En 1961 llegaba a la Casa Blanca John Fitzgerald Kennedy, el primer presidente católico de la larga historia de los Estados Unidos de América. Su elección por el Partido Demócrata, produjo un viraje en la política interior y exterior de Estados Unidos.
Los años 50 fueron para Estados Unidos una década de crecimiento constante de su economía, el florecimiento de una clase media en aumento y el establecimiento de lo que llamaron «modo de vida americano» («American Way of Live«), mezcla de tradición y modernidad.
Esta filosofía social propugnaba valores como el : individualismo, el protestantismo, liberalismo, capitalismo, ética en el trabajo, pragmatismo, optimismo, movilidad social, dignidad humana, filantropía…. Todo muy positivo para alegrar las vidas tras los horrores de las guerras mundiales.
Pero este modo de vida que incluso propugnaba la democracia «Liberal«, incluía aspectos negativos, sobre todo en sus facetas mas extremistas: como el suprematismo blanco protestante (puritano o calvinista principalmente) frente a otras etnias y confesiones cristianas; el suprematismo anglosajón frente a otros orígenes de la sociedad; el racismo contra los afroamericanos e hispanos; el apartheid de facto contra los llamados «nativos americanos«, fomento de la meritocracia, la desigualdad social, el clasismo, ausencia del estado en el bienestar social…
Este modo de vida se había extendido a la población y a menudo las élites gobernantes ocultaron los efectos no deseados a la población. La «caza de brujas» del macartismo (Comité de Actividades antiamericanas) hacia los «comunistas» había encumbrado a las facciones mas agresivas del «republicanismo» y había puesto contra las cuerdas a personalidades públicas a las que se les creía estar comprometidas con el comunismo. Entre ellas muchas personas seguidoras del Partido Demócrata.
La ola de terror desatada por el senador Joseph McCarthy se entendía desde las élites americanas como profilaxis contra el enemigo comunista y maoísta en el contexto de la guerra fría en una década en la que alcanzó su climax con la guerra de Corea en donde muchos americanos perdieron la vida.
En ocasiones incluso su prevención del comunismo en Estados Unidos rozaba el fanatismo y estimulaba la paranoia; así como múltiples teorías conspiratorias sin fundamento alguno. Las protestas por persecución no se hicieron esperar. Cuestionaba la honorabilidad de los americanos perseguidos y también en muchos casos vulneraba sus derechos civiles.
Tras la salida de McCarthy del comité entre 1955-60 se creó por asociación de varios líderes populares, el «Movimiento por los Derechos Civiles« a este movimiento se adhirieron las minorías tradicionales de Estados Unidos: Irlandeses, Hispanos y Afroamericanos, siendo este ultimo grupo el mas numeroso; así como muchos otros colectivos también represaliados por McCarthy como el de los Homosexuales, feministas, nativos americanos, indigentes…
El partido Demócrata se prestó a canalizar la indignación social, ganando con ello muchos adeptos y nuevos votantes. El Partido Republicano en cambio perdió prestigio después del Macartismo.
En este contexto John Fitzgerald Kennedy apareció como el líder indiscutible de la indignación y de la protesta social, defensor de los derechos civiles, siendo una persona jóven, moderna, irlandés y católico. Algo nunca visto en Estados Unidos hasta entonces. Su amistad y seguimiento del reverendo Martin Luther King jr. le sirvió como catapulta para alcanzar la presidencia de los Estados Unidos.
Tuvo una brillante carrera en Harvard t una gran formación en Historia, de firmes convicciones humanitarias y a favor del bienestar social. Su visión del American Way of Life era sin duda distinta de la de sus predecesores militaristas Truman y Eisenhower.
Kennedy apostaba por la vía de la paz, los principios del internacionalismo de la naciente ONU y reconstruir no solo Europa, sino mejorar las relaciones con los europeos, los cuales a partir de 1957 (Tratado de Roma) comenzaban a desarrollar por su cuenta, la construcción de un nuevo futuro en común con el nacimiento de la Comunidad Económica Europea.
Si Franklin Delano Roosevelt estableció el «New Deal» al comienzo de la segunda guerra Mundial, Kennedy estableció un nuevo eslogan que englobaría su particular concepción de la política: la «Nueva Frontera» que implicaba la necesaria modernización de Estados Unidos siguiendo los nuevos estándares europeos y la nueva tecnología posbélica desarrollada en Estados Unidos. Tiempos nuevos, medidas nuevas y objetivos nuevos.
En el contexto de la Guerra Fría se decantó principalmente por la carrera espacial y la carrera armamentística. La URSS llevaba ventaja a principios de los sesenta a Estados Unidos. Sus prototipos eran mas avanzados que los estadounidenses. El desarrollo de la informática y la robótica en Estados Unidos, se explica en el sentido de ponerse al mismo nivel, o por encima de la URSS.
Kennedy quiso imprimir su mandato con un apoyo directo al americano medio que ha de enfrentarse a la adversidad de su vida cotidiana y su relación con la administración pública.
Quiso dar mayor protagonismo al ciudadano y no tanto a figuras políticas de gran relieve mediático. Su idealismo implicaba un cambio de paradigma. Normalmente los ciudadanos americanos dejaban hacer a los políticos y no se implicaban en los asuntos públicos. Muy pocos ciudadanos se inscribían para poder ejercer su derecho al voto. Kennedy quería que se implicasen en la política, que exigieran mejoras, que reivindicaran derechos, que les importase votar…
En esencia sus ideas se enfocaban de la siguiente manera: Los ciudadanos son soberanos y como tales tienen derechos; es responsabilidad del Estado garantizar esos derechos que como soberanos tienen los ciudadanos. El Estado de Bienestar es fundamental para la supervivencia del Estado. Por tanto su «nueva frontera» consistió en reconstruir el Estado de Bienestar a partir de las demandas ciudadanas, haciendo partícipes a los ciudadanos.
El problema que tuvo Kennedy a la llegada a la Casa Blanca fue la de constituir su propio gabinete con personas capaces de abordar con pragmatismo el ideal de la «Nueva Frontera» de Kennedy, algo complicado en un país donde las tradiciones se mantienen inalteradas y donde los presidentes tienen escaso margen de maniobra, en una administración muy burocratizada y donde el concepto de seguridad es casi un dogma de fe.
Mantuvo a Hoover en el FBI y a Dulles en la CIA, pese a que su visión del mundo era diametralmente contraria a la del Presidente. Kennedy era muy idealista y consideraba que el Presidente Federal debía regir los destinos del país para el conjunto de todos los ciudadanos, fueran o no del Partido Demócrata.
Mantener a estos dos republicanos «anticomunistas» al frente de las dos principales agencias de seguridad del País, era un gesto hacia el Partido Republicano; pero por otro lado tenía asesores que eran mas liberales e incluso rozaban un laborismo incipiente – considerado en Estados Unidos como socialismo- como el sindicalista A. Goldberg. Su forma de gobernar puso de los nervios al «Establishment» de Washington.
Rompió el tradicional bipartidismo estadounidense. Su hermano Robert fue nombrado Secretario de Justicia. Entre sus asesores nombró a intelectuales y académicos, la mayoría compañeros o relevantes personalidades de Harvard. Estos fueron la pesadilla de los «peces gordos de Washington» acostumbrados a sus privilegios y prebendas procedentes de los anteriores gobiernos republicanos, apartados ahora del entorno cercano al presidente.
A su llegada a la Casa Blanca se encontró con una cuestión internacional de grandes dimensiones: la revolución cubana de 1959 había establecido un régimen revolucionario. El mismo año de su llegada, 1961, tuvo que aceptar la propuesta de Dulles (CIA) de invadir la Bahía de Cochinos, pese a su reticencia de iniciar un conflicto bélico en las cercanías de la costa americana para desactivar el curso que había tomado la revolución cubana.
Fidel Castro líder de los revolucionarios se había opuesto a cualquier tutela de la CIA / Estados Unidos en la Isla – Pese a que fue la CIA quien lo aupó al poder y financió el movimiento 26 de julio , germen de la revolución cubana - La CIA estaba acostumbrada a poner y quitar mandatarios por toda América. Fidel Castro rompió esa práctica. El fracaso en Bahía de Cochinos de los insurgentes entrenados y enviados a la isla por la CIA, puso en tela de juicio el gobierno de Kennedy y su reputación pacifista.
El gobierno provisional cubano estaba formado por los integrantes del movimiento 26 de julio, el Partido Socialista Popular y el Directorio revolucionario 13 de marzo. A Instancias de Aníbal Escalante, Ernesto Guevara («el Ché» ) y de Raúl Castro el signo de la revolución se orientó hacia el «antiamericanismo» que se veía como una nueva forma de colonialismo.
Se veía con buenos ojos apostar por un gobierno prosoviético. Cuba necesitaba apoyo económico y de defensa, por lo que desde la dirección revolucionaria liderada por Fidel Castro (que era «anticomunista» en sus inicios), se pidió oficialmente ayuda a la URSS, para hacer frente a las incursiones de la CIA en la Isla.
Nikita Kruchev, Premier de la URSS en ese momento optó por mandar a la isla misiles de medio alcance R-12 de última generación a efectos disuasorios en caso de nuevos intentos por Estados Unidos de derrocar a los nuevos mandatario. Fidel pidió que su llegada fuera pública para mostrar a Estados Unidos su determinación y Aunque Kruchev no quería, cedió lo que encendió todas las alarmas en Estados Unidos.
Estados Unidos y La URSS se enfrentaron en 1962 diplomáticamente aumentando exponencialmente la tensión entre las dos superpotencias. Comienza lo que se llamó «la crisis de los misiles en Cuba» (Estados Unidos) o «crisis del Caribe» (URSS). Finalmente Kruchev, tras muchas negociaciones, retira los misiles y evita una nueva guerra mundial.
Esta crisis fue un punto de inflexión en las relaciones internacionales, que puso en cuestión la falta de canales diplomáticos entre la URSS y EEUU para futuras crisis similares; así como comunicación directa entre el Premier Soviético y el Presidente Estadounidense. Se instaló lo que posteriormente se conoció como «Teléfono Rojo» entre el Kremlin y la Casa Blanca.
El régimen revolucionario acabó estando tutelado por la URSS y abrazando el comunismo de tipo soviético. Algo que no estaba previsto inicialmente, pero que se tuvo que aceptar en el contexto de la Guerra Fría. El Régimen prosoviético cubano influyó en otras revoluciones y procesos revolucionarios en Centroamérica y américa del sur.
A nivel general el fracaso de Bahía de Cochinos y la desactivación de la crisis de los misiles fue el punto de arranque de una nueva fase en la Guerra Fría: Establecimiento de unas normas básicas para evitar la confrontación directa EEUU vs URSS, que en la década siguiente llevará a la «realpolitik» y el desarme.
En 1963, durante una visita oficial a Dallas, JFK fue asesinado y todo el proceso de investigación del magnicidio, en el que hubo muchas teorías conspiratorias y siguen existiendo, convirtieron a JFK en un mito contemporáneo. Su proyecto de «Nueva Frontera» se mostró como muy idealista pero poco pragmático, aun así marcó la dirección del Partido Demócrata durante décadas. Modernizar y socializar el país.
(Fte. Gustavo Palomares «la Era Kennedy» en Cuadernos del Mundo actual 46. Madrid, Historia 16, 1994)
Unificación de la India. Del Raj británico a la independencia: 1947 -1950
Mohandas Karamchand Gandhi (1869-1948), llamado por sus seguidores – e incluso detractores – «Mahatma» («Alma Grande»). Ha sido considerado el «padre del pacifismo» y también el «Padre de la independencia de la India».
Gandhi nació en Porbandar en 1869, un pequeño principado desgajado inicialmente del Imperio Mogol de la India, e incorporado como todos los demás al poderoso Imperio Británico de la India («Raj Británico«) en 1858, un principado con un alto grado de autonomía, donde la fusión de culturas y el sincretismo religioso era una de sus principales señas de identidad.
Gandhi pertenecía a una familia de comerciantes englobados dentro de la casta Vaisía y de religión hindú – Jainismo mas concretamente – su padre era el primer ministro de Porbandar, por lo que la familia vivía de forma acomodada y formando parte de la élite gobernante local en el contexto del Raj Británico.
Como hijo de familia adinerada fue encaminado a los estudios superiores en Inglaterra, concretamente cursó la carrera de derecho para poder ejercer como abogado.
En las colonias británicas la sinergia que marcaba el Statu Quo entre colonos y colonizados, estaba el educar una élite que sirviera a el poder británico a nivel de la colonia. Los colonos necesitaban intermediarios entre ellos y sus sirvientes y trabajadores.
Educar a la élite local - principalmente compuestas en la India por las castas altas como Brahmanes y Vaisías – en buenos colegios y universidades como las de Londres, Cambridge u Oxford les era muy útil a las autoridades coloniales. Tratar con estas castas superiores les servía para controlar a los colonizados y gestionar los servicios públicos básicos, sin tener que interactuar directamente con los «nativos«.
Gandhi viajó a Londres y estudió derecho en la universidad. Su vida allí fue contradictoria. Su familia era importante en Porbandar y en Rajkot o Bombay, localidades indias donde vivió. Pero en Londres era visto como un «nativo» procedente de las «colonias«.
Sufrió desarraigo, cambio de costumbres y hábitos personales diarios, contraste de culturas, le costó hacer amigos londinenses, y la carrera tampoco fue fácil para él. Los Ingleses querían formar a la elite, pero sin excesos. Aun así tuvo la fortuna de encontrar a gente con pensamientos alternativos no imperialistas, que no discriminaban en función de la raza, la religión o su identidad cultural. No obstante mantuvo vínculos estrechos con la comunidad hindú en Londres.
Como abogado le surgió la posibilidad de llevar los asuntos jurídicos de una gran empresa hindú que operaba en Sudáfrica, un dominio británico. Sudáfrica fue sin duda su aprendizaje en el activismo político. Como abogado laboralista le permitía tratar con obreros, mineros, gentes sin recursos que a menudo demandaban de las autoridades británicas coloniales mejoras en sus condiciones laborales y de vida. Fueron esas reivindicaciones de tipo sindical inicialmente en forma de huelgas y marchas reivindicativas las que forjaron su liderazgo político posterior.
Aun no era un nacionalista y tampoco deseaba la independencia de la India o de cualquiera de las colonias británicas. Como abogado de prestigio admiraba la cultura inglesa, incluso adoptó la vestimenta propia de un dandi, compró un violín y disfrutaba con la musica de su época, admiraba la eficiencia británica, su flema y su orgullo de mantener intacto su gran Imperio. De momento se limitaba en Sudáfrica a su labor como abogado laboralista y también como articulista free lance para varios periódicos ingleses de tendencia «laborista» y sensacionalista.
Como abogado británico, tuvo contacto con el cristianismo en sus distintas ramas. Si bien mantenía su fe hinduista pasó durante su juventud por un sincretismo acomodado a sus necesidades y visiones del mundo. Gandhi consideraba que «todas las religiones son solo ramas del mismo árbol» por lo que apostaba por buscar sinergias y puntos de encuentro entre religiones distintas.
En el entorno de las comunidades hindúes de Sudáfrica, muy vinculadas al nacionalismo indio (Congreso Nacional Indio,1885-1947), el Concepto de pertenencia o seguimiento a una religión formaba parte de la identidad milenaria y nacional de la India. Para Gandhi la religión ocupaba una parte importante de su propia vida personal.
No concebía vivir sin religión. Es mas consideraba la política, la economía, las organizaciones sociales, el fundamento de las leyes e instituciones como efecto y resultado de la práctica religiosa. Opinaba que si se quería cambiar la situación, primero uno debería cambiarse a si mismo y experimentar en su propia persona aquello de lo que se predica, promete o difunde.
Lo que ocurría en Sudáfrica, en la India y en otras colonias británicas era la explotación sin miramientos e impunemente de los trabajadores y también que la riqueza generada en las colonias la disfrutaban en la metrópoli. La mayoría de las empresas eran británicas o europeas, había muy pocas de origen «nativo» .
Por otra parte el comercio internacional había repartido roles continentales a los imperios coloniales, así existían colonias productoras, colonias de transformación y logística y zonas industriales que generalmente estaban ubicadas en Europa y a partir del periodo de entreguerras en Estados Unidos.
El mundo tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) acabó dividida en el «Primer Mundo» (Estados Unidos-Europa) , «segundo Mundo» (URSS -Países satélites-China) y el «tercer Mundo» (El resto – entre sus miembros estaba la India).
Tras el estallido de la segunda Guerra Mundial Los europeos estaban en una situación económica de Crisis y de transformación de una economía de Guerra a una economía industrializada global. Estados Unidos fue la menos perjudicada, dado que entre los escenarios de guerra, no estaba su territorio. Disponía de capital suficiente para invertir en la reconstrucción europea.
Gran Bretaña, antaño primera potencia mundial, había perdido su liderazgo en el escalafón de «occidente» disponía de un gran imperio mundial pero el coste de mantener dicho imperio era prohibitivo. Por una parte estaban los «imperialistas» dirigidos aun por Sir Winston Churchill y estaban los «anticolonialistas» dirigidos por Jeremy Bentham en Gran Bretaña y el escritor Mark Twain en Estados Unidos.
En la India el Congreso Nacional Indio, abogaba por la independencia de la colonia, aunque había entre sus miembros varias facciones enfrentadas entre si. El Congreso estaba liderado por abogados de Delhi y Bombay , educados en Cambridge, Oxford o Londres, lideres natos procedentes de castas superiores.
Habían asumido los mismos roles políticos que en la metrópoli, vestían a la occidental o trataban de aunar en su vestimenta las culturas británica e hindú. los había «tories» y «whig«, también «Laboristas, socialistas, anarquistas… «pero también había intereses encontrados por ejemplo entre Musulmanes, Hindúes y Sijs.
La base social del partido, incluía estatutariamente a todas las castas, pero separadas entre sí físicamente cuando se reunía el partido. También había diferencias étnicas, religiosas y de todo tipo. No era precisamente un partido muy homogéneo, pero se consideraba el representante reconocido del pueblo o nación de la India.
Gandhi tras estar 45 años defendiendo los trabajadores hindúes en Durban (Natal. Sudáfrica) y varias veces en prisión por sus huelgas y activismo sindical. Regresó a la India totalmente cambiado. Decidió que si se querían eliminar las castas y las diferencias entre clases en la India debía asumir primero en su persona todas esas diferencias. Se vistió como un paria en su país.
Es decir como un siervo o «dhotie«, incluso construyó una comunidad comunal campesina o «Ashram« - Actual «Sabarnati o Ashram-Museo del Mahatma«, Ahmadabad, India – donde poner en práctica todos los ideales que pretendía difundir y que había aprendido durante su etapa en Sudáfrica. La «Ahimsa» era su filosofía de vida. La palabra sánscrita significa «»No Violencia» y también «amor a la vida».
Gandhi había vivido las dos guerras mundiales, las prácticas coloniales de los gobernantes británicos que deshumanizaban al ser humano, que lo explotaba y que impedía el desarrollo normal de los pueblos colonizados. Gandhi tenía una visión global del problema de mantener los grandes imperios. Tras la segunda guerra mundial, surgieron infinidad de movimientos nacionalistas e independentistas en todos los imperios.
Como muchos afectados por las guerras mundiales y los efectos de las posguerras mundiales en las colonias, Gandhi entendió que para poner fin al sufrimiento humano no bastaba la religión o los sentimientos nacionales, era preciso dar pasos simbólicos y pacíficos en la consecución de los objetivos que se pretendían.
La violencia se había desatado con enorme crueldad, destrucción, muerte y división en todo el mundo. Por tanto apostar por soluciones dialogantes y no violentas era la mejor forma de prevenir futuras guerras. Su campaña política por la «No Violencia» era algo que nunca se había hecho.
La «no Violencia» implicaba también la insumisión, la «no obediencia» a leyes discriminatorias, marchas pacíficas, difusión propaganda en prensa de gran tirada y el uso de modernos medios de comunicación como el cine o la radio. El mismo se convirtió en dueño de un periódico político donde difundir sus ideas, que acabaron siendo asumidas por el Congreso Nacional Indio (CNI), pese a algunas reticencias.
Las autoridades coloniales comenzaron a vigilar el CNI, en especial a sus líderes mas carismáticos o populares. Sus propuestas eran excesivamente revolucionarias para el orden colonial impuesto. La represión fue sin duda el método mas empleado por las autoridades británicas.
Represión que se amplificaba a través de los corresponsales británicos en la India. Los mas conservadores solo aportaban la información de los colonos y autoridades coloniales; los tabloides liberales y sensacionalistas hacían otro tanto a favor de la causa de Gandhi y del CNI, cuestionando incluso la moralidad de las autoridades británicas con su represión.
La represión contra los independentistas llenó las cárceles coloniales, al no defenderse los represaliados, al no actuar con violencia, desarmó moralmente a las autoridades coloniales. Era un desafío intolerable para éstas; un triunfo sin paliativos para la causa independentista y la imagen de Gandhi. Mucho mas desde que Gandhi inició la histórica y exitosa «marcha de la Sal» (1930)
Gandhi no quería una independencia violenta, dirigidas por líderes fanatizados por la causa y evitaba siempre que podía el choque de temperamentos internos del CNI, partido con el que no se sentía a gusto, pero era útil para sus propósitos; también trataba de dialogar con el gobierno colonial británico un proceso transitorio hacia la independencia. No buscaba, ni deseaba una guerra de independencia, ni una revolución violenta.
Al mismo tiempo desarrollaba sus ideales en el Ashram, donde acudía a menudo a pasar temporadas para reflexionar, leer, escribir y pensar en el futuro de la India cuando se lograse la independencia. Fue uno de los pocos líderes políticos de su época que pensaba en «el día después». Conseguir la independencia era un objetivo claro, pero no estaba tan clara la deriva del futuro gobierno de la India.
Los británicos viendo la división entre los líderes jugaron la baza del «divide y vencerás» entre las distintas facciones. Los musulmanes querían la segregación de «Paquistán» ( Parte noroccidental de la India) porque no querían ser gobernados por hindúes. Los hindúes aceptaban las premisas unionistas de Gandhi, pero también temían que los musulmanes pudieran imponer leyes islámicas a la mayoría hindú. Los sijs eran los que mas cerca estaban de Gandhi por su sincretismo musulmán-hindú y por el unionismo ideológico
Gandhi no quería disputas entre las distintas facciones, por lo que optó por dejar hacer a los líderes de las distintas facciones. Le quisieron dar la presidencia del país, pero ese alto honor no lo podía aceptar Gandhi por que conllevaba la violencia de tener que someter a su autoridad a aquellos que discrepaban con su filosofía.
La lucha entre facciones enfurecía a Gandhi y se obligaba así mismo a hacer huelgas de hambre que casi le llevó a la muerte en algunas ocasiones cuando había disturbios contra los ingleses o entre musulmanes e hindúes. Gandhi era como el «padre de la patria» y para los indios era su referente moral.
Finalmente y dado el panorama en la colonia, el ultimo Virrey de la India, decidió cambiar el estatus de la colonia a partir de la Ley de la India de 1935, por el que se recomendaba establecer un gobierno autónomo en la India. Gandhi y las facciones mas unionistas del CNI optaron por esta solución transitoria, pero sin perder de vista el objetivo final de la independencia.
En el sistema colonial británico existía un periodo transitorio entre la colonia y la independencia, que era el sistema de «Dominios de la corona». En la práctica eran estados independientes autogobernados, aunque seguían reconociendo como su jefa de Estado y «soberano» al monarca británico. En la teoría dejaban de ser colonias, en la práctica seguían formando parte del imperio británico.
Los musulmanes optaron por romper con el Partido del Congreso Nacional Indio y formar una nueva organización llamada la «Liga musulmana de la India» que pedía la creación de una autonomía diferenciada que se llamaría «Paquistán» (Por entonces englobaba los actuales estados de Paquistán y Bangladesh).
Dado que Gandhi no quería la presidencia, ni ser partícipe de esta división, cedió la jefatura de los hindúes y Sijs a J. Nehru, su principal colaborador en la organización de las campañas políticas y de las marchas. Educado en Cambridge en derecho y persona muy pragmática. Aunque asumía la No violencia a veces discrepaba en la metodología a seguir con Gandhi. Gandhi se retiró de la política activa cuando se decidió la partición de la India, actuando en ocasiones como simple asesor de Nehru, retirado en su Ashram.
En 1947 el Virrey de la India, arriaba la bandera británica y daba paso al Dominio de Paquistán y a la Unión India (Dominio). Pero los británicos segregaron de la India, la parte de Birmania (hoy Myanmar), que se convirtió en la Colonia de Birmania.
En 1950 se aprobó la constitución de la Primera República de la India, dejando de ser propiamente un dominio británico. Aun así Tanto la República Islámica de Paquistán como la República de la India pasaron a formar parte de la «Commonwealth of Nations» británica. Y posteriormente se salieron de la organización en cuya presidencia de honor se sienta el monarca británico.
El caso de la India inspiró a otros procesos de descolonización y la figura de Gandhi y su pensamiento inspiró a otros líderes nacionalistas e independentistas. Su «No Violencia» inspiró también a la ONU y sus organizaciones en busca de la paz, así como a movimientos y organizaciones pacifistas del mundo.
La independencia de la India y el sistema de partición para afrontar las distintas descolonizaciones sobre todo en el marco del imperialismo británico, acabó imponiéndose como manual de buenas prácticas y para el desarrollo de la diplomacia y de las relaciones internacionales.
Gandhi falleció un año después de la independencia de la India en su Ashram, rodeado de familiares y amigos, sin ningún tipo de bienes materiales, sin cargo político alguno. Su funeral fue multitudinario y al mismo no solo acudieron todas las facciones del denostado Partido del Congreso; sino también primeros ministros de todo el mundo y una representación del gobierno británico.
Gandhi fue admirado, pero también tuvo sus detractores, aquellos que aun creían en la justificación de la violencia para alcanzar objetivos políticos, para defender intereses económicos, o para mantener con vida el ideal del imperialismo y colonialismo.
Con el tiempo la figura de Gandhi ha ido desapareciendo de los referentes mundiales. Sus sucesores en la India no siguieron sus consejos y recomendaciones y los conflictos entre facciones no tardaron mucho en reaparecer, solo que Gandhi ya no estaba allí para calmar los ánimos. La vida alocada de sus hijos y la imagen pública de los Gandhi ( que se comportaba como si fuera la familia real india) tampoco ayudó mucho a recordar la figura de Mohandas Karamchand Gandhi.
Se reconoce hoy mas su labor pacifista en Occidente que en la propia India, donde la práctica de la Ahimsa hace tiempo que dejó de hacerse. El Congreso Nacional Indio se disolvió en 1947 tras la independencia y se formaron varios partidos políticos de ideologías diferenciadas. El mosaico de la india aun sigue existiendo.
Hoy la India es una potencia industrial en ascenso, en especial en la fabricación propia de «Chips» de alto rendimiento. La base de su ascenso a Potencia del «sur Global» en alianza con las industrias tecnológicas de Rusia y China principalmente; pero también con Europa y Estados Unidos (Sus principales clientes).
Sin embargo, socialmente es un país con enormes desigualdades sociales y altos niveles de pobreza material. El desarrollo favorece principalmente a los propietarios de las grandes corporaciones indias o con participación en las grandes corporaciones globales.
Las ideas de Gandhi eran buenas y como demostró aplicables, pero el grado de disciplina que implica es enorme y no todos están dispuestos a hacer lo que hizo Gandhi a costa de su salud física y mental. Fue un gran hombre en un cuerpo pequeño. Un líder sin ambiciones personales…
La muerte de la revolución rusa. Nacimiento del imperio soviético.
El tratado de «No Agresión» de Molotov-Ribbentrop había dado respiro a la URSS para acometer el desarrollo del país en base a nuevos principios organizativos, ideológicos, sociales y económicos.
El «bolchevismo» inicial, reinterpretado por V. Lenin como «Marxismo científico» (También conocido como «Marxismo-Leninismo» o simplemente «comunismo«) había pilotado las primeras décadas de la «revolución» bajo la batuta del todopoderoso y omnipresente Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS en adelante).
Los líderes revolucionarios fueron evolucionando desde la acción directa al gobierno ordinario del país. Molotov comenzó a vislumbrar la necesidad de contar con un aparato del estado mas eficiente en los asuntos internos y una posición mas clara en política exterior.
El PCUS apenas se había desarrollado desde su fundación y aun los debates internos acusaban grandes dosis de propaganda revolucionaria y un cierto desarrollo de establecer una doctrina unificada. Las facciones del PCUS comenzaban a amenazar la ruptura con el núcleo central del partido dirigido con puño de hierro por el «Premier» y secretario general del Partido.
Los nacionalismos periféricos que habían sido anexados muchas veces a la fuerza, al antiguo imperio de los Romanov, en especial los asiáticos, querían su independencia. Muchos apoyaron a los revolucionarios bolcheviques y sus sucesores comunistas en la creencia que la revolución les daría la libertad para iniciar su proceso de independencia. Para el comité central del PCUS y de la URSS esto era un gran problema. La URSS podría desintegrarse. Mantener un imperio heredado de los zares, además de costoso incluía problemas antiguos no resueltos.
Por otro lado estaba la realidad cotidiana, la gente se moría de frio y hambre, para muchos, los revolucionarios no habían traído la idealizada sociedad «comunista» como muchos creyeron que iba a ocurrir. Los mismos problemas que en tiempos de los zares existía, ahora continuaban con las nuevas autoridades.
Los problemas se iban reproduciendo sin control de las autoridades, la guerra continuaba, al igual que la economía de guerra. El sueño revolucionario comenzó a desaparecer, la protesta social emergía con fuerza. Muchos pedían retornar al pasado, otros a seguir la linea trotskista (Es decir retomar el proyecto constitucional que se llevó a cabo tras la revolución de febrero de 1917). EL revisionismo comenzó a hacer meya en la URSS.
La reforma constitucional de 1939 había planteado la necesidad de caminar en el plan inicial de la revolución: tras la toma del poder, llegaría la «dictadura del proletariado» que daría lugar a la esperada «sociedad comunista«. Lenin había rectificado a K. Marx en este proceso apostando por una larga dictadura a modo de periodo transitorio entre el «viejo» sistema y el «nuevo» sistema. Sin embargo el transcurso de los acontecimientos había vuelto mas mas radicalizados e idealistas hasta rozar el fanatismo a los líderes del PCUS.
La propaganda soviética fue perfeccionada tras la experiencia exitosa de J. Goebbles en la propaganda nazi en Alemania . No solo con material gráfico o prensa como se hacía antes de la guerra; en la nueva propaganda, se utilizaban los modernos recursos cinematográficos y la propaganda realizada a través de la radiodifusión. Fueron elementos indispensables para un nuevo tipo de propaganda mas agresiva. Llegaban a mas gente y de forma más rápida.
El órgano de propaganda del PCUS se ocupó de establecer un ideario básico, basado en principios y valores revolucionarios; basados en doctrinas inamovibles y dotados de un nuevo culto a la personalidad de los «premier» presentados a menudo como «padres de la Patria» y como «mesías redentor«. Muchos analistas de entonces occidentales consideraban que los comunistas soviéticos habían inventado una nueva «religióncomunista«, con sus jerarquías, dogmas, principios y valores…
En 1941 Iosif Dzhugashvili, mas conocido como «Yosef Stalin» o simplemente «Stalin» fue elegido como nuevo «premier» (Entre 1941-1946 Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, 1946-1956, Presidente del Consejo de Ministros) soviético.
Stalin nació en 1878 en Gori en la actual república de Georgia, por entonces territorio que formaba parte del imperio Ruso. Su nacimiento, crianza, educación y cultura fueron fundamentalmente asiática, en un territorio fronterizo donde varias rutas comerciales confluían en el Cáucaso. Allí se dieron cita muchas etnias, culturas, religiones y lenguas.
Era una zona donde la influencia del imperio ruso era menor al ser la provincia Transcaucásica una zona periférica del antiguo imperio ruso. El estado ruso apenas tenía presencia, mas allá de sus gobernadores y guarniciones militares locales. Las provincias periféricas del imperio ruso siempre habían gozado de cierta autonomía regional o local.
Hasta la llegada de Stalin, todos los «premier» habían sido «ruso-occidentales o ruso-europeos o rusos-blancos» por lo que imprimieron sus regímenes con modelos o con ideas originarias procedentes en gran parte de Europa occidental. Los primeros «premier» descuidaron la frontera asiática de Rusia y mantuvieron sin población la inhóspita tundra siberiana.
El Ferrocarril Transiberiano creado en la época del imperio de los zares para llevar tropas a la lejana base naval de Port Arthur, base que controlaba todas las operaciones rusas en el Pacífico. Esta era la arteria principal que conectaba Moscú en la zona europea, con Vladivostok en la zona asiática. Salvo el ferrocarril apenas existían carreteras en la zona asiáticas.
A lo largo de su trayecto por Asia se fueron configurando, con los trabajadores del ferrocarril, pequeñas aldeas autogestionadas y donde también se asentaron etnias minoritarias que preservaron, gracias al aislamiento, su identidad «nacional» y/o religiosa. La presencia del estado allí era meramente testimonial o incluso nominal.
Con la llegada de Stalin el «abandono» de la rusia asiática desapareció. Stalin decidió que había que controlar al Partido dentro de unos límites políticos e ideológicos y aumentar el poder del Estado en materia económica, social y en los asuntos exteriores. Para Stalin el estado ruso («Madre Rusia«) era preexistente al partido y por tanto el partido debía estar sometido al estado y no al revés como se había planteado inicialmente por Lenin.
La URSS no debía salirse de la segunda gran guerra europea; sino implicarse en ella de forma decidida. En 1941, Adolf Hitler (Canciller Federal [imperial] del Reich) comenzó la «invasión de Rusia» rompiendo unilateralmente el pacto de «no agresión«.
La victoria soviética en la batalla en Stalingrado sorprendió a propios y a extraños. El Ejército Rojo, pasaba de ser una milicia de partido mal entrenada y mal pertrechada, a ser un poderoso ejercito nacional, moderno y al servicio del Estado soviético, controlado por el ministro de defensa, bajo control del «Premier» y no por el comisario correspondiente del PCUS como se hacía anteriormente. El Ejercito Rojo fue una de las instituciones estatales soviéticas mas apreciadas por la población, algo que era muy útil a los servicios de propaganda interior.
A medida que Stalin fue tomando posiciones en el complicado y altamente burocratizado estado soviético, fue ganando mas poder hasta convertirse de facto en un dictador , con un régimen personal, totalitario y expansivo de partido único. El culto a la personalidad fue el núcleo central de la propaganda soviética. Stalin fue elevado a los «altares de la patria» como símbolo de unidad y como líder indiscutible, al modo de los antiguos zares rusos.
Una vez controlado el partido y el estado, se propuso desarrollar la economía soviética siguiendo un modelo «racional y científico» (acorde con la ideología marxista-leninista, reinterpretada hábilmente por Stalin). Durante su mandato:
Incorporó al parlamento soviético y a las estructuras de poder regional y local a las comunidades aisladas y a poblaciones nuevas creadas en la zona asiática. Especial cuidado tuvo con someter a los nacionalistas de la periferia. También a los líderes religiosos y a las organizaciones religiosas, otorgándole cierta tolerancia.
En los primeros años de Stalin, aun no tenía muy pensada la política religiosa, en especial el papel de la iglesia ortodoxa rusa en el nuevo estado soviético. La iglesia ortodoxa tuvo en los inicios de la revolución un papel de liderazgo: la de 1905 y papel dinamizador en la de febrero de 1917. Parcialmente fue importante (a los efectos de la gestión de masas) en la revolución de octubre de 1917, aunque no determinante.
Aunque fue prohibida por Stalin como el resto de iglesias cristianas, comunidades islámicas y judías, budistas y animistas mongoles; la iglesia ortodoxa rusa, siempre gozó de una cierta tolerancia en el régimen soviético, aunque obviamente no de forma oficial, – la URSS era oficialmente un «Estado Ateo» – y con muchas restricciones para el culto público.
Lo segundo que hizo Stalin fue establecer una economía planificada «científica y racional«, creando infraestructuras básicas para articular todo su inmenso territorio. El ferrocarril transiberiano fue ampliado con el «Transcaucásico» , ampliación de nuevos ramales del transiberiano para colonizar la tundra siberiana y posteriormente con el «Transmanchuriano«. El primero conectaba con la red turca y el segundo con la red China.
El Ferrocarril seguía siendo un elemento importante para el desarrollo de los pueblos del interior. No solo permitía llevar tropas, sino también aumentar el poder del estado, evitar el aislamiento de poblaciones y de control político (e ideológico) de la sociedad local. También se amplió la red de carreteras en la zona asiáticas.
Además de las infraestructuras Stalin se ocupó de la mayor demanda de la población, el desarrollo de los Servicios Sociales del Estado y su modernización: Sanidad, educación, formación profesional, Investigación científica, universidades, centros culturales, fomento de las artes, danza, música, literatura, cine y teatro.
Para Stalin imponer una ideología a la fuerza no servía de nada. Stalin propuso que en vez de imponer, proponer y motivar. Haciendo partícipe al ciudadano en la construcción del estado soviético y presentando esa participación como un «servicio personal a la patria«, como una forma de ascenso social, de mejora de la economía doméstica, como forma de mejora de las condiciones de vida y como una forma de progreso social en la vida a través de la formación, el trabajo y la cultura.
Stalin puso mucho empeño en modernizar rusia a través del desarrollo de la industria y del sistema agropecuario, sobre todo aprovechando la inmensidad del territorio, el moderno sistema de colonización, la abundancia de recursos y sobre todo la abundancia de mano de obra disponible.
Stalin quería, según su propaganda, poner fin a la «revolución» » y establecer transitoriamente un gobierno fuerte que de manera racional y científica (Desaparece en sus discursos la «dictadura del proletariado«) que de forma efectiva lleve a la unión soviética a la esperada «sociedad comunista». Una vez logrado era partidario de la expansión a otros estados. La expansión del comunismo era una de sus grandes aspiraciones.
Cuando acabó la guerra entre 1945 y 1946 se estableció en Yalta, Potsdam y Bretton Woods un nuevo «Orden mundial» dominado por las cuatro potencias vencedoras en la guerra: Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la URSS. Al ser mayoritarios los estados que estaban dominados por democracias liberales y por sistemas económicos capitalistas, ese nuevo orden mundial dejaba poco margen de maniobra a la URSS.
Las potencias occidentales no constituían un frente unificado y homogéneo. Las desconfianzas de Winston Churchill (primer ministro del Reino Unido) hacia los soviéticos y su visión decimonónica del liberalismo conservador, provocaron que otros actores no estuvieran cómodos en la alianza vencedora de la segunda guerra mundial.
En Estados Unidos estaba como Presidente, un enfermo de gravedad Franklin Delano Roosevelt que a duras penas podía asistir a las cumbres aliadas; pero su inteligencia, fuerza y dedicación a lograr el entendimiento entre las partes se unieron para no dar al traste con la alianza. Roosevelt tras la guerra, se fue acercando a Stalin en los análisis y en las grandes decisiones, dejando al margen a Churchill y ninguneando a Charles De Gaulle (Presidente de la república francesa).
Por otra parte la guerra en el Pacífico había acercado a la política exterior soviética, a Corea del Norte (Régimen similar al soviético) y al partido Comunista de China (En la oposición en la guerra mundial), contra el imperialismo japonés. Entre ellos se forjó una segunda alianza estratégica similar a los aliados en occidente. A la larga esta segunda alianza jugó un papel importante en la política exterior soviética.
En el nuevo orden, Europa destruida por la guerra y necesitada de ayuda económica y financiera exterior, quedó fuera de juego, cediendo el papel director a Estados Unidos en el caso de la mitad occidental y a la URSS en la Europa del Este. Esta división de Europa provocó la formación de «áreas de influencia» entre occidente y oriente.
Para la URSS esta división del mundo en áreas de influencia favorecía sus intenciones expansionistas, no sólo hacia el este de Europa; sino también por Asia y África. Estados Unidos era hegemónico en América y Oceanía – liberada del imperio japonés – se la repartieron por igual británicos y estadounidenses. Este nuevo internacionalismo basado en el equilibrio entre «áreas de influencia» llevó a la regionalización y al mundo bipolar que protagonizó la segunda mitad del siglo XX.
La URSS en proceso de cambio y desarrollo estatal con un dictador en la cúspide del poder, el sistema estatal se burocratizó aun mas, se dotó al «Ejército Rojo» de una estructura militar mas moderna, unos recursos financieros y de recursos inagotable, con militares de alta graduación bien formados, tropa bien adiestrada y motivada para el combate.
La ciencia se puso al servicio de la industria armamentística, de las universidades estatales surgieron infinidad de ingenieros que engrosaron las filas de la potente industria militar soviética. Stalin que conocía el potencial destructivo de Estados Unidos; sobre todo en lo tocante al programa nuclear militar, no podía quedar en desventaja en caso de colisión directa con EEUU. El recuerdo de Hiroshima y Nagasaki obligaban a Stalin a poner al mismo nivel su, por entonces, primitivo programa nuclear, con el estadounidense. Esto dio lugar a una «carrera armamentística» sin precedentes, convirtiendo a la URSS en una «Potencia nuclear» y a nivel global en una «superpotencia«.
Stalin quería expandir el modelo soviético a todo el mundo. Fomentó un nuevo movimiento «comunista» internacional, tras liquidar el Komintern (III Internacional en Europa occidental), fomentando revoluciones en países no comunistas, apoyando a partidos comunistas en esos mismos países, dotándoles de armamento y estrategas, así como financiación. En países que controlaba tras la guerra, los «dogmas» soviéticos se fueron imponiendo en el rosario de «repúblicas populares» que se fueron creando en esos años.
Stalin se presentó en la propaganda soviética como líder indiscutible del comunismo a nivel internacional. Se presentó como un «Guía» carismático para todos los comunistas del mundo. En su propaganda su expansionismo se veía como un movimiento liberalizador de imperios decadentes y opresores.
El comunismo se presentaba en la propaganda como un ideario salvífico y liberador. Según la propaganda, el comunismo «libraría» a los europeos de la socialdemocracia ( a cuyos seguidores Stalin llamaba «chovinistas sociales«) y de los regímenes liberales «imperialistas y decadentes» de occidente.
Sin embargo este mesianismo liberador de Stalin chocaba de lleno con los nacionalismos y con las visiones marxistas-Leninistas alternativas a nivel local fruto de los primeros revisionistas. En estos territorios (Bajo la influencia soviética) muchos intelectuales comunistas veían a la URSS como un nuevo imperio. Muchos comunistas querían preservar su identidad nacional y sus tradiciones políticas. Necesitaban establecer sus propias formas de entender las necesidades reales del país. Muchas de las cosas impuestas por la URSS no eran fáciles de implantar en realidades distintas a las existentes en la URSS.
Entre 1941 y 1946 Stalin se mantuvo leal a los aliados con la retorica libertadora de la URSS de los pueblos europeos del nazismo y la protección de Rusia en zonas limítrofes al frente occidental, por el «Ejército Rojo«. Molotov que había sido «premier» justo antes de Stalin, se había convertido en el Ministro de Asuntos Exteriores y le tocó desarrollar la intensísima actividad diplomática con los países de la alianza.
Molotov se llevaba mejor con Churchill, que con Roosevelt. Churchill firmó un acuerdo muy beneficioso para la URSS que pasaba por el reconocimiento mutuo de sus relaciones diplomáticas, la promesa de Reino Unido de «No intervención en los asuntos internos de la URSS», Así como un compromiso de no romper la alianza entre los países firmantes contra la Alemania nazi. Este acuerdo también fue signado por Charles De Gaulle (Líder de la «Francia Libre» en el exilio) . Con Roosevelt la alianza se basaba en una mera cortesía diplomática basada en relaciones estables y de cooperación.
Cuando acabó en 1945 la guerra comenzaron los problemas internos en la alianza. Las cumbres de 1943 (Casablanca y Teherán) y 1945 (Yalta y Potsdam) dejaron al descubierto las desconfianzas mutuas en el mantenimiento de la Alianza para organizar el nuevo orden mundial. Los intereses de parte y el reparto del mundo pusieron en peligro en más de una ocasión el nuevo orden mundial liderado por EEUU («Gendarme del mundo»).
Alemania y Polonia fueron sin duda los dos principales escollos en las negociaciones de estas cumbres. Alemania fue dividida en cuatro secciones e igualmente hicieron lo propio con Berlín, la capital histórica.
A la URSS le había tocado el sector nororiental de Alemania y el mismo sector de Berlín. Inicialmente al igual que las otras potencias se habían creado provisionalmente mandos militares internacionales conjuntos; pero con gobiernos sectoriales coordinados. En el liderazgo de Alemania – liberada por los nazis – estaba Estados Unidos, quien se había empoderado frente a las otras potencias vencedoras, en los controvertidos «juicios de Nuremberg«.
La URSS de forma clandestina tomó posesión del nuevo territorio intentando colocar en su sector a un gobierno «títere» a las ordenes de Moscú. Creó con ese objetivo el «Comité de Alemania Libre«. Este comité fue el germen de la futura República Democrática Alemana (RDA, 1949-1989).
El otro escollo era Polonia. Varias veces partida y reunificada. Otra vez se enfrentaba a una nueva división que a priori nadie quería oficialmente, pero si oficiosamente.
Existía un gobierno en el exilio de Polonia que actuaba en la clandestinidad en Polonia y cuya sede oficial estaba en Londres. Reino Unido y Francia lo reconocían oficialmente como el «legítimo«. Sin embargo en Polonia, tras la ocupación soviética y por influencia de la URSS, se fue formando un gobierno provisional comunista que también consideraba la URSS como «Legítimo«.
Por otra parte la invasión alemana de Polonia en 1939 había desdibujado las fronteras naturales de la Polonia histórica. Restablecerlas en la posguerra era bastante complicado, si además todo el territorio estaba de facto bajo el control soviético. Poner fronteras nuevas era bastante complicado entre las autoridades polacas y rusas. Restaurar las antiguas mas complicado aun. Definir las fronteras de Polonia consumió gran parte de las negociaciones entre los aliados; así como entre el gobierno provisional de Polonia (pro-soviético) y la URSS.
Mientras discutían de fronteras en las cumbres aliadas previas al final de la guerra; el gobierno soviético comenzó a implantar el modelo soviético a Polonia (Gobierno reconocido por la URSS). Las denuncias de atrocidades, ejecuciones, persecuciones religiosas y nacionalistas polacas, por parte del otro gobierno en el exilio (reconocido por Reino Unido y Francia, levemente por Estados Unidos) ante la Cruz Roja Internacional – Único organismo internacional reconocido, tras la decadencia de la moribunda «Sociedad de Naciones» – provocó una fractura en el seno de los Aliados.
Estados Unidos y Reino Unido exigieron investigar esas denuncias. Las dimensiones de esas denuncias dejaban en mal lugar a la URSS y generaba un problema para la opinión pública soviética. Stalin optó por el repliegue para no romper estratégicamente la alianza. EL gobierno, aun siendo pro-soviético trató de minimizar su implantación en el país. Las potencias aliadas gestionaban como deponerlo, sin enfadar a la URSS y cómo colocar al «gobierno legitimo» reconocido por Reino Unido, Francia y Estados Unidos.
La cumbre de Teherán en 1943 Stalin jugó al «Divide y vencerás», uniendo sus intereses a los de Estados Unidos y minimizando la influencia de Churchill en la conferencia. Reino Unido comenzaba su declive como principal potencia mundial. Estados Unidos era el nuevo «gendarme del mundo» y el rival perfecto para las ambiciones territoriales de Stalin.
En Teherán estaba pendiente si llevar a cabo la operación «overlord» (Desembarco de Normandía) o esperar mas tiempo. Estados Unidos no se decidía a intervenir directamente contra la Alemania Nazi.
Hasta entonces sólo había proporcionado logística armamentística y financiación a Reino Unido y Francia. Involucrarse eran palabras mayores. Sin embargo estaba dispuesto a entrar si había unidad entre los aliados. La presencia de tropas americanas cambiaría el curso de la guerra. El potencial militar estadounidense era a todas luces superior al alemán.
Los problemas habidos en la zona ocupada por la URSS hicieron desconfiar aun mas a Churchill. Temía que una vez liquidado el régimen nazi, se las tendría que ver con Stalin. Su pérdida de influencia en el curso de la guerra le irritaba aun mas.
En su visión del mundo Reino Unido debería ser quien dirigiera las operaciones, debería ser Reino Unido quien liderase el mundo libre. En su visión imperialista británica, no iba a dejar que una de sus antiguas colonias liderase el mundo. Churchill fue incapaz de ver la realidad de aquellos momentos. Al mismo tiempo que Churchill dejaba de ser influyente en las cumbres, comenzó también a tener problemas internos con rivales arribistas en su propio gabinete y a causa de su descuidada política doméstica de Reino Unido.
Stalin propuso a Roosevelt la alianza con el gobierno turco para estabilizar los Balcanes después de la guerra. Escondía su interés por controlar los Balcanes y dejarlos bajo su influencia (política expansionista). El nuevo gobierno republicano turco tenía intereses comunes con Rusia en el Mar negro y en el Cáucaso. Pero tanto Estados Unidos, como Reino Unido y Francia tenían muchos intereses en el mediterráneo oriental. No iban a dejar toda esta zona bajo la influencia soviética.
Otra cuestión tratada era la cuestión de como repartirse el imperio japonés que se extendía desde la islas Kuriles, Sajarov y el puerto de Port Arthur ocupado por Japón (Reclamadas por la URSS), hasta Indonesia (Francia y Países Bajos) y que comprendía la mayor parte de la península de indochina (reclamada por Francia), así como porciones de China bajo control japonés (Manchuria por ejemplo, reclamada por China) y antiguos puertos coloniales como Singapur (China y Reino Unido), Macao (China y Portugal) y Hong Kong (reclamados por el Reino Unido).
La URSS tenía mas influencia en la región dado que sus alianzas con el Partido Comunista Chino y con Corea del Norte, le permitía ser mas fuerte en la región que Reino Unido o Francia, cuya influencia y lejanía de la metrópoli les colocaba en situación de debilidad en las negociaciones. Estados Unidos con asiento en Hawái y en varias islas del Pacífico en unión con la armada real australiana, podía ocupar rápidamente gran parte del territorio . No obstante era complicado de repartir entre los aliados.
En 1944 el Ejército Rojo (considerado un «ejército de liberación» en la propaganda soviética) ocupó Rumanía , Bulgaria y de nuevo asumió el control de Polonia.
La expansión de la URSS por los Balcanes asustaba a las potencias aliadas. Siempre había sido una región de Europa con fronteras cambiantes y siempre había sido coto de caza para los emperadores austriacos y rusos. Para evitar complicaciones se acordó que cada caso concreto se repartiría entre las potencias aliadas en porcentajes de territorios para compensar a cada potencia de los aliados. Estos repartos nunca fue plato de buen gusto entre los aliados, las desconfianzas iban en aumento.
1945- Conferencia de Yalta. Churchill intentaba recuperar en terreno europeo el liderazgo de los aliados. Proponía una «Europa Libre» con regímenes democráticos representativas con gobiernos surgidos de elecciones «libres». Roosevelt ya a punto de fallecer, llegaba a Yalta con la idea del deber cumplido, en consecuencia felicitaba y agradecía a Stalin el apoyo prestado durante la guerra, especialmente el apoyo dado en el pacífico. Roosevelt consideró que la sociedad de naciones estaba muerta y que en consecuencia había que crear la «Organización de las Naciones Unidas» (ONU) para preservar la paz y contribuir al desarrollo de los pueblos.
En el proyecto de la ONU (Fundada en 1946), al igual que previamente en la Sociedad de Naciones, se configuró con las potencias vencedoras el nuevo Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, al que se invitó formalmente a China (Comunistas) a formar parte del mismo. Los aliados occidentales no querían cometer el mismo error que en 1918. Se admitió a la Alemania ocupada por los Aliados. Evitaron cualquier «humillación» a Alemania. La presencia de China; al igual que el derecho de veto para los miembros del consejo fue una concesión que las potencias occidentales ofrecieron a la URSS, en minoría en el Consejo de Seguridad.
Stalin salió ante su pueblo triunfante con estas negociaciones, no solo «Liberaba» territorios por todo el mundo para la causa comunista; sino que también se había convertido en un líder carismático para su pueblo.
En Potsdam, el mismo año, se volvieron a reunir porque tanto Truman (Que había sustituido a Roosevelt en la presidencia tras su muerte) como Stalin estaban muy interesados en el programa nuclear con aplicaciones militares. Tras Hiroshima y Nagasaki, ambos países se precipitaron a una carrera por tener el mejor programa nuclear, era el comienzo de la «era atómica». Era el comienzo, sin declaración previa, de la «Guerra Fría» (1945-1993) por el distanciamiento de Truman, mas belicista que Roosevelt, de Stalin. Reino Unido y Francia apenas tuvieron influencia en estas cumbres. El mundo pasaba a estar gobernado por las dos grandes «superpotencias».
Europa fue repartida entre el área de influencia estadounidense («Bloque occidental») y el área de influencia soviético («Bloque Soviético o comunista»). Alemania fue dividida en 1949 en dos estados: la República Federal de Alemania (RFA) pro-occidental y la República Democrática Alemana (RDA) pro-soviética.
Esta última ganó territorio a costa de perderlo Polonia. Pero a cambio Polonia ganó terreno en su parte oriental a costa de perderlo la URSS. De esta manera salomónica se zanjó la cuestión de los límites fronterizos polacos.
En Yugoslavia el general de origen croata, Josif Broz «Tito» se había convertido en el líder indiscutible del comunismo en los Balcanes, algo que no gustaba mucho en Moscú. En 1948 Yugoslavia rompió relaciones con la URSS. Puesto que en el nuevo mundo bipolar era necesaria la cooperación entre la URSS y Yugoslavia, acordaron conjuntamente no agredirse mutuamente, pero tampoco Yugoslavia someterse al dictado de Moscú. Stalin propuso el «paneslavismo» como fórmula para reunir en hermandad a todos los «eslavos del sur«. Un eufemismo creado para intentar controlar, por parte de Moscú, pero que fue aceptado por Yugoslavia con condiciones.
Tito provenía de una tradición de políticos croatas socialdemócratas , radicalizado en los años 20 y 30, se vinculó al Partido Socialista Obrero Yugoslavo inicialmente y posteriormente incorporado al Partido Comunista Yugoslavo (Sucesor del anterior) bajo el liderazgo de Sima Markovich.
«Tito» creía en un comunismo étnico y cultural de gentes de origen eslavas procedentes de áreas próximas al Danubio y Balcanes. Pueblos que en su día combatieron al imperio otomano, que posteriormente contribuyeron a la formación de los nuevos estados como el Reino de Serbia, Croatas y Eslovenos, que contribuyeron a dar unidad y estabilidad a la región. Su Yugoslavia era una evolución natural de aquel intento por recuperar y profundizar en la independencia estos pueblos eslavos. Apostaba por la «fraternidad» o «hermandad» de estos pueblos.
Como comunista admiraba a la URSS por el romanticismo de su revolución, por su poderío mostrado en la segunda guerra mundial habiendo «librado» a muchos pueblos de la «opresión» nazi. Sin embargo los problemas de los Balcanes eran diferentes a los de la URSS. Adoptar los «dogmas» de la URSS no entraba entre sus ambiciones personales, pero tampoco en su propaganda interna. El «liberador» de los pueblos eslavos era Tito, no Stalin, esto llevó a ser rivales. Stalin quería someter a Tito, y Tito no aceptaba la tutela de Stalin, lo que llevó en 1948 a la mencionada ruptura de relaciones.
«Tito» introdujo un método que tomó prestado de la socialdemocracia de donde provenía: en vez de imponer dogmas y tutelas, que el comunismo se desarrolle de manera diferente en cada estado. De esta forma el comunismo podría adaptarse a las características propias de cada uno y ser mas eficaces. De la misma opinión eran los comunistas de la Alemania oriental, de Polonia, de Hungría, Rumanía, Bulgaria, Checoslovaquia y de China.
El segundo periodo de gobierno de Stalin como presidente del Consejo de Ministros (Mas poder para Stalin): 1946-1953 se dedicó a profundizar en el desarrollo de la URSS con los llamados «planes quinquenales» , el desarrollo de la industria, especialmente de la industria militar, la sovietización de la sociedad, el adoctrinamiento masivo, la lucha contra nuevos nacionalismos emergentes y la gestión de lo que se ha llamado «archipiélago gulag» , campos de trabajo en la fría tundra siberiana, además de para agrupar presos políticos; para minorías étnicas como los tártaros o religiosas como los judíos.
La vida en esos campos era infrahumana. La propaganda oficial trataba de no buscar similitudes de estos campos «de trabajo», con los campos de «exterminio» alemanes nazis, ocultando a la opinión pública las atrocidades de los mismos y presentándolos como un ejemplo de «servicio a la patria y redención personal por medio del trabajo».
Los problemas con Tito no se acabaron en 1948, sino que produjo un nuevo movimiento comunista internacional liberado de la tutela soviética. Posteriormente en 1949 cuando el Partido Comunista Chino alcanzó el poder en la nueva República Popular de China, bajo el Liderazgo d e Mao Zhe Dong, las distancias metodológicas entre Rusia y China a cuenta de la propuesta de Tito y de problemas fronterizos (Mongolia y Manchuria) se fueron ampliando hasta la ruptura de relaciones de 1960.
En otros países de Europa del Este también buscaban tener sus propios regímenes «comunistas» sin la tutela de Moscú. Todas estas acciones pusieron freno a las ambiciones expansionistas de Stalin en sus últimos años de vida. Una nueva era «comunista» comenzaba a romper el dogma «soviético» establecido por Stalin.
Entre los años 50 y 70 se fueron creando muchos regímenes «comunistas» siguiendo el modelo iniciado por Tito en Yugoslavia y seguido por Mao en China. En América comenzaban a aparecer los primeros movimientos socio-políticos – tomando la URSS o China como referencias – fueron creando partidos y guerrillas «comunistas» por todo el continente, incluso en el seno de los Estados Unidos. En África, el nacionalismo y el anticolonialismo hizo furor en las filas «comunistas«; así como en el sudeste asiático (India y la antigua Indochina).
Los procesos descolonizadores de los años 50 fueron un campo virgen para ser recolonizados por la URSS (mediante «Repúblicas Populares») y por otras potencias «comunistas» en sustitución de las viejas metrópolis europeas. El expansionismo soviético a costa de territorio occidental hizo que en los años 50 la guerra fría alcanzase sus máximos grados de tensión. Toda esa tensión se liberaba en conflictos regionales que se dieron sobre todo en Asia y África.
Los últimos años del «camarada Stalin» fueron los mas erráticos de su mandato, sus mas allegados opinaban que se estaba «volviendo loco». Afirmaban que no era consciente de la realidad, que se aislaba a menudo y que no confiaba en nadie. De hecho murió sentado en su escritorio del Kremlin con la puerta cerrada y sin nadie en la estancia. Nadie se atrevió a abrir la puerta por su genio. Finalmente se derribó la puerta y se lo encontraron muerto. Murió el 5 de marzo de 1953, fue enterrado junto al mausoleo de Lenin en la necrópolis de la muralla del Kremlin de Moscú.
Malenkov (1953-1955) y Bulganin (1955-1958) fueron meros sucesores en la Jefatura del Estado, sin relevancia política tras la muerte de Stalin. La muerte de Stalin dejó a los líderes del PCUS en un duelo prolongado y en una incertidumbre sobre el futuro de la URSS sin Stalin. En 1958 finalmente tomó las riendas de la URSS otro gran estadista y también reformador, Nikita Kruschev (1958-1964).
Y. Stalin fue un héroe nacional para los ciudadanos de la URSS, un aliado incómodo y un líder cuestionado por otros líderes «comunistas» que no aceptaron su tutela, no compartían su agenda, ni su método. Con Stalin se dieron por finiquitados los ideales que dieron lugar a la Revolución Rusa de octubre de 1917. Comenzó tras su muerte, la atomización creciente del «comunismo» a escala internacional.
En la URSS, tras su muerte, comenzó el proceso de «desestalinización» ; así como el fenómeno socio-político e ideológico que generó un terremoto conceptual del hasta entonces inamovible sistema soviético.
(Fte. Nogee, Joseph L y Donalson, Robert H. «Soviet Foreign Policy since World War II» Pergamon Press, 3º Ed. 1988)
Fue un pontífice muy polémico sobre el que se han vertido ríos de tinta tanto a su favor, como en su contra. No ha sido tratado bien por los historiadores debido a su «ambigüedad» adoptada en la segunda Guerra Mundial.
Internamente y en relación a la Santa Sede Apostólica, Pio XII se encontró tras la guerra con dos grandes facciones en el seno de las congregaciones pontificias y organismos centrales de la iglesia católica, incluida la Curia Pontificia.
Por un lado existía una facción «dogmática» basada en la «Tradición», inmovilista, eurocéntrica, de fomento de un sacerdocio autoritario y muy vinculada en cuanto al pensamiento a los regímenes totalitarios precedentes.
Por otro lado existía una facción «renovadora» basada en los Evangelios, abierta, dinámica, modernista, universalista con mucho empuje desde América Central y del Sur, muy vinculada a los «seglares» y a los nuevos ambientes democráticos o democratizadores dentro de la iglesia.
La Iglesia Católica Romana se alineó tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) con el mundo occidental (EEUU y sus aliados europeos) en el contexto de la Guerra Fría (1945 -1993). En 1949 condenó el bolchevismo y el marxismo – leninismo. Fue una condena directa contra el régimen soviético creado en 1917 y acrecentado con la llegada del «Premier» soviético, Y. Stalin en 1946.
Poco tiempo antes la URSS había proclamado el «Estado Ateo» en contraposición con el «Estado Confesional» del régimen imperial anterior. Había expulsado al nuncio del Papa y prohibido todas las religiones en la URSS (Aunque mantenía oficiosamente canal abierto con la Iglesia Ortodoxa Rusa, a cuenta de haber estado en vanguardia en la revolución de Febrero de 1917 y también por formar parte esencial del nacionalismo ruso. Gozaba de algunos privilegios).
La condena del «sovietismo» ruso y del «marxismo-leninismo» a escala global tenía una segunda lectura en clave política italiana. Pido XII fue uno de los impulsores de la Democracia Cristiana en Italia. La Santa Sede Apostólica ejercía de facto – a modo de tutela – la nueva política italiana emergente tras la segunda guerra mundial.
Pio XII tuvo una política de contentar a todos, pero tanto su ambigüedad en la guerra mundial, como en su deseo de mimetizar las facciones mas renovadoras con la democracia cristiana, cometió muchos errores. Explicados en clave eclesiástica, pero con resultados nada halagüeños en sus relaciones con los estados occidentales.
La mayoría de los estados occidentales habían abandonado la política de los «Estados confesionales» anterior y se enmarcaban en el nuevo tiempo en el marco de los derechos humanos, entre los que estaban los derechos a la libertad religiosa, de cultos y conciencia. muchos países se habían declarados «Laicos».
Para los sectores mas conservadores de la Iglesia, la «laicidad» equivalía a ser una vía favorable al «estado ateo«. Tampoco le gustaban a estos sectores, la separación «Iglesia-Estado «y la progresiva «secularización» de la sociedades occidentales. En la visión que tenía Pio XII, estas actitudes «modernas» se alejaban de la democracia cristiana que el quería impulsar desde la iglesia católica. Asi podemos ver algunas iniciativas que fueron en contra de su imagen pública:
Concordato de 1953 con el régimen de Francisco Franco Bahamonde en España. Un concordato hecho a la carta que incluía muchos elementos arcaizantes del «nacionalcatolicismo» y del «tradicionalismo» español. Un ejemplo de ello, fue la potestad del dictador de nombrar obispos y la potestad del dictador de ir bajo palio.
Este concordato dio unilateralmente legitimidad al régimen de la dictadura y se la retiraba al gobierno de la segunda república «en el exilio». El Nuncio retornó a España y fue acreditado ante el propio dictador. A efectos diplomáticos esta actitud papal fue contestada por la mayoría de los aliados con el rechazo a esta medida.
Pio XII también condenó a los «curas obreros» en Francia y condenó la «nueva teología» que comenzaban a penetrar seminarios y obispados en toda Europa y en América Central y del Sur.
Lo peor que hizo y fue visto como un retroceso fue la Encíclica «Humani Generis» (1950) donde condenó la «modernidad», estableció la censura a los teólogos, especialmente a los nuevos teólogos jóvenes, y prácticamente puso vigilancia férrea contra los Jesuitas y los Dominicos, considerados por el papa como máximos impulsores de esa «nueva teología«.
Juan XXIII (1958-1963)
A este pontífice se le conoció como el «papa bueno» por su programa renovador de la iglesia católica, muy alejado del pontífice anterior. El definió su pensamiento como favorable al «Aggiornamento» (Actualización) de la Iglesia Católica Romana.
Evidentemente la Segunda Guerra Mundial dio paso a un nuevo orden mundial dominado por dos superpotencias: EEUU y URSS en el orden político yen el caso del mundo Occidental (También llamado «primer mundo«) una reorganización interna de los estados en clave de apostar por la «Modernidad» expresada en la tecnología y la ciencia, en la secularización de la sociedad, en la separación Iglesia – Estado, en el internacionalismo, en el fin de los Estado-Nación, en la implantación de los derechos humanos , en la expansión de la democracia.
Un año antes se había firmado el Tratado de Roma, por el que se creaba la Comunidad Económica Europea (CEE en adelante) formada inicialmente por seis países: Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo (juntos formaban el Benelux, la primera unión aduanera en Europa) , Francia, Alemania e Italia. Francia y Alemania («las dos locomotoras«) marcaron la dirección económica y política de la CEE. Europa comenzaba un viaje por separado a EEUU, pero manteniendo su alianza.
A raíz de la CEE, en la órbita soviética se constituyó la COMECON, similar a la CEE pero para los países aliados soviéticos. De igual forma que años antes en 1949 los aliados occidentales formaron la OTAN y los países «del Este» el «Pacto de Varsovia». El mundo comenzaba a ser repartido entre los dos colosos. La iglesia al estar vinculada con los aliados necesitaba reubicarse y renovarse para afrontar su nuevo papel en el nuevo tiempo.
Juan XXIII entendió que condenar la «modernidad» no servía mucho. El mundo avanzaba mucho mas rápido que la iglesia. La Igleisa se había quedado anclada en el pasado y ya no tenía apenas visibilidad e influencia en el contexto de la Guerra Fría,
En Europa los seminarios comenzaban a vaciarse y los conventos comenzaban a tener dificultades para mantenerse abiertos por falta de vocaciones y por falta de fondos. La secularización creciente ponía en peligro la supervivencia de la iglesia en Europa, con un clero en edad avanzada y contrario a ceder protagonismo a los nuevos sacerdotes jóvenes. La iglesia en Europa entraba en decadencia.
En América Central y del Sur se daba el efecto contrario a Europa, la iglesia seguía siendo parte de la sociedad. Esto fue posible sobre todo a las comunidades de jesuitas que promocionaban desde la educación nuevas sociedades mas justas, menos desiguales y mas desarrolladas.
Evidentemente la socialización promovida desde el mundo jesuita, no gustó a varios gobiernos autoritarios latinoamericanos, por lo que trataron de frenarlos mediante la represión y protestas ante el Vaticano. En respuesta, los Jesuitas respondieron mediante la acción política y en algunos casos armada, integrándose en algunos casos en las guerrillas (insurgencia) y en grupos subversivos de carácter político. Los jesuitas se posicionaron – como en el pasado – junto al pueblo en contra de las autoridades establecidas.
Esa alianza de Jesuitas – también franciscanos y dominicos – con el pueblo aterrorizaba a los sectores mas conservadores de Europa. Consideraban los europeos que los jesuitas se habían pasado al otro bando (al bloque soviético) y que ello, según su opinión, comprometía a la Iglesia Católica universal, claramente alineada con el mundo occidental.
La pugna en Europa entre «dogmáticos» (o tradicionalistas) y «apostolares» (Renovadores) en ambientes eclesiales y en la Santa Sede, hicieron pensar a muchos que iba a producirse un nuevo cisma. Si a esto añadimos el resto de asuntos que salieron a la luz en el contexto de la Guerra Fría en Europa fue probablemente lo que llevó a JUAN XXIII la necesidad de convocar un nuevo concilio ecuménico.
La idea central era convocar un nuevo concilio en el Vaticano con el fin de renovar la Iglesia y adaptarla al mundo moderno. Se planteó también como foro internacional y como servicio a todo aquel que considere que hay que modernizar la iglesia católica.
Dos fueron las líneas programáticas mas ambiciosas de Juan XXIII de cara al Concilio:
Ecumenismocristiano: En línea con el mandato de buscar caminos para lograr la reunificación del cristianismo, Juan XIII consideró que la unidad no era uniformidad, ni unicidad. La unidad en la diversidad era el mejor camino para lograr la unidad de los cristianos ante su papel en el mundo moderno, mediante la coordinación, la cooperación y la colaboración.
Atrás quedaron los tiempos de herejías y anatemas, de una actitud represiva dogmatizante, de una Iglesia católica que quería obligar a los herejes a abjurar de su fe, humillarse y pedir perdón. La experiencia en la Europa «del Este» del papa Juan XXIII le decía que había que desterrar esas condenas y anatemas, mas propios de teólogos de salón, que de utilidad social.
Consideraba el pontífice que la unidad en la diversidad era mucho mas útil a la sociedad moderna, que quedarse en debates teológicos y en discusiones vanas que solo beneficiaban e interesaban a los interlocutores, pero no calaban en la sociedad.
Diálogo Interreligioso: Aunque la Iglesia Católica apostaba por la «recristianización de Europa» ; entendía el pontífice que el judaísmo y e islam también estaban presentes en Europa y también contribuyeron al desarrollo de los países de Europa. Especialmente sensible era con el judaísmo, una religión que había sufrido la «Shoah» (Holocausto) durante el régimen Nazi y aliados. Una sensibilidad que seguía a flor de piel en la mayoría de los países europeos, especialmente en Alemania.
En el nuevo contexto, la Iglesia, que había ayudado a muchos judíos a huir de Alemania y de regímenes totalitarios, no podía ahora darles la espalda. La experiencia del «reencuentro» entre «hermanos» como se explico en la época en ambientes eclesiales renovadores, fue suficiente justificación para limar las cuestiones mas espinosas entre el cristianismo y el judaísmo, especialmente con los que seguían la escuela sefardí (mayoritaria en Europa Occidental).
Por primera vez el pontífice reconocía que el cristianismo es el «hermano menor» del judaísmo, aludiendo al origen judío del cristianismo y del propio Jesús de Nazaret. Esto fue sin duda un terremoto teológico entre los «dogmáticos» que se preocuparon en épocas anteriores de ocultar el origen judío de Jesús y aun mas que Jesús fuera un rabino judío.
Los judíos pedían el mismo trato con los musulmanes suníes que también los protegieron durante la guerra. Los suníes, al contrario que los chiíes reconocen influencias del judaísmo y del cristianismo en el Islam. De hecho en Al Corán hay varios capítulos dedicados a Jesús (Isa) y a la virgen María (Miriam). Todos llegaron a la conclusión que son hijos de un mismo Dios creador y todopoderoso.
Fue un momento en el que se dieron cuenta las diferencias entre creencia, religión y organización religiosa. Veían por ahí un camino, por la vía del diálogo, hacia la unidad de los monoteístas en la diversidad. Unidad en la acción pastoral, en el servicio a dar a la sociedad pero respetando la identidad de cada religión. Atrás quedaron las cruzadas y las persecuciones cruentas.
Pablo VI (1963-1978)
El pontífice buscó un punto intermedio en su pontificado entre Pio XII y Juan XXIII. Si bien tuvo que dar continuidad al Concilio y ahondar en la renovación de la Iglesia, consideraba que había que poner coto a posturas excesivamente seculares próximas al socialismo y a teólogos revolucionarios sobre todo vinculados con los Jesuitas.
Pablo VI seguía desde su época anterior al pontificado a la democracia cristiana, aunque en su nueva versión de búsqueda del «centro-siniestra» a la italiana. Trató de conciliar la «tradición» con la «modernidad«.
Aceptó de la «modernidad» el derecho a la libertad religiosa, de cultos y de conciencia, amparada por los derechos humanos promovidos desde la ONU. La Iglesia de Pablo VI acabó con los «estados confesionales«, introdujo un nuevo gobierno episcopal en las llamadas Conferencias Episcopales , desterrando a un segundo lugar al Cardenal Primado e imprimiendo en el episcopado la idea de la necesaria «colegiación de los obispos«.
De esta forma introdujo en la Iglesia la idea de descentralizar la iglesia. Cada Iglesia diocesana debía ser autónoma en su gobierno y gestión ; todas ellas en «comunión» con el Papa. Es decir se estableció un sistema similar semifederal al que se adoptó en Italia por esa misma época. La Iglesia Universal era gigantesca y había que establecer una nueva estructura territorial.
Otro de los aspectos «modernizadores» de Pablo VI fue el «Apostolado de los seglares» en la misma línea promovida por el papa Juan XXIII, es decir dar mas visibilidad; así como disponibilidad de medios y recursos a los «laicos» (también llamados «seglares«). Pablo VI quitó sacralidad al sacerdote, secularizándolo para de esta forma ser indistinguible del seglar en el «pueblo de Dios».
El papel de los «seglares o laicos» estaba basado en dos realidades, los feligreses de la iglesia católica son mayoritarios frente al clero. En una sociedad altamente democratizada en Occidente, la Iglesia no quería quedarse atrás. También debía caminar hacia la democracia eclesial. Para Pablo VI era el modelo mas adecuado era la democracia cristiana «centro-siniestra» que se daba en Italia.
La segunda realidad era la falta de vocaciones para renovar el clero y también la necesidad de mejorar la imagen de la iglesia y la comunicación social de la iglesia. Las parroquias se llenaron de grupos y movimientos de «seglares de apostolado» que rápidamente acabaron controlando el día a día de las parroquias. Desde «ayudar al Párroco en la misa» – hubo grandes cambios en la liturgia con un aumento de seglares en la misma, así como toda la cultura imperante en musica moderna y actividades locales – hasta llevar las cuentas de la parroquia, atender a los necesitados, dar catequesis sacramentales, etc…
Gracias a estas actividades de «apostolado» – llamadas posteriormente «pastorales» – la imagen de la iglesia cambió para mucha gente, los «renovadores» (llamados ya «progresistas«) comenzaron a superar a los «tradicionalistas», otorgando a la Iglesia de una nueva imagen pública y de comunicación social «moderna, progresista y actual«.
Uno de los aspectos mas importantes del Concilio Vaticano segundo (1962-1965) fue la gran reforma de la liturgia, que no se daba desde tiempos del Concilio de Trento (1545). Una reforma que actualizaba la liturgia otorgándole valores de unidad, comunión y comunidad.
Una reforma que dio a los seglares mas participación en la misma, tanto en el ministerio de la lectura, como en el reparto de la comunión (debidamente autorizado) , así como amenizar las misas con coros y canciones populares modernas, pensadas para atraer al público jóven; así como en otras partes del mundo, expresiones culturales locales. Las vestiduras talares renacentistas se eliminaron para adoptar las nuevas casullas mas parecida a las que llevaban los apóstoles en las pinturas paleocristianas. La «vuelta a los orígenes» fue un lema constante en el Concilio.
El cura en vez de estar frente al altar, en la nueva liturgia, el altar estaba en el centro, separado de la pared, con el fin de celebrar frente a la comunidad en lengua vernácula. EL Latín, que nadie entendía, fue desterrado de la liturgia. Adoptándose las lenguas vehiculares en cada lugar. Los misales fueron traducidos y adaptados a todas las lenguas conocidas.
El sentido de Comunidad se expresaba claramente en la liturgia. El «pueblo de Dios» compartía el mismo pan y el mismo vino, sin diferencias entre el clero y los seglares. Muchas iglesias se adaptaron a la nueva liturgia y las nuevas iglesias se construyeron con un nuevo diseño mas cercano al círculo que a la cruz latina., con el altar justo en el centro.
La mayoría de iglesias nuevas redujeron las imágenes porque consideraban que el ecumenismo también implicaba que iglesias católicas pudieran ser usadas por otras iglesias cristianas y ello implicaba que no hubiera muchas imágenes para no tener que quitarlas o taparlas; cada vez que se cambiaba de liturgia (Distintas en cada iglesia cristiana) . También era costumbre tener en la misma línea altares móviles. Toda una transformación de edificios, vestiduras y liturgia a tono con el espíritu de renovación y ecumenismo del Concilio.
Evidentemente estas «modernidades» del concilio, no gustaron al clero y teólogos mas conservadores y tradicionalistas. Consideraban que el concilio no era «dogmático«, es decir, no iba contra ninguna nueva «herejía» como si lo habían sido los concilios anteriores.
En sus «postulata» (Preparación) reflejaban el mundo preconciliar muy anclado en los postulados del concilio de Trento, dogmáticos, clericales y muy de la curia vaticana. Entre ellos hubo un intento de boicot del concilio, promover, los mas radicales, una línea cismática «tradicionalista»; los mas moderados, «conservadores» intentaron controlar y reconducir el concilio presionando al papa Pablo VI. Para ellos el concilio fue un grave «error» y que conducía a la Iglesia hacia los brazos del «maligno» y de «masones, protestantes y ateos». El Concilio se les iba de las manos a los que tradicionalmente habían gobernado la Iglesia y aun seguían siendo influyentes.
El concilio creó un ecosistema de documentos, encíclicas, constituciones, declaraciones, discursos de todo tiempo y contenido. Pablo VI reforzó con sus visitas pastorales al exterior (era el primero después de muchos siglos que había salido fuera del Vaticano) , en especial su peregrinaje a tierra Santa donde puso en marcha el ecumenismo reconciliándose con el patriarca ortodoxo y con rabinos judíos muy influyentes.
Visita histórica a los santos lugares que en clave eclesial también tuvo su efecto positivo en la «custodia de los Santos Lugares» y en la orden franciscana que la dirige; así como en sus relaciones con el estado de Israel. Este viaje sirvió no sólo en clave religiosa; sino también para restablecer las relaciones diplomáticas entre el Vaticano e Israel. Relaciones que se expresaron en la protección de Israel a los peregrinos cristianos a Tierra Santa y en su reconocimiento mutuo.
Los documentos y sobre todo las Constituciones conciliares son las Leyes Fundamentales de la Iglesia Católica. Son las leyes por las que desde el concilio se rige la Iglesia Católica Romana.
La reacción «tradicionalista» tuvo su propio cisma , liderado por el teólogo y obispo Marcel Lefebvre, quien consideró que el Papa no estaba facultado para dirigir la Iglesia y que el concilio había sido un grave error. Su acción cismática, al ordenar sacerdotes sin consentimiento del Vaticano, tuvo eco entre aquellos que no consideraron válido el concilio y que no reconocían al papa.
Siguiendo su estela se crearon innumerables «iglesias» e innumerables sectas «tradicionalistas» por todo el mundo. Se fueron principalmente a América y a África donde la iglesia aun era un pilar de la sociedad , donde era mas fácil ganar a sus adeptos.
Los promotores del concilio se difundieron con gran rapidez por Europa, Asia y América. Los «progresistas» comenzaron a debatir sobre todo tipo de asuntos útiles a la sociedad principalmente de economía, política, sociedad, cultura…
Entre los debates mas interesantes:
–Control de la natalidad: considerado antes como un tabú eclesial porque necesariamente llevaba hacia el espinoso asunto de las «relaciones prematrimoniales y de la sexualidad humana«. por no hablar de las «relaciones sexuales» entre personas del mismo sexo. Los «progresistas» eran partidarios de usar «condón» para hombres y «diu o la píldora» para las mujeres. Este camino llevaba a plantearse seriamente en la Iglesia el tema del Aborto en algunos supuestos. Caminos que creaban incertidumbre y confusión en muchos católicos. Los pasos en ese sentido fueron mas lentos. En todo caso siempre se frenó el aborto. Demasiado avance para la iglesia de los años 60 y 70.
Diálogo con el Marxismo y el ateísmo. Aquí las chispas se visibilizaban mas entre conservadores y progresistas. En el clima de Guerra Fría plantear este diálogo era complicado.
Este diálogo se dio en los márgenes de la iglesia extraeuropea en dos corrientes de pensamiento: La iglesia de base consideraba que había muchas similitudes entre el cristianismo conciliar y la nueva socialdemocracia. Fruto de este sincretismo surgieron los «Cristianos por el Socialismo«. Muy influyentes en las iglesias de base, pero muy cuestionados en las altas esferas de la Iglesia., los cuales fueron silenciados, censurados y marginados.
En Latinoamérica en cambio gozaron de gran libertad aquellos que veían no solo sinergias entre el cristianismo ecuménico y el socialismo; también entre el cristianismo y el comunismo. Cuba era el principal representante del comunismo pro soviético en América. Desde 1959 se estableció una dictadura similar a la soviética, con el régimen de los Castro.
Fruto de aquella revolución «de los barbudos» o de «sierra maestra» con la imagen icónica del «che» Guevara como medio de propaganda. Surgieron por toda américa central y del sur revolucionarios que imitaban el ejemplo de cuba, aunque también los había maoístas e indigenistas. Todos ellos tenían algo en común la influencia desde el siglo XIX de EEUU en toda Latinoamérica.
La Iglesia enraizada en América entre la población mas humilde y en las comunidades de indígenas, bebía mucho de esta idea de unir socialismo con cristianismo siguiendo el modelo europeo occidental , aunque también había misioneros y curas que apostaban por la revolución de tipo castrista., maoísta o indigenista.
Fruto de aquellos debates en torno al concilio, en América algunos Jesuitas comenzaron a plantear una «Nueva teología» basada en la «praxis cristiana de la liberación» por ello fueron conocidos en ambientes eclesiales como «teólogos de la Liberación«.
Estos teólogos consideraban que la «vuelta a los orígenes» debía enfocarse desde la perspectiva de los Evangelios y concretamente desde la perspectiva de Jesús de Nazaret y sus Apóstoles en clave sociológica . Consideraban que los Evangelios eran anteriores a la «tradición» de los llamados «padres de la Iglesia«. Por tanto mas cercanos a los orígenes.
Consideraban el mandato divino de «amar a Dios y al Prójimo sobre todas las cosas» como el principal mandamiento. Eso lleva al ser humano hacia la justicia social, al diálogo fraterno con la ciencia, la tecnología y el mundo moderno. Significa una apuesta decidida por el bienestar social y la dignidad de la humanidad, llevando esta apuesta hacia la necesaria solidaridad.
Ese amor al prójimo debía liberar al pobre de su pobreza y de las causas que provocan su pobreza. Apostar por los derechos humanos y civiles. Aceptar los marcos legales de cada país donde actúen los cristianos, dando prioridad a la cuestión moral, pero sin que eso suponga un contratiempo para las personas. Priorizar el sentido fraternal de una comunidad sobre iniciativas individuales. La unión hace la fuerza.
Un programa muy revelador del camino que la nueva iglesia conciliar estaba produciendo en América y en Europa. En países donde la socialdemocracia estaba mas fuerte, los aires renovadores de la iglesia eran aceptados con mayor ilusión, que en los países con gobiernos conservadores que abogaban mas por la democracia cristiana o el liberalismo conservador. Obviamente en dictaduras conservadoras, como la de España en aquellos años, apostaron por el tradicionalismo, rechazando abiertamente el concilio y reprimiendo levemente a sus seguidores. Franco evitaba romper con el Vaticano, por lo que mantuvo a raya a los «conciliares».
Pablo VI intentó poner orden en los efectos que el concilio estaba causando en Europa y América. Aun no estaba madura la iglesia para tanto cambio en tan poco tiempo. Su pontificado trató de contentar a todos, pero se ve una apuesta por la renovación, para evitar el deterioro o la decadencia de la iglesia en el mundo «moderno». Pablo VI pese a sus sombras fue un gran estadista y sobre todo un gran diplomático.
Sus sucesores: Juan Pablo I, (1978), Juan Pablo II (1978-2005) , Benedicto XVI (2005-2013) y Francisco I ( desde 2013) Supieron implantar las constituciones del Concilio y al mismo tiempo frenar a los efectos nocivos de los tradicionalistas cismáticos como Lefebvre en la Iglesia; pero también frenar el ímpetu revolucionario de algunos teólogos de la liberación que llevaron no solo a la desnaturalización del pensamiento «libertador» ; sino a causar estragos en muchos países por su implicación en levantamientos sociales e insurgencia guerrillera política.
Entre dos aguas siempre ha estado navegando, buscando el equilibrio, la iglesia posconciliar. La etapa posterior al concilio superó las expectativas del mismo. Para unos fue un «error» y para otros una «bendición».
Tras la caída del dictador Benito Mussolini en 1944 Italia entró en una fase de descomposición del Estado. Contrastaba esta idea de decadencia con el primer proceso de unificación del país realizada a finales del siglo XIX . Los italianos vulgarmente decían que en realidad no existía un único reino en Italia; sino dos «reinos» en Italia: el del «norte » y el del «sur», unidos en el centro por el «reino» del Papa. La iglesia Católica Romana – hegemónica en Italia en esta época – servía como engranaje necesario para mantener unido ese gran mosaico que era Italia.
Esta diferenciación tenía razones históricas, el norte era mas próspero, industrializado, con una sociedad moderna, europea, dinámica y con nexos internacionales. En cambio el sur era mas pobre, dedicado a actividades agropecuarias, una sociedad atascada en un sistema social feudal y señorial que les impedía desarrollarse.
En 1944 el «Reino del sur» se mostró leal a la monarquía , no tanto favorable al aún rey titular Víctor Manuel III (1900-1946), cuya imagen pública estaba completamente deteriorada por ser responsable directo de haber nombrado a Mussolini como Presidente del Consejo de Ministros de Italia; sino mas bien favorable al hijo y heredero de éste, el príncipe Humberto II (1946) , que, aunque educado en el fascismo, era mas partidario de avanzar hacia un régimen mas democrático.
Los del Sur comenzaron a impulsar la candidatura de un Liberal al gobierno que debía formarse tras la caída de Mussolini y de su sucesor Badoglio. El candidato entre los «preferiti» era Ivanoe Bonomi (1944-1945), el cual ya había sido presidente del Consejo de Ministros en 1921. Para muchos era una continuidad tras el paréntesis de Mussolini.
En el Sur además de estos movimientos gubernamentales y políticos, hubo conatos de secesionismo de Sicilia y de Cerdeña, impulsados principalmente por las principales familias detentoras del poder en estas islas (Mafia Siciliana con notables vínculos y apoyos gubernamentales en Estados Unidos). No consiguieron su objetivo.
En el norte el poder real estuvo en manos de los partisanos que constituyeron un Comité de Liberación Nacional, que proponía un gobierno de concentración nacional formado por la Democracia Cristiana, y el Partido Socialista Italiano, así con el apoyo de otros republicanos sin filiación y monárquicos de carácter liberal.
Los comunistas se centraban sobre todo en el Norte, pero también tenían intereses en el Sur. Ellos lo que buscaban era intentar cohesionar el estado italiano para evitar su descomposición. En un intento por llegar a acuerdos con los socialistas , los comunistas – Liderados por Togliatti – abandonaron temporalmente el carácter revolucionario y vinculado a la URSS con el fin de aunar voluntades en un proyecto nacional común.
Los Liberales progresistas (partido Azione) llegaron al poder en 1945 – con F. Parri como presidente del Consejo de Ministros – estaban en ascenso en aquel tiempo. Hicieron causa común con los liberales conservadores (Bonomi) y se acercaron a los democristianos y socialistas a fin de promover ese gobierno nacional de concentración, con todas las fuerzas «antifascistas» que se pudieran reunir.
En 1946 las elecciones dieron como ganador a De Gásperi , líder de la Democracia Cristiana, persona de consenso y de gran influencia en toda Italia y también el candidato preferido del papa Pio XII. De Gásperi optó por dar un paso adelante con la celebración de un plebiscito vinculante para determinar la forma de estado en Italia: Monarquía o República.
El voto a favor de la monarquía fue mayoritaria en el Sur; pero no en el Norte y centro de Italia donde predominaban los partidos republicanos que eran en 1946 los mayoritarios. Tras el éxito de la república, se produjo la abdicación de Víctor Manuel III en Humberto II, quien fue considerado rey para los «legitimistas» italianos, aunque ya no ejerciera como Jefe de Estado . El gobierno declaró abolida la monarquía en Italia y se proclamó la República Italiana.
De Gásperi se ocupó de crear el nuevo estado republicano incorporando a los debates preparatorios de la nueva constitución a todas las fuerzas del combinado gubernamental: liberales, demócratas cristianos, socialistas y posteriormente se incorporaron los comunistas.
El tripartito gubernamental inicial (Liberales, Demócratas Cristianos y Socialistas) era mayoritariamente republicano y cercano a los postulados católicos a través de las organizaciones de «apostolado» que fueron creándose en Italia. Estas organizaciones funcionaron como una especie de «quintacolumnistas» del papa Pio XII en la esfera política italiana.
Pio XII – que había sido muy cuestionado por su ambigüedad técnica en el tratamiento a dar al nazismo y sus campos de exterminio, y por haber firmado los Pactos de Letrán con Mussolini en 1929 – quería dar una nueva imagen a la Iglesia Católica para darle mayor visibilidad y darle una mayor influencia a la iglesia en la sociedad italiana de posguerra. Nuevamente la Iglesia se prestaba para ser el aglutinador del norte y del sur. Consideraba a la Democracia Cristiana como su partido preferido. El papel de la iglesia en Italia fue muy importante en estos tiempos de grandes cambios.
El nuevo gobierno Tripartito (1946-1947) se planteaba bajo las siguientes premisas:
Aceptación plena de la democracia
Rechazo absoluto de los totalitarismos: ni fascismos, ni comunismos
Políticas reformistas y de equilibrio que aunasen a los distintos territorios que conformaban la «nación» italiana.
Apuesta decidida por el mercado libre y el reconocimiento a la propiedad privada
Reintegración de Italia en el concierto de las Naciones, ONU y otros organismos internacionales
Aprobación y aplicación de la nueva constitución de 1946
Aceptación de lo pactado en el tratado de Letrán de 1929 implicando con ello el reconocimiento de la existencia del Estado de la Ciudad del Vaticano como entidad política y jurídica a efectos internacionales.
Planteamiento territorial enfocado a mantener la unión italiana, pero al mismo tiempo a preservar las identidades culturales de los distintos territorios. Se abogaba por fórmulas federales o bien de gobiernos autónomos.
Los Socialistas (Partido Socialista Italiano, PSI en adelante) se encontraban en inferioridad en este gobierno dominado por la Democracia Cristiana, el motivo principal era su división interna en varias facciones y también por territorios. Básicamente presentaban dos tendencias:
1/ Línea social Liberal y humanista de Pertini que muchos identificaron como una versión depurada del fascismo residual y de viejos postulados socialistas.
2/ Línea socialdemócrata de Saragal mas mayoritaria, moderna y cercana a los postulados de la nueva socialdemocracia alemana.
En 1947 hay una remodelación del Gobierno y se pasó de un tripartito a un cuatripartito, incluyendo en esta ocasión a los comunistas. Los comunistas previamente habían colaborado parlamentariamente con el gobierno tripartito anterior, pero no habían sido aceptados por sus vínculos con la URSS y sus intentos anteriores por promover una revolución soviética en Italia. Sin embargo no quería quedarse al margen, por lo que moderó su discurso enfocándolo mas hacia la socialdemocracia en un intento por converger con los socialistas de Saragal.
Ese intento de convergencia llevo a plantear la creación del Frente Democrático Popular a modo de coalición política para presentarlo en 1948 en las próximas elecciones. Los socialistas se hicieron con el Frente, eliminando de esta forma cualquier amenaza al gobierno tripartito anterior.
Los socialistas llegaron por su cuenta a un acuerdo con los democristianos para establecer cual debía ser la posición de Italia en la Guerra Fría (1945-1993) y se decidió que fuera la del bando occidental, despejando cualquier duda al respecto. Al quedar en minoría los comunistas del PCI de Togliatti se unió al nuevo gobierno cuatripartito junto a liberales, democristianos, socialistas y comunistas.
A partir de 1948 y hasta la finales de los años 50 los debates parlamentarios y las discusiones entre los socios de gobierno se fueron sucediendo sobre algunos temas esenciales para definir la nueva Italia surgida de la posguerra:
Las colonias. Hubo dos tendencias: por una parte los propios colonizados deseaban la independencia a consecuencia del proyecto de la nueva ONU de descolonizar y acabar con los grandes imperios coloniales; por otra parte, los liberales y demócratas cristianos querían conservar el imperio otorgándoles a las colonias un régimen autónomo; en cambio socialistas y comunistas deseaban liquidar el imperio ofreciendo a los descolonizados el reconocimiento de sus independencias.
Presencia de EEUU en Italia. Desde el final de la segunda Guerra Mundial los Estados Unidos habían mantenido una profunda relación con las autoridades del sur y también con el gobierno moribundo de Víctor Manuel III. Tenía bases en el sur e intereses comerciales en Italia (ERC, «Plan Marshall«, ayuda posterior) . Si bien Italia agradecía a EEUU su ayuda en la guerra, le pedían amablemente que sus tropas salieran de territorio italiano, a cambio valorarían entrar en la fundación de la futura OTAN (1949). Por otro lado el Ejercito italiano aun no estaba reformado y en el contexto de la Guerra Fría, los estadounidenses serían una buena protección. Mantuvieron acuerdos bilaterales. Para esta decisión fue fundamental el viaje que hizo De Gásperi a Estados Unidos.
Reivindicaciones territoriales de Francia, Austria y Yugoslavia. Este era un problema histórico que de nuevo resurgía de sus cenizas. Francia consideraba que la frontera entre ambos países era confusa y que el Valle de Aosta era francés, sin embargo este valle estuvo muy ligado al patrimonio de la Casa de Saboya (Rama de Saboya-Aosta), incorporada primero al Reino de Cerdeña y después al de Italia; por tanto el gobierno republicano italiano la reclamaba, al considerarse entidad estatal sucesora del extinto Reino de Italia.
Austria reclamaba el Tirol. En este caso pasó a Italia. Finalmente el tema mas complicado fue averiguar a quien debía pertenecer Trieste y los famosos «territorios irredentos» en el Adriático en disputa entre ambos estados desde la unificación Italiana. En el pasado se consideraban territorios imperiales austriacos que tras la unificación Italiana pasaron «de facto» a Italia cuando se disolvió el Imperio Austrohúngaro. Pero no se pudieron fijar «de iure» las fronteras a causa de la atomización del Imperio en varios estados. Generó muchos conflictos entre ambos países sin llegar a una conclusión, hasta la desaparición de Yugoslavia como estado, que también los reclamaba; fue entonces, cuando pasaron definitivamente a Italia.
En los años 50 se produjo un punto de inflexión en el proceso reunificador y democrático italiano. Atrás quedaron los años de penuria, gracias al Plan Marshall (European Recovery Plan) la reconstrucción y desarrollo de la economía italiana fue espectacular. Si bien los mas beneficiados fueron los del norte, los del sur no se vieron en esta ocasión privados del desarrollo. Las autoridades locales fueron fortalecidas, se industrializó parcialmente el sur y se redujeron relativamente las desigualdades sociales.
La política de tripartito y de cuatripartito al final acabó abandonándose en un intento de formar un bipartito asimétrico entre la Democracia Cristiana y el PSI ya enmarcado en el ámbito de la Socialdemocracia. Fuera de estas tendencias surgieron – de la atomización sufrida por la Democracia Cristiana en esta década – otras fuerzas políticas como el «Movimiento Soziale Italiano» (MSI) y algunas formaciones en construcción que trataban de recuperar el ideal de retorno de la monarquía en Italia. Estos movimientos sociales y políticos no tuvieron un gran impacto en la sociedad, pero mostraban la debilidad de la Democracia Cristiana, partido hegemónico en la Italia de Posguerra.
En el seno de la Democracia Cristiana se produjo un fenómeno de revisionismo que provocó una constelación de tendencias en su seno:
Del Lado del Catolicismo estaban los jóvenes de Acción Católica y los sindicatos obreros católicos que abogaban por un mayor conservadurismo de la formación en línea a la adopción de políticas que mostraban populismo y amarillismo mediático para atraer a las masas, especialmente para atraerse a la juventud y al mundo obrero a la formación. Este grupo estaba muy potente en el sur y sobre todo en ambientes rurales.
Frente a los católicos, estaban los nuevos líderes que abogaban por una regeneración y una refundación de la Democracia Cristiana impulsándola al encuentro con los socialistas (Recordando la época del tripartito inicial); incluso adoptando postulados socialdemócratas que pudieran asumir en su ideario si era bueno para lograr la confluencia. A este giro de al Democracia Cristiana se le llamó «a la siniestra» (izquierda en italiano).
El PSI ,liderado por Nenini, en estos momentos también estaba habiendo una lluvia de ideas; aunque persistía la idea del mundo bipolar en clave socialdemócrata siguiendo el modelo alemán. El PSI aceptó dar apoyo a la OTAN y a la nueva CECA (Comunidad Europea del Carbón y Acero) – el embrión de la futura Comunidad Económica Europea (CEE). La confluencia con los demócratas cristianos «a la siniestra» era posible.
Los comunistas de Togliatti también viraban hacia la socialdemocracia siguiendo los postulados alemanes introduciendo una «vía italiana al Socialismo«. Eliminó la tutela de la URSS y abandonó la ortodoxia del sovietismo. Sin embargo, no logró unirse con los socialistas en un frente común. Su socialismo a la italiana era un comunismo con características italiana. No dejaba de ser un comunismo alineado con la URSS. No obstante este giro posibilitó aumentar su base de afiliados y de apoyos sociales.
En 1958 toda Italia estaba inmersa en la gran revolución que supuso para la Iglesia Católica – Recordemos muy vinculada hasta entonces con la Democracia Cristiana y con los asuntos internos de Italia – preparar el gran Concilio Vaticano Segundo (1963-1965) que puso en marcha el carismático papa Juan XXIII (1958-1963).
Si Pio XII se le considera un papa conservador, ambiguo con los totalitarismos con los que tuvo que lidiar, con una imagen cuestionada y cuestionable, a Juan XXIII se le considera un papa renovador y reformista, alejado de la línea política y eclesial de su antecesor.
Juan XXIII trataba de no entrometerse en los asuntos internos de Italia, para de esta manera proteger la imagen de neutralidad ante los asuntos temporales y las relaciones con los estados. Sin embargo es notorio y conocido que era partidario de la democracia cristiana «a la siniestra».
En sus encíclicas mas conocidas – «Master et Magister» (1961) y «Pacem in Terree» (1963) – muestra un gran deseo por desarrollar la Doctrina Social de la Iglesia siguiendo los pasos, tanto de los postulados de la democracia cristiana como también, y esta fue la novedad, algunos postulados útiles de la socialdemocracia. Obviamente su interés no es ideológico, ni político; sino que los veía como herramientas necesarias para afrontar el cambio social ante los cambios del siglo.
Juan XXIII se dispuso a afrontar el nuevo tiempo abriendo la Iglesia a otras realidades del mundo moderno, al diálogo ecuménico y con otras religiones, a una nueva relación con los estados y sobre todo afrontar la realidad de contar con los laicos en la vida de la iglesia y en su gobierno. Juan XXIII quería dejar claro que la Iglesia estaba al servicio del «Pueblo de Dios» y en ese pueblo entraban laicos y miembros del clero, sin distinciones entre ellos. Fue toda una revolución que fue seguida con mayor o menor fortuna por sus sucesores: Pablo VI, (1963-1978) Juan Pablo I (1978), Juan Pablo II (1978-2005), Benedicto XVI (2005-2013) y el actual Francisco I (Desde 2013).
En Italia, mientras tanto, se movían experiencias en el seno de los partidos políticos:
En el PCI , muere Togliatti y aunque hay continuidad en el camino a seguir, algunos nostálgicos del pasado, reivindicaban que el partido debería recuperar sus señas de identidad como revolucionario y en alianza con el PCUS. No obstante la línea oficial. próxima a la socialdemocracia, seguía intacta.
En 1968 Italia se unió al gran movimiento estudiantil que recorrió toda Europa y que en Italia se conoce como «Revolución del 68» ( en otros lugares como España «mayo del 68″) la mayoría de los partidos políticos europeos estaban liderados por personas de avanzada edad que habían vivido la segunda Guerra Mundial y que no entendían el mundo moderno. La juventud universitaria se levantó para reivindicar la necesidad de cambio que tenían muchos partidos y países.
Los socialistas italianos aupados por el empuje de una juventud mucho mas dinámica y en fase revolucionaria, se incorporó a la revolución alejándose del bipartidismo con la democracia cristiana y acercándose al PCI que estaba virando también hacia su izquierda.
La democracia cristiana conoció su momento de mayor debilidad al no saber como hacer frente a las protestas estudiantiles y al nacimiento del terrorismo protagonizado por las «Brigadas Rojas» (conglomerado de estudiantes de izquierdas, obreros, y revolucionarios sin adscripción) que acabaron con la vida de primer Ministro Aldo Moro, el líder de Democracia Cristiana. Hubo un resurgimiento de los grupos mafiosos en varias partes de Italia. La democracia cristiana quedó herida de muerte.
Los sindicatos, los empresarios y los políticos se vieron avocados a buscar salidas viables a lo que parecía un retorno al caos de la posguerra. El PSI salió al rescate de Italia con un líder quemado por los años de política, G. Andreotti pero que aun tenía gancho en las masas partidarias de la socialdemocracia clásica italiana.
Su solución fue vuelta a los orígenes, formar un nuevo gobierno cuatripartito (liberales, demócratas cristianos, socialistas y comunistas), donde las decisiones las tomasen, en esta ocasión , los socialistas. El planteamiento básico era establecer un «compromiso histórico» entre todas las fuerzas para poner orden en la república.
Esta experiencia sirvió a los demás partidos del cuatripartito para renovar sus ideas y sus acciones. La democracia cristiana se decidió definitivamente por avanzar «a la siniestra» comenzando un proceso de desvinculación con la Iglesia Católica al definirse estatutariamente como partido «Laico». Dejó de ser propiamente el «partido del Papa«.
Durante los gobiernos de Andreotti (1972-1973, 1976-1979 y 1989-1992) El terrorismo de Brigadas Rojas aumentó, al igual que la acción de las mafias. Hubo corrupción política a varios niveles y en varios partidos. El PSI siguiendo la linea socialdemócrata avanzó mucho en su plasmación social en un intento por pacificar y reorganizar el estado, sin embargo también tuvo críticas y una oposición democristiana a su primacía en sus gobiernos cuando estos eran en coalición.
El PCI en los años 70 aumentó su numero de afiliados, votantes y seguidores a causa de la grave situación económica que padecía el país. Ahondando en su ideario «vía italiana al socialismo», trató de confluir con los socialistas; pero su presencia en le gobierno no gustaba mucho a las otras formaciones. Andreotti logró una solución. Que el PCI se abstuviese en las elecciones , que no participara del poder, pero tampoco colocarlo en la oposición. La colaboración PCI y PSI se hizo entre bambalinas, quedó fuera del marco gubernamental y dentro de la lógica de pactos parlamentarios.
En los años 70 el principal problema era el mismo del origen del estado italiano en 1861: el problema territorial y las grandes diferencias aun existentes entre el Norte y el Sur. En época de carestía el sur se agitaba mas que el norte, donde los salarios eran mas bajos que los del norte. Mientras que en época de bonaza, el norte se llevaba todos los beneficios y el sur no los veía.
Aunque en 1972 se aprobó un nuevo estatuto de los trabajadores , la situación no cambio mucho porque el problema laboral entre el norte y el sur, además de histórico, era estructural. La tradición mandaba sobre las nuevas relaciones laborales. Los viejos poderes feudales económicos del Sur primaban sobre las nuevas formas de ejercer el poder económico en un marco democrático y de libre mercado que se estaba poniendo en marcha en el Norte.
En la época de Andreotti se produjo la rápida secularización de la sociedad italiana. En 1974 se aprobó la nueva mayoría de edad a los 18 años. En 1978 se aprobó la primera ley del aborto de Italia con una fuerte contestación de la Iglesia Católica y de sectores conservadores muy influyentes de la democracia cristiana. Esta ley provocó que los demócratas cristianos ralentizaran el viraje «a la siniestra» y fueran distanciándose de los socialistas, pero sin romper con ellos.
En 1978 surgió una nueva generación de políticos, Andreotti fue desplazado por B. Craxi quien rompió sus compromisos con la democracia cristiana y sus lazos con el PCI. El PSI buscaba gobiernos en solitario. Se declaraba Laico y Republicano y su interés era buscar la estabilidad y renovar el sistema público italiano, modernizándolo. El PCI cayó en picado y prácticamente desapareció de escena, quedando como un partido marginal en la política
El socialismo italiano siguió la estela de la Socialdemocracia alemana; pero en su aplicación práctica encontró dificultades para obtener el mismo éxito que existió en Alemania. Por un lado sus vínculos con la democracia cristiana por su banda derecha, como sus compromisos con el comunismo por su banda izquierda, le obligaron a dar bandazos en su aplicación práctica. En la época de Andreotti sin duda fue la de mayor aceptación y donde mas logros cosechó el socialismo italiano. La experiencia italiana fue tenida muy en cuenta por el socialismo español a partir de 1974.
Dada la vinculación con la iglesia católica posconciliar con la política italiana, las facciones mas «progresistas » de la Iglesia Católica hicieron causa común con los socialistas italianos. Muchos fieles católicos militaban en las filas socialistas, incluso en las comunistas y muchas de las ideas socialdemócratas «a la italiana» sirvieron como argumento para las comunidades, grupos y movimientos de base católicos. Hubo sinergia en ese sentido, aunque no gozaban de mucho aprecio por la jerarquía italiana, que era mas conservadora y mas vinculada con la demócrata cristiana.
Alemania puso los cimientos de la socialdemocracia moderna y en cada país la socialdemocracia se desarrolló de manera diferente, atendiendo a las características propias del sistema político existente. En el caso italiano fue uno de los primeros donde el comunismo se desligó de la tutela de la URSS para abrazar la socialdemocracia al estilo de Italia en este caso. Esta fue la clave principal de la expansión de la socialdemocracia en Europa, en cada país un sistema diferente, pero todos unidos por los mismos postulados programáticos y no dogmáticos.
Tras la caída del nazismo en Alemania, las cuatro potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial: Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la URSS ocuparon el territorio de Alemania creando gobiernos militarizados de ocupación (1945-1949). Los ciudadanos de la zona «occidental» (zonas de ocupación estadounidense, británica y francesa) y los ciudadanos de la zona «soviética» (Zona de Alemania ocupada por la URSS) se vieron inmersos en una gran transformación política, social, económica y cultural.
Los viejos partidos preexistentes al nazismo, que protagonizaron la república de Weimar (1919-1933) Comenzaron a reorganizarse para afrontar su nueva realidad y pensar en su futuro. La dictadura de Adolf Hitler había sido derrotada, la democracia – impulsada por EEUU y potencias occidentales – se veía como la mejor baza para recuperar su independencia (nacionalismo alemán democrático) y caminar hacia una futura reunificación de Alemania.
EL socialismo en Alemania tradicionalmente había estado representado por el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD en sus siglas alemanas) de ideología marxista y nacionalista. Era en la república de Weimar el referente de la clase obrera en Alemania. Aun no estando alineada con el Marxismo-leninismo , durante el nazismo y en la clandestinidad hizo causa común con los partisanos mas cercanos al comunismo soviético.
Tras la segunda Guerra Mundial, los socialistas del SPD – presididos por Kurt Schumacher (1895-1952), líder del grupo de Hanover , desde el Congreso de Hanover de 1946 – dio un gran cambio de rumbo al partido con la elaboración de un ambicioso programa político:
1/ Abandono y rechazo absoluto a todo tipo de dictaduras, ya sean fascistas, ya sean comunistas. Rechazo del «Dogmatismo» y toda forma de autoritarismo.
2/ Aceptación del nuevo régimen democrático y de sus instituciones.
3/ «Socialización» de los medios de producción
Sin duda su principal lema de su presidencia fue: «Al socialismo se llega por diversos caminos y gracias a plurales motivaciones»
Definía al SPD como «partido interclasista de productores» en su discurso – influido mucho por la teoría de la influencia del protestantismo en la economía y en la sociedad – contraponía el valor del trabajo, sobre los ociosos.
Schumacher fue criticado por su deriva nacionalista y por el vínculo que hacía entre la religión y la política. No obstante marcó un hito en el desarrollo del SPD.
Su sucesor Erich Ollenahuer (1901-1963) observó que en el seno del SPD había muchos debates abiertos sobre todo tipo de cosas. Que existía cierto desconcierto entre los propios militantes. Algunos querían seguir con la ortodoxia socialdemócrata anterior; otros querían unirse a la ortodoxia soviética; otros innovar y desarrollar el SPD dentro de la nueva realidad alemana; otros no sabían muy bien que hacer.
Ollenahuer creó dentro del SPD las llamadas «Comisiones de Estudios» a modo de foro donde debatir libremente y buscar denominadores comunes que redefinieran al partido en la nueva realidad. Muchas de esas ideas se plasmaron en el congreso de Stuttgart de 1958
La conclusión mas prometedora que se hizo bajo la presidencia de Ollenahuer fue: «El hombre moderno vive angustiado y temeroso de la incertidumbre que el peligro nuclear crea en su mente y en la realidad.» De como el temor a la bomba atómica hace ver que la tecnología mal usada puede causar el fin de la humanidad o del mundo conocido. Por ello Ollenahuer y los congresistas de Stuttgart plantearon la necesidad de establecer un «Nuevo Orden para que el Hombre camine hacia la Libertad«. Para Ollenhauer este nuevo orden puede dar lugar a una nueva sociedad «socialista», basada en la justicia social, la libertad y la solidaridad.
Un año después se celebró un nuevo Congreso Extraordinario en Bad Godesberg donde se pusieron las bases del nuevo y renovado SPD y de la nueva «socialdemocracia alemana«.
Principios:
-Abandono completamente del Marxismo
-Aceptación de la economía capitalista y de la propiedad privada
-Integración en las instituciones establecidas en Alemania e Internacionales
– Adaptación de la socialdemocracia a la realidad alemana
-Estado redistributivo y «nodriza»
-Reformismo y pragmatismo en las políticas que desarrollen.
Los socialdemócratas planteaban que el desarrollo de un Estado del Bienestar social, entendido como instrumento de Acción política, equilibraría las desigualdades sociales y aseguraría los valores democráticos de Libertad, Justicia Social y Solidaridad propugnado por el socialismo.
La adaptación del socialismo a cada país marcó el rumbo a seguir de otros socialistas europeos.
Fuera dogmas, fuera tutelas, fuera marcos preestablecidos para todos los socialistas (ahora considerados socialdemócratas, para diferenciarse de los socialistas marxistas). Cada organización socialista y cada socialista visto como ser humano individual, puede asumir estos principios sin necesidad de adaptarse a un marco dogmático superior. Cada organización e individuo es libre para asumir la socialdemocracia como considere oportuno y conforme a la realidad del país en el que está.
Este principio revolucionó el socialismo marxista anterior y se colocaba en las antípodas del rígido sistema soviético expansivo. Los nuevos socialdemócratas alemanes eran «antifascistas» y a la vez «anticomunistas». Rechazaban cualquier forma de autoritarismo y totalitarismo.
En 1964 el berlinés Willy Brandt salió elegido presidente del SPD en sustitución de Ollenahuer. El fue un gran observador , desde su puesto como canciller federal (1969-, de lo que estaba ocurriendo en Alemania (República Federal Alemana), en Europa y en el mundo. La guerra Fría estaba en su periodo de mayor tensión. Alemania se había recuperado económicamente, había contribuido a la fundación de la Comunidad Económica Europea y se consideraba una de las principales potencias de Occidente, básicamente era la potencia económica europea.
La transformación del SPD de ser un partido obrero, en un partido de todo el pueblo alemán ( sin clases) en ese sentido fue un canciller de consensos y de pactos que pilotasen en el equilibrio entre socialdemócratas y cristianos demócratas y liberales; evitando y frenando las posturas mas extremistas tanto desde el lado derecho (capitalismo extremo), como desde el lado izquierdo (Comunismo).
El SPD fue durante la cancillería de W. Brandt en el partido que apostaba por la reunificación alemana (RFA y RDA) y que apostaba por fortalecer el Estado de Bienestar en toda Alemania.
Extractos de sus memorias:
«Sin pan, ni policía secreta no hay democracia. Sin pluralismo y con aspiración al monopolio, tampoco. Añado: querer prescribir la felicidad es ahogar la libertad « (W. Brandt. Memorias)
«El comunismo autoritario se ha revelado como un camino errático lleno de victimas, empedrado con el fracaso económico-social. Las libertades ciudadanas y la justicia social estarán siempre pugnando. Un estado social sólo será Liberal cuando destierre el peligro de excrecencia burocrática, no se deje atar por la planificación previsora y de gran importancia al compromiso de la propia responsabilidad. Se trata de crear espacios abiertos «.
Con respecto a Europa un factor determinante fue el pacto entre Alemania y Francia. Ese pacto posibilitó el desarrollo de la Comunidad Económica Europea hasta el punto que ambos países se pusieron a la cabeza del proyecto europeo; pero también en el desarrollo y expansión de la nueva socialdemocracia por mimetismo.
En 1970 W. Brandt se reunió con su homólogo de la RDA W. Stoph con el interés en dar pasos para una futura reunificación alemana y al mismo tiempo para evitar enfrentamientos, sobre todo en el Berlín dividido. Estas conversaciones eclosionaron en un tratado de no agresión entre la RFA y la URSS.
Esto en el contexto de la Guerra Fría hizo reaccionar a los EEUU y en consecuencia en el Acuerdo de Berlín, Brandt logró despejar las dudas de occidente. Se trataba que ciudadanos berlineses pudieran visitar a sus parientes que se encontraban en la zona bajo soberanía de la RDA. Es decir comienza la reunificación alemana partiendo de la reunión de los alemanes a nivel familiar y de amistades. W. Brandt aspiraba y trabajó por la distensión entre el Bloque occidental y el soviético.
La socialdemocracia se expandió a Francia (François Mitterrand), Suecia (Olof Palme), España (Felipe González) y otros muchos lugares. crearon una especie de «Dream Team» que ayudó a la distensión en la guerra fría y al mismo tiempo en la consolidación del proyecto europeo.
Fuentes: Antonio Robles Egea . «La socialdemocracia alemana» y José Sánchez Jiménez «Willy Brandt» EN: Cuadernos del Mundo actual. Madrid. Historia 16, 1994. Ns. 50 y 58
Cambio de rumbo en el pensamiento político europeo
La ambición imperialista de Adolf Hitler, en Alemania; como posteriormente de Yosef Stalin en la naciente URSS unida a un modelo político que aunaba el nacionalismo, con el populismo mediático; chocó bruscamente con los intentos occidentales de establecer una pacífica democracia basada en el liberalismo y en la conocida como «clase media».
Los revolucionarios bolcheviques vieron como sus ideas primigenias basadas en la florida oratoria de Lenin y sus sucesores ( Rikov y Molotov) , llena de ideales y grandes dosis de propaganda. Progresivamente fueron pasando de los «Soviets» al entorno cerrado, opaco y endogámico del «premier» ruso. Lenin prometió que «Todo el poder ha de recaer en los Soviets» , pero en su trayectoria política acabó asumiendo en su primera persona «la dictadura del proletariado» llegando a concentrar en su persona un gran poder, poder otorgado y refrendado por el todopoderoso y partido único Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS en adelante).
Ante la II Guerra Mundial la mayoría de los antiguos revolucionarios bolcheviques dudaban de la participación de la naciente URSS en una guerra que no era la suya. Muchos soviets abogaban por la salida de Rusia de la Guerra. Otros en cambio llevados por un enardecido entusiasmo por la revolución imaginaba exportar la exitosa revolución a los decadentes occidentales, había que combatir para reforzar el papel de la URSS como potencia global en el concierto de las naciones.
Los sucesores de Lenin, en especial Molotov ( 1930-1941), Tuvieron que lidiar con las primeras escisiones intelectuales dentro de los revolucionarios. Mantener la unidad en la revolución ante la posibilidad cada vez mas creciente de nueva guerra (o continuación de la anterior) hizo que los presidentes de la URSS tuvieran mucho mas poder del que había tenido Lenin.
Se necesitaba mano dura para los intelectuales que osaban cuestionar al PCUS o al régimen. Las purgas y los envíos a los presidios de Siberia fueron constantes. El poder de los «Soviets» quedó sometido al «Soviet Supremo de la URSS» controlado por el gobierno. De ser una revolución obrera inicial, pasó a convertirse la URSS en una dictadura personal.
V. Molotov Siguió el guion marcado por Lenin y mediante el «Tratado de no Agresión entre Alemania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS)«, mas conocido como «Pacto Molotov-Ribbentrop» (1939) Molotov sacó a la URSS de la Guerra Mundial. Al hacerlo el acuerdo previamente existente con las potencias occidentales aliadas también quedó en suspenso.
Como vimos en la anterior entrada en 1933 Adolf Hitler se convirtió en Canciller federal del III Reich alemán. Suerte de dictadura personal revestida de un liberalismo nacionalista con algunos guiños al fascismo italiano, comenzó a saltarse el tratado de Versalles, aumentando su ejército y amenazando a los países cercanos como Checoslovaquia, Austria y finalmente Polonia. Todo ello formaba parte de su nuevo imperialismo expansionista.
Al invadir zonas fronterizas con la URSS, esta respondió aliándose con las potencias occidentales. Para Adolf Hitler tener dos frentes abiertos, hacia el oeste. En esas condiciones el esfuerzo de guerra era enorme. Por ello se atuvo al pacto de no agresión. De esta manera Adolf Hitler podía concentrarse en el frente occidental y le dejaba también la puerta abierta hacia los Balcanes (Acceso Mar negro y a Oriente Próximo bajo dominio Otomano, aliado de Hitler)
Las potencias occidentales no se esperaban estos acontecimientos. Creían haber humillado a Hitler y con la alianza con la URSS sin rupturas aparentes, pensaban que la guerra no iba a ser muy duradera. Inflaron sus expectativas. en la creencia liberal inglesa de ser superiores moralmente. Sin embargo el expansionismo de Hitler , la invasión de Austria, parte de Checoslovaquia y en 1939 Polonia, echaron por tierra sus ideales y expectativas. La «burbuja» de Chamberlain, explotó ante los acontecimientos sobrevenidos, dando la razón a un ascendente W. Churchill quien ya avisó de las intenciones de Hitler y de su desconfianza hacia los nuevos dirigentes de la URSS.
El fascismo intelectual fue impregnando muchos países occidentales, en especial gran bretaña donde el fascismo se veía con buenos ojos al igual que el nacionalsocialismo. dado que los fascistas y nacionalsocialistas tuvieron su principal base social en la clase media y en la clase alta, la impregnación de estas nuevas ideas de entreguerras llegó incluso al entorno más cercano de la familia real ( reinando Eduardo VIII y la controvertida Wallis Simpson).
El peligro de expansión hacia occidente era cada vez mas real. Las democracias occidentales se debilitaban, los totalitarismos en cambio ascendieron y en pocos años gran parte de Europa estuvo bajo control de dictadores o regímenes autoritarios.
La debilidad de occidente posibilitó masacres terroríficas como la de la «shoah» judía (llamada también «Holocausto») en Alemania, los Gulasch Soviéticos en Siberia y campos de concentración inhumanos por todo el continente europeo. La Sociedad de Naciones prácticamente se quedó sin apenas recursos y sin fuerza para imponer la paz y la democracia como se pensaba en el periodo de entreguerras.
La debilidad de occidente tuvo su efecto sobre la naciente democracia liberal y social democracia occidental. El auge de los totalitarismos en un escenario de guerra total y global. El desarrollo de los medios de comunicación, usados como órganos de propaganda bélica, provocó que la democracia occidental estuvo a punto de desaparecer.
Para los fascistas y nacionalsocialistas, su régimen era «democrático». Mussolini fue investido Jefe de Gobierno en Italia por decisión del Rey Víctor Manuel III y conforme dictaba la constitución de Italia.
Adolf Hitler era Canciller Federal de Alemania por su victoria en unas elecciones «democráticas» en 1933 y Presidente en Funciones – Por fallecimiento del anterior, a la espera de convocarse elecciones presidenciales – conforme dictaminaba la constitución de Weimar de 1919 (Vigente durante el mandato de Hitler) .
Las propias reglas de la democracia y sus instituciones se mantuvieron intactas. Las contradicciones generaron desconcierto entre los demócratas. Muchos comenzaron a desconfiar en la democracia y a rechazarla
En la URSS la constitución vigente en 1939 era la elaborada por un comité en 1936 bajo la presidencia del entonces Secretario General del PCUS Josef Stalin. Futuro premier de la URSS (1941-1853).
An official portrait of Soviet Premier Josef Stalin is issued to commemorate his 70th birthday on Dec. 21, 1949 . (AP Photo)
En esta constitución la URSS se definía entre otras cosas como un estado «democrático». Molotov quería congraciarse con los Occidentales para evitar conflictos en continente Europeo y de esa forma poder desarrollar pacíficamente el nuevo régimen soviético en una fase que ya se podía definir como posrevolucionaria.
El «Premier» del Soviet Supremo de la URSS era un equivalente al Jefe de Estado. Este «premier,» aunaba también la jefatura del gobierno. Es elegido por los «comisarios del pueblo» (Equivalente a los diputados occidentales) representados en el Soviet Supremo (Parlamento federal), por vez primera en votación secreta y no pública como lo era anteriormente. También los diputados eran elegidos por sufragio por el pueblo, pero dado que el PCUS era el único partido legal en la URSS, solo podían votar a candidatos previamente seleccionados por el Soviet correspondiente. Pero para Stalin era una forma novedosa de «democracia».
En muchos países occidentales en los que aun sobrevivían democracias liberales, y en la clandestinidad maqui «Socialista, comunista o anarquista» de países totalitarios, esta nueva constitución y esta nueva «democracia» (Llamada en occidente «Democracia social» para distinguirlas de las «liberales«) tuvo mucho eco en la propaganda comunista occidental y parcialmente en la socialdemocracia marxista europea. Los anarquistas vieron en la URSS los mismos errores que entre los fascismos y liberalismos. ellos aunque intelectualmente se distanciaron, tuvieron que aceptar estas nuevas ideas para sobrevivir.
En 1941 A. Hitler , habituado ya a romper tratados y acuerdos a conveniencia, decide invadir la URSS, la propaganda lo argumentaba en términos históricos emulando Hitler a los grandes emperadores del pasado. Pero en realidad lo que le interesaba a Hitler eran los ricos yacimientos de petróleo rusos. Esta agresión provocó que Stalin que ya estaba en el poder rompiera el «Pacto de No Agresión» firmado en 1939 por su inmediato antecesor. Josef Stalin optó por virar hacia Occidente proclamándose su «aliado» contra los Nazis.
Aunque los líderes europeos del momento: F.D. Roosevelt (1933-1945), W. Churchill ( 1940-1946) y Ch. De Gaulle ( 1940-1945) desconfiaban de Josef Stalin (1941-1953) y su repentino cambio de rumbo; lo necesitaban para liquidar a Adolf Hitler (1933-1945). Dos frentes facilitarían las cosas a occidente y eso dio propagandísticamente oxígeno a los partidarios de la democracia liberal y la moribunda socialdemocracia de entreguerras.
En las cumbres de líderes aliados durante la guerra (Casablanca, El Cairo, Teherán y Yalta) estas diferencias de opinión sobre el futuro de Europa una vez ganen los aliados la guerra, marcaron distancias , algunas insalvables como la de Churchill y Stalin que no eran muy fluidas y las de Roosevelt ya enfermo de gravedad, que trataba a duras penas intermediar entre ambos líderes. ¿Democracia liberal occidental o Democracia social o prosoviética? , esa era una de las grandes cuestiones en juego.
Los británicos y estadounidenses eran partidarios de la «democracia liberal» , la URSS de su propio concepto y Francia era partidaria de la democracia social al estilo occidental (modelo que ya formaba parte de la intelectualidad socialista francesa, y de los partisanos). En general los liberales tenían su propio modelo, los socialistas uno modificado del prosoviético y los comunistas del soviético.
Tras la guerra la ruptura entre occidente y la URSS se hizo efectiva en la cumbre de Potsdam donde se puso fin oficialmente a la guerra y donde se materializó la gran ruptura. Aunque mantuvieron su relación durante la ocupación aliada de Alemania y en la nueva ONU (Creada den 1946) que debía sustituir a la desaparecida Sociedad de las Naciones.
Para asegurar la paz y evitar las rupturas, se creó un Consejo de Seguridad dotado de gran poder decisorio y apoyado por fuerzas militares internacionales (cascos azules), con los cinco vencedores de la guerra: Reino Unido, Francia, Estados Unidos, URSS y la República Popular de China. La mayoría occidental impuso la democracia tanto en el modelo liberal y el modelo social francés. URSS y China quedaban así marginados y en cierta forma «controlados o tutelados» por occidente. Tras la guerra se construyó la Comunidad Económica Europea (1953-1992) como marco de referencia para las economías europeas y evitar así los temidos y frecuentes desequilibrios europeos.
El nacimiento de la CEE puso a Europa en el mapa geopolítico e intelectual global. En el nuevo escenario surgirá un nuevo concepto de «democracia Europea» que difería sustancialmente de los modelos anteriores.
Tanto el liberalismo como el socialismo tuvieron su gran auge en el seno de la CEE. Ello transformó su forma de ver las cosas y los pensamientos fundamentales que alumbraron en el siglo XIX estas ideologías y que se transformaron en el periodo de entreguerras , la experiencia en la clandestinidad (Pensamiento maqui o partisano) durante la guerra y el desarrollo de la URSS (del bolchevismo revolucionario de Lenin, al sovietismo estatalista de Stalin) , dieron lugar a un nuevo liberalismo, un nuevo socialismo y un nuevo comunismo en la etapa posterior. Pero también quedaron fascistas, nazis y resto de totalitarismos afines , en la clandestinidad que usaron la democracia para rearmarse ideológicamente dando lugar a nuevos modelos de pensamiento de sus totalitarismos.
Con la Conferencia de Breton Woods se puso fin al patrón oro y a la posguerra, Convirtiendo a Estados Unidos como principal «superpotencia» en occidente y a su presidente en el «gendarme del mundo occidental». . Mientras que la URSS se configuró como su alter ego, dando lugar a una pugna entre ambos colosos que definir la próxima etapa de la «guerra Fría» (1945-1993).
Tras el éxito de las potencias occidentales en el armisticio y posterior Tratado de Versalles (1918-1920); ante la amenaza de la revolución bolchevique, los liberales del Reino Unido y de Estados Unidos comenzaron a programar las reformas liberales teniendo en cuenta por vez primera, a la ciudadanía en la toma de decisiones.
Consideraban sus mas destacados ideólogos que la razón por la cual había ocurrido la Gran Guerra y el desastre de la revolución bolchevique se debía a que la «clase política» dominante – muy influida por las tesis conservadoras victorianas decimonónicas – no tuvieron en cuenta las demandas del pueblo, no tuvieron en cuenta sus necesidades mas urgentes, no supieron controlar los abusos de la «clase propietaria» sobre la «clase trabajadora». En definitiva, consideraron los liberales, que los conservadores no tuvieron en cuenta al pueblo en la toma de decisiones.
Los liberales consideraron que era necesario avanzar en el camino de la «Democracia» , un concepto extraído y convenientemente redefinido a partir de la antigua «demokratia» ateniense, tal y como ellos la imaginaban.
Los liberales proponían un nuevo humanismo y una nueva ilustración que pusiera fin a la longeva «era victoriana«. Muchos intelectuales evocaban a Jefferson, Rousseau, Montesquieu, Diderot, Voltaire entre los clásicos ilustrados; John B. Rawls, Stuart Mill, David Ricardo… Considerados los grandes popes del liberalismo progresista clásico. o liberales progresistas contemporáneos de entreguerras como Woodrow Wilson (Que además de ser un gran economista e intelectual , fue presidente de los Estados Unidos y «alma mater» de la nueva «Sociedad de las Naciones» surgida en 1920) .
Los liberales dieron el paso hacia una mayor democratización de las sociedades, los partidos políticos, las asociaciones y colectivos sociales, no sólo en Europa, sino también en los Estados Unidos, que tras la guerra comenzó a interesarse por los asuntos europeos en uno de sus ciclos aperturistas hacia el exterior.
Estados Unidos , que ya era un país desarrollado e industrializado, contribuyó a reconstruir Europa tras la Gran Guerra. Ya no se veía como la colonia rebelde que osó retar al gran imperio británico. Ya se le veía como un a potencia económica e industrial a tener muy en cuenta. Reino Unido optó por establecer lazos con su antigua colonia rebelde. Una alianza que a efectos internacionales marcaron el nacimiento de la nueva relación euroatlántica en el marco diplomático de Europa Occidental.
Los liberales que apostaban por la democracia abrieron un debate nuevo sobre varios puntos clave:
1/ Gobierno del Pueblo: El principal problema con el que se enfrentaron fue la definición de «pueblo». Pueblo = conjunto de toda la población de un estado o nación; o Pueblo = «Plebe» , lo que equivalía a considerar como pueblo a la «clase trabajadora» y grupos dependientes no productivos. Los debates dieron paso a versiones distintas del liberalismo democrático.
2/ Representación del pueblo en los parlamentos y en otras instituciones: Este quizás fue un gran debate acaloradado. Los liberales mas conservadores consideraban que la representación debía ser minoritaria para la «clase trabajadora» y máxima para la «clase propietaria».; en cambio los liberales mas «progresistas» la representación debería ser proporcional y no restringida. El sistema que predominó fue un punto intermedio entre proporcional y restringido teniendo como baremo la renta y patrimonio de los votantes.
3/Participación Política. Es el auge de los partidos políticos de «masas», progresivamente van desapareciendo los partidos de «clase» que dominaron el siglo XIX (19) . Los liberales consideraron que cualquier persona puede cambiar de clase en función de sus éxitos o fracasos en sus actividades productivas, por lo que era mejor abrir los partidos a todo tipo de gentes.
Los liberales tenían su base social en la nueva «clase media» por lo que mantuvieron relaciones tanto con la «clase propietaria» llamada ya «clase alta» y con la «clase trabajadora«, llamada «clase baja«. el sistema de partidos debía articular la nueva democracia y la nueva política «democrática«.
En el ámbito parlamentario se optó que para asegurar los principios democráticos se optaría por aprobar las leyes por unanimidad o por mayorías parlamentarias. En caso de no alcanzar esas mayorías, el proyecto de ley se rechazaba. Este sistema de mayorías también servía en la elección de los gobiernos por parte del parlamento
4/ Convivencia en una sociedad diversa y plural. Los liberales eran aun reacios a compartir espacios públicos e institucionales con personas de distinta clase social. Los forjadores de la democracia liberal consideraban que era necesario prescindir de los protocolos sociales decimonónicos. Frente a la rigidez de la sociedad victoriana, debía expandirse la informalidad en la nueva sociedad democrática. Los ricos debían atender mejor y con respeto a los pobres y los dueños de las fábricas atender las demandas de los trabajadores.
5/ Cuestiones complicadas:
a) forma de estado: Monarquía o república. En la época se consideraba por parte de los republicanos liberales, que la monarquía era una forma de «tiranía» y que la república era el mejor símbolo de la «democracia«.
Sin embargo en algunos países europeos la monarquía aun tenía mucho peso y arraigo, por lo que buscaron una versión de democracia liberal en la que la monarquía quedase al margen del debate político. La formula de «el rey reina, pero no gobierna» comenzó a desarrollarse como opción mas viable en las monarquías absolutas o bajo control parlamentario. En otros, preferían monarquías constitucionales o de tipo meramente representativo, sin apenas poder ejecutivo.
En las repúblicas arraigadas, el sistema de elección se adaptaría a los mismos moldes que en la elección de primeros ministros. Las presidencias de republica, al igual que las monarquías comenzaban a ser irrelevantes al ir cercenando su poder ejecutivo a favor de los primeros ministros.
Los liberales de entreguerras fueron mas favorables a soluciones republicanas o monarquías controladas y sin poder efectivo.
b) la cuestión religiosa. En general en 1920 la inmensa mayoría de los países europeos eran aun confesionales. Unos pocos se habían desligado entre los siglos XVIII y XIX de la tutela eclesiástica. La revolución bolchevique de 1917 había avanzado la idea del «ateísmo» como alternativa al cristianismo, estableciendo un novedoso confesionalismo de estado «ateo».
En Francia – por influencia del socialismo no marxista – se había ensayado y había tenido mucho éxito el estado «laico«. En muchos países que deseaban algo intermedio entre el cristianismo y el ateísmo, optaron por promocionar un sistema de «separación iglesia-estado» y un neologismo comenzó a surgir en ambientes intelectuales liberales: «agnosticismo«.
La cuestión religiosa fue un tema muy controvertido, sobre todo en estados con mayoría de católicos y en los estados confesionales. Si bien la mayoría de los liberales querían «liberarse» de la tutela de las iglesias nacionales o de la iglesia católica, tenía el problema que muchos de sus correligionarios eran creyentes devotos.
Algunos temas y leyes civiles podían ofender sentimientos religiosos. Por tanto los debates políticos que tenían que tratar estos espinosos temas quedaban en un mar de ideas confusas y contrarias que ayudaba a su manera a transitar de un sistema confesional, a un sistema de libertad religiosa y de cultos, donde también se incluían los ateos, los laicos y los agnósticos.
El liberalismo de entreguerras se estaba transformando, abandonando los postulados clásicos a nivel ideológico, político, social y religiosos; pero manteniendo sin apenas cambio sus postulados económicos.
Los liberales democráticos optaron por abrirse a otras ideologías, tanto en el terreno del fascismo como sectores del socialismo no revolucionario seguidores de Marx, principalmente; e incluso los mas radicales, con los intelectuales, no revolucionarios, seguidores de los postulados de Lenin y Bakunin) .
De alguna manera el liberalismo democrático (Junto al liberalismo republicano) fue colonizando un nuevo espacio político: el centro político controlado por la «clase media«, con apoyos para algunas cosas de la «clase alta» y para otras de la «clase baja«. El gran descubrimiento en este periodo de Entreguerras era el centro político o la llamada «tercera vía«.
El cierre en falso del tratado de Versalles no creó un orden europeo como se pretendía. W. Wilson que durante la guerra había abogado por la paz en el contexto europeo, fue el forjador de la llamada «Sociedad de las Naciones» como organización internacional (Se incorporaban además de las potencias europeas, potencias extra europeas en ascenso como Estados Unidos, India, China, Japón, etc…) .
El internacionalismo, la democracia liberal, la economía capitalista, el orden mundial como sistema de equilibrio entre potencias, fueron estableciendo los principios y valores de la Sociedad.
Fue una sociedad creada para la paz, el orden y la justicia. Una sociedad que contaba ya con un «consejo de seguridad» como sistema arbitral para evitar las guerras. Se trataba de no centrar todos los asuntos internacionales únicamente en los territorios; sino abordar otros temas comunes en el ámbito de la economía, la industria, el comercio, la sociedad, la cultura… Era algo a lo que los europeos no estaban muy acostumbrados.
Para muchos era una modernidad propia de los Estados Unidos. China y Japón estaban aun en conflicto y sus propias circunstancias no interesaban mucho en Europa, salvo por los intereses comerciales que pudieran tener con estos países. las viejas rivalidades continuaron pese a los deseos de paz.
Alemania quedó muy tocada territorial y económicamente, prácticamente quedó en bancarrota y su orgullo nacional herido por las duras condiciones de pago de reparaciones de guerra. Italia no despegaba económicamente y era ninguneada en la «Sociedad de las Naciones» por las grandes potencias. Los liberales, si bien consideraban viable y hasta cierto punto un exotismo en política, el fascismo, no querían tener nada que ver con ellos.
El ascenso del Nacional-Socialismo en Alemania (NSDAP), aupado inicialmente por conservadores y por la naciente derecha liberal alemana en las elecciones de 1930, cambió el modelo de la naciente socialdemocracia – asimilable al liberalismo democrático occidental – en Alemania. A partir del éxito en 1933 del partido NSDAP de Adolf Hitler, El liberalismo democrático y la socialdemocracia Alemania marxista – que ocupaban el centro-derecha y el centro-izquierda – perdieron fuerza y apoyos. Finalmente fueron sometidos y depurados por el orden impuesto por el III Reich alemán.
Si el bolchevismo hizo nacer un socialismo marxista democrático y un liberalismo democrático en occidente ; el nazismo acabó con ambos ideales, de igual manera que en la Europa oriental lo hizo la naciente URSS. El ascenso de los totalitarismos en otros países, acabaron de forma fulminante, con la Europa democrática y puso un fin trágico al periodo de Entreguerras. «Una ocasión perdida» como se lamentaban algunos intelectuales.
La revolución bolchevique en Rusia (oct.1917-1924) marcó un hito en la vida política de toda Europa. Por un lado los conservadurismos y los liberalismos clásicos unieron sus fuerzas en un intento por reaccionar ante la «amenaza bolchevique» ; por otro lado los socialismos comenzaron a atomizarse en una constelación de facciones, en muchas ocasiones enfrentadas entre sí por el liderazgo y sus propias contradicciones.
Los marxistas de la primera internacional (seguidores de Marx) apostaron por alejarse de cualquier asociación con los «bolcheviques» (seguidores de Lenin). la ruptura de la tercera internacional en 1919 marcó la división en el movimiento obrero «internacionalista«.
En muchos países el socialismo «marxista» llevaba implantado desde finales del siglo XIX y comenzaba a desarrollar en la década de 1920 nuevos contenidos doctrinales, nuevas acciones, nuevas formas de reivindicar derechos.
Los «comunistas, bolcheviques y rojos» seguidores de Lenin aun no tuvieron presencia en la mayoría de los países europeos hasta mediados de la década de 1920 y sobre todo en 1930. Los socialistas «marxistas» eran durante el periodo de «Entreguerras» (1919-1939) considerados los representantes de la «clase obrera«.
En muchos países la pugna entre Conservadores/Liberales (Representantes de la «clase propietaria» ) y socialistas (Representantes de la «clase obrera») fue a más a medida que se fueron creando sindicatos, asociaciones y partidos obreros.
En la clase política (mayoritariamente perteneciente a la «clase propietaria«) comenzaba a surgir una idea: para evitar una «revolución desde abajo» (como la bolchevique), es necesario hacer una «revolución desde arriba». Se trataba de controlar la pervivencia del «régimen burgués – liberal» que había sido hegemónico durante todo el siglo XIX por medio de la represión, la censura y la contención.
Pero también mejorando la oferta de los partidos socialistas. Es decir desarrollando una política social y laboral de carácter «liberal» que disuadiera a los obreros a la revolución. Esta política social y laboral «liberal» tuvo su base doctrinaria en la «Doctrina Social de la Iglesia Católica» formulada por el papa Leon XIII en 1891 en su encíclica «De Rerum Novarum«.
La influencia religiosa en los países mediterráneos era hegemónica en cualquier ámbito de la sociedad. Menos influyente en países protestantes donde el secularismo, laicismo, agnosticismo y ateísmo avanzaba a ritmos acelerados en este periodo.
A principios del periodo de entreguerras la prensa escrita y transmitida por la radio comenzaba a usarse como altavoces para la propaganda política. El cine, en sus inicios, retransmitían (cuando llegó el cine sonoro) mítines políticos y discursos de políticos mas destacados. La política – gracias a estos nuevos medios de comunicación – , salía de los palacios y llegaba a la calle. Se democratizaba y globalizaba. La «opinión pública» comenzaba su andadura y con ella se fue perfeccionando la propaganda política.
Uno de los periodistas más destacados en la prensa «liberal» de la época se llamaba Benito Mussolini. En su juventud se sintió tentado por los ideales – mitificados – del socialismo y de la revolución, lo que le llegó a afiliarse al Partido Socialista Italiano. PSI (Adherido a la I Internacional, seguidor de las tesis de Marx) .
A final de la guerra Mussolini es expulsado por apostar por su deriva nacionalista y por su rechazo al internacionalismo. En otros países ocurría algo por el estilo. El internacionalismo en este periodo no se entendía muy bien y mucha gente desconfiaba de alianzas extranjeras, dado lo ocurrido en la primera Guerra Mundial. Muchos políticos e intelectuales reclamaban políticas de ámbito nacional y no internacional.
Había una sensación de pérdida de identidad nacional en muchos intelectuales y políticos. Consideraban que el internacionalismo diluía y a la larga haría desaparecer esa identidad. En muchos países liberales el internacionalismo se asociaba al socialismo y al bolchevismo, por lo que hubo un movimiento de rechazo hacia el internacionalismo.
Mussolini aprovechó ese descontento y apostó por una solución intermedia entre el liberalismo y el socialismo. Apostó por construir la «nación italiana» desde la base social. Consideraba que Garibaldi creó el estado, pero Mussolini crearía la «nación». Rechazó el internacionalismo y también los otros nacionalismos aún existentes en Italia.
En política interna intentó crear un «centro» político que pilotase un gobierno «patriótico» de «salvación nacional» . Los conservadores fueron escépticos, los liberales se entusiasmaron y los socialistas simplemente lo rechazaron.
Los liberales italianos, en este periodo, habían acogido a la nueva clase media (Mayoritaria en el norte de Italia en las ciudades mas industriales) y a los socialistas «no internacionalistas» y «no revolucionarios» desencantados con la evolución del PSI.
Una amalgama doctrinaria, un tanto inconexa, con un modelo económico liberal clásico y con un una política social/laboral socialista. grandes dosis propagandística de nacionalismo y populismo. Creó una milicia cívica y «patriótica» llamada «Fasci di Combatimentto» encargada de aunar voluntades y conseguir adeptos a la causa.
En 1920 el rey Víctor Manuel III viendo la debilidad de su corona y con una fuerte presión en las calles, temiendo una «revolución desde abajo», ordenó a Benito Mussolini – tras su histórica marcha sobre Roma emulando a Garibaldi – formar gobierno en Italia. Se formó el Gran Consejo Fascista en sustitución de un parlamento ya disuelto y un consejo de ministros dominado por el nuevo «Partido Fascista Italiano. PFI». Partido único del nuevo régimen fascista italiano.
B. Mussolini creó el relato de su «misión» en la «salvación de la patria» en tono heroico, con numerosas referencias al imperio romano – un periodo unificador de Italia – y a las grandes gestas unificadoras de G. Garibaldi. El se veía a si mismo como un «condottiero» italiano, un líder carismático que prestaba altruistamente su servicio personal a la «Nación«. De ahí el culto a su personalidad se impuso cuando adoptó el sobrenombre de «il Duce».
A efectos organizativos, el fascismo italiano se oponía al modelo de la «democracia liberal» que se estaba extendiendo por varios países europeos. Para él era la plasmación de la «decadencia de occidente».
B. Mussolini definía así a su régimen: « La organización corporativa del Estado, ya es un hecho consumado. Ese estado democrático y liberal, débil y agnóstico, ya no existe. En su lugar ha surgido el Estado Fascista. Por primera vez en la historia, una revolución constructiva como la nuestra creó un terreno pacífico para las actividades productoras, incorporando todas las fuerzas económicas e intelectuales a una sola organización y encauzándolas hacia un propósito común.
Por primera vez en la historia se ha creado un poderoso sistema de grandes asociaciones dentro del cual todas las posiciones se hallan sobre un mismo plano de igualdad reconocidas todas ellas por el Estado Soberano en sus intereses legítimos y conciliables.
Hoy por fin, el pueblo está trabajando en sus diversas actividades y categorías dedicando sus esfuerzos al Estado Fascista, conscientemente, vigorosamente, para alcanzar su destino verdadero.» (Discurso. Roma 19/05/1926)
El entusiasmo por esta «tercera vía» que propuso Mussolini se expandió por varios países de Europa: Portugal, España, Francia, Bélgica, Países Bajos, Alemania, Gran Bretaña … e incluso llegó hasta Estados Unidos donde surgieron algunos grupos intelectuales fascistas.
Generalmente el «fascismo» caló en la nueva «clase media» y en ambientes liberales y/o conservadores. En Gran Bretaña por ejemplo hubo personalidades de la política (del partido Wigh y del partido Laborista) e incluso en el entorno de la familia real, que veían con buenos ojos la experiencia «fascista» de Italia. Muchos vieron la forma de poder importarlo, pero adaptándolo a las características políticas de cada país.
Alemania el fascismo derivó en «nacional-socialismo«, en Portugal en el «salazarismo«, en España levemente en el «falangismojoseantoniano» y posteriormente – a partir de 1937 – con mayor arraigo en el «franquismo«.
En las décadas de 1920-1930, B. Mussolini comenzó a usar grandes dosis de propaganda política mostrando, gracias sobre todo al cine y a la radio, todas las bondades y éxitos del nuevo régimen italiano. Se cultivó el culto a la imagen del «Duce» y se mitificó un poco su figura heroica y como líder indiscutible e incuestionable. Creo un trampantojo de una Italia modélica, próspera y futurista.
Sin embargo la realidad era otra. Los mayores beneficiados fueron los italianos del norte, donde la riqueza aumentaba casi sin control. El número de ricos aumentó considerablemente en estas décadas.
En el sur en cambio la pobreza estructural que ya existía antes de Mussolini, continuó su caída en picado. Las nuevas «mafias» (Antiguas familias terratenientes) controlaban de facto toda la economía local. El estado no sólo no consiguió acabar con ellas, sino que las fomentaba. Mussolini se había apoyado en ellas para poder ascender hacia el poder. Las «mafias» controlaban Nápoles y Sicilia. La corrupción política existía subyacente a la imagen del Estado Fascista ideal creado por B. Mussolini para mantenerse en el poder.
El Partido Socialista Italiano, en parte clandestino y en parte exiliado, seguía existiendo y muy activo contra el «fascismo«. su actuación se enfocaba sobre todo en el norte, en las fábricas y en las ciudades más importantes. En cambio en el sur tenían poca aceptación por culpa de las «mafias» que perpetuaban el antiguo sistema señorial.
En 1921 surgió de una de las muchas facciones del socialismo italiano, el Partido Comunista Italiano. PCI, adherido a la III internacional (Seguidores de Lenin) quien ante el régimen fascista consideraba que la hora de la revolución «rossa» (roja) había llegado a Italia. No tuvieron éxito en el norte, donde dominaban los socialistas. Pero si tuvieron éxito en el mundo rural (centro y sur de Italia) y además hicieron en algunos casos causa común con los «capos» de la «Mafia» siciliana (conservadora) y de la «Camorra» napolitana (mas cercana al socialismo), contrarios a Mussolini, contra el régimen «fascista».
Actualmente se celebra el 1 de mayo en todo el mundo el Dia Internacional del Trabajo. Un día destinado a reivindicar la dignidad del trabajo, de los trabajadores, de las relaciones laborales y sociales de los trabajadores.
La fecha fue establecida en la primera Conferencia Internacional de la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores) celebrada en Londres en el año 1864. Esta conferencia se considera el comienzo del Movimiento Obrero internacional organizado.
Hasta entonces los trabajadores, en especial los que trabajaban en fábricas y en las explotaciones agroalimentarias, solucionaban sus problemas laborales directamente con los propietarios de las fábricas y explotaciones.
Al no existir entonces ninguna legislación laboral, ni a existir organizaciones representativas de los trabajadores, las relaciones laborales decimonónicas entraban dentro del «ámbito doméstico» . Es decir que cualquier medida tomada por la propiedad generalmente era para reprimir al trabajador e impedir cualquier acción que pudiera poner en riesgo sus inversiones, su producción, sus intereses o su modo de vida.
Los propietarios consideraban en el siglo XIX que cada persona debía saber cual era su lugar en el orden social establecido. En el siglo XIX la sociedad se dividía en dos «clases» de personas: los propietarios y los trabajadores. Los primeros generaban la riqueza y dirigían la sociedad; mientras que los segundos debían obedecer ciegamente a los primeros, evitar enfrentamientos y sobre todo trabajar para que los primeros obtuviesen el mayor beneficio posible, al menor coste posible. Este era el modelo mayoritario en el mundo desarrollado: Básicamente Europa
En este esquema de las cosas, los propietarios se creían con el derecho a explotar y sobreexplotar al trabajador, si con eso se obtenían mas beneficios. En muchos casos los trabajadores eran sometidos al propietario, a modo de siervos y en ocasiones de facto eran considerados como esclavos. Tenían un salario muy bajo («Menor coste posible») y a menudo gran parte del salario se pagaba en especie y muy pocas veces en «dineros». Vivían en minúsculas casas – Alquiladas por los propietarios a sus trabajadores – hacinados, sin agua corriente y en la mayor parte de los casos sin letrinas.
Carecían en esa época de derecho a la educación y a un médico, a excepción de algunos privilegiados que tenían «amos o patronos» caritativos, que les mandaban a su médico o buscaban la forma de conseguirle una beca a aquellos chavales (varones únicamente) que mostraban mas inclinación al estudio. Pero estos eran una minoría y a menudo sufrían «Bulling» en el colegio y residencia estudiantil, simplemente por ser «pobre o hijo de obrero».
Esta situación vital, laboral y social amplió la brecha entre «ricos y pobres» , las desigualdades se fomentaban y además se impedía cualquier medida que fuera en favor de un cambio de modelo productivo y social.
En la Primera Conferencia Internacional de la AIT en Londres 1864, Varios intelectuales , filósofos y editores, comenzaron a plantear lo que podríamos llamar una «hoja de ruta y agenda revolucionaria» que debería llevar a cambiar totalmente el sistema burgués-liberal imperante en el siglo XIX.
Este movimiento obrero se apuntaba al «internacionalismo», que era toda una novedad en la época. Consideraban que cualquier obrero en cualquier país sufría la misma situación de desamparo y vulnerabilidad. Por tanto era necesario aunar esfuerzos y tener claras cuales habían de ser las reivindicaciones de los obreros.
plantearon tres vías de actuación: La vía social a través del asociacionismo; la vía sindical a través de las propias organizaciones sindicales que se pudieran establecer; y la vía política, creando organizaciones políticas representativa de la «Clase Obrera» que dirigiese desde las instituciones establecidas la «lucha de clases».
Todas estas acciones deberían desembocar en una situación de bienestar y dignidad para el trabajador y sus familias. Para ello consideraban que debían actuar «en común» y desarrollar un espíritu de «comunidad». Algunos ideólogos como el prestigioso Karl Heinrich Marx, consideraba que había que lograr lo que se consiguió en la «comuna de París» de 1830, reproducida en la de 1848. Marx denominó a este movimiento comunero «Comunista» .
Otros en Francia denominaron a este movimiento comunero como «Socialisme» (Socialismo) , rescatando un termino acuñado en el siglo XVIII para referirse a los seguidores del filósofo Jean-Jacques Rousseau y concretamente de su obra «el Contrato Social» (1762)
Los alemanes que estaban en pleno fervor nacionalista unificador, comenzaron a unir la doctrina de la «Democracia» del futuro canciller imperial Otto von Bismarck, con las ideas del movimiento comunero de Marx, surgiendo así la «Socialdemocracia obrera» , para distinguirla de la otra «Social democracia» , liberal y nacionalista.
En Inglaterra, algunos seguidores de Marx prefirieron apostar por un modelo a medio camino entre el liberalismo hegemónico y el Socialismo francés. A este movimiento se le denominó «laborismo«. Un híbrido para aquellos que temían una revolución obrera.
Creada ya la jerga revolucionaria, comenzaron a debatir de todo, surgieron nuevos líderes de la lejana Rusia, como Bakunin o Lenin, y cada cual daba su opinión sobre la metodología a poner en práctica. ya tenían la teoría, ahora tocaba la práctica. Y es en estas cuestiones de metodología cuando surgieron las primeras escisiones, por así decirlo, las primeras «herejías» que cuestionaban el dogma «marxista».
Frutos de aquellos debates llegamos a la conferencia de Berlín de 1884, cuando aprovechando una conferencia internacional para el reparto de territorios coloniales entre las principales potencias imperiales de Europa, la AIT decidió celebrar de forma paralela su segunda conferencia internacional.
La mayoría de los delegados apoyaba a Marx y su método revolucionario; pero los rusos consideraba que aquel método era inviable en Rusia debido a la autocracia del Zar Nicolás II, que gobernaba el país con puño de hierro.
Planteaban que en Rusia apenas había industria (Marx basaba la mayor parte de sus escritos en el mundo industrial) y los principales problemas estaban en el mundo agrario, donde aun se practicaba el feudalismo y existía la servidumbre y donde aun los naturales del país se consideraban vasallos del zar o de los nobles.
Marx era un internacionalista nato, mientras que Lenin apostaba por reforzar el nacionalismo ruso. Las ideas de Marx no eran para Lenin aplicables en Rusia. Motivo por el cual, comenzó a diferenciar entre «Socialismo utópico» (Marx) y «Socialismo científico» (Lenin). Este conflicto de intereses fue creciendo en el tiempo, creando así dos bandos enfrentados en la AIT.
Por una parte Lenin que en principio era entusiasta de Marx, acabó decepcionado porque consideraba que Marx era un teórico y que su «Manifiesto Comunista» no aportaba ideas de como implementar la agenda revolucionaria. La cuestión que planteaba Lenin era que en Rusia el nacionalismo estaba muy arraigado en la sociedad y en la todo poderosa iglesia Ortodoxa Rusa, iglesia muy arraigada en la conciencia del pueblo.
Por si fuera poca la división, otro Ruso, Mijaíl Bakunin, creaba una vía totalmente distinta de la de Lenin y de la de Marx. Bakunin procedía de la rusia asiática, mientras que Lenin de la rusia europea. El sentido de comunidad estaba muy arraigada en la rusia rural de la parte asiática, dada la ausencia de grandes ciudades y las grandes distancias existentes entre comunidades.
Consideraba que Marx escribía para los obreros urbanitas industriales europeos, pero que descuidaba el mundo rural. Pero le gustaba la idea de apostar por generar un espíritu comunitario. Consideraba que Lenin representaba a los obreros industriales de Rusia; pero también tenía muchas dificultades para llegar al obrero del mundo rural, además de desconocer la realidad de la Rusia asiática.
Bakunin era un socialista que podríamos llamar «conservador», que reivindicaba mejores comunicaciones entre la rusia asiática y la europea. Reivindicaba la validez de la comunidad, donde las normas y las autoridades se elegían en común, donde existía la costumbre de la autogestión. Básicamente lo que proponía era que cada comunidad, estuviese donde estuviese debía dirigir su propio destino. Rechazaba el concepto de Estado y también el de partido o sindicato.
Bakunin rompió formalmente con Marx en esta segunda conferencia creando el movimiento «Anarquista» internacional.
La AIT se rompió en tres pedazos: Socialistas (Marx) , Comunistas (Lenin) y Anarquistas (Bakunin) en la tercera conferencia internacional de Moscú de 1919. Dos años antes, se habían producido dos revoluciones en Rusia, una de carácter burgués (Febrero de 1917) que derribó la monarquía y en su lugar creó la primera República de Rusia ( Febrero-Octubre 1917); y otra (Octubre de 1917-1922) de carácter obrero liderada por Lenin que además de ejecutar a la familia imperial, dio paso a la creación en 1922 de la «República Socialista Federativa Soviética de Rusia» (RSFSR en adelante) , integrada en la URSS que actuaba como Federación.
La RSFSR fue el primer estado soberano creado por trabajadores. Evidentemente el impacto mediático fue de grandes dimensiones. El modelo soviético («Soviet» = asamblea popular) rompía con el modelo burgués-liberal imperante en ese momento en toda Europa. Pero también era un aviso a navegantes. Los propietarios estaban «en peligro» si la revolución rusa se propagaba por Europa. Ya por entonces había muchos partidos y sindicatos obreros asociados a la AIT ( El PSOE se creó en 1879, adherido a las conclusiones de la primera internacional, es decir de inspiración marxista) . El efecto contagio era temido en la Europa burguesa y liberal.
En 1919 en Moscú Lenin convocó a la AIT para una tercera conferencia Internacional (Conocida como la III Internacional) en la que Lenin consumó su divorcio con socialistas (Marx) y Anarquistas (Bakunin), surgiendo la versión del «comunismo» tal y como se entendió durante el siglo XX, creada por Lenin ( También conocido como marxismo-leninismo).
A partir de 1919 ya no se volvieron a celebrar nuevas conferencias de la AIT, que prácticamente desapareció del mapa obrero. Los socialistas, los comunistas y los anarquistas crearon sus propias conferencias internacionales: Internacional socialista, la Internacional Anarquista y la Internacional Comunista .
El 1 de Mayo fue lo único que quedó de la unión de las tres grandes ramas surgidas a partir de 1864. Fue importante porque marcó el inicio del Movimiento obrero internacional y sus reivindicaciones de derechos laborales, sindicales y sociales.
A partir de el último tercio del siglo XIX, en especial a partir de 1891 cuando se publicó la encíclica papal «De Rerum Novarum» en la que el papa advertía que los propietarios católicos debían tratar bien a sus trabajadores y que debían acordar en comisiones mixtas todas aquellas cuestiones laborales que fueran necesarias.
Esta encíclica afectó a la «clase propietaria» quienes se vieron obligados moralmente a poner en práctica las decisiones papales. Por lo que el espíritu reformista y caritativo se fomentó, a la manera liberal, a favor de las condiciones laborales y sociales de la «clase trabajadora». No obstante hubo mucha resistencia al cambio de consideración del trabajador como ciudadano, al reconocimiento de derechos laborales o a permitir el intervencionismo estatal en las relaciones laborales.
La AIT visibilizó las condiciones de vida y laborales de los trabajadores a través de muchas de sus acciones, tomando el pulso político y social en la calle y en los centros de trabajo, con huelgas, manifestaciones, atentados, etc… Para muchos la AIT dio fuerza al trabajador para salir de su circulo vicioso y aunar esfuerzos en favor de sus derechos y su dignidad.