La teoría del Mosquito

En 1907 el mundo de la medicina estaba de enhorabuena, se había encontrado la causa del paludismo (o malaria) en la picadura del mosquito Anopheles (como vector de transmisión) y en consecuencia se estaba en disposición de encontrar el remedio mas eficaz para acabar con esta pandemia mortal hasta entonces.

Años antes los colonos que en plan Indiana Jones exploraban lugares recónditos del planeta en busca de tesoros que esquilmar a los pueblos originarios, observaron que los curanderos («hechiceros») del primer Imperio Inca tenían un remedio eficaz para acabar con la malaria («Fiebres») a base de un preparado hecho con las cortezas del árbol Kina (en Quechua). A menudo estos aguerridos exploradores con todo su poder destructivo, contraían la malaria, dado lo frondoso del bosque tropical y ecuatorial, el calor y la humedad constante.

Además del oro, la plata y muchos productos exóticos, muchos aventureros cuando regresaban de las américas, Asia u Oceanía a la civilizada Europa llevaron consigo semillas de este árbol para cultivarlo en Europa donde también era frecuente por entonces la malaria.

En las Américas los inteligentes y sabios jesuitas, que en su discernimiento ignaciano siempre fueron los mas revolucionarios en una iglesia cavernaria, elaboraron pócimas en sus primitivos laboratorios de sus reducciones a base de quinina. Tanto éxito tuvieron estos remedios que desde el siglo XVII comenzó a exportarse a Europa de forma industrial.

Resulta curioso que los grandes y civilizados imperios europeos con toda su grandeza y poder destructivo no fueron capaces de someter a un simple mosquito que se estaba alimentando tranquilamente, ajeno a la barbarie humana, como hacen todas las criaturas de Dios. Pero aun no se sabia que ese mosquito era la causa de aquellas extrañas fiebres.

Para mas inri, aquellos «buenos salvajes que iban medio desnudos por la selva, que no conocían a Dios y eran caníbales», habían dado una lección de humildad, misericordia y sabiduría a los barbudos extranjeros con ansias de grandezas, fama y riquezas. Ellos supieron como acabar con aquellas fiebres desde tiempos inmemoriales. Fueron ellos quienes les enseñaron a los Europeos la fórmula contra la malaria. Nunca les reconocieron su talento basado en la simple observación de la naturaleza circundante. Hoy le debemos a este pueblo ancestral su descubrimiento aunque no ganasen el Nobel de fisiología y medicina.

La teoría del mosquito nos muestra como la naturaleza por si misma, sin intervención humana, es sabia e inteligente. Los sabios de la antigüedad y los humanistas del Renacimiento trataron de entender el concepto de Ley Natural, dicha ley que no es creada por humanos, pero que rige desde la realidad mas microscópica, como los hasta el enigmático universo o multiverso.

Algunos ven en esa ley natural el origen de las creencias humanas en una o varias divinidades, otros simplemente es la escusa para el pasatiempo preferido de los físicos, hacer fórmulas representativas que como engranajes explica la realidad natural que puede ser contemplada a simple vista.

La corteza de Kina es un elemento natural con propiedades curativas que para los Incas del primer Imperio, era un remedio rebelado a los curanderos por parte de los dioses y diosas del firmamento, siendo la Pachamama, la gran diosa de la Tierra y por tanto la protectora ante enfermedades letales.

Los hispanos que conquistaron estas tierras con engaños, eliminaron el politeísmo arraigado en aquellas tierras, para sustituirlas por un nuevo Dios poderoso, un dios del que nunca habían oído hablar, pero que era protector de reyes desconocidos que vivían mas allá del gran Mar. Algunos frailes franciscanos, dominicos y jesuitas adoptaron el punto de vista del Mosquito.

Consideraban que aquellas culturas que les parecían muy primitivas encerraban conocimientos y saberes que les podrían ser muy útiles a los colonos, los cuales no se encontraban en su habitat natural. Estaban acostumbrados a vivir en ciudades y en pueblos , a vivir de la agricultura y la ganadería. Pero aquel entorno le era desconocido y comenzaban a sentir incomodidad, enfermedades desconocidas, contrastes culturales , lenguas incomprensibles.

Muchos de los primeros colonos estando un tiempo ambicionaban regresar a Europa… Si había riquezas como el oro o la plata, pero no podían usarlas en las colonias, por ejemplo para comprar comida o comprar utiles para hacer casas de ladrillo o piedra, para el dia a día.

Los «buenos salvajes» conquistados no tenían moneda y el trueque era la forma mas habitual de comercio. Los «buenos salvajes» vivían en comunidades autogestionadas (los «cacicatos»). La autoridad era electiva y no hereditaria, había asambleas tribales reguladas por normas ancestrales de convivencia pacífica.

Las riquezas que acapararon los conquistadores de manera obsesiva tenían como fin financiar todas las «guerras de religión» que se libraban en el continente europeo. Solo los pudientes colonos podían hacer acopio de una pequeña parte de ese botín. De ahí que hubiera corrupción, latrocinio, asesinatos, ataques contra los indígenas, piratería y demás maldades.

Actitudes estas que no tenían por lo general las culturas conquistadas. Sí, de vez en cuando entraban en guerra por los recursos naturales en época de sequia, como por ejemplo con el fenómeno del «niño» en los Andes o por autócratas ambiciosos que deseaban ganar mas tierras, pero nunca luchaban por imponer la religión o cultos propios a los demás pueblos en detrimento del culto a sus dioses. El Politeísmo en este sentido favorecía un ambiente de relativa Pax Religiosa.

En Europa todas las guerras, en aquellos momentos de la conquista exterior, se consideraban sagradas y hacer la guerra era ganarse un puesto preferente «a la diestra de Dios» en el paraíso del único y verdadero dios judeocristiano. Su Dios era un dios guerrero, los papas se ponían corazas e iban a la guerra, asesinaban y mataban a infieles y a herejes, todo se hacia por entonces en «nombre de Dios».

Los frailes-guerreros jesuitas consideraban que aquellas tierras y esas gentes extrañas eran habitantes del «paraíso terrenal», un vergel que evocaba a los jesuitas el origen de la fe en el paraíso primigenio de Adam y Eva. Su discernimiento les llevo a considerar que había que preservar ese paraíso terrenal, para reconstruir el paraíso espiritual.

Las gentes de por allí eran muy pobres materialmente hablando, pero eran ricas en sabiduría y misericordia, la hospitalidad era una de sus virtudes, el conocimiento del entorno era muy superior al de los europeos. No eran tan fieros, ni satánicos, cuando se les conocía, como los inquisidores querían hacer creer a todo el mundo.

Los jesuitas vieron a Dios y su obra entre esas gentes. Vieron su mano salvífica, su amor y su forma de vida saludable a tono con la naturaleza virgen no controlada por la mano corrompida del ser humano. Incluso en ciudades indígenas tan cosmopolitas y desarrolladas como Tenochtitlan, Palenque o Cuzco, la naturaleza y la humanidad no disentían, se complementaban admirablemente. Las ciudades coloniales comenzaban con la deforestación y expulsión de los indígenas de sus lugares ancestrales.

Los jesuitas comenzaron por acotar un territorio en el que había una tribu o un conjunto de tribus indígenas, a las que no trataba de imponer su fe, sino que a través del dialogo y del discernimiento ignaciano, de la comprensión y la amistad, se integraron en aquella sociedad tribal y cultura ancestral, compartiendo conocimiento, sabiduría, e intercambiando al modo tribal la fe de los indígenas con la práctica evangélica e ignaciana de la fe de los jesuitas.

Sus «Reducciones de indios» en mitad de la selva amazónica o en el desierto de lo que hoy es Nuevo México y Arizona, los misioneros jesuitas llevaron por todo el continente americano la creencia en un dios bueno, pacífico y constructivo. De un dios bueno y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad.

Así la Pachamama, la gran diosa de la tierra, de la fertilidad y del amor, la Venus y Afrodita incaica y de la mayoría de los pueblos de la Amazonia, se transmutó en una nueva advocación de la virgen Maria, la gran madre de todos los creyentes y ello propició que el culto religioso fuera sincrético, pero no exactamente herético, dado que los antiguos dioses y diosas se convirtieron en atributos tanto de Dios como de la Virgen.

Del politeísmo los jesuitas evangelizaron con el monoteísmo de forma natural sincrética y sin estridencias, ni imposiciones, respetando la cultura original, enriqueciendo con ello el propio cristianismo jesuítico basado en el humanismo, menos dogmático y mas práctico. Su éxito fue precisamente no menospreciar, ni subestimar la cultura indígena, sino aprender de ella para comprender la obra creadora de Dios y entender la voluntad divina en cada momento y lugar. Quizás por eso Españoles y portugueses querían aniquilar a los jesuitas, porque estos protegían a los indígenas de los esclavistas portugueses y de los encomenderos españoles.

Finalmente en 1750 los jesuitas fueron disueltos por el Papa, por enseñar «falsas doctrinas» a los indígenas y predicar una religión pagana que dañaba los intereses de las dos grandes potencias del momento y de la propia Iglesia Católica. Los inquisidores entraron en acción con sus hogueras expiatorias. Los colonos arrasaron las «reducciones de indios» y mataron a cuantos jesuitas rebeldes encontraban a su paso. Con el tiempo los Jesuitas recuperaron su orden y su reconocimiento gracias a Papas mas comprensivos con el pensamiento ignaciano.

Los científicos observando la naturaleza encontraron la causa de los fenómenos naturales, con la experimentación comprendieron los mecanismos y las leyes que rigen la naturaleza y con esta sabiduría pudieron mejorar la vida de las personas. La ciencia ayuda en esencia a mejorar la vida de las personas.

Cuando te pique un mosquito, piensa como si fueras un mosquito, vive como si fueras un mosquito y entenderás al mosquito. Puedes evitar que un mosquito te pique con repelentes o barreras naturales o artificiales, de esta forma el mosquito podrá seguir con su vida y tu con la tuya sin que haya conflicto entre tu y el mosquito.

Pero también puedes matarlo con insecticida y trampas mortíferas. En este caso tu vives y el mosquito muere. El ser humano puede ser constructivo o destructivo, depende de su actitud y comportamiento. En la vida tenemos muchas amenazas y muchas debilidades que propician o nuestra enfermedad o nuestra muerte. Pero también tenemos fortalezas y oportunidades que nos permite disfrutar de la vida.

Los jesuitas fueron comprensivos con los indígenas y reconocieron su labor, por eso les dejaron vivir en paz y armonía. Los colonos, lo inquisidores y los papas guerreros en cambio fueron intolerantes, destruyendo aquellas culturas ancestrales , no les reconocieron ni su sabiduría, ni sus conocimientos por eso los aniquilaron casi hasta la extinción. Los jesuitas se centraron en las fortalezas y oportunidades, los colonos se centraron en las debilidades y amenazas de aquellos pueblos en aras de preservar la cultura europea, considerada por ellos como superior.

Puedes matar al mosquito, pero también puedes disuadirlo. He ahí la cuestión cuando nos enfrentamos a cualquier crisis, sea la que sea. ¿Debemos matar al mosquito o disuadirlo para que no nos haga daño? Esa e la clave del discernimiento ignaciano. La ética y la moral no son conceptos únicamente religiosos, son herramientas que nos ayudan a tomar decisiones trascendentales. Hay quien opta por la guerra y hay quien opta por la paz. Hay quien opta por atacar directamente y hay quien opta por poner sanciones disuasorias.

En un mundo tan complejo como el actual la teoría del mosquito puede ayudarnos mucho a sobrevivir a dicha complejidad mundana.

«Los caminos del Señor son inescrutables» …

(Fotos. Créditos a quienes correspondan)


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