la presencia de representantes del papa y del propio Lutero, para que este pudiese explicar el sentido de sus textos que estaban en cuestión.
La reforma luterana dio paso a una pléyade de reformas religiosas que fueron en algunos casos socavando el poder de la Iglesia católica y en otros provocando levantamientos populares y revolucionarios contra la autoridad imperial en lo referente a los derechos feudales de los príncipes electores del Imperio.
La reforma luterana se extendió fuera de los territorios de los Habsburgo, ampliándose a Inglaterra, Francia, Escocia, Países Bajos, norte de Europa… no sólo afectó a Europa sino que también se expandió por las redes coloniales extraeuropeas, principalmente a través de las colonias inglesas y neerlandesas.
«La mejor estrategia es la que consigue, por medio de la diplomacia y negociaciones, abortar el conflicto, haciéndolo innecesario» (Sun Tzu. «el arte de la Guerra», ed.2007)
En la historia de la humanidad siempre han existido señores de la guerra y trabajadores de la paz. No se sabe a ciencia cierta cuando comenzaron las guerras en el mundo, que es tanto como decir cuando comenzó la violencia en el mundo.
Entramos de lleno en un debate filosófico y teológico sobre el bien y el mal, la bondad y la maldad, ángeles y demonios, halcones y palomas. Pero en realidad bien y mal son dos caras de la misma moneda.
El bien solo es perceptible en oposición al mal y el mal es perceptible en oposición al bien. Pero la cuestión es que quien establece el bien y el mal. Para el atacante en una guerra el bien está de su parte y el mal de parte del enemigo. Pero para el enemigo el bien está de su parte y el mal de parte del Atacante.
Sobre esta dialéctica se han forjado todos los sistemas de propaganda del mundo y también los sistemas religiosos. Los buenos vivirán, los malos, morirán. Los buenos serán glorificados y los malos serán condenados.
Una filosofía que Niccola di Bernardo di Maquiavelli en su magna obra «El Príncipe» (1531) expuso con gran claridad. Si bien Maquiavelo tuvo como arquetipo de «principe» al emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico (1519 -1556) el modelo es exportable a otros autócratas europeos coetáneos y posteriores.
Maquiavelo consideraba que el autócrata no nace como tal, sino que se va forjando a medida que va alcanzando la cima del poder absoluto. Al principio necesita crear un entorno favorable a la adquisición de fama, riqueza y finalmente poder. La fama viene dada tanto por su esfuerzo personal o colaborativo por destacar (meritocracia); como de adquisición de fama gracias a la percepción que de él tiene la sociedad (propaganda)
Luis XIV de Francia (1643-1715) declaró «el Estado soy yo» y mantuvo una tensa relación con el Papa de Roma sobre quien debía prevalecer, si el Papa, que era «vicario de Cristo», o Luis que era un «ungido» por Dios. En su reino Luis XIV era la propia reencarnación divina, según su propia propaganda áulica y por tanto estaba sobre todo poder terrenal, no sometido a su dictado sagrado. Luis XIV está considerado el arquetipo de «Monarca Absoluto de Derecho Divino».
Pero la autocracia no es sólo cosa de monarcas, reyes y príncipes, se da también en regímenes republicanos, como por ejemplo durante la revolución Estadounidense (o Guerra de la Independencia de EEUU) George Washington, comandante en Jefe de las tropas coloniales rebeldes, logró obtener una gran fama debido a sus éxitos en el campo de batalla. Tanto éxito tuvo que una vez concluida la revolución, algunos próceres del independentismo estadounidense, quisieron coronarlo como «Rey de los Estados Unidos». Distinción que Washington rechazó porque era partidario de un régimen republicano.
Sin embargo en la Constitución de 1787, actualmente vigente, la figura del Presidente Federal se dibujó a imagen y semejanza de las monarquías europeas y singularmente de la británica. Es decir un monarca constitucional, sin corona, por tanto electivo, pero con un poder casi absoluto al otorgarle el poder ejecutivo. El presidencialismo y el derecho a veto por parte del presidente, ha sido siempre la característica mas distintiva del poder en Estados Unidos desde su fundación.
Si bien algunos próceres de la independencia eran cautelosos de no repetir los errores de las monarquías europeas absolutas confiriendo todo el poder a una sola persona (autocracia). Tenían muy pocas referencias en las que basarse, la Confederación Suiza y las ideas ilustradas francesas (Marqués de Lafayette, como principal asesor).
Como precaución a una nueva invasión británica, los constitucionalistas estadounidenses dotaron al Presidente Federal de plenos poderes en «tiempo de Guerra o peligro de guerra», lo cual significaba dejar una puerta abierta a la autocracia.
También ocurrió en otras «revoluciones» donde se plantearon si sustituir el modelo monárquico absolutista por el modelo presidencialista o semipresidencialista. Es decir ¿Debía una única persona tener el poder absoluto, o este debía repartirse? en muchos casos se plantearon monarquías constitucionales en el sentido de quitar el poder absoluto al monarca y someter al monarca a una constitución; o una monarquía parlamentaria en la que el monarca carece de todo poder político. En otros se prefería el modelo republicano, aunque también existía el problema de dejar o no abierta una puerta a la autocracia.
La revolución Francesa al igual que la Estadounidense dejó también abierta la puerta, pero no otorgó al Presidente tanto poder como el Estadounidense, dado que el sistema que se impuso en 1793 fue la de una república parlamentaria unitaria y centralizada, en la que el presidente tenía un poder limitado, siendo el Legislativo (Convención Nacional) quien ostentaba la mayor carga del poder en Francia. El Primer Ministro estaba al mando del pais, pero como ejecutor de las directrices emanadas del parlamento, no del presidente.
Tanto poder tenia el primer ministro que derivó en un directorio de cinco miembros que eliminó la Convención (1795) y que creó el Consulado y de ahí se llegó al consulado único y vitalicio de Napoleón Bonaparte en 1799, para auto coronarse como «Emperador de los Franceses en 1804, inaugurando así la primera dinastía «plebeya» de mundo.
A raíz de Napoleón el miedo a dar tanto poder a una persona obsesionó a aquellos que consideraban que la autocracia debía evitarse a toda costa. Los bonapartistas en Francia consideraron a posteriori que tener a uno sólo en el poder generaba mayor eficiencia y desarrollo, que dejar el gobierno de las naciones a un parlamento ineficaz y que frenaba el desarrollo. Se basaban en el desarrollo económico, jurídico y social que hubo en Francia durante el mandato de Napoleón I de los Franceses (1804-1815). Fue la época de mayor expansión imperial de Francia, no sólo en el continente europeo, sino en todo el mundo. De esta forma autocracia unida a imperialismo y a la fama del ejército. Dio el modelo a muchas dictaduras, civiles y militares, posteriores.
En aras de la eficiencia y de la ausencia de conflictos, se crearon en en el mundo muchas dictaduras (autocracias) durante el siglo XX: como la de Adolf Hitler en Alemania, la de Benito Mussolini en Italia, la de Francisco Franco en España, la de Oliveira Salazar en Portugal, la del Mariscal Pétain en el régimen de Vichy, la de Josef Stalin en la Unión Soviética, la de Mao Tze Dong en la República Popular de China, la de Ho-Chi Ming en Vietnam, la «monarquía» comunista de los Kim en Corea del Norte, la de Pol-Pot y Jemeres Rojos en Camboya, las de Fidel y Raúl Castro en Cuba, la de Augusto Pinochet en Chile, la de Juan Domingo Perón en Argentina, la de Noriega en Nicaragua, la de Hugo Chávez en Venezuela, o la de Teodoro Obiang en Guinea Ecuatorial, la de Muammar el Gaddafi en Libia, la de Gamal Abdel Nasser en Egipto, la de Mobutu Sese Seko en Zaire, la de Saddam Husein en Iraq, el régimen de los Ayatola en Irán, las «monarquías absolutas del golfo Pérsico» , entre otras muchas. Todas ellas presentadas por la propaganda propia como buenas, necesarias, justas, eficientes y que contribuían a la paz.
Después de la segunda Guerra Mundial se acordó crear la ONU como un organismo supranacional que fuera guardián de la paz mundial, fomento del desarrollo y protector de las naciones sometidas a una autocracia o en tiempos de guerra. Se estableció un nuevo orden mundial en el que la democracia representativa era el régimen más idóneo para preservar la paz, estableciendo que la autocracia y las oligarquías eran regímenes incompatibles con la paz, por lo que estas debían desaparecer, así como los grandes imperios (Descolonización) que alimentaban dichas autocracias y oligarquías.
Sin embargo los partidarios de la autocracia no dejaron de existir, ni tampoco la idea imperial y colonial. La paz pronto se vio puesta en cuestión por el nacimiento de la primera Guerra Fría (1945-1993) que puso a prueba todos los mecanismos de la ONU para la paz, sin mucho éxito. Los autócratas que se forjaron en la guerra fría, consideraban que la ONU y la democracia representativa les limitaba su margen de maniobra. Por lo que optaron por presentar batalla.
La Guerra fría combinaba el ataque militar convencional (con ejércitos) con ataques «culturales» (propaganda) que pusieron en cuestión el orden de 1945, estableciendo nuevas alternativas al orden «Americano» occidental. Efectivamente hubo naciones nuevas (Sudeste Asiático, África) que habían sufrido el colonialismo territorial europeo que no supieron desarrollarse en libertad e independencia soberana. Muchos de ellos se constituyeron en autocracias tras guerras étnicas, revoluciones sociales, levantamientos militares, muy sangrientas y de gran violencia.
Autocracias que aceptaron la recolonización de sus antiguas metrópolis o de otras metrópolis para poder subsistir, inicialmente de forma transitoria, pero con el tiempo perduró el hambre y el conflicto. Pero las metrópolis occidentales no podía recolonizar, por lo que optaron por la neocolonización económica y comercial. A cambio de sostener en el poder al autócrata, los recursos naturales serían esquilmado (a modo de pago en especie o compensación) por la potencia neocolonial.
Estados Unidos y la mayoría de los países europeos optaron por defender el orden de 1945, también en el plano cultural propagandístico. Occidente es bueno, los rusos o soviéticos son los malos. En la URSS se decía lo mismo pero a la inversa. Entraron ambas potencias EEUU y la URSS en un bucle de acusaciones mutuas sin término.
Los países europeos crearon la Comunidad Económica Europea (1955-1992) con el fin de tener su propio orden europeo basado en el clásico equilibrio de potencias, pero con la salvedad de apostar por la democracia representativa como eje troncal de la nueva comunidad, para evitar las autocracias y mantener la paz en el continente bajo los principios fundacionales de la ONU.
Sin embargo en 1955 eran tan solo 6 países europeos, en algunos como España o Portugal aun había dictaduras, toda la Europa del Este europeo eran estados satélites de la URSS, incluida Alemania Oriental. Europa del Norte mantenía su propio orden escandinavo aunque orientado hacia occidente. En 1973 se incorporaron Gran Bretaña e Irlanda, con lo que la CEE se fue escorando hacia Occidente y la Guerra Fría también se extendió al continente europeo aunque sólo en su versión «cultural» propagandística. España y Portugal no entraron hasta 1986. En 1992 surgió la UE actual.
En América Central y Sudamérica aun había dictaduras y regímenes autocráticos a medio camino entre la Autocracia y la oligarquía. La influencia estadounidense en el territorio se dejó sentir durante toda la Guerra Fría y también fue frente de batalla, dado que había muchas organizaciones, guerrillas y regímenes próximos al Sovietismo y al Maoísmo. La polarización fue extrema en el continente. Las repúblicas «bananeras», las «narcorepublicas» y los levantamientos indigenistas, fueron motivaciones para crear y destruir autocracias, para a continuación crear nuevas autocracias que aceptaban el neocolonialismo de EEUU.
La ONU fracasó en su intento de evitar las autocracias e imponer a nivel mundial las democracias europeas. Todo ello generó desde los años 90 del pasado siglo mucha desconfianza, muchos problemas y un gran cuestionamiento del Orden Mundial creado en 1945. Ese descontento ha estado desde esa década alimentando a la internacional «ultra» como se la conoce en Europa, es decir a los autócratas del mundo o aspirantes a autócratas. En cambio la democracia representativa ha sido cuestionada desde todos los frentes, no solo desde los autócratas, sino desde la izquierda Postsovética tanto Europea como de América, en favor de la democracia social o democracia directa.
A principios del siglo XX comenzaron a visibilizarse nuevos autócratas y aspirantes a ser autócrata en la escena política mundial. Recogieron la llama autocrática de sus antecesores, principalmente de los grandes autócratas de las décadas de 1920-1940, pero tras un proceso de revisión incluyeron elementos propios del siglo XXI, como por ejemplo la capacidad para influir en los sentimientos de la gente gracias a la Inteligencia Artificial y usar Internet, como autopista principal para su propaganda hasta límites desconocidos.
Influyen en las elecciones legislativas y presidenciales, orientan el voto de la gente, crea a través de bulos, fakes y desinformación universos paralelos que hacen creer a los adeptos que una mentira es realidad y que aquellos que desmontan esas mentiras son los enemigos a eliminar. Ellos son los buenos y su revolución es necesaria, es justa, es buena y va a crear un paraíso terrenal que de otra forma no podría crearse. Sus ataques van in crescendo, hasta límites intolerables y fuera de lo que se considera la buena educación, la cortesía o la defensa de ideas con argumentos y fundamentos. El Salvajismo que practican es brutal, la teoría del caos llevada a la práctica.
El punto de arranque habría que establecerlo con la llegada a Europa de la Pandemia COVID-19 en 2020. Los dos años posteriores fueron de contención y de confinamiento de la población europea. Las leyes de alarma o de excepción se multiplicaron por todo el continente. Eso significaba restricción de libertad de movimientos ciudadanos y quedar en suspenso otras libertades ciudadanas como por ejemplo medidas que iban desde el toque de queda, pedir la comida por teléfono, restricción del ocio publico, cierre de bares y restaurantes, cierre de tiendas, hasta el no poder trabajar fuera del hogar, excepto en casos esenciales.
Los gobiernos asumieron mas poder en el plano ejecutivo y muchos parlamentos y tribunales apostaron por dar cobertura legal a los primeros ministros en la toma de decisiones, a fin de preservar en la medida de lo posible la democracia y evitar autócratas que aprovecharan la pandemia para hacerse con el poder absoluto.
Mucha gente que no estaba acostumbrada a estas formas de gobernar y que vio restringido muchos de sus derechos y libertades, comenzaron tras un año confinados a protestar y a cuestionar las medidas gubernamentales, incluso hubo algunos que Llamaron dictadores a los primeros ministros por las medidas mas drásticas en los momentos álgidos de la pandemia.
La UE se comportó como un verdadero estado federal y optó por hacer compras de vacunas, mascarillas, otros fármacos, etc… en común, acordaron una política económica y comercial común de guerra para combatir la pandemia de forma conjunta. Los estados asumieron que juntos podían ser mas eficaces que por separado. En todo momento se trató de ayudar a la gente sin perder la perspectiva del compromiso de la UE con la democracia. Las reglas de déficit excesivo se quitaron y se permitió a los estados endeudarse, todo ello para combatir la pandemia y evitar muertes.
Los que protestaban añadieron a su indignación por el recorte de sus derechos y libertades, que ellos erróneamente consideraban ilegal e injusto, se unió un nacionalismo excluyente, extremista y esencialista antieuropeo y una propaganda populista que atacaba por todas partes en los momentos álgidos y mas duros de la pandemia. Aprovecharon la pandemia para alimentarse del descontento de la población, adquirir fama y presionar al gobierno nacional, así como pedir la salida de la UE.
Boris Johnson en Reino Unido, Marine Le Pen en Francia, Salvini o Meloni en Italia, Weidel en Alemania, Kusinska en Polonia, Stocker en Austria, Orban en Hungría, Abascal en España, fueron los principales abanderados de la protesta «ultra» de Europa occidental y mediterránea. Algunos gobiernan, otros en la oposición. Ellos desean un alineamiento masivo hacia EEUU y la desaparición de la UE. Regresar a la identidad nacional de cada pais, aislamiento y proteccionismo.
Mientras en América aparece Donald Trump en escena (2017-2019) durante su primer mandato, mas institucional que el actual, que supone una escisión mas radical del Partido Republicano y en el que durante su primer mandato ya mostraba aires autocráticos, sobre todo tras su salida de la Casa Blanca en 2019 que protagonizó la lucha mediática del ataque populista al Capitolio como forma simbólica de levantamiento contra el orden establecido. Durante la administración Obama lideró las protestas referidas a las medidas gubernamentales contra la COVID-19 y sobre todo a su política sanitaria y de la implantación de la seguridad social nacional, en los mismos términos que sus homólogos europeos.
En Brasil J. Bolsonaro (2019-2023) se convirtió en autócrata durante su mandato cometiendo todo tipo de acciones inconstitucionales, por las que ahora se le está juzgando, e ilegales. Se dedicó a borrar del mapa todo lo realizado por su antecesor Michel Temer del Partido Democrático. Por lo que las protestas desde las clases bajas no se hicieron esperar generando un clima de violencia sistémica Sin precedentes desde los tiempos de las dictaduras brasileñas del siglo XX. En su mandato el pais también sufrió la pandemia global, pero Bolsonaro adoptó la posición de los negacionistas negándose a tomar medidas sanitarias y profilácticas, el mismo se infectó, Muchos muertos indignaron a la población. Bolsonaro fue removido de su cargo por un golpe de estado que dio paso a la restauración de la democracia.
En China desde 2013 gobierna Xi Xinping con una política de apertura hacia occidente en el contexto de un mercado libre global y de unas relaciones internacionales multilaterales. Sigue en esencia siendo una autocracia dado que China es un pais de partido único y el poder se concentra básicamente en manos del Presidente (presidencialismo) y China una dictadura donde aun existen presos políticos y violaciones de derechos humanos.
La apertura a occidente le ha granjeado fama de tranquilo, defensor del bienestar social de su gente en lo económico y social (Populismo), no en lo político donde no existen los derechos políticos como se vio en Hong Kong tras su reincorporación, buen diplomático y reacio a entrar en conflictos internacionales o generar situaciones de inestabilidad. Prefiere invertir en bienestar que en armas.
Con una economía saneada, China se ha convertido en el Gran Mercado de Extremo Oriente / Pacífico y en la primera potencia comercial mundial. Muchos países europeos le están agradecidos a China por haber adquirido deuda soberana europea, en los momentos mas complicados de la crisis de 2008, contribuyendo también al saneamiento y crecimiento económico en varios países de Europa. China contribuyó también a ayudar a Europa durante la Pandemia del Covid-19, dado que fue en china donde se originó el virus y sirvió para relanzar la cooperación y las relaciones internacionales entre países de la UE y China.
y llegamos a Vladimir Putin, antiguo ex agente marginal del KGB en la RDA , alienado por las doctrinas soviéticas e inspirado en la grandeza autocrática y teocrática del Imperio Ruso de los Romanov, incapaz de avanzar en la era postsoviética, contrario y crítico a Gorbachov y Yeltsin (Con quien fue Primer Ministro), optó por abandonar el comunismo, y seguir un revisionismo prooccidental y una idealización de una Rusia imperial que no se correspondía con la realidad en ese momento de fraccionamiento y disolución de la URSS.
Como presidente a partir del año 2000 en el que se alterna con Mendelev en la presidencia y vicepresidencia, se mostró desde el primer momento como un autócrata reacio a aceptar el nuevo orden ruso establecido por Gorbachov y Yeltsin y también el desprecio al derecho internacional o a los derechos humanos en la guerra de Chechenia (su vietnam particular), en la disolución de partidos políticos de la oposición, represión de protestas, manifestaciones y huelgas, encarcelamiento de periodistas y opositores políticos, prisiones infames, deportaciones a Siberia….
y no podemos olvidar a Benjamin Netanyahu, al que la palabra «antisemitismo» le sirve para justificar las mayores atrocidades de su gobierno contra el pueblo palestino o en su intento de burlar sistemáticamente el derecho internacional o de violar los derechos humanos de los Palestinos. Con un gobierno de coalición lleno de «Halcones» sionistas, colonos y ortodoxos que desean la aniquilación étnica de los palestinos.
Netanyahu ha de hacer frente también a las críticas que le llegan de la oposición y también de la sociedad civil y de los reservistas del ejercito de Israel, no solo por los crímenes de guerra de la batalla de Gaza, sino también contra la ocupación, y reocupación, de los territorios pertenecientes al Estado de Palestina, reconocido por la mayoría de países que integran la ONU.
Si a ello unimos los numerosos casos judiciales que tiene Netanyahu en su país y en la CPI, su papel como autócrata depende únicamente de continuar la guerra y así extender las leyes de Excepción eternamente. Por ello no duda en violar el alto el fuego y no duda en matar a niños, ancianos, impedidos, destruir hospitales, escuelas, residencias de ancianos…. con la excusa que son tapaderas del «terrorismo» que usa a los niños como «escudos humanos».
Mientras estas leyes de excepción estén vigentes Netanyahu es inmune y concentra en su gobierno todo el poder en Israel. Netanyahu está reprimiendo en Israel y en aquellos lugares del mundo donde tiene influencia o por apoyo de otro autócrata, tambien reprime cualquier ataque a Israel o que reconozca el Estado Palestino acusándolos de ser «antisemitas amigos de los terroristas de Hamas».
Antiguas democracias son hoy autocracias y van surgiendo como hongos por todas partes ante la incredulidad de los estados democráticos que no entienden que ha fallado para que se haya permitido esta nueva ola autocrática en el mundo. Quizás necesitemos mas de un orden mundial, pero antes necesitamos desactivar las autocracias, frenar las nuevas o nos impondrán sus dictaduras a los que aun creemos en la democracia. Salvemos la democracia.
Es de todos conocido que desde finales del siglo XX y comienzo del siglo XXI han surgido infinidad de artículos de opinión, de publicaciones, conferencias, tertulias generalistas y específicas, que tratan temática histórica. Por otro lado el mundo literario existe el subgénero de «novela histórica» y el cine ha abierto la veda a grandes producciones, series, series documentales y documentales «basados en hechos históricos».
Algunas de estas producciones y formas de difusión son ciertamente divulgativos y en otros casos están sujetos a la especulación histórica basada en la pregunta «¿y si…?». Actualmente con el desarrollo de las IA, la historia ficción ha alcanzado cotas nunca antes vistas.
Muchos historiadores profesionales nos preguntamos acerca de cual es la causa para esta «teoría de la cancelación» de la historia real y del trabajo de investigación historiográfico. Se prefiere hoy mas a un charlatan de feria que a un profesional o experto.
Una gran parte lo achaca a la «batalla cultural» que forma parte de las actuales guerras híbridas, en la cual hay fuerzas políticas que consideran que el conocimiento empodera al ignorante, le hace ser mas fuerte y le hace inmune al engaño, a la mentira y a los dogmas.
La misión de estas fuerzas políticas es aniquilar el conocimiento, por tanto hacer negacionismo dogmático (teoría de la cancelación) de la ciencia, de los centros de formación e investigación, de los profesionales y de los expertos. En esa línea se ceban con los jóvenes que son los que tienen escasos conocimientos y con los mayores, que pese a tener conocimientos y experiencias, consideran que su «verdad» es la «Verdad Absoluta».
Otra parte de los autores considera, como el periodista de investigación Miguel Angel Santamaría, que el siglo XX no se ha enseñado debido a la inmediatez del tiempo histórico. Es cierto que cuando yo estudiaba en el Colegio (Años 70 y 80), nunca llegábamos a la Guerra Civil Española y sabíamos mas bien poco de la historia universal, apenas llegábamos hasta la primera Guerra Mundial. Por tanto el conocimiento de los «Boomers», hoy rozando o parte integrante de la «edad dorada» (Antigua «tercera edad»), es insuficiente en lo que al siglo XX se refiere.
En los ochenta hubo una corriente política favorable a potenciar las ciencias y reducir las humanidades, entre ellas las asignaturas de filosofía, geografía e Historia. En cuanto a la asignatura de la historia, se eliminaron las fechas, nombres, guerras. se separó la geografía de la historia…. y en cierta forma se pusieron mas en valor la filosofía de la historia y la sociología de la historia. También se iniciaron los estudios e investigaciones históricas a partir del ciclo histórico: República, Guerra, Dictadura. Es decir lo que nunca antes se había enseñado en las escuelas.
Pienso que en el caso de España tuvo mucho que ver con los regímenes políticos y su propaganda asociada. En la Dictadura (1936-1977) lo que se quería evitar a toda costa es que resurgieran los movimientos políticos de izquierda (clandestinos en el interior y en el exilio en la época) y los nacionalismos periféricos (catalán y vasco). De ahí que nunca se hablara de la Guerra Civil y apenas de la Segunda República.
Cuando llega la transición española (1975-1983) se produjo una breve pero intensa batalla cultural campal entre historiadores de derechas e historiadores de izquierdas, ambos se acusaban mutuamente de mentir al otro.
Los hechos determinaron mas adelante que esta batalla intelectual se produjo a consecuencia de la apertura y desclasificación de archivos tanto de la época republicana, de la guerra y del principio de la Dictadura.
Todo ello se unió al acceso libre a investigaciones internacionales de este ciclo histórico vistas desde la perspectiva de los «hispanistas» franceses (Pierre Vilar, F. Braudel, P. Chaunu), ingleses de la Escuela de Oxford (Raymond Carr, Hugh Thomas, Gabriel Jackson o E. Malefakis, Paul Preston) o irlandeses (Ian Gibson) que manejaron archivos y documentos procedentes del exterior, del mundo diplomático, pero también de los servicios de espionaje.
Los «hispanistas» no solo establecieron un nuevo enfoque multidisciplinar, marcadamente europeísta y estadounidense del ciclo histórico -que contribuyó a a considerar la historia de España como parte integrante de la historia de Europa y no de forma aislada, diferenciada, identitaria e inconexa; sino que aportaron también, nuevos datos e información histórica relevante, totalmente desconocidos por los historiadores en España hasta entonces.
Con la llegada de la democracia representativa y la restauración de la monarquía, dos corrientes que ya existían, resurgieron con un afán «revisionista» fuertemente politizado a tono con la Guerra fría (1945-1993) entre los postulados conservador, liberal, socialistas y comunistas.
Manuel Tuñón de Lara (cofundador de la «Escuela de Pau»), fue el principal historiador de la Transición, seguía la metodología marxista, basada en el «materialismo histórico». Su aportación a la historiografía española y por la que fue reconocido, fue la investigación en profundidad sobre el movimiento obrero español en la historia de España, partidos, ideologías, sindicatos, asociaciones… y el rescate de sus archivos históricos, que amenazaban con perderse por simple abandono de los mismos. De los que apenas se sabía nada en España en aquella época, dado que apenas se había investigado sobre el movimiento obrero, que además fue reprimido y ocultado por el régimen de la dictadura, resucitando de nuevo en la transición con fuerza.
Tuñón de Lara fue el historiador que introdujo en España el concepto de «Historia Social» en la historiografía española a partir de los trabajos de Pierre Vilar. Consideraba el historiador, desde su perspectiva, que toda guerra o revolución pasada venía definida como una «lucha de clases» entre un «bloque de poder que oprimía a la sociedad» y una «sociedad oprimida» que se defendía de tal opresión mediante la revolución.
Siguiendo este principio ideológico, Tuñón de Lara revisó la historia para identificar a los trabajadores, al «pueblo» (entendido por Tuñón de Lara como «Plebe») oprimido y a partir de ahí justificar las revoluciones sociales como «justas y necesarias» que se dieron en todas las épocas de la historia. Entre sus objetivos políticos estuvo la deslegitimación de la dictadura franquista y también ser alternativa a lo que él consideraba la corriente «burguesa y liberal» de los nuevos historiadores españoles vinculados con la «Escuela de Annales» (surgida en los años cincuenta con Jaume Vicens Vives, José Antonio Maravall o Miguel Artola) que también tuvo su eco en la historiografía de la Transición.
En los años 90 del pasado siglo la historiografía activista se había enfriado, comenzando a aparecer nuevas corrientes historiográficas, en algunos casos herederas de las anteriores, en otras innovando a partir de nuevos enfoques y perspectivas historiográficas.
Se produjo un viraje lento entre el materialismo histórico de Tuñón de Lara, el exceso estadístico y de datos fríos aunque rigurosos de la Escuela de Anales, hacia una historia que podría calificarse de «emocional o de sensaciones» por lo que en esta década proliferaron las biografías de personajes históricos secundarios y las novelas de ficción ambientadas en épocas históricas, no basadas en hechos históricos como se hacía anteriormente, por lo que la frontera entre Literatura de ficción histórica e Historia real novelada se difuminaron.
El desarrollo tecnológico posibilitó acceso a mas información, tanto en bruto (digitalización de archivos físicos) como elaborada (nuevas investigaciones, divulgación, etc.), lo cual ampliaba enormemente obtener nuevos objetos de estudios , nuevas temáticas, nuevas perspectivas, enfoques, visiones de la historia y de los hechos «historiados».
En los noventa prácticamente se abandonaron los estudios sobre el ciclo republica, guerra y dictadura, comenzando en cambio a tratarse la Transición como periodo histórico, conectándola con el ciclo anterior, como otra fase del ciclo. Sin embargo comenzaron a a parecer temas como la historia del Feminismo, ecologismo, pacifismo, nacionalismos, y todos los revisionismos posteriores que fueron surgiendo durante esta década y la primera del siglo XXI.
Entre los revisionismos generalistas, destacaron los referentes a los estudios sobre el siglo XIX y el sistema burgués liberal hegemónico en aquel siglo. Predominando en estos estudios, no solo el papel de la mujer, sino también la vida cotidiana, las mentalidades, las creencias, la filosofía y la literatura de esta época. De este periodo algunos historiadores: María Cruz Romero, María Sierra, Isabel Burdiel, Mónica Burguera, José Álvarez Junco, o Joaquín Moreno Luzón entre otros).
Entre los revisionistas históricos especializados en un tema, como por ejemplo el nacionalismo tanto español como periférico, tenemos a los catalanes (Carles Aribau) pero también a los hispanoamericanitas como Christopher Schmidt-Novara, José Maria Fradera, Manuel Pérez Ledesma, en el que tratan de justificar la influencia civilizadora y cultural española en las culturas «hispanoamericanas».
Estos historiadores han tachado y siguen haciéndolo, de «injustos y falsos» los estudios hechos por ingleses , particularmente hecha por ingleses, que enarbolan, según ellos «la leyenda Negra» «dejando mal a los Españoles y fomentando el odio a los españoles». En este sentido vemos un nuevo activismo nacionalista usando la historia para justificar ideas políticas.
De este grupo creado en España, surgió en América la Escuela Mexicana con Roberto Breña y Scott Eastman como principales exponentes que aceptaron la idea de la influencia española en la cultura mexicana, pero únicamente a partir del liberalismo del siglo XIX de origen español en los procesos de independencia americanos. Negando cualquier otra influencia española anterior, calificada siempre en la historiografía actual mexicana y de toda América «de imperialismo y colonialismo opresor», antes de la independencia.
De este matiz surgió otra corriente americana negacionista del imperio español reivindicando el culto a los orígenes indígenas de américa y destacando el expolio de las américas por parte de los europeos y particularmente de España.
A partir del comienzo de siglo la polarización política ha invadido el espacio de la historia polarizando y usando la historia con mucho apasionamiento mediático, que lleva a muchos a no confiar en los profesionales de la historia, al negacionismo por sistema y a hacer revisionismos no profesionales, que simplemente manipulan la historia o directamente se la inventan. Con el uso de las IA, se crean incluso historias alternativas a la historia real con un sentido marcadamente mercantilista.
Pio Moa con apoyo erudito de Stanley Paine, que tampoco se enteró mucho de lo que pretendía Pio Moa, se dedicó a falsear desde una perspectiva ultraconservadora la historia de la II República y de la Guerra Civil generando una mas que notable reacción en el mundo académico y entre los historiadores profesionales. Sin embargo tuvo un mas que notable éxito entre los políticos conservadores y ultraconservadores. Pio Moa convierte la historia en munición política-mediática, al servicio de la polarización, la desinformación y el bulo. A este periodista le sigue Julián Ruiz que destapa la caja de pandora con la temática «guerracivilista» de Paracuellos.
A estos ultraconservadores, le siguió ya en las dos primeras décadas y aun en vigor, la reacción «Izquierdista» con nuevos revisionismos sobre revisionismos anteriores, sobre los mismos temas una y otra vez trillados hasta el aburrimiento.
La polarización es sin duda lo que está identificando a la política actualmente. A nivel de historia también existe la polarización y no sería buen historiador si no lo reconociese. Pero en este maremágnum temático en el que está estancada la historiografía actual hay historiadores coetáneos que están tratando precisamente este fenómeno de la polarización como tema objeto de estudio con metodología historiográfica.
Fruto de estos estudios sobre la polarización y los innumerables revisionismos historiográficos, se ha producido un punto de inflexión surgido como consecuencia de diferenciar entre los «Hechos históricos» y las opiniones o mentalidades que la sociedad tiene de la historia de España.
En ese sentido surge el concepto de la «Desmitificación de la historia». Con tanta bibliografía existente se ha producido una sobreinformación y de tanto manipular y falsear la historia, se han creado «mitos y leyendas» que se dan por ciertas, cuando en realidad no lo son ateniéndonos a los hechos históricos reales.
En boca de personajes famosos se ponen palabras que nunca pronunciaron, o textos que nunca fueron escritos. Casi nunca contextualizan los hechos históricos y nunca se tiene en cuenta la evolución en la historia. Los anacronismos son constantes… de todo ello están llenas las redes sociales y la bibliografía generalista no profesional.
Hace poco me preguntaban en la presentación de mi último libro, ¿Cómo podemos saber la verdad [en la historia]? Los propios interesados en conocer la historia ya tienen problemas para distinguir la ficción de la realidad en cuanto a historia se refiere. La desinformación y los bulos hacen estragos por todas partes, cada vez es mas complejo desenmascarar a los que practican intrusismo profesional y falsean la historia.
Pero también hay que plantear que quizás los historiadores no hemos sido eficaces en transmitir el conocimiento histórico a la sociedad. Ese vacío dejado por los profesionales los han ocupado los impostores. Motivo por el cual, entre otros, la profesión de historiador hoy es una profesión de Riesgo. Partimos de un negacionismo excluyente por parte de actores que no desean que la sociedad adquiera conocimientos sobre el pasado. Con lo cual es bastante complicado, aunque no imposible, hacerles frente. La cuestión es ¿Activismo o sometimiento?
Eduardo González Calleja , Michael Seidman, Santos Juliá, Paul Preston, Paloma Aguilar, Julian Casanova, son algunos de los muchos profesionales que están dedicando sus estudios a desmitificar la historia como forma «activista» contra aquellos que practican el intrusismo profesional y el falseamiento de la historia.
Y junto a la desmitificación de la historia también debemos «despolitizar» la historia. La ciencia política y la historiografía (ciencia de la Historia) deben atenerse a sus principios y a su metodología que les son propias.
Un historiador ofrece conocimiento de la historia, los políticos hacen política. la Historia nunca debe usarse como «arma política» contra un rival en una lucha política. La historia debe permanecer al margen de la polarización política.
El historiador debe ponerse al servicio de la ciudadanía que demanda conocimiento de la historia, en base al principio del derecho de los ciudadanos a disponer de información veraz en general y también por parte de los historiadores.
El 28 de Febrero de 1981 fue el día en el que se aprobó el Estatuto de Autonomía de Andalucía. De ahí que cada 28 de febrero se celebre el dia oficial de la Comunidad Autónoma de Andalucía.
Actualmente la mayoría de estados del mundo son estados compuestos que se organizan regional o localmente con varios tipos de subdivisiones. Existe un gobierno central o federal y gobiernos regionales o locales con distintos nombres y organización. Pero no siempre fue así, durante el siglo XVIII y XIX se constituyeron los «Estado – Nación» con gobiernos centralizados y en algunos casos con gobiernos locales subordinados a un único gobierno central. Estados que se basaban en ideologías nacionalistas generalmente raciales y excluyentes
En España desde 1707 existía un único «estado-nación» centralista que basaba su nacionalismo en la historia, en la religión, en la lengua y en la cultura común. Con la llegada de la nueva dinastía reinante, los Borbón-Anjou, se pasó de ser un estado compuesto polisinodial, los «Estados de la Monarquía Hispánica e Imperio Hispánico, a ser jurídicamente un único estado-nación denominado Reino de España e Indias, con un gobierno central único en la Península y gobiernos de encomienda real (virreinatos, corregidurías, intendencias, capitanías generales…) en las colonias de su vasto imperio.
Jurídicamente Felipe V (1701-1724; 1724-1746) a partir de la promulgación de los Decretos de Nueva Planta para los antiguos estados de la monarquía hispánica: Reino de Aragón (1707 y 1711), Principado de Cataluña ( 1714), Reino de Valencia (1707) y Reino de Mallorca (1716) eliminó el sistema medieval que existía hasta entonces en el conjunto de los territorios pertenecientes a la «monarquía hispánica«.
Todos estos territorios, incluyendo posteriormente el Reino de Navarra, fueron anexados al reino de Castilla y León creando así un único «Estado» que englobaba, por decisión real, una única «nación», la española, al ser la nación resultante de la unión de todos los pueblos peninsulares. A partir de Felipe V en la documentación oficial todos los monarcas posteriores se denominaron «Reyes de España», eliminando las denominaciones territoriales anteriores. Solo incluyeron, después de España, el resto de territorios externos de la península, sobre todo los Italianos, que rendían vasallaje al rey de España.
Desde entonces los monarcas españoles eliminaron toda referencia a la historia diferenciada de los antiguos estados. Se eliminaron las lenguas regionales, las instituciones que les eran propias, sus banderas y todo aquel rastro cultural que las diferenciaran de las castellanas.
Felipe V convirtió los antiguos estados en Provincias, no sólo en la península, sino también en el imperio. Esta damnatio memoriae se justificaba por la Guerra de la Sucesión Española y la derrota del bando austracista que motivaron los decretos de Nueva Planta.
Pese a ser un decreto real, a los habitantes de estas nuevas provincias españolas: Vascos, navarros, aragoneses, catalanes, valencianos y mallorquines no les gustó que les eliminasen sus señas de identidad históricas y el hecho diferencial con respecto a los Castellanos.
Por otro lado los castellanos dejaron de ser una única nación, para convertirse en una nueva nación compuesta, creada artificialmente por decisión del monarca. De repente compartían nacionalidad con los gallegos, los asturianos, los cántabros, los leoneses, los extremeños, los andaluces y los murcianos. Algo que también disgustaba a estos nuevos españoles.
Fruto de aquella imposición comenzaron a surgir movimientos al principio regionalistas y culturales que reivindicaban recuperar sus «fueros» y sus señas de identidad. Estos movimientos fueron reprimidos con el fin de imponer la «españolidad» del reino, a la que comenzó a denominarse la «patria común» de todos los españoles. frente a estos regionalistas «periféricos«, surgió el patriotismo español unificador y centralizador.
Durante el siglo XIX este regionalismo periférico tuvo un apoyo especial con motivo de la llegada al trono de la reina-niña Isabel II. El Infante don Carlos Maria Isidro de Borbón y Borbón-dos Sicilias, se negó a reconocer como soberana a su sobrina Isabel II.
Se autoproclamó como Rey de España (como Carlos V) y con ayuda de los nobles regionalistas afectados por los Decretos de Nueva Planta: vascos, navarros, aragoneses, catalanes, valencianos y mallorquines, a los que les había prometido reconocer su hecho diferencial y el respeto a sus fueros históricos. Esta alianza dio paso a las llamadas «guerras carlistas».
El carlismo fue un movimiento de tipo regionalista y foralista que fomentó la recuperación de la memoria histórica acerca del sistema de gobierno de los Austrias en España, es decir el sistema polisinodial de las cortes reales diferenciadas de la Cortes Castellanas. Don Carlos quiso reconocer el carácter diverso de los pueblos que constituían «España».
A raíz del carlismo muchos eruditos comenzaron a profundizar en la idea de España desde distintos puntos de vista. Muchos entendían que España, derivada del latín Hispania aludía al territorio peninsular. Otros consideraban que aludía al Estado llamado Reino de España e Indias. Otros que aludía al solar o patria propia de la nación española. Muchos comenzaban con una pregunta clave ¿Qué es en realidad España? una pregunta que se hizo muy popular a finalizar el siglo XIX tras disolverse el Imperio Español.
Surgieron entonces los cronistas que desempolvaban literalmente legajos que permanecían en oscuros sótanos, que no habían sido analizados en siglos, que encerraban en su interior la historia «perdida u olvidada» de los reinos-naciones antiguas de la pueblos que habitaron su territorio ancestral. Surgen así escritores, cronistas y los primeros arqueólogos que trataron de redescubrir su propia historia «nacional«.
Los catalanes quienes fueron dotados de autonomía política en 1903, tras ser aprobado el «Estatuto de Nuria» gracias a la Ley de Mancomunidades de Provincias , impulsada por Antonio Maura, mallorquín, Presidente del Consejo de Ministros, abrieron paso a que otras diputaciones provinciales se unieran regionalmente.
Las tres provincias vascas, o «vascongadas» en la época lograron hacer un estatuto de autonomía, «Estatuto de Estella» pero no pudieron verlo aprobado debido a que el gobierno frenó en seco otras autonomías. Los Catalanes estaban pasando de un catalanismo regional y cultural, a un nacionalismo político catalán. Convirtiendo lo que era una aspiración de los catalanes en una batalla política y callejera, semana trágica de Barcelona 1909, entre los partidarios de la autonomía y los partidarios del centralismo.
Otras regiones como Galicia, Asturias y Cantabria, Andalucía, Valencia apostaron también por el autonomismo como marcador político frente al centralismo «Castellano».
En Andalucía el regionalismo existía desde antiguo, cuando se estudiaba geografía de España, al llegar a Andalucía, se hablaba de dos subregiones con características geográficas diferenciadas: la baja Andalucía, o «Bética» que cubriría el Valle del Guadalquivir y la alta Andalucía o «Penibética» que cubría la zona montañosa suroriental de la región.
En 1918 se convocaron a los partidarios del autonomismo a una Asamblea que se celebró en Ronda (Málaga). En dicha convención se acordó trabajar para elaborar un estatuto de autonomía para Andalucía, Blas Infante, Notario oriundo de Casares (Málaga) y otros intelectuales de la época diseñaron la bandera, el himno, establecieron que la capital debía estar en Antequera, definieron los hitos históricos y culturales que a su criterio, fundamentaban el «hecho diferencial» y su justificación para solicitar la autonomía conforme a la Ley de Mancomunidades de 1903.
Por entonces y en los meses previos a la asamblea, ya había muchas disputas entre los políticos, intelectuales y congresistas procedentes de Sevilla que deseaban su propia autonomía con Huelva, Cádiz (Bahía de Cádiz) y Córdoba (sector occidental de la provincia), con los de Granada que le interesaba también su propia mancomunidad con Cordobeses (Sector suroriental), Malagueños, Jienenses y Almerienses. Los de Córdoba y Cádiz (zona del Estrecho) se aliaron con los malagueños, en un intento por crear una tercera mancomunidad diferenciada.
Finalmente llegaron al consenso de crear solo una comunidad donde estuvieran mancomunadas las ocho diputaciones provinciales. La elección de Antequera (Málaga) fue para evitar que hubiera conflictos entre sevillanos y granadinos. su posición en el centro de la región y sus excelentes comunicaciones entre la alta y baja Andalucía ayudaron también para articular la región.
La bandera , blanca y verde con el escudo andaluz, tiene un simbolismo que auna la historia regional: Los colores proceden de la antigua bandera Andalusí, aludiendo al pasado musulman de la región, aludiendo tanto a Sevilla como a Córdoba y Granada.
El escudo, diseñado por Blas Infante, hace alusión al mito de Hércules (o Herakles) separando las dos columnas, que alude al estrecho de Gibraltar y a Cádiz en general; así como a la herencia cultural compartida con el norte de África (Ceuta pertenecía a Cádiz en la época y Melilla a Málaga) . También alude al pasado griego, fenicio, cartaginés y romano de la región.
El himno también es obra de Blas Infante que tomó la idea de la canción infantil «Santo Dios» (Cantillana, Huelva) por lo que alude al nacimiento de Andalucía con identidad propia, con un fin de mejorar la vida de los andaluces. Pero también el sentido religioso del pueblo andaluz. Era cantada también por los jornaleros del Valle del Guadalquivir, por lo que alude también a la Andalucía pobre de aquellos años que necesita apoyo y ayuda para salir adelante.
Los ideales de Blas Infante y los autonomistas andaluces se vieron frustrados en 1936 con su asesinato y con el fin del movimiento andalucista que él puso en marcha, habrá que esperar a 1977 cuando se constituya el «ente preautonómico andaluz» y 1981 cuando el estatuto sea aprobado definitivamente.
El Sueño de Blas Infante y de los autonomistas de 1918 se cumplieron en gran parte, salvo por dos razones, que la capital finalmente fue establecida en Sevilla, cosa que no gustó a Granada y la zona oriental de la comunidad. Pese a estas tradicionales disputas, finalmente se acordó que el TSJA estuviese en Granada y que Málaga fuera considerada como la capital económica de Andalucía.
En los últimos años ha surgido un movimiento nacionalista político (Partido «Nación Andaluza» ) minoritario y el andalucismo histórico (Partido Andalucista) se ha dividido por la polarización política en las últimas décadas. las reivindicaciones y los debates entre centro y periferia se mantienen en los mismos términos que en décadas anteriores. Incluso en Andalucía se cuestiona el «centralismo de Sevilla», además del «centralismo de Madrid».
Andalucía tiene sabor regional, nacional y autonómico, demostrando así su diversidad y pluralidad, su carácter cosmopolita, acogedora y su mente abierta. El lema autonómico, acuñado en la Asamblea de Ronda de 1918, es «Andalucía, por si, por España y la Humanidad«.
De todos los interpretes, para mi la que mejor supo darle entonación precisa fue la cantante andaluza Rocío Jurado.
En las elecciones recientes de Alemania, el partido AFD ha logrado alcanzar la mayoría de votos en exclusiva en el territorio de la antigua RDA (estado satélite de la extinta URSS).
Cuando en 1989 se derribaba el Muro de Berlín (1961-1989) y un año mas tarde se reunificaba por segunda vez Alemania en la RFA (Estado pro-occidental), el mundo comenzó a ver que la gélida Guerra Fría (1945-1993) llegaba a su fin.
Sin embargo a nivel global la guerra fía se cerró como la primera guerra mundial, sin un orden mundial consensuado establecido que sustituyera al viejo orden establecido en las cumbres de Potsdam y Bretton Woods en 1945, al término de la segunda Guerra Mundial. La URSS simplemente se retiró por descomposición interna y desaparición. Estados Unidos reclamó para si la victoria absoluta.
Sin embargo otras potencias emergentes como la Unión Europa creada en 1992 y la nueva China reorganizada, reformada e impulsada por Jiang Zemin en 1993. Trajeron la idea de un mundo transaccional en la economía y transversal en la política e ideas. Un mundo multilateral donde no existiera potencia alguna por encima de nadie. Esa multilateralidad no era del gusto de Estados Unidos, quien consideró que tenía derecho , por méritos propios, a disfrutar de las mieles de la victoria incuestionable.
Pasar de un mundo bipolar a multilateral ha resultado en estas décadas ser mas complejo de lo que se pensaba en 1993, cuando se dio por finalizada la Guerra Fría al crearse la Federación Rusa y la CEI.
La UE fue aumentando sus miembros y poder global; Rusia comenzó a recomponer el estado y los servicios públicos tras el colapso de la URSS, con Boris Yeltsin al frente, a duras penas por la presión de los nuevos oligarcas capitalistas.
En China, los sucesores de Jiang Zemin comenzaron a desmantelar el maoísmo originario, asumiendo que predominaban las tradiciones seculares, frente a la ideología única.
Fruto de aquel revisionismo surgió con Hi Jintao y finalmente con Xi Jinping la idea de «un país dos sistemas» (Comunista en lo político, capitalista en lo económico) a raíz de la devolución de Hong Kong a China. Este sistema evolucionó al «Socialismo con características chinas» de Xi Jinping (mantenimiento de la dictadura de partido único, capitalismo empresarial en la economía y socialismo regulador en las políticas de bienestar social y laboral) .
En Estados Unidos el sabor amargo de una victoria descafeinada provocó que los elementos mas reaccionarios y mas patrióticos (equivalente a los nacionalismos europeos) del Partido Republicano, comenzasen a plantear la protesta por agravios comparativos. Unos agravios que fueron aumentando durante las presidencias demócratas, mas alineados con el multilateralismo.
En Rusia, Vladimir Putin, se rebeló contra el occidentalismo de Yeltsin, contra la regulación socialista y contra el sistema parlamentario occidental. Consideraba Putin que para dar de nuevo estabilidad a Rusia, a la «Madre Rusia», era necesario un gobierno autoritario fuerte, apuntalado con hombres de negocio que financiaran el nuevo régimen y unas fuerzas armadas que devolviera a Rusia la «Grandeza perdida».
Putin ex agente del KGB en la RDA, concibe Rusia como un gran imperio continental que va desde el Mar de China al Mar Báltico y Mar Negro. Todo imperio tiene que tener un líder carismático, que en el caso de Rusia tiene carácter sagrado desde «los buenos tiempos del Zar«. Los Rusos según su ideario no saben vivir de otra forma.
En su mentalidad, el experimento de Yeltsin rompía con la tradición, la religión ortodoxa rusa, con la idea imperial y la eficacia del estado soviético tal y como lo entendía Stalin, para adoptar las costumbres europeas como hicieron Lenin y otros premiers sucesores, precisamente las que hundieron al milenario imperio de los Romanov. Putin mezcla ideas antiguas y nuevas en un revoltijo que define su particular idea de la nación rusa.
La parte económica de rusa fue cedida después de Yeltsin a los grandes oligarcas rusos, con intereses financieros en todas las bolsas del mundo. Estos oligarcas comenzaron a surgir durante la era Yeltsin, pero al querer éste limitar su poder, se rebelaron deponiéndolo y allanando el camino a Putin . Ultracapitalistas, que aprovecharon la falta de un periodo transitorio como quería Gorbachov y Yeltsin, para adelantarse al cambio de sistema económico acaparando toda la riqueza del pais.
El nacionalismo excluyente y restringido de inspiración rusa y estadounidense se ha estado extendiendo en la última década por toda la UE, gracias entre otros a lideres nacionalistas emergentes como Weidel en Alemania, Orban en Hungría, Le Pen en Francia, Salvini y Meloni en Italia, Abascal en España, Belang en Bélgica, Nehammer en Austria donde gobiernan, Tusk en Polonia, República Checa, todos ellos han logrado aumentar sus miembros en los parlamentos europeos de forma rápida y contundente hasta el punto que en el Parlamento de la UE tienen una representación en crecimiento.
Este nacionalismo, del que tiene mucha similitud con los regímenes totalitarios del siglo XX, es por un lado reivindicativo y vengativo (Influencia EEUU) y por otro es una alternativa viable, o menos mala, a políticas fracasadas de partidos democráticos (influencia Rusa). En el caso de Alemania ha primado la segunda influencia, dado que se ha concentrado el voto en la antigua RDA.
AL igual que en Rusia, la población de la antigua RDA no ha visto satisfecha sus necesidades y demandas. Se les prometió un proceso democratizador o transición para pasar del modelo soviético al modelo europeo democrático. En la época de Angela Merkel (CDU) se hicieron notables avances en ese sentido, pero tras su marcha, el territorio de la RDA quedó estancado en una transición imperfecta e inacabada.
Los gobiernos posteriores han sido incapaces de afrontar esta tarea, por lo que el voto a la AFD es por un lado la solución, similar a la generada en Rusia, a sus problemas; pero por otro podría también interpretarse como una llamada de auxilio al gobierno federal para que emprenda reformas de gran calado en esta zona del país, es decir, poner en marcha de nuevo la transición esperada.
Esta crisis de identidad y económica de este territorio ha sido aprovechado por Rusia para calentar el ambiente electoral político, al igual que por Estados Unidos tras la llegada de Trump por segunda vez al poder. La falta de ese proceso de transición explica el auge de la extrema derecha en Alemania.
En general, el auge de la ultraderecha y extrema derecha en Europa se puede explicar por la percepción social de un cierto estancamiento de la economía europea, recesiva en Alemania, y sobre todo de la democracia representativa de corte europeo-occidental. Ese estancamiento está generando problemas en las capas bajas de la sociedad y por tanto es un caldo de cultivo para la rebelión, que en este siglo es de signo conservador y tradicionalista.
Por otro lado Europa está teniendo problemas para atraer inversores por sus medidas restrictivas en las importaciones, destinadas a garantizar la calidad de productos que ofrece a sus ciudadanos y también a garantizar derechos y libertades.
Las rebeliones están llegando, tanto por parte de la extrema izquierda que apuesta por la democracia directa y por parte de la extrema derecha que directamente desea la aniquilación progresiva de la democracia.
Se están de nuevo formando bloques antagónicos, influenciados y apoyados nuevamente por Estados Unidos y Rusia, que en esta ocasión no son enemigos, sino aliados, con gobiernos autoritarios, con terribles consecuencias para la supervivencia de la UE y de la democracia como régimen preferente. El internacionalismo y el multilateralismo están desapareciendo para establecer un nuevo orden mundial impuesto y dominado por autocracias y oligarquías muy poderosas.
Los antiguos enemigos, son hoy amigos y aliados; los antiguos amigos, hoy son los nuevos enemigos. El cambio de rumbo es brutal y está dejando al mundo en shock del que apenas puede reaccionar o reponerse, por lo acelerado de este nuevo poder destructivo ultranacionalista y de esta nueva «internacional totalitaria» que amenaza al mundo con un grado de libertarismo y violencia mediática que no conocíamos y para el que no tenemos formas de acabar con él o al menos limitarlo. No da tiempo a pensar, a reflexionar y aun menos a reaccionar racionalmente.
La política internacional tal y como la conocíamos ha muerto. Ahora predomina la economía internacional dominada por oligarcas y autócratas. Los países son consideradas empresas y el juego internacional consiste en negociar todo el rato en un casino, en un ambicioso bucle de compra y venta que enriquece a unos pocos y empobrece a la gran mayoría. Todo vale en este juego sin reglas y sin limites.
Estados Unidos ya ha ganado suficiente con Europa y quiere a toda prisa cerrar flecos sueltos (guerra de Putin en Ucrania y guerra de Netanyahu en Gaza) para centrarse en el Pacífico, donde se le presentan grandes oportunidades de negocios, de un mercado inmenso donde juegan las principales potencias económicas globales y la competencia es brutal, sobre todo entre Estados Unidos y China. Después del Pacífico, llegará el turno al Ártico.
Pero bien jugadas las cartas se puede ganar inmensas fortunas, solo que esa fortunas no se reinvertirán en bienestar social, sino en negocios financieros muy lucrativos para aumentar esas fortunas aun más. Solo hay que ver el comportamiento de las bolsas para darse cuenta de las intenciones lucrativas de Trump en esta nueva etapa presidencial en la que ha aparecido un Trump mas libertario que en su primera etapa aupado y apoyado por Elon Musk y otras grandes fortunas de Silicón Valley.
Desde un punto de vista capitalista, o incluso ultraliberal como Milei, Trump es un dios terrenal, un ejemplo de éxito empresarial, un referente a seguir. Sin embargo tanto Estados Unidos, como Rusia, como Argentina, como Hungría, como otros países gobernados por esta internacional «ultra» son gigantes con pies de barro a punto de desmoronarse.
La razón estriba en una economía doméstica mal gestionada, sin regulación y con altos indices de desempleo, baja natalidad, niveles altos de déficit e inflación. Todo ello genera inseguridad e inestabilidad social. Todo ello provoca desafección social por la política y desamparo social por parte de sus autoridades, mas interesadas en lucrarse que en servir al ciudadano.
La solución mas fiable es reforzar la democracia, atender a los ciudadanos y poner freno a la lujuria política y económica de los regímenes de la «internacional ultra» por medios democráticos y pacíficos. Debemos profundizar en la democracia, en el caso de la UE reforzar su arquitectura para caminar hacia la unión política (Estados Unidos Europeos o Federación Europea) e independencia con respecto a otros poderes globales. Reintegrar a Reino Unido en la UE, agilizar trámites de nuevas adhesiones (Balcanes, Ucrania, Turquía). Buscar nuevas alianzas fuera del ámbito ruso o estadounidense. Construir una especie de OTAN exclusivamente Europea.
A nivel internacional urge la reforma, reforzamiento y apoyo a la ONU como entidad supranacional para el mantenimiento de la paz mundial con poderes ejecutivos y judiciales vinculantes. Especialmente urge reformar el CSNU eliminando el derecho de veto y ampliando sus miembros permanentes; así como el sistema de cascos azules para hacerlos mas operativos y de reacción rápida. En cuanto a la OTAN, desmantelarla al ser un residuo de la Guerra Fría que hace tiempo debía haberse eliminado. Cualquier acción militar en el exterior debería hacerse siempre bajo bandera de la ONU.
De todos es sabido las intenciones de Donald Trump, presidente de los Estados Unidos de América de hacerse con el control de la tierra conocida como West Bank en inglés o Franja de Gaza en español. Muchos se hacen la misma pregunta ¿A quien pertenece en realidad la Franja de Gaza? se aportan dos posibles propietarios: el pueblo palestino y el estado de Israel, con posibilidad incluso que Jordania o Egipto pudiera reclamarlos.
Durante la dominación Otomana se creó una provincia imperial denominada «Siria-Palestina» que incluía este territorio. Cuando en 1917 El sultán Otomano, aliado de Alemania, perdió la guerra, comenzó a diseñarse en el seno de la Sociedad de Naciones el tratado de Sèvres de 1920. Un tratado de paz firmado entre el Imperio Otomano y los aliados de la primera Guerra Mundial, 1914-1917.
Concretamente firmaron, además del sultán turco, los embajadores y representantes de: Reino Unido de Gran Bretaña, República Francesa, Reino de Italia e Imperio del Japón como principales signatarios. Además de otros signatarios afectados por el tratado: Reino de Armenia, Reino de Bélgica, Reino de Grecia, Estado de Al Hejaz, Reino de Polonia, República de Portugal, Reino de Rumania, Reino de croatas, serbios y eslovenos, República checo-Eslovaca.
En dicho tratado la administración de la antigua provincia de Siria pasaba a estar bajo mandato del Reino Unido.
El mandato británico quedó bajo protección de la comisión aliada creada a instancias de la Sociedad de Naciones (antecedente de la ONU), con poder suficiente para gestionar el territorio con plena autonomía. Desde un primer momento aparece la expresión «Administración de Palestina».
«ARTÍCULO 95.
Las Altas Partes Contratantes convienen en confiar, en aplicación de las disposiciones del artículo 22, la administración de Palestina, dentro de las fronteras que determinen las Principales Potencias Aliadas, a un Mandatario que será elegido por dichas Potencias. El Mandatario se encargará de poner en práctica la declaración hecha originalmente el 2 de noviembre de 1917 por el Gobierno británico, y adoptada por las demás Potencias Aliadas, a favor del establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío, en el claro entendimiento de que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina.o los derechos y el estatus político de los que gozan los judíos en cualquier otro país.
El Mandatario [Reino Unido] se compromete a nombrar, lo antes posible, una Comisión especial para estudiar y regular todas las cuestiones y reclamaciones relativas a las diferentes comunidades religiosas. En la composición de esta Comisión se tendrán en cuenta los intereses religiosos de que se trate. El Presidente de la Comisión será nombrado por el Consejo de la Sociedad de las Naciones.»
En ningún documento entre 1917-1947 se menciona que el «hogar judío en Palestina» fuera una entidad separada de la Administración de la Autonomía Palestina bajo mandato británico. Y en todos ellos se mencionaba que ese hogar no podía ser entendido como un Estado independiente y soberano. Tampoco que su presencia pudiera menoscabar los derechos del resto de la población árabe, europea o asiática allí residente.
Posteriormente y tras una acalorada discusión entre varios actores internacionales, mucha correspondencia diplomática y alguna que otra rebelión diplomática, se llegó a la confirmación de 1922 de lo acordado en San Remo en 1920.
«ARTÍCULO 11.
La Administración de Palestina adoptará todas las medidas necesarias para salvaguardar la intereses de la comunidad en relación con el desarrollo del país, y, sujeto a a las obligaciones internacionales aceptadas por el Mandatario, tendrá plena facultad para propiedad o control público de cualquiera de los recursos naturales del país, o de las obras públicas, servicios y utilidades que se establezcan o se establezcan en ella. Eso introducirá un sistema de tierras adecuado a las necesidades del país, teniendo en cuenta, entre otras cosas, otras cosas, a la conveniencia de promover el asentamiento cercano y el cultivo de la tierra».
Este artículo siempre fue interpretado por el movimiento sionista internacional (interlocutor del pueblo judío con el Reino Unido) como un derecho de propiedad de todo el territorio, cuando realmente no era esa la intención, como mas adelante se pronunciarían los primeros ministros británicos, – Siempre mencionaron que el «hogar» era ante todo una comunidad religiosa, pero en ningún caso una entidad política – hacia los judíos europeos mayoritariamente sefardíes y a partir de 1917 también los procedentes del este de Europa (askenazis) y de otros continentes.
Antes de negociar el territorio de la palestina británica, los árabes (tribus autóctonas del territorio vinculados al Jerife de la Meca) y los británicos acordaron que una vez establecido el mandato y una vez pacificado el territorio, este pasaría automáticamente al pueblo árabe quien con ayuda británica y francesa se ocuparían de dirigirlos y administrarlos como estados independientes. Siria y Líbano en el Norte y el de Mesopotamia al este. Al sur estaban los aliados árabes de El Hejaz (parte occidental de la actual Arabia Saudí), y el condominio que Reino Unido mantenía con el Reino de Egipto sobre el control del Canal de Suez arteria vital para los británicos.
La zona cultivable y con mayor aprovisionamiento de agua para consumo y para riegos era todo el valle del Jordán, siendo el resto del territorio un gran desierto seco y árido. Meter dos comunidades tan distintas (judías y árabe-musulmana) en ese valle era complejo. Se pensó inicialmente que la zona de la costa y orilla izquierda del Jordán sería para los judíos y la orilla derecha hasta Mesopotamia para los árabes. Esto se pensó de este modo debido a que los árabes eran mas numerosos que los judíos, por tanto era justo que tuviesen mayor territorio. Sin embargo no gustó a nadie esta idea.
Los judíos, minoría aun en los años veinte, consideraban que esa tierra debía ser para el pueblo judío. Consideraban desde la ideología sionista que la restauración de Israel y el fin de la diáspora judía debía culminar en la recuperación de sus territorios históricos: desde el río Orontes, hasta el Nilo y desde la costa mediterránea, al río Éufrates. La parte norte estaba bajo mandato francés y la parte este y sur bajo mandato británico y egipcio.
Los árabes del desierto jordano, consideraban que ellos vivían en esa tierra desde la desaparición del Israel bíblico, por tanto se consideraban autóctonos de aquellas tierra y por tanto legítimos propietarios de la misma.
El papel del Reino Unido fue mediar entre las partes para determinar algo fundamental ¿de quien era propiedad el territorio de la antigua palestina otomana?¿que comunidad tenía mas derecho? La del Reino Unido venía otorgada por mandato de la Sociedad de Naciones. La nueva Turquía de Ataturk reconocía que ese territorio ya no le pertenecía y que aceptaba que estuviese bajo mandato británico.
En realidad «Palestina» (entiéndase actuales estados de Israel, Palestina y Jordania) era una «terra nullius» (tierra de nadie) bajo una administración extranjera que no era su propietaria. Algo que era muy frecuente en territorios recién colonizados y una forma de despojar a sus habitantes originarios de sus derechos de propiedad ancestrales.
Los judíos reclamaban la tierra por ser un regalo del mismo Dios; los Árabes reclamaban la tierra por ser la tierra de sus ancestros, su patria. El conflicto estaba servido. Desde 1936 a 1939 las tribus árabes consideraron que Reino Unido les había engañado y había entregado a los sionistas judíos el derecho a poseer propiedades en Palestina. Fruto de aquella reclamación se produjo la Gran Revuelta Árabe en los prolegómenos de la segunda Guerra Mundial.
En 1939 Reino Unido publicaba el Libro Blanco sobre el futuro de palestina, también llamado Libro Blanco de MacDonald. En este libro Blanco se proponía crear un único estado llamado Estado de Palestina en el que conviviesen dos naciones, dos culturas que establecieran los mecanismos para hacerlo viable. También se volvía a prohibir la inmigración judía hacia Palestina y la prohibición a los judíos de seguir comprando tierras en Palestina.
La idea era buena pero ambas comunidades no estaban dispuestas a ceder en sus respectivas pretensiones y ambas acusaban a Reino Unido de traición a lo que prometió a ambas comunidades. Las hostilidades siguieron existiendo con posterioridad al acuerdo.
El régimen Nazi con su política racial (Shoah / Holocausto) contra el pueblo judío, provocó oleadas numerosas de judíos que huían de las zonas ocupadas hacia la Palestina británica, generando numerosos problemas y altercados con la población autóctona, tanto árabe, cristiana e incluso judía local. Por otra parte los recursos vitales de la población escaseaban.
El territorio inicialmente cedido por Reino Unido a los judíos era mas pequeño que el árabe, por lo que el movimiento sionista reclamó a los británicos ampliar su territorio para dar mas cabida a los judíos que huían de los nazis. Reino Unido para no ampliar la revuelta árabe decidió restringir el acceso de judíos a Palestina a través de la Agencia Judía, lo cual generó protestas en toda la comunidad judía internacional, al tiempo que ordenaba detener a los cabecillas de la revuelta árabe para que no se descontrolase la situación. Situación que acabó descontrolada por causa de la guerra mundial.
En 1945 finalizó la segunda Guerra Mundial, en 1946 se crea la ONU para garantiza la paz y evitar que hubiera una nueva guerra mundial. Tras constituirse el CSNU con los cinco miembros permanentes, Reino Unido, Francia, Estados Unidos, URSS y China, se vio claramente la debilidad de Reino Unido y de Francia para seguir controlando sus mandatos, los cuales se dieron por finalizados en 1948.
Un año antes, 1947, se acordó establecer para la Palestina británica una division acordada de territorios con el fin de contentar a sionistas y árabes y que las luchas entre ellos cesasen. Estados Unidos había sustituido geoestratégicamente al Reino Unido en el orden mundial. La cercanía de Oriente Próximo y Medio a la URSS del territorio, le obligaba a tener aliados en la zona una vez descolonizada la región, de cara a establecer bases de apoyo para una supuesta confrontación con la URSS en el contexto de la Guerra Fría.
La URSS se unió en su geoestrategia a la mayoría de los nuevos estados árabes y a la Liga Árabe. Al igual que británicos y franceses trataron de mantener el control sobre sus áreas de influencia tradicionales. Estados Unidos apenas conocía la región y desconocía por completo la mayoría de acuerdos, compromisos y tratados internacionales. Su objetivo era equilibrar la balanza hacia sus propios intereses con el apoyo de sus aliados, principalmente de Reino Unido.
En ese sentido el reparto de territorios debería incluir al menos un aliado propio. Dada la gran comunidad existente de inmigrantes de Judíos, muchos de ellos influyentes, en Estados Unidos, optó por prometerles el restablecimiento del Estado de Israel conforme a los criterios del movimiento sionista internacional. Sin embargo Reino Unido le aconsejó que retrasase la proclamación debido al clima de conflictos entre judíos y árabes en la región. Sin embargo, Estados Unidos estaba necesitado de establecer una cabeza de puente en la región, por lo que hizo caso omiso a las advertencias de Reino Unido.
En 1947 se votó la «Partición de Palestina» obteniendo un resultado favorable a los intereses estadounidenses y en detrimento del pueblo árabe residente en Palestina (de ahí que comenzasen a ser conocidos como «palestinos»). Sin embargo se volvió a debatir sobre el libro blanco de 1939 algo que ambas comunidades rechazaban de plano. Comenzó entonces lo que se llamó la «guerra civil de Palestina» (Palestina británica), entre ambas comunidades.
Dado que los sionistas estaban mas organizados y mejor armados, contaban además con la influyente comunidad judía de Nueva York, presionaron en la ONU a favor de la creación del Estado de Israel sin esperar a finalizar el mandato británico.
En 1948 Israel proclama su Independencia sobre el territorio inicialmente asignado para establecer el «hogar Judío» pero debido a la guerra civil, aprovecharon para expandir su territorio de forma ilegal. Los palestinos apoyados por los jordanos (que se habían constituido en el Reino de la Transjordania con el beneplácito de la ONU) protestaron y la ONU una vez finalizado el mandato británico creo la UNSCOP con la idea de pacificar la región y apostar por dos estados en la Palestina Británica: Estado de Israel y Estado de Palestina, dado que la opción de unir ambas comunidades era misión imposible.
Esta idea en el transcurso de la guerra civil de Palestina, el autoproclamado estado de Israel y la inoperancia de la ONU en pacificar la región, provocó que finalmente los territorios de mayoría árabe de Cisjordania, Franja de Gaza y Jerusalén Este pasaran a estar bajo la soberanía de Transjordania (actuales Jordania y Palestina) y que el resto del territorio de mayoría judía estuviese bajo soberanía israelí.
La franja de gaza tras definirse las fronteras en la resolución 181 de 1946 y en el establecimiento de fronteras del Estado de Israel en 1948, la franja de Gaza, pasó a ser propiedad del Reino de Egipto, quien le prestó ayuda en la guerra (Primera guerra árabe israelí, 1947-1949) y quedó bajo su protección, dado que Cisjordania y Jerusalén Este pasaron a formar parte del Reino de Transjordania.
En 1967 Israel ocupó militarmente la franja de Gaza, junto a Cisjordania y los altos del Golán (Guerra de los seis días). En 1968 los exiliados palestinos constituyeron en Túnez, la Organización de Liberación de Palestina bajo el liderazgo de Yasir Hussein Arafat. La ONU aprobó la conocida como Resolución 242 en la que se ordenaba a Israel abandonar los territorios que había ocupado ilegalmente y pidiendo el cese al fuego en la región.
Durante el primer dominio militar israelí de la franja (1967- 1993) la ONU consideró la franja de Gaza como parte integrante de Egipto y Cisjordania como parte integrante de Transjordania y los altos del Golan como parte de Siria. La OLP consideraba estos territorios (a excepción de los altos del Golan) propiedad del pueblo palestino ocupado ilegalmente por Israel. Con el tiempo la OLP se convirtió en el actor regional que representaba los intereses nacionales del pueblo palestino ante la ONU.
Fue en los acuerdos de Camp Davis de 1978, tras la guerra del Yom Kippur, en los que Israel reconocía a la OLP como representante del Pueblo Palestino independiente de Jordania. Por primera vez tenían un interlocutor propio con voz aunque aun, de momento sin voto.
En 1993 fruto de las negociaciones entre Yitzhak Rabin y Yasir Arafat se logró un compromiso, conocido como «acuerdos de Oslo», por los que el territorio unido palestino: Cisjordania, Jerusalén Este (ocupado por Israel en 1981) y la Franja de Gaza se convirtieran en una autonomía política auspiciada por la ONU dirigida por la OLP, cuyo líder se convertía de iure en Autoridad Nacional de Palestina.
Se estableció Ramala como capital de la autonomía palestina. Aquel fue el embrión para un futuro Estado Palestino independiente. Israel se comprometía al mantenimiento de la paz, pero se reservaba el derecho a intervenir en el territorio cuando su seguridad estuviese en peligro. Los Palestinos aceptaron porque volvían a recuperar la propiedad teóricamente del territorio.
Aquellos acuerdos se vieron malogrados por el auge de organizaciones religiosas y políticas nacionalistas en ambas partes, por un lado los sionistas consideraron que Rabín les había traicionado y comenzaron a organizar a sus seguidores en un intento por reanudar las campañas militares contra los palestinos. El aumento de población inmigrante judío puso en marcha el movimiento de colonos en territorio ocupado. Lo que motivó la condena internacional hacia Israel.
Por parte palestina comenzaron a hacer lo propio con organizaciones terroristas de origen nacionalista, al margen de los dirigentes – que trataban de mantener el orden y el el «status quo» con Israel – que una vez asentados en Ramala, cayeron bajo la lacra de la corrupción e inestabilidad interna en una lucha de banderías tras la muerte (supuestamente por envenenamiento) del líder Y. Arafat en 2004.
Con el tiempo transcurrido desde aquellos acuerdos de 1993 la población tanto de Israel como de Palestina se han quedado estancados en una lucha por el territorio sin que ninguna de ambas partes supieran como salir del bucle del odio, el fanatismo y la intolerancia.
Entraron en una dinámica autodestructiva tanto dentro de cada país, como entre ellos que ha hecho hasta el momento imposible cualquier reconciliación y solución definitiva al pecado original que se situa en 1948 y en 1967. Israel y Palestina quieren «Todo o Nada y hasta las ultimas consecuencias» La interferencia de potencias externas ha agravado mas que solucionado el problema inicial.
La ultima batalla de Gaza ha dejado en un limbo jurídico la propiedad de la misma. Israel cree que por derecho de conquista le pertenece, Estados Unidos solo reconoce a Israel como dueño de la Franja. La ONU considera que la franja es parte integrante del Estado Palestino (en 2024 fue reconocido por 145 de los 193 países de la ONU).
La situación de demolición y arrasamiento de la Franja, con millones de personas desplazadas de forma forzada hacia el Sur, deja a la Franja en un limbo jurídico porque ni Israel ni Estados Unidos reconocen el Estado Palestino. Hamas gobernaba la Franja de Gaza hasta la segunda ocupación militar israelí. Pero ya en teoría no lo hace dado que su cúpula se encuentra en el exilio, en estos momentos no existe ninguna autoridad reconocida palestina. Salvo que se considere que provisionalmente el presidente Mahmoud Abbas desde Ramala (Cisjordania) sea el gobernante de iure de la Franja de Gaza que no olvidemos ocupa de facto militarmente Israel de momento.
En definitiva y siguiendo la doctrina de la ONU y los tratados internacionales vinculantes, la franja de Gaza actualmente es propiedad del Estado Palestino (reconocido por la Asamblea General de la ONU a la espera de establecer su membresía) y a lo sumo del pueblo palestino representado (a efectos de la ONU) en la OLP (que sigue existiendo). Pero en ningún caso pertenece al Estado de Israel (potencia ocupante y re-ocupante) y mucho menos a Estados Unidos, que carece de todo fundamento de derecho de propiedad sobre la franja de Gaza.
Donald Trump si quiere reconstruir Gaza, lo cual no sería mal visto, deberá negociar antes con los palestinos, sus legítimos propietarios. Lo que no puede hacer es apropiárselo sin contar con los palestinos y la ONU, por mucho dinero y poder que posea. Hay normas internacionales y están para que se cumplan.
Creo que la ONU, que tiene mecanismos para ello, debería interponerse entre los que quieren aprovecharse de la salvaje crueldad humana para ganar territorios y acumular riqueza también de forma salvaje. La ONU debería, sin duda, tomar el control, como lo hizo su antecesora la sociedad de Naciones bajo la solución de los dos estados, Israel, y Palestina con fronteras seguras.
El concepto de dictadura a lo largo de la Historia Contemporánea de Europa.
En la actualidad los viejos conceptos políticos están perdiendo su significado original. Se confunde muy a menudo, en esta era de la desinformación y el bulo, la dictadura con la democracia y viceversa. Generando confusión y reacciones de todo tipo hasta el punto que es difícil hoy diferenciar la dictadura de una democracia.
En origen, la dictadura es una forma de gobernar caracterizada por la existencia de un único gobernante, es decir, es una Autocracia. El dictador o autócrata concentra en su persona todos los poderes del estado, disfruta de una autoridad suprema indiscutible.
En ese sentido las antiguas monarquías absolutas podrían ser consideradas también como autocracias; sin embargo el dictador no está en el cargo por simple sucesión dinástica (como ocurría con las monarquías autocráticas o absolutas hereditarias), sino que lo está por propia afirmación personal.
Es decir el dictador no nace en una dinastía de dictadores, sino que surge por decisión propia o por decisión de un colectivo que lo reverencia como un gran líder carismático y/o mesiánico. El dictador siempre está por encima de la Ley, de la costumbre, del bien y del mal. Es la encarnación del poder supremo.
Por tanto en este artículo sólo me referiré a regímenes gobernados por autocracias que no están regidas por un monarca hereditario (salvo algunas excepciones).
Siglo XVIII
Todo buen monarca absoluto y de derecho divino tenía el deber de mantener, defender y proteger a sus súbditos. En el siglo XVIII los monarcas se consideraban así mismos como «padres de la patria«. Es decir, los monarcas ejercían simbólicamente de padres para el pueblo. Por lo que su autoridad (autorictas) para con sus súbditos (En el papel de hijos) era infalible e incuestionable.
En esta relación paternofilial, los padres mandaban y los hijos debían obedecer. Cualquier rebeldía o desobediencia era motivo suficiente para aplicar un correctivo o castigo severo. Las vidas de los súbditos estaban sujetas a la libre voluntad, a veces caprichosa, del monarca. La vida era muy dura para los súbditos en aquella época, carecían de libertades y de derechos.
El poder del monarca absoluto (Podestas) provenía, directamente de Dios, la mayoría de monarcas eran ungidos con el óleo sagrado , lo que le convertía en un representante terrenal de Dios. Su figura era sagrada y en consecuencia debía ser venerado como tal.
Tras las reformas religiosas de los siglos anteriores, en el siglo XVIII los monarcas consideraban que se debían separar los asuntos divinos de los mundanos.
En cierta forma vemos como en este siglo los monarcas comenzaron a distanciarse de las iglesias tanto católica (hegemónica en el Mediterráneo occidental), como de las reformadas (centro y norte de Europa). Al considerarse mediante la unción, bendecidos por Dios, consideraban que no necesitaban los servicios políticos de las iglesias (teóricas representantes del mundo celestial). Los monarcas cada vez concentraban en su persona mas poder (Regalismo y absolutismo monárquico).
La expansión territorial y la conformación de los grandes imperios coloniales europeos en el siglo XVIII estaba en su cenit. Gran Bretaña, Alemania (Sacro Imperio Romano Germánico), España o Portugal seguían siendo los grandes imperios mundiales. Las relaciones entre sus soberanos era de franca competencia económica, disputas territoriales y de hegemonía política. Mantenían un sistema de equilibrio que a veces se rompía provocando guerras y conflictos de todo tipo.
En el siglo XVIII hubo varias guerras: Gran Guerra del Norte (o Guerras ruso-suecas), Guerra de la sucesión española (o guerra de la segunda coalición); la de la sucesión austriaca; la de sucesión polaca y finalmente la revolución francesa.
Dado que la economía era agropecuaria, las inclemencias del clima o los grandes desastres naturales podían arruinar durante mucho tiempo las cosechas, provocando el desabastecimiento de los mercados y provocando hambrunas, enfermedades y conflictos sociales.
Algunas hipótesis apuntan a que como consecuencia de los desastres naturales como terremotos, tsunamis y erupciones de volcanes; así como el breve cambio climático en Europa acaecido y registrado, durante el siglo XVIII y XIX, están detrás de las grandes revoluciones y guerras del continente. El hambre genera descontento y el descontento lleva a la indignación y a la ira, la ira provoca la violencia.
Dado que todas las monarquías absolutas eran autocráticas, podríamos decir que todos los monarcas de aquel siglo eran dictadores. Sin embargo sería erróneo calificarlos de ese modo, dado que era el régimen político habitual en ese siglo.
Además de monarquías existían otros regímenes como las repúblicas marítimas italianas, siendo Venecia y Génova las mas importantes de la península. Venecia era la puerta de entrada del comercio oriental hacia Europa. Génova era un centro financiero internacional y puerta de entrada hacia Flandes por el llamado «camino español» que existía, en lo que hoy es la frontera franco – alemana. En estas repúblicas los presidentes de las mismas copiaban el sistema dinástico hereditario entre las grandes familias mercantiles locales, para sucederse en la cúpula. Por lo que gobernaban de forma absolutista.
En el este europeo entre el Imperio Ruso y el Sacro Imperio Romano Germánico existió entre 1569 y 1795 un estado: República de las Dos Naciones (o Mancomunidad polaco-lituana) que limitaba al norte con el Mar Báltico y al sur con el Mar Negro y el Mar Caspio, englobando a los actuales estados de : Polonia, Lituania, Estonia, Letonia, Bielorrusia, Ucrania y Moldavia.
Aunque se le conocía como República o Mancomunidad de estados, para la mejor gestión administrativa y económica (germen del federalismo), en realidad era una monarquía electiva dominada por los soberanos del reino de Polonia, en alianza con los grandes duques de Lituania.
Era un estado multiétnico y aunque la religión católica era oficial, se permitían otros cultos (Iglesias reformadas, Iglesias ortodoxas) para evitar conflictos. Uno de esos pueblos eran los Cosacos de lo que hoy es Ucrania, un pueblo seminómada caracterizado por su destreza a lomos de un caballo en las guerras y regidos por un sistema tribal propio. Aunque sus atamanes (Líderes) habían aceptado la soberanía polaca, siempre hubo un espíritu de independencia.
En 1648 se produjo la gran Rebelión de los Cosacos, liderados por un señor de la guerra llamado Bogdán Jmelnitski, quien tras derrotar a las fuerzas polacas, se proclama Atamán de los Cosacos, proclamando el «Hetmanato«. Este régimen surge manu militari y rompe con sus vínculos con el estado del que formaba parte, para crear un nuevo estado con un nuevo régimen.
Por lo que sus gobernantes son estrictamente autócratas no monárquicos y por tanto pueden ser considerados «dictadores» en sentido estricto. En este caso, bajo un severo régimen militar y un sistema de sucesión en la cúpula, de tipo electivo.
En 1721 al finalizar la Gran Guerra del Norte en la que Polonia estaba implicada, el territorio del Hetmanato pasó a depender de la corona rusa como un territorio vasallo; para finalmente ser anexado al Imperio Ruso. El Hetmanato de Ucrania fue el primer gran régimen dictatorial europeo del siglo XVIII.
En Francia durante el siglo XVIII padece hambrunas periódicas coincidentes con las malas cosechas y el desabastecimiento de los mercados. La Lujosa Corte de Versalles del rey Luis XIV acapara gran parte de los recursos del estado destinado al tercer estado. La economía del país estaba al borde de la bancarrota y la presión fiscal (sobre el tercer estado, el único con obligaciones fiscales en esta época) era tal que se convirtió en un gran problema de estado para los secretarios reales y el gobierno del reino.
Luis XIV es el claro ejemplo de monarca absoluto, autócrata, déspota y teócrata, en el que muchos soberanos de aquella época se fijaban. Luis XIV consideraba que el pueblo debía obedecer a su amo y señor. El consideraba que el pueblo no tenía derecho a cuestionar sus órdenes y que por tanto debía padecer a modo de castigo paternofilial. Las cárceles francesas estaban llenas de indigentes y de enfermos.
Para los habitantes de París, Lyon o Marsella, por citar tres de las grandes ciudades francesas, el rey no cumplía con sus obligaciones feudales de mantener, defender y proteger a los súbditos. La falta de alimentos y de recursos esenciales para la vida cotidiana, provocada oleadas de indignación y de levantamientos contra la autoridad real o sus representantes (nobles cortesanos y autoridades eclesiales). Oleadas que eran duramente reprimidas por las fuerzas del orden público (Ejército en esa época).
Algunos historiadores y sociólogos plantean que quizás ese abandono de deberes, esa inhibición ante los problemas de la gente, esa represión como forma de acallar las voces discordantes, fue la base del ideal revolucionario organizado sustentado en una nueva ideología: la ilustración.
Los ilustrados eran intelectuales que pertenecían principalmente al estamento noble o al eclesiástico, aunque también los hubo en el tercer estado entre las autoridades locales, cuyo cometido era buscar un nuevo régimen sustitutivo del absolutismo monárquico, pero sin eliminar la figura sagrada del monarca.
La ilustración (o iluminación en otros países) era una evolución del humanismo del XVI y del cartesianismo del XVII. Los intelectuales consideraban que la religión entorpecía el desarrollo de las ciencias y humanidades con sus prevenciones, prohibiciones y sus anatemas.
Por lo que, desde el ámbito privado, se investigaba, se estudiaba y se debatía sobre todos los campos del saber, incluido el derecho y la teología. Se consideraban «polímatas». Durante el siglo XVIII surgieron en Europa infinidad de Academias patrocinadas por los propios monarcas o por nobles acaudalados para la promoción de las ciencias, las artes, las humanidades e incluso el «buen gusto«.
Sin duda la Academia de Ciencias de Estocolmo, la Academia de Ciencias de Moscú y la Royal Society de Londres, fueron las mas destacadas de todos. De sus salones surgieron infinidad de genios, artistas, científicos, exploradores,… que innovaron con sus descubrimientos y nueva creación. Las conferencias, los viajes y los debates, así como sus obras escritas, fueron sus principales cometidos intelectuales.
Muchas de las hipótesis y tesis de estos genios chocaban con la implacable Inquisición católica y con los teólogos reformistas mas conservadores. Se puso en cuestión muchas cosas que antes se consideraban inmutables, entre ellas la propia cuestión sobre la existencia de Dios o de toda su obra creadora.
El naturalismo darwinista marcó una senda de «divorcio» entre las ciencias y la religión; entre la fe y la razón, que duró hasta bien entrado el siglo XX. Voltaire consideraba que había que actuar «como si Dios no existiese«. Este fenómeno dio paso al Laicismo característico de Francia.
En el campo político, los ilustrados no querían un régimen en el que el rey no fuera la cabeza; lo que deseaban era que el rey cumpliese y atendiese sus obligaciones paternofiliales con sus súbditos. Pero también tuvieron la precaución de limitar el poder del rey, para evitar un excesivo despotismo. Ellos proponían monarquías absolutas ilustradas en las que ya no debía regirse por la ley divina; sino por la jurisdicción civil.
Jean – Jacques Rousseau consideraba que había que hacer un «contrato social» entre el gobernante y el gobernado. Esta idea surgió a partir de sus estudios sobre los mejores métodos a aplicar en el ámbito de la enseñanza básica ( «El Emilio»).
El Barón de Montesquieu propuso que hubiera separación de poderes en la gobernanza del estado: Ejecutivo (Autorictas), Legislativo (Imperium), Judicial (Podestas) incorporando un nuevo significado al concepto de «Justicia«, no tanto como un severo sistema de aplicación de correctivos y castigos; sino en el sentido de promover la idea de «hacer lo que es debido«, lo que lleva necesariamente hacia la promoción del bienestar, la libertad y la virtud. Cada individuo debía hacer lo que tenía que hacer, incluido el monarca, los nobles, los militares y los eclesiásticos. Evidentemente esto llevó a establecer límites y reglas básicas comunes («constitucionalismo«).
Las ideas que plantearon los ilustrados tuvieron difusión y atractivo en la corte, pero no en la calle. Ellos querían ayudar a la gente, con reformas de gran calado para fortalecer la economía y para evitar conflictos. Por ello tuvieron también la precaución de frenar cualquier intento de revolución antimonárquica, popular no tutelada por personas ilustradas o «de orden«.
En el fondo la idea era mantener el sistema, pero con reformas sociales. La idea del rey padre de la patria, generoso y bondadoso, «lento a la ira y rico en misericordia» era atractiva para los ilustrados, porque en el imaginario de la época, se consideraba que era el rey el que no había cumplido con su parte del trato. Pero si este se reformaba y reanudaba sus obligaciones, no había ningún problema en mantenerlo. La voluntad del rey debía limitarse a sus obligaciones como Señor feudal y no generar una situación de descontento entre la población.
A nivel de calle el imaginario del tercer estado se desbordaba, muchos de los que sabían leer y escribir trataron de adaptar las ideas políticas de la ilustración a su propia situación jurídica y condiciones de vida. Consideraban que mantener a un rey todopoderoso, con poder supremo sobre la vida o la muerte de cualquier súbdito, no era bueno para los del estamento. No había nada, ni nadie que pudiera actuar sobre el monarca, sólo Dios. El rey seguía siendo una figura sagrada e intocable.
Consideraban que los nobles y eclesiásticos de la corte estaban corrompidos y no ponían límites al rey porque les iba el cargo en ello. Un noble podía pasar de ser un gran estadista un día, y al siguiente, dormir bajo un puente sin propiedades, sin títulos y sin riqueza alguna. También ellos dependían de la voluntad del monarca.
Esa continuidad de la dependencia estamental, feudo-vasallatica, hizo desconfiar a los intelectuales del tercer estado, quienes consideraban que el Pueblo debía primero ser libre, después tener derechos y finalmente ser tenidos en cuenta en la toma de decisiones.
Estos intelectuales consideraban que la ilustración estaba inconclusa y difícilmente era aplicable al pueblo. Mientras la nobleza y el clero siguieran siendo los únicos con derechos a dirigir el país, el pueblo siempre saldría perdiendo. Si los nobles y el clero no hacían lo que tenían que hacer, no habría tampoco justicia y por lo tanto no beneficiaba en nada al pueblo.
De estas ideas surgieron las ideas revolucionarias populares que encontraron eco en la nobleza local, el clero regular y oficiales del ejército. Estas ideas ilustradas y revolucionarias dieron con el tiempo paso a la Revolución Francesa de 1789.
Una revolución que ejecutó a su rey y proclamó la primera república. En el proceso revolucionario se vio como las ideas ilustradas y las revolucionarias, generaron las primeras ideologías contemporáneas.
Por un lado estaban los absolutistas ilustrados agrupados en torno al partido de la Gironda (o «girondinos«), estaban los revolucionarios ilustrados en torno al Partido Jacobino, y en los extremos estaban los mas radicales conocidos como «Montagnars» (Montañeses) y los «negros«.
Maximilien Robespierre, uno de los líderes de los Jacobinos , revolucionario ilustrado, consideraba que la clase política que lideraba la república no estaba haciendo lo que tenía que hacer, que se había corrompido y que aquella revolución había fracasado.
En esta idea consideraba que el salvaría a la patria de sí misma, asumiendo el poder de manera curiosamente absolutista y rigorista, imponiendo el «comité de Salvación Pública» que daba a Robespierre todo el poder para actuar casi sin límites. El consideraba que la amenaza exterior y la interior por parte de los monárquicos y absolutistas exigían leyes mas restrictivas, leyes mas contundentes contra los «Traidores a la patria«, y en consecuencia era «justo» acabar con todos ellos sin importar los medios.
Robespierre es otro de los personajes que pueden considerarse propiamente como «dictador» según se ha definido más arriba. Robespierre se arrogó el derecho a salvar por cualquier medio a los ciudadanos. Es también un ejemplo de modalidad de dictadura bajo un régimen civil de terror (o «caza de brujas«). La guillotina de Monsieur Guillotín, tuvo mucho trabajo durante el mandato de Robespierre.
Su poder era tal que asustó a los sectores mas conservadores y con ayuda del ejército, se produjo un golpe de estado, en el que Robespierre fue detenido y guillotinado en París. El Comité de Salvación Pública fue disuelto y en su lugar se instauró el Directorio civil en 1795, bajo la protección del ejército. El ejercito quedó como garante de las leyes de la república, de su constitución y de la defensa del pueblo.
En 1799 tras una brillante carrera militar jalonada de muchos éxitos para Francia en las guerras europeas y en África, el general Napoleón Bonaparte, considerado «Héroe de la patria» y de origen corso, es nombrado primer cónsul de la república. Desde ese puesto obtuvo también mucho poder que progresivamente fue acumulando, de primer cónsul, pasó a cónsul vitalicio.
Pero para evitar los excesos y como militar comprometido con la defensa del pueblo y orden constitucional republicano, decidió actuar como líder reformista, incorporando novedades como los códigos civil y penal, reglas escritas mas claras para que los jueces pudieran aplicar la ley como debían.
Su forma despótica de gobierno era bien vista por el pueblo hasta tal punto que muchos creían que Napoleón era verdaderamente un enviado por Dios -tras los excesos de los primeros años, la república restauró la relación con la Iglesia Católica (Concordato de 1801) y mantuvo un régimen de relativa tolerancia religiosa – para salvar a los franceses de las amenazas exteriores e interiores. Esta forma de gobierno áulico, mesiánico y cuasi sagrado, se le conoce como «bonapartismo«.
En 1804 convoca un plebiscito para que los franceses decidieran si querían mantener la república o restaurar la monarquía. Los franceses mayoritariamente eligieron a Napoleón como su nuevo monarca, pero con ciertas condiciones que incluían el respeto a los ideales ilustrados y revolucionarios. En ese año se convirtió en el emperador Napoleón I «de los Franceses» , primer monarca «plebeyo» de Europa.
Durante todo su mandato (1799-1815) sus despóticas e imperiales formas de gobernar y de regir los destinos de los franceses se asimilan a las de un dictador tipo según la estándares que tenemos como referencia en este artículo. Este dictador ha sido la principal referencia para la formación de dictaduras y regímenes autocráticos posteriores.
Napoleón I introdujo la idea de «Grandeur» , la idea de volver a hacer grande a Francia con la construcción de un gran Imperio. Consideraba que la revolución había acabado con el sistema del «Antiguo Régimen«, pero había convertido a Francia en una pequeña potencia en el ámbito europeo, dejándola en situación de debilidad. Haciendo galas de sus conquistas militares, consideraba en su propaganda, que el volvería a hacer grande a Francia. La grandeza perdida y recuperada, ha sido otro de los elementos distintivos característicos de dictadores y autócratas posteriores.
Napoleón fue derrotado en el campo de batalla, detenido y enviado a Santa Helena (isla propiedad de la corona británica) donde falleció. Napoleón fue el último dictador del Siglo XVIII y el primero del Siglo XIX.
Se abre un nuevo camino hacia una nueva etapa histórica.
«Si observamos que toda ciudad es una comunidad, y que toda comunidad se ajusta por causa de algún bien – porque todos hacen las cosas por parecerles buenas – claramente se echa de ver que todas sus comunidades pretenden algún bien, y muy señaladamente aquella, que es la mas principal de todas. Esta es, pues, la ciudad y la comunidad civil» (Aristóteles. «La Política», ed. Nuestra Raza, Madrid, s.d.)
A lo largo de la historia y de manera mas racional a partir del siglo XVIII, los filósofos de la política siempre han debatido sobre como han de ser las relaciones entre los gobernantes y los gobernados; así como las relaciones entre los pueblos, naciones y estados.
Desde la revolución americana y desde la revolución francesa a finales del siglo XVIII el mundo se ha regido por unos ideales básicos y troncales: Libertad, Legalidad, Igualdad y Fraternidad. Ideales cuya interpretación por parte del derecho, la filosofía, la teología o la sociología han dado lugar a regímenes o sistemas políticos diferentes, pero también a ideas, ideologías y mentalidades mas o menos estructuradas.
Estos sistemas se han organizado en torno a un corpus jurídico -institucional, un sistema económico-financiero y un sistema social determinado.
En el siglo XIX hubo un modelo homogéneo en todas los países europeos, ese modelo se conoce históricamente como «Sistema burgués-Liberal«. Un sistema que estuvo vigente durante toda la «era victoriana» (1837-1901), siendo modificado durante la «era eduardiana» (1901-1910), para dar paso al «movimiento moderno» (1910-1930).
El «sistema burgués-Liberal » se diferenciaba del sistema de la «era napoleónica o bonapartista» (1795-1815) en la aparición del sistema capitalista moderno en la economía, en Europa y mundo anglosajón al mismo tiempo que se producía de forma asimétrica la primera revolución industrial (1705-1830) con sus consecuencias sobre la producción, propiedad y la sociedad.
La «burguesía» es la denominación que se le aplicó originalmente a los emprendedores y promotores de la actividad industrial, del transporte, del comercio internacional y del desarrollo de las primeras empresas y de la banca y finanzas modernas.
Personas que procedían en su mayor parte del llamado «tercer estado«, un estamento no privilegiado, con derechos y libertades restringidas y sujeto a vínculos personales con miembros de la realeza, nobleza, clero, ejército o autoridades locales.
Las revoluciones del siglo XVIII los había liberado en gran parte de Europa del régimen feudal y del debido vasallaje al señor feudal que los mantenía, defendía y los protegía a cambio de un trabajo, vivienda y alimentación. las revoluciones XVIII dieron paso a las «Revoluciones Burguesas» del siglo XIX (1820, 1830, 1848 y en cierta manera, la guerra franco-prusiana de 1871) en las que se derribaron los pilares del anterior régimen.
Burgueses («habitantes del burgo«) que liberados de sus amos y de la relación feudo-vasallatica, comenzaron a explorar nuevas formas de generar riqueza y de buscar su propio destino («destino manifiesto«) en la vida.
Artesanos, maestros y oficiales gremiales, maestros de escuela, funcionarios, Profesionales «liberales«, capataces de fábricas, mayorales de fincas, personas de confianza, que en líneas generales trabajaban en oficinas, o al frente de la administración de explotaciones agropecuarias y todas aquellas que no realizaban actividad manual directamente.
Estas personas se relacionaban por su posición laboral y social con los estamentos privilegiados primero; y después con las clases altas de la sociedad. Su relación estaba sometida a la aceptación de superioridad o inferioridad en virtud del rango y estatus que se les asignaba socialmente. Pero nunca esa relación era de igualdad. Se respetaba el orden, la disciplina y la jerarquía. Para las clases altas, los burgueses eran considerados personas «inferiores» y para los burgueses, las clases altas eran consideradas personas «distinguidas y superiores«.
Las Ideas «Liberales» no eran nada homogéneas, la palabra «libertad» usada sobre todo en el continente americano desde 1774 tenía distintos significados en Europa y en otros continentes. En Europa se consideraba que libertad es el efecto y consecuencia de sentirse libre, como ser humano, para actuar y proceder en la vida, sin ataduras de ningún tipo. Los absolutistas consideraban que estos burgueses eran «demasiado liberales» en su proceder, por lo que desconfiaban de ellos.
En América libertad significaba ser una persona «libre» (En sentido jurídico) y no una mercancía que pudiera comprarse o venderse (esclavitud y servidumbre). Fuera de Europa estaban simplemente «las colonias«. Incluso Estados Unidos de América una vez independizados se seguían considerando colonias en el viejo continente.
En el contexto imperialista europeo, las relaciones internacionales del siglo XIX consistía en el «equilibrio» de poder entre los distintos soberanos absolutos, algunos de ellos actuando por derecho divino.
Aunque los monarcas de esta época eran parientes en su mayor parte – basta ver las genealogías de las dinastías reales Europeas para darse cuenta de ello – muchas veces no se llevaban bien y chocaban por intereses contrapuestos sobre cuestiones familiares, territoriales, económicas… La idea de mantener el «equilibrio» se basaba en cuestiones morales religiosas, los vínculos afectivos familiares de los soberanos, y en la necesidad de llevarse bien entre ellos, sin dañar a nadie considerado un amigo o aliado del soberano.
Fuera de Europa era el mundo colonial, cuyo reparto, administración y consideración, decidían los propios monarcas europeos cada vez que se reunían y cuyas fronteras imaginarias se dibujaban «a cordel» sobre un mapa mundial. Cuando había problemas enviaban a alguien a comprobar que pasaba y este daba cuenta al monarca de lo que ocurría o de lo él interpretaba que ocurría. Este es el origen del servicio diplomático en Europa.
Durante el sistema burgués liberal la mayoría de los monarcas tenía la intención de compartir el poder con instituciones creadas y representativas del pueblo («Populus»= ciudadanos), siempre y cuando esa relación no menoscabara el poder absoluto que por su propia naturaleza consideraban que tenían los soberanos (Monarcas) ungidos por el «Gran Hacedor«. Cedían parte del poder, para evitar una revolución como la de 1789 que acabara con los monarcas.
Esta cesión del poder se dio en tres formas distintas: Monarquía Ilustrada (paternalismo monárquico, despotismo ilustrado); Monarquía Constitucional (Monarca sujeto a lo dispuesto en una constitución o Leyes fundamentales); o Monarquía Parlamentaria (Monarca sujeto a las decisiones adoptadas por un parlamento o asamblea parlamentaria).
Entre el Monarca y el Pueblo se crearon, sobre todo durante la era napoleónica y victoriana, varias instituciones intermedias: «Gobierno o consejo de Ministros» , Parlamentos o Asambleas legislativas y tribunales independientes jurisdiccionalmente de la Corona o de la Inquisición. Durante el siglo XIX se experimentó por vez primera la separación de poderes y la restricción de poderes al Monarca que aun seguía siendo el único «soberano» y aun tenía en algunos países carácter «sagrado«.
El Secretario de Estado de S.M, el presidente del Consejo de Ministros o el Primer Ministro fueron cargos públicos, designados por el monarca, que se crearon como enlaces entre el monarca y el parlamento. A efectos de la institución monárquica el primer ministro era un simple ayuda de cámara, un mero sirviente de palacio. A efectos del pueblo, el primer Ministro era la «primera autoridad del estado«, persona de la mas alta distinción del «Estado«.
En las primeras repúblicas el papel del monarca era interpretado por el Presidente de la República o por el Presidente federal de la República. Y al igual que el monarca, tenía las mismas prerrogativas y los mismos límites a su actividad y poder. También se ocuparon de restringir el poder al Presidente. En ese sentido no había aun mucha diferencia entre una monarquía o una república. La única diferencia era que el presidente era elegido por el parlamento y el monarca sucedía genealógicamente a su padre, de forma automática, en la jefatura del estado.
Pero hay que decir también que a veces los presidentes y los monarcas se excedían de sus funciones constitucionales o de los límites impuestos por el parlamento, generando así pequeñas dictaduras o tiranías que no eran del agrado ni del pueblo, ni tampoco de la burguesía detentora del poder fuera de la Corte Palatina. Los monarcas a menudo se resistían a perder privilegios y poder; al igual que hubo presidentes cuya ambición rebasaba lo lícitamente permitido por la constitución o el parlamento. Esa tentación por el poder absoluto siempre ha existido.
Las revoluciones burguesas del siglo XIX en realidad fueron meros ajustes para dotar a los países europeos de regímenes que respondieran a los principios bienhechores que los primeros legisladores y constitucionalistas imprimieron en sus leyes fundamentales y que dieron forma al régimen político de la era victoriana y en menor medida de la era eduardiana.
La lucha por el poder, la aparición del parlamentarismo y constitucionalismo, el avance de un sistema económico mercantilista que evolucionó hacia el capitalismo empresarial moderno, con un sistema social basado en «clases» y un modelo de relaciones sociales basados en acuerdos, pactos y consensos a fin de mantener la armonía y sobre todo el equilibrio para evitar las confrontaciones.
El liberalismo político (Benjamín Disraeli) fue la ideología dominante en Europa durante el siglo XIX, coincidente con el desarrollo del liberalismo económico (Adam Smith, David Ricardo) enfocado hacia el desarrollo industrial de Europa y el desarrollo de los grandes imperios coloniales.
Sin embargo a final de la era victoriana y sobre todo durante la eduardiana, el sistema burgués-liberal acabó desequilibrándose debido a las consecuencias negativas de la revolución industrial sobre los trabajadores y sus familias.
La riqueza generada por la burguesía solo beneficiaba a muy pocas familias, las propietarias de las fábricas y negocios, las dueñas de las grandes explotaciones agropecuarias. Sin embargo la inmensa mayoría de los trabajadores de esas fábricas, negocios y explotaciones vivía en unas condiciones infrahumanas.
En unas condiciones por debajo del umbral de la pobreza. Las desigualdades sociales hicieron mella en ese ideal de crear una sociedad perfectamente organizada y en armonía que planteaban los burgueses de principios del siglo XIX.
Surge de esta nueva realidad la protesta y la rebelión social por las duras condiciones de la «clase trabajadora u obrera». Surge a finales del siglo XIX el movimiento obrero internacionalista organizado.
En el sistema burgués-liberal los trabajadores manuales, peones, jornaleros… eran meros sirvientes del propietario de las fábricas, negocios y explotaciones, formaban jurídicamente parte de la «Casa», del servicio doméstico. Por tanto era considerado un asunto «privado» y no público. El estado se inhibía de estas cuestiones laborales, por considerar que los propietarios tenían derecho a decidir sobre las condiciones laborales que consideraran oportunas.
Apenas había legislación laboral, de hecho no existían aun los ministerios de trabajo o de asuntos laborales. Y la que había beneficiaba enormemente al propietario y perjudicaba mucho al trabajador.
En Francia e Inglaterra surgieron a menudo desde organizaciones caritativas religiosas y desde mecenas concienciados con «los pobres»; burgueses que consideraban que el sistema necesitaba «reformarse» para garantizar nuevos derechos a los trabajadores y para protegerlos de las duras condiciones de vida.
A esta actividad – que se diferenciaba de la «caritas» religiosa (paternalismo caritativo) – se la denominó «beneficencia«. En realidad estos burgueses liberales y reformistas querían justificar su cristianismo con obras de misericordia pero usando métodos modernos mas eficaces que la simple «sopa boba» o la simple limosna.
El reformismo dio pie al asociacionismo, al sindicalismo y a la aparición de nuevas ideologías obreras , que dieron paso a nuevas formaciones políticas y al movimiento obrero.
En 1864 en Londres (Saint Martin’s Hall), se reunieron varios colectivos obreros, sobre todo del cinturón industrial de Manchester; así como de representantes de obreros procedentes de: Francia, Países Bajos, Bélgica, Suiza, Rusia y Alemania principalmente. Aquella cumbre o congreso de representantes se denominó «Primera Internacional Obrera» la cual constituyó un secretariado internacional conocido como la «AIT» (Asociación Internacional del Trabajo, 1864-1876).
En los debates tres figuras destacaron: Karl Heinrich Marx (Alemania -Inglaterra), Pierre-Joseph Proudhon y Henri Tolain (Francia) y Mijaíl Bakunin (Rusia).
Marx sin duda fue el gran protagonista de las jornadas del congreso. Su ideario complementario con el discurso anti hegeliano de Engels , dio paso a la formulación del primer ideario revolucionario basado en un método filosófico e historicista. Marx fue el que inspirado en los sucesos ocurridos durante el movimiento revolucionario francés en la Comunne du París (Ayuntamiento de París) en 1830.
La rebelión de Julio de 1830 provocó el fin del absolutismo en Francia y la derrota definitiva de la dinastía de Borbón (derrocada en 1793; restaurada en 1815).
El duque de Orleans, la «Guardia Nacional» (Revolucionaria) y el pueblo parisino guiado por la burguesía parisina, instituyeron la monarquía constitucional desprovista ya de cualquier privilegio que le permitiese recuperar el absolutismo monárquico de derecho divino. La monarquía de Luis Felipe de Orleans se ciñó a una constitución «Liberal» y quedó sujeta a la decisión del Parlamento. El mismo monarca, alineado con la revolución, estaba entusiasmado con su renovado papel como rey constitucional.
El «pueblo en armas en defensa de su soberanía» fue la base sobre la que establecer un nuevo sistema revolucionario que dio pie a que los filósofos de la revolución formularan nuevos métodos para alcanzar el poder desde la base social a la cúpula del poder político. El pueblo se empodera, se declara «soberano» y por tanto es dueño de su propio destino.
Marx propuso concienciar a la sociedad, despertarla del letargo que había vivido y en consecuencia ponerla en marcha hacia la consecución de los objetivos que se habían propuesto, que no eran otros que las tres demandas principales de los trabajadores y las clases bajas: Pan, Tierra (o Trabajo según los casos) y Libertad.
Marx mas que un revolucionario preocupado por la clase trabajadora y en general por «los pobres» que se hacinaban en las grandes ciudades industriales. Era un notable propagandista y un gran activista en el terreno intelectual. Era un prolífico escritor, un reconocido pensador y un editor sin pretensiones. Su pensamiento y su obra ha traspasado fronteras y ha influido en muchos países, en muchas ideologías y en muchos regímenes.
Marx tuvo – y sigue teniendo – muchos seguidores; pero también grandes detractores y enemigos, tanto en el terreno de las ideas, como en su metodología y aplicación práctica de sus ideas. Algunos han querido ver en Marx, como al nuevo Lutero, por la influencia que tuvo en la historia contemporánea mundial. Muchos han visto en el marxismo como una nueva religión o e incluso a Marx como un nuevo profeta.
Los ingleses ya estaban experimentando desde el liberalismo reformista con las Trade Unión (Sindicatos) legales y con una evolución social del liberalismo reformista llamado «Laborismo». En el terreno filosófico esta ideología fue una escisión del liberalismo progresista (o «Wigh«) clásico. El nuevo laborismo inspiró un nuevo partido: «Labor Party».
En Francia, ya existía algo parecido a los ingleses y sus seguidores eran conocidos como «Socialist» (Socialistas). El socialismo de Proudhon era mas liberal moderado, de base burguesa, que propiamente revolucionario o de clase obrera, aunque se sumó, como otros actores, al grupo de fuerzas que protagonizaron la revolución de Julio de 1830.
Marx se basó en el socialismo francés en lo filosófico y político; pero prefirió adoptar el modelo laborista británico en lo tocante a sus modelos económicos. Esta base en el liberalismo reformado revolucionario, se completó con los estudios de Engels, colaborador y amigo de Marx. Engels era mas revolucionario y mas cercano al radicalismo obrero también de Francia, pero sobre todo de lo que se estaba gestando en Alemania (revolución de 1848 y guerra franco-prusiana de 1871).
Bakunin fue el único representante ruso en el congreso. En Francia los trabajadores rusos se habían reunido en pequeñas, minúsculas organizaciones proto sindicales, en torno a la «Asociación de trabajadores rusos de Francia» cuyo mérito fue encargar a Marx (como editor y filósofo) un panfleto propagandístico que de forma sencilla, clara y sin mucha erudición, explicase la metodología revolucionaria formulada por Marx y Engels. La mayoría de los trabajadores de esa época no sabían ni leer, ni escribir. Por tanto era necesario bajar el nivel intelectual para facilitar su difusión.
A Marx no le gustó el encargo a sabiendas que no le iban a pagar por falta de fondos. Pero a Engels le gustó la idea de tener una referencia bibliográfica a modo de «tratado» basado en las ideas que generalmente circulaban en los debates y tertulias en el entorno obrero y burgueses sensibilizados. Marx cedió este trabajo a Engels. Ese panfleto se llamó «Manifiesto Comunista» (1848), hubo una tirada de 100 ejemplares que apenas se vendieron y difundieron.
El título ha dado pie a un gran equívoco histórico a causa de las innumerables traducciones posteriores que se hicieron del panfleto. Cuando Marx habla de «Comunista«, se refiere a la comuna de París, no a lo que hoy entendemos por comunismo. Quizás la traducción mas correcta sería «manifiesto comunitario» o incluso hoy podría libremente denominar: «manifiesto sobre lo que nos une como comunidad», eso era lo que en realidad Marx y Engels querían expresar.
En el siglo XX, el liberalismo clásico devino en Conservadurismo y en liberalismo conservador. El liberalismo progresista o «laborista» derivó en varias ideologías. El marxismo en unión con el socialismo francés, dio paso al socialismo del siglo XX (con base en la unión de la burguesía progresista y la clase trabajadora). El marxismo según la interpretación personal de Lenin dio lugar al «Marxismo-leninismo» o propiamente «comunismo» (con base obrera únicamente). El marxismo según la interpretación anarco-colectivista de Bakunin, dio paso al «Anarquismo sindical» y al «Anarquismo intelectual«.
Conservadurismo, Liberalismo, Socialismo, Comunismo y Anarquismo fueron las bases intelectuales de todas las ideologías que se formularon en el siglo XX.
Tras la primera Internacional hubo muchas conferencias sectoriales y territoriales. a nivel global hubo otras dos mas: la segunda internacional (1884) en la que Bakunin rompe con Marx y la última la tercera internacional (1919) en Moscú en la que Marx rompe con Lenin.
Esta será la última conjunta, dado que cada rama: Socialismo (marxismo), Comunismo (Lenin) y Anarquismo (Bakunin) convocará sus propias cumbres y tendrá sus propias organizaciones a partir de entonces.
En la década de 1930 el desarrollo de la idea «democrática» (Con varias interpretaciones sobre este concepto) y la aplicación práctica de tales ideologías decimonónicas evolucionadas dieron lugar a regímenes diversos.
En el Reino Unido el Conservadurismo y el Laborismo evolucionaron por separado, pero manteniendo intactas sus ideas primigenias. Incorporaron ambas la idea de «democracia» pero adaptándola al modelo político y económico anglosajón y al particular sistema constitucional del Reino Unido.
En Francia el socialismo aliado con el marxismo y con la incorporación de la democracia dio paso a un primer formato de Socialismo Democrático ( o radicalismo o republicanismo francés) revolucionario con base tanto en las clases medias, como en el proletariado.
En Alemania, tras la guerra franco-prusiana el sistema imperante en el nuevo imperio alemán era la democracia social. Alemania fue de los primeros en establecer la democracia moderna como régimen político. Las ideas francesas por un lado y por otro las ideas de Bismarck de como debía ser el nuevo imperio constitucional y parlamentario alemán.
Dio paso a dos ideologías con el mismo nombre: «Socialdemocracia«. La primera (surgida del liberalismo) y la segunda (surgida del marxismo y del marxismo-leninismo). La primera derivaría inicialmente hacia la «democracia cristiana» y posteriormente al socialismo regresivo de corte burgués-liberal y nacionalista radicalizado (DAP, del que surgiría el NSDAP o partido Nazi).
En Italia desde 1920 el fascismo domina la política italiana con puño de hierro. Antes de la llegada del Fascismo hubo intentos durante su proceso de unificación de creación del liberalismo y del socialismo italiano inspirado en sus homólogos europeos.
Sin embargo el fracaso de la primera unificación que creó el Reino de Italia, unido a la falta de una clase media que dirigiera a los obreros, provocó que tanto el conservadurismo de tipo unificador y extremadamente nacionalista y religioso; como el nuevo comunismo violento de Lenin y su desarrollo posterior en la URSS («sovietismo» : 1922-1993) polarizaban los debates parlamentarios italianos, pero con consecuencias en la calle.
El Fascismo italiano (El original) surgió en ese intento por unir liberalismo y socialismo en una sola ideología: el liberal – socialismo. Esta ideología nueva será conocida como fascista por que los comandos guerrilleros y las fuerzas de apoyo al movimiento fascista, se denominaban «Fasciis di Combattimento«. Debido a la inestabilidad de Italia, ese primer intento de una democracia liberal falló hasta el punto de adoptar forma de una dictadura cívico-militar. que se alejaba de las ideas democráticas, para adoptar el totalitarismo.
Estados Unidos al margen de Europa siguió su propio camino a partir de 1823 con la «Doctrina Monroe» Estados Unidos de América decide motu proprio que es la potencia dominante en el continente y que por tanto tiene derecho exclusivo a interferir e intervenir en los asuntos internos de cualquier país conforme a sus propios intereses.
Esta doctrina ha creado dictaduras, revoluciones, golpes de estado, neo imperialismo y neo colonialismo en la mayoría de los estados americanos, hasta el punto que surgió en el siglo XX una ideología específica del continente: El «antiamericanismo» que consiste en oponerse a cualquier injerencia en los asuntos internos de los estados por parte de Estados Unidos de América.
Generalmente el «antiamericanismo» es una característica muy específica del ideario de izquierdas (Véase comunismo americano, maoísmo americano y libertarismo) en la mayoría de los países americanos. Siendo los «Proamericanos» los que mantienen relaciones estrechas con los Estados Unidos de América (Conservadurismo de América)
En la actualidad estamos en un dilema que justifica la pregunta del título de este artículo. ¿Ahora que?. La mayoría de los filósofos, sociólogos e historiadores que abordan el desarrollo político e ideológico, o el modelo económico y social, opinan que ninguno de los tres grandes sistemas ideológicos-políticos del siglo XX han funcionado correctamente, que se han corrompido, se han radicalizado y ha generado toto tipo de crímenes y horrores inimaginables.
Ni el capitalismo (Liberalismo), ni los fascismos, ni los socialismos, ni los comunismos han solucionado los problemas básicos de la población, tampoco han logrado la paz, el desarrollo, la prosperidad y la felicidad. Cada uno tiene sus fantasmas del pasado y sus muertos dentro del armario.
Si ninguna ideología es perfecta, si ningún régimen es perfecto, si nada es perfecto. A la hora de elegir y decidir se plantea esta terrible pregunta. La respuesta fácil la estamos viendo: todo vale y todo es posible sin consecuencias, sin castigos, sin límites, sin frenos, sin tener un plan b…
Para muchos el fin no justifica los medios, la ley de la selva es válida, la ley del talión necesaria, la barbarie deseada, la violencia un derecho, los crímenes victimas colaterales, es lo que hoy vemos delante de nosotros y oímos por todas partes.
Es una realidad por mucho que queramos ocultarla detrás de los bulos, de las fakes y de la desinformación, cada vez mas sofisticada por la acción de las apps dotadas de IA.
Se necesitan nuevas ideas, nuevas ideologías y nuevos regímenes políticos. Nadie tiene una varita mágica que solucione todos los problemas del mundo mundial. Si hay algo en lo que todos los que somos sensatos, responsables, que aceptamos los límites establecidos, el estado de derecho, los derechos civiles y los humanos, el derecho internacional.
Todos los que queremos un mundo diverso y plural, cuya convivencia sea posible mediante reglas, instituciones y autoridades apostamos por la democracia (ya sea representativa, ya sea directa) como régimen que a priori puede ser mas beneficioso para la paz social, el planeta y los seres humanos, Estamos empeñados con su defensa.
A la respuesta de y … ¿Ahora que? le respondo como los jóvenes de Paris en Mayo de 1968: «La imaginación al poder». Pedimos la vuelta de la Razón, de la Ciencia, de las Humanidades, de los valores democráticos, pero adaptados a la nueva etapa histórica que ahora se abre ante nosotros. Se lo debemos a las nuevas generaciones.
En la cultura política europea y estadounidense la visión del mundo es diametralmente la opuesta a la cultura oriental asiática, a la africana y a la del Pacífico.
La visión eurocéntrica del mundo se puede apreciar en cualquier mapa geopolítico del planeta Tierra. A la zona limítrofe entre Europa y Asia recibe varios nombres: Europa del Este, Los Balcanes, Oriente Próximo. Más allá de Europa del Este están los vastos territorios de la Federación Rusa. Más allá de los Balcanes está Anatolia. Más allá de Oriente Próximo, está Oriente Medio. Más allá de oriente Medio está Extremo Oriente y mas hacia el sureste está el Sudeste Asiático. Sin embargo América y el Pacífico están al Oeste de Europa (No se le denomina «Ultra Oriente», sino Occidente) Al sur de Europa está África.
En Cambio para los Asiáticos, Europa está más allá de la costa de Levante desde su perspectiva. para los Africanos, Europa es aquello que está al norte del mediterráneo. Para los americanos, lo que está al otro lado del Atlántico.
Por tanto lo que se aprecia es la gran diversidad de pueblos, culturas, sociedades, lenguas y religiones que habita el planeta. Durante siglos Europa ha llevado la voz cantante en el mundo. Sus gigantescos imperios globales, territoriales y económicos, han dominado el planeta. Ese empoderamiento europeo ha determinado las relaciones internacionales en el planeta. Todo giraba en torno a Europa.
En el siglo XVIII los eruditos cortesanos consideraron que el sistema imperante (llamado «Antiguo Régimen» por los franceses) : feudalismo en la economía y en la sociedad; monarquías absolutas de derecho divino en la política y en la religión, ya no se amoldaba a los grandes imperios globales europeos: español, portugués, francés, inglés, alemán… Que era necesario cambiar de sistema.
Esos eruditos cortesanos poseían en sus palacios y mansiones, grandes bibliotecas privadas, en las que abundaba muchas obras de filósofos, cronistas, eruditos grecolatinos, siendo los griegos los que más fascinaban a estos bibliófilos y eruditos. Muchos aprendieron a traducir el griego clásico y a explorar la cultura griega en busca de ideas para diseñar un nuevo sistema.
Muchos se percataron de un sistema llamado en griego clásico «Demokratia» (dēmokratía) que tradujeron como «gobierno del pueblo» y como sabían tambien latín clásico (el Latín eclesiástico o medieval era lengua oficial en varios países europeos) rescataron de los autores latinos la expresión «Res Publicae» que tradujeron como «asuntos públicos«.
la demokratia griega surgió en la Atenas del siglo V a.C durante los mandatos de los «Estrategos» (Dirigentes, líderes), siendo Perikles el mas conocido de ellos por sus grandes reformas sociales y su labor constructiva. Durante el periodo «democrático» ateniense, los líderes se elegían por un periodo concreto en tiempos de paz, o prolongado en tiempos de guerra, pues también eran los comandantes en jefe de los ejércitos griegos.
Este sistema entusiasmó a los eruditos del siglo XVIII y decidieron que había que implantarlo considerándolo el mejor de los sistemas políticos posibles. Si Grecia era para ellos la cuna de la civilización, implementar la democracia en Europa era una cuestión de necesidad.
La cuestión fue que estos eruditos eran cortesanos o pertenecían a la nobleza, la mayoría de la población era analfabeta e inculta. Muy pocos sabían leer y escribir. La educación era aun un privilegio, pero no un derecho. Costaba mucho dinero contratar a un «pedagogo» o instructor particular. Aun no había escuelas.
Debido a la existencia de una sociedad estamental en Europa en el siglo XVIII, la palabra «Pueblo» («Demos») podría significar tanto: Habitantes de un lugar; como los miembros del «tercer Estado». En Latín existían dos palabras: «Populus» (habitantes de un lugar) y «Plebe» (Perteneciente a esta clase social).
Evidentemente cuando estos eruditos se referían al «Pueblo» se referían a la Plebe, al estado llano (o tercer estado), no a todos los habitantes. La demokratia ateniense era directa y asamblearia; la democracia que se quería implantar en la Europa del siglo XVIII era la representativa siguiendo el orden «natural» de la sociedad estamental.
Surgió así en el «Occidente civilizado» europeo, la ilustración (o iluminación) un movimiento cultural, político y social que puso en marcha el motor de la revolución industrial y las revoluciones sociales con el fin de acabar (en el sentido de «librarse, o liberarse«) con el «antiguo régimen».
Surge así el mito de Occidente elevado a los altares de adoración por los eruditos, cortesanos y nobles. Europa la gran depositaria del conocimiento, de la razón pura y práctica; cuna y rescatadora de la democracia ateniense, la gran defensoras de las libertades se alzaba con un destino manifiesto: Dominar y gobernar el mundo.
Pero pensemos que esta «ideología moderna» que fue la ilustración sólo se daba en el entorno de las cortes reales y en los salones nobiliarios. Era algo exclusivo de las clases altas durante el siglo XVIII y de los funcionarios y encargados de negocios en el siglo XIX. Por lo que el pueblo entendido como «Plebe o tercer estado«, no seguía esta «ideología moderna«; sino que se guiaba por las mentalidades tradicionales arraigadas a lo largo de la historia.
Mentalidades cambiantes, que eran contraladas hábilmente por los «Patricios» o clases dirigentes. Su mundo se dividía entre «ricos y pobres» sin mayores florituras eruditas. Ellos eran los pobres y por tanto debían obedecer o cargar con las consecuencias de rebelarse contra su amo o señor («rico«).
Aunque la ilustración era cosa de «ricos«, por tanto también la «civilización» estaba con ellos, los «pobres» fueron influidos por las reformas ilustradas positivamente pero no universalmente. Los beneficios para el pueblo eran en forma dadivas o limosna de los ricos, para calmar su atormentada conciencia religiosa.
La civilización europea «democrática, ilustrada y civilizada» fue tomando forma durante el siglo XIX al aparecer el liberalismo tanto como ideología; como sistema económico-financiero asociado al capitalismo. El liberalismo se mostró favorable a la expansión de los grandes imperios territoriales al mismo ritmo que el desarrollo industrial europeo y del comercio internacional a gran escala.
Las culturas extraeuropeas, que no habían recibido la ilustración, que no habían desarrollado sus economías y en las que aun no había nacido el liberalismo, fueron colonizadas rápidamente por las potencias europeas, principalmente por Francia y Gran Bretaña en Asia y África.
Estados Unidos que se había convertido en la potencia dominante en América fue poco a poco expandiéndose económicamente a través de los sistemas políticos americanos colonizándolos económica y políticamente.
Rusia expandió su urbanismo hacia la zona asiática del vasto imperio, influyendo en las culturas del Cáucaso y del Hindu-Kusch (estribaciones del Himalaya) y extendiendo su red ferroviaria a lo largo de de la inhabitada Siberia hasta Vladivostok en su extremo mas oriental para ofrecer servicio a los militares de la base de Port Arthur.
China amplió territorios al norte (Mongolia, Manchuria), oeste (Tíbet) y a expandirse comercialmente hacia el sur y el Indico. Japón comenzó a colonizar la costa occidental del Pacífico. Entrando en colisión, además de con China y Rusia, con los colonos europeos y estadounidenses que ya tenían asentamientos en la zona.
La exploración británica, neerlandesa, francesa y alemana, acabaron por descubrir lo que quedaba por descubrir del mundo para los europeos. Ampliando así sus grandes imperios y economías. Europa estaba en el centro del mundo y su poder llegaba a todos los confines del planeta.
Empezó la rivalidad entre ellos por la hegemonía mundial, marcando así el inicio de las guerras globales y también de las relaciones internacionales, así como la diplomacia organizada en entidades supranacionales, controladas principalmente por los europeos.
Tras la primera y la segunda Guerra Mundial, el orden democrático, ilustrado y civilizado entró en crisis, debido a que Estados Unidos y la URSS se habían convertido en grandes potencias globales. Reino Unido y Francia sufrieron un proceso similar al que tuvieron a final del siglo XIX España y Portugal. Las grandes potencias imperiales coloniales son sustituidas por nuevas generaciones de potencias globales.
En el siglo XX aparece la clase media y el sistema de clases se perfecciona, no solo en la sociedad, sino en el mundo empresarial y financiero con la aparición de las grandes corporaciones internacionales en un mundo globalizado. Corporaciones que actuaban – y siguen haciéndolo – como los antiguos imperios coloniales. Corporaciones que empezaron a influir en la política y en la legislación de los países. Corporaciones que corrompieron las «democracias civilizadas» europeas al profundizar en el elitismo y la meritocracia. La democracia de mediados del siglo XX acabó siendo tutelada por las corporaciones internacionales.
Tras la primera Guerra Mundial se puso fin a la Europa «civilizada» creada en el siglo XVIII y principios del siglo XIX. El mito de Occidente acabó hecho añicos en su formulación original. Europa cayó como espacio geopolítico en el Tratado de Versalles de 1918.
El poder hegemónico europeo británico pasó a Estados Unidos (parte occidental), Francia comenzó a entrar en decadencia como potencia global. Una Europa dividida, inestable y con el surgimiento de una nueva ideología expansiva como era el comunismo soviético de la URSS que amenazaba con expandirse hacia la «Europa civilizada» liberal y capitalista. Para muchos comenzaba la «decadencia de Occidente«.
Tras la segunda Guerra Mundial el mundo extraeuropeo se descolonizó, surgiendo muchos nuevos países independientes o semindependientes y durante la Guerra Fría el mundo pasó de ser propiedad de dos «superpotencias«, Estados Unidos y la URSS. Europa apenas pudo sobrevivir con el nacimiento lento y complejo de la Comunidad Económica Europea de 1957 (antecedente de la UE, creada en 1992).
La democracia, la ilustración, el liberalismo, el capitalismo, la religión, son puestas hoy en cuestión en muchas partes del mundo. Para muchos pensadores actuales son elementos que identificaban al «occidente europeo» y a la cultura «occidental» Estadounidense o «anglosajona».
Los asiáticos, americanos y africanos no están ya dispuestos a aceptar préstamos culturales ajenos. No desean ni la democracia, ni la ilustración, ni la civilización europea, ni el orden occidental, se aprecia como «imperialista y colonialista». Se aprecia como «poder y dominio extranjero». Hasta la propia historia está siendo revisada eliminando los elementos euro centristas de la misma, poniendo en valor elementos precoloniales y posteriores a las independencias.
Para muchos historiadores extraeuropeos, la colonización europea fue solo un periodo corto de tiempo en su milenaria historia. La reivindicación de la identidad cultural ha aumentado el fenómeno del nacionalismo y del proteccionismo cultural (al igual que el económico) a gran escala. Este fenómeno ha alimentado a ideologías y fuerzas políticas extremistas, con un gran aporte financiero y mediático, que practican el nacionalismo excluyente y clasista, el populismo, la desinformación y sobre todo la antipolítica.
La «democracia» queda excluida de la ecuación, la democracia se identifica con el occidente europeo y estadounidense y ello significa irracionalmente que es: «salvaje, opresor, imperialista y colonialista». Hoy se dan otras alternativas que se muestran sobre todo radicalizadas y extremistas bajo la consigna de «el fin no justifica los medios», todo vale y todo es posible sin limitación y con total impunidad. El derecho internacional es despreciado, al igual que las organizaciones internacionales por ser consideradas «occidentales».
Aunque hay democracias en muchos países extraeuropeos, lo cierto es que muchos antiguos pueblos colonizados no aceptan la democracia representativa europea. En algunos casos la actualización o el revisionismo de las culturas originarias precoloniales ha generado regímenes híbridos o mestizos con la tradición democrática y cultural europea.
Pero también es bastante frecuente que el «indigenismo» (sobre todo en América) es una escusa para implantar dictaduras totalitarias y criminales, presentándolas como el sistema natural político de esos pueblos.
Durante las descolonizaciones del siglo XX los líderes nacionalistas habían estudiado en Europa y Estados Unidos, a su regreso implantaron los modelos democráticos europeos acomodándolos a las peculiaridades y cultura local.
Pero el resultado no fue en la mayoría de los casos el esperado, dando lugar en muchos casos a estados fallidos o en guerra civil o guerras étnicas de forma permanente. Las fronteras a cordel europeas, no coincidían con las fronteras naturales ancestrales de los pueblos originarios. La descolonización aunque bienintencionada, fue un auténtico desastre. la mayoría de los nuevos países tuvieron que empezar desde cero y recuperar su historia ancestral, en gran parte perdida por siglos de dominio extranjero, para poder construir un nuevo estado.
No es de extrañar que el «nuevo orden» euro-estadounidense no haya tenido éxito desde que se formuló en 1993 tras la segunda guerra del golfo, coincidente con la desaparición de la URSS. En 2001 surgen los BRIC ( Brasil, Rusia, India, China) como economías emergentes que no estaban dispuestas a aceptar el «Nuevo Orden» estadounidense. Por lo que optaron por diseñar un «nuevo orden mundial» alternativo.
En 2010 entró Sudáfrica (BRICS), y en 2023 se adhirieron otras potencias emergentes como Argentina, Egipto, Irán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes (BRICS+). Actualmente lo integran 17 países de todo el mundo incluido algunos europeos. Convirtiéndose pronto en una alternativa económica, financiera y comercialmente creíble al modelo estadounidense.
El modelo occidental euro-estadounidense definitivamente ha caído en desgracia. La mayor parte de los analistas espera que los BRICS+ controlen mas del 40% de la economía global para 2050. Su modelo aun siendo económico y financiero, tiene implicaciones en la política y relaciones internacionales.
Actualmente es una lucha sin cuartel por la hegemonía en el control de los recursos naturales del planeta. El nuevo orden BRICS+ Es mas transversal, mas cooperativo y mas democrático. EL modelo democrático ha sido revisado y se considera que la democracia directa es mas eficaz que la democracia representativa. La representativa ha sido, según sus postulados, corrompida por el capitalismo salvaje de «Occidente«. Mientras que la directa, implica a los ciudadanos en la conformación de los gobiernos.
En cierta forma es una reformulación de la democracia hacia su modelo original. Aunque es curioso que sus principales liderazgos estén representados por autócratas o dictadores. Regímenes híbridos, neo-soviéticos, socialismo adaptado a las costumbres locales, o democracias ajadas por el tiempo, necesitadas de una reforma urgente.
A veces la democracia se desajusta y es preciso ajustarla. Quizás sea eso lo que hoy vivimos en este convulso mundo. Algunos vislumbran una guerra mundial, otros una guerra fría o incluso quien ya apunta a una guerra híbrida.
En realidad y por lo que puede uno extraer, entre tanta desinformación, es una guerra por el control de los recursos naturales, de la que de momento Europa se está llevando la peor parte (receptora neta de los recursos naturales) y Estados Unidos (como potencia global), empezando su particular travesía del desierto como potencia en decadencia.
Los BRICS+ liderados por la nueva Rusia de V. Putin, quieren mejorar las cosas fuera de Europa, cambiar los mapas políticos y hasta la historia, hacer revisionismos, de revisionismos anteriores, y buscar un orden internacional en el que los antiguos «pueblos oprimidos» puedan vengarse de sus antiguos amos europeos, recuperando sus grandezas y su identidad cultural / nacional.
La batalla del relato (guerra híbrida) alimenta la desinformación, crea bulos y fakes que con grandes dosis de propaganda populista hace que los BRICS+ alcancen sus objetivos expansionistas para imponerse al orden euro-americano.
Una masa sin información y sin cultura es mas manejable que una culta y con conocimientos. Nuevamente nuevos imperios (populistas y mediáticos en esta ocasión), sustituyen a antiguos imperios (económicos capitalistas).
El problema de todo esto es que siempre son los poderosos los que organizan todo, implican al pueblo (Plebe) en sus extravagancias y luego los dejan tirados y a su suerte, pueblo de usar y tirar. Ejemplos de esos los hay muchos y en todo el mundo.
Frente a los nuevos «revolucionarios» BRICS+, están surgiendo los «Ultras» como bloque «contrarrevolucionario» en Europa y Estados Unidos, aupados por el gran capital y por los extremismos mas pintorescos que puedan generar los creadores de contenido con las IA. En la batalla del relato y en esta guerra híbrida, es un todo contra todos, sin límites y con total impunidad hasta la consecución de los objetivos finales (Sean cuales sean estos). Igual que en un juego en línea, en cualquier parte del mundo y en tiempo real.
Ni uno, ni otro «nuevo orden mundial» responde al concepto de «civilización occidental» ni tampoco a «oriente incivilizado y salvaje». Por lo que apunto que quizás sea mejor que cada país decida su propio destino en la historia y que nos olvidemos de inventarnos «nuevos ordenes mundiales» porque por lo que se ve no parece que sea una práctica que hoy tenga mucho futuro. Del globalismo deberíamos pasar a un nuevo internacionalismo.
El sueño de los sionistas… la pesadilla de los antisionistas.
Tras la caída de los reinos de Israel y Judá ante el poderoso Imperio Romano, los exiliados se fueron asentando por Europa, Asia y África, quedaron también en la zona judíos que aceptaron someterse o rendirse al poderoso Imperio Romano.
A este proceso la comunidad judía mundial la denomina «la Diáspora«. Un proceso que según el movimiento sionista (fundado en 1900 en Budapest) finalizó en 1948 con la creación del moderno Estado de Israel. Pese a ello, hoy muchos judíos consideran que aun permanecen en la diáspora y anhelan regresar a la tierra ancestral de sus antepasados.
Ellos denominan a esta tierra como Eretz Yisra’el, la «tierra de Israel«, que para ellos equivale a la «Tierra prometida por Javeh«, por tanto consideran la vuelta a Israel como un deseo divino y los promotores del «Sionismo» como los enviados elegidos por Javeh para lograr ese objetivo y restaurar Israel como entidad política-religiosa, deseada y querida por Javeh.
Esa tierra prometida según el Génesis, tenía el río Orontes por el norte, el Éufrates por el este y el Nilo por el sur. Este territorio actualmente forma parte de los actuales estados de Siria, Líbano, Jordania, Irak, Kuwait, Arabia Saudí, Egipto, además del actual estado de Israel y del Estado de Palestina.
Evidentemente la ambición sionista de recuperar el antiguo territorio que ocupaban los reinos antiguos de Israel y Judá choca de lleno con el actual derecho internacional. Pero además también choca con la división acordada en 1922 y en 1947 para crear dos estados en esa zona: Israel y Transjordania (desde 1967 Palestina).
Tras la revolución francesa y sobre todo tras la era napoleónica, surgieron nuevos países en toda Europa, países con sistemas de gobierno liberales e ideologías fuertemente nacionalistas, muy propias del romanticismo.
Para los nacionalistas de esta época dos aspectos eran clave para definir las identidades nacionales: la «raza» y la religión. En varios países de Europa había grandes comunidades judías que en ocasiones estaban integradas en las sociedades y en otras se mantenían al margen o incluso eran perseguidas. La hegemonía cristiana «de raza blanca«, se mostraba a veces contraria a la presencia de otras razas y otras religiones, consideraban que su presencia era una forma de contaminar la identidad y la cultura autóctona «nacional«.
En Europa occidental predominaban los judíos llamados Sefarditas, muchos de ellos fruto de otra diáspora, la producida en los siglos XV y XVI a partir de la expulsión de Castilla y de la represión Aragonesa, en la península Ibérica (o Sepharad), la expansión colonial europea occidental hacia América, provocó que muchos judíos sefarditas emigraran hacia América y se asentaran allí, también lo hicieron hacia el norte de África.
Estas comunidades estaban integradas en la sociedad , mayoritariamente de clase media y clase media-alta a principios del siglo XX. Con vínculos en la política y en las finanzas. Eran personas acomodadas, con un alto nivel de vida y en general no eran objeto de rechazo, salvo en aquellos lugares donde el nacionalismo estaba en boga, como Alemania (occidental), Francia (Caso Dreyfuss) o Italia. También en el Imperio austrohúngaro, sobre todo en el territorio del Reino de Hungría, donde el nacionalismo era muy fuerte.
En Europa oriental, básicamente estaban expandidos por las actuales Alemania (oriental), Polonia, Bielorrusia, Ucrania, Rumanía, Moldavia y sobre todo en la Rusia europea y en el Cáucaso, Todos ellos formando parte del imperio Ruso. A estos se les llamó Askenazis en contraposición a los Sefardíes. La vida en las comunidades judías del Imperio Ruso era totalmente diferentes a la europeo occidentales. Allí primaba la pobreza, la exclusión y la marginación en las comunidades judías. La represión en forma de Pogromos, o comunidades obligadas a desplazarse a la inhóspita e inhabitable por entonces región de Siberia.
En Oriente medio y África existió un tercer grupo de la diáspora, los Mizrajíes quienes optaron por integrarse en las distintas entidades políticas de la región y culturas dominantes.
En todas estas comunidades el judaísmo fue evolucionando en el lenguaje, cultura, rituales, organización interna… Por ejemplo los sefardíes mantenían una buena relación con los árabes del Magreb, al igual que los Mizrajíes con los árabes de Arabia y de la región. En cambio los Askenazis apostaron por un nacionalismo político-religioso muy riguroso.
Cuando en 1947 se estaba debatiendo en la recién creada ONU la partición de Palestina y antes de autorizar la creación del Estado de Israel y del Reino de la Transjordania, sobre el territorio del antiguo Mandato Británico sobre Palestina (1919-1948). Los judíos de toda Europa que habían sido víctimas del gran «Holocausto» perpetrado de forma sanguinaria por la crueldad a escala industrial del Tercer Reich alemán, reclamaron su deseo de regresar a su tierra ancestral poniendo fin a la diáspora judía.
En este punto tanto EEUU como Gran Bretaña, tuvieron que poner de acuerdo a varias organizaciones internacionales judías sobre como tendría que hacerse ese «regreso a Sion» que tanto anhelaban los judíos. No existía una que representara a todos los judíos y no todos los judíos estaban dispuestos a irse a Israel. Surgió así la «cuestión judía«.
Los Askenazis alemanes trataron de controlar el movimiento nacionalista judío en la creencia que si los alemanes no los quieren, lo mejor era regresar a la tierra ancestral de sus antepasados, una tierra prometida por dios a los hebreos. Los Askenazis rusos eran mayoritariamente entusiastas del movimiento sionista internacional que había puesto en marcha el austrohúngaro Theodor Herlz.
Sin embargo la mayoría de los sefarditas occidentales se sentían cómodos en la tierra donde habían nacido, trabajado y establecido su hogar. No estaban tan interesados en volver a Sion, salvo por vacaciones.
Por otro lado esto se estaba debatiendo en medio de las cuestiones generales que estaban enfrentando al bloque occidental (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia), con el bloque oriental (URSS). Por lo que eso también influyó en las disputas entre Sefarditas y Askenazis. Sobre el terreno los Mizrajíes que se llevaban bien con musulmanes y cristianos, trataban de evitar que los británicos les abandonasen. Ellos no deseaban que aquel equilibrio cultural y religioso conseguido durante mas de un milenio, se rompiera con la llegada masiva y sin control de extranjeros.
Estos movimientos político-religiosos generaron desconfianzas, generaron revueltas y desórdenes, generaron racismo, xenofobia y fanatismo religioso no solo en Europa, Rusia o África, sino también en Oriente Medio. El estallido de la primera guerra árabe-israelí de 1948 fue consecuencia de una partición mal ejecutada desde el principio y de un sistema descolonizador mal desarrollado. El caos se impuso en la región. Las guerras habidas desde entonces y los conflictos secundarios surgidos del conflicto general no han hecho mas que avivar el odio, la violencia, el fanatismo, el extremismo, la radicalidad, etc… etc…
El sionismo originario que era mas un anhelo identitario nacionalista cultural que otra cosa, basado en las escrituras sagradas judías, pero contaminada por la política de los países de acogida de la diáspora; se había convertido en lo que es hoy, en una ideología que impide cualquier acuerdo que signifique aceptar las reglas del juego internacionales.
Ellos aun sueñan con el Eretz Yisra’el por medio de la fuerza. Creen tener a Dios mismo de su lado y consideran que al ser el pueblo elegido y la tierra un regalo divino, no hay ley humana que pueda impedirlo. Por ello continuamente desprecian a la ONU y también al derecho internacional.
Pero hay que tener en cuenta que no todos los hebreos son judíos, no todos los judíos son hebreos, no todos los sionistas son judíos, no todos los judíos son sionistas.
A menudo y de forma errónea, a los que siguen la línea marcada por las autoridades israelíes en su política relacionada con el mundo árabe y en especial con el pueblo palestino, se les suele denominar «antisemitas«. En realidad son «antisionistas«, es decir, contrarios al movimiento sionista internacional. No son ni anti judíos, ni anti Israelíes, sino contrarios a esa ideología nacionalista en concreto.
El semita era un pueblo que se menciona en la Torah y en la Biblia, que corresponde hoy a los hebreos, a los árabes, a los europeos en general, a parte de los africanos y algunos asiáticos de la región que no son árabes. Por tanto los palestinos (árabes) son también un pueblo semita, por tanto los antisionistas, que defienden el derecho de Palestina a existir, no son antisemitas o entrarían directamente en contradicción.
La propaganda de guerra hoy es atroz, como lo fue en el pasado. El sionismo aupado en el actual gobierno de Israel con una destacada representación, está actuando de forma agresiva en la resolución de conflictos que se enmarcan en el conflicto general de Oriente Próximo. Los sionistas quieren redibujar el mapa de Oriente Próximo y en erigirse en la gran potencia de la región, desafiando con ello a Irán, la principal potencia en la actualidad de la región y en menor medida a Arabia Saudí.
Como se puede apreciar, el desprecio al derecho internacional y en especial al derecho internacional humanitario, es terrorífico. Para ellos el fin no justifica los medios. Ponen en cuestión el orden mundial basado en reglas. El desprecio de la ONU es clave para entender lo que los sionistas son capaces de hacer.